{"id":6224,"date":"2025-09-30T12:21:56","date_gmt":"2025-09-30T15:21:56","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6224"},"modified":"2025-09-30T12:23:49","modified_gmt":"2025-09-30T15:23:49","slug":"las-manos-de-alys-por-ignacio-m-pantoja","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/09\/30\/las-manos-de-alys-por-ignacio-m-pantoja\/","title":{"rendered":"Las manos de Al\u00ffs \u2013 Por Ignacio M. Pantoja"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Seg\u00fan ciertas historias del folclore local, la ciudad de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Antwerp<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en B\u00e9lgica, recibe su nombre a partir de una antigua leyenda transcurrida a orillas del r\u00edo Escalda, cuyo curso traza una l\u00ednea al centro de la ciudad. La historia cuenta que, antiguamente, un gigante aguardaba en la orilla y cobraba peaje a los barqueros que quisieran cruzar el r\u00edo y, a quienes no quisieran pagarlo, les cortaba una mano y la arrojaba al agua. Producto de esto, un peque\u00f1o soldado romano, Silvio Brabo, decide batirse a duelo con el gigante, a quien vence y, a modo de justicia po\u00e9tica, le corta una de sus manos y la arroja al r\u00edo. Y de ah\u00ed el nombre <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Antwerp <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(antiguamente <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Antwerpen<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">), que deriva del holand\u00e9s <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">hand werpen<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, cuyo significado en espa\u00f1ol ser\u00eda algo as\u00ed como \u00abarrojar la mano\u00bb, mas no sabemos con certeza a la mano de qui\u00e9n se refiere.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Francis Al\u00ffs nace en Antwerp, pero se muda a Ciudad de M\u00e9xico en 1986 y lo primero que hace es pintar copias de obras que a\u00fan no existen. De cierto modo, es como si quisiera delegar la autor\u00eda de estas previo a su existencia \u2013gesto que en alguna parte roza lo que Ryuichi Sakamoto dec\u00eda en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Coda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u00abquiero componer como para una pel\u00edcula que a\u00fan no existe\u00bb\u2013. Y Francis busca un grupo de rotulistas \u2013pintores de r\u00f3tulos\u2013, a quienes les entrega una pintura del tama\u00f1o de una mano y les pide que pinten tres versiones de la misma pero a gran escala. La mayor\u00eda de las pinturas las protagonizan hombres de traje en distintas situaciones: uno nos da la espalda mientras carga una silla de madera; uno desaparece su rostro tras la solapa del traje de otro \u2013de mayor tama\u00f1o que el primero\u2013; uno contempla un bulto en el mantel que cubre la mesa de enfrente, que pareciera ser su mano derecha, pero podr\u00eda ser cualquier otra cosa. Y entonces uno \u2013<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">uno<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de nosotros\u2013 ve primero, a la distancia, la pintura del rotulista \u2013en la web, en una exposici\u00f3n, en la calle\u2013, y no es hasta que se est\u00e1 lo suficientemente cerca que se logra identificar el<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> original<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, como si el original quisiera ocultarse en la solapa del otro. De alguna forma, conocemos la obra antes de conocer la obra. O conocemos la obra de Francis a trav\u00e9s de una obra que copia la obra de Francis. Conocemos el fantasma de la obra primero, pero pareciera que inmediatamente el fantasma toma su cuerpo, que no era suyo. Y la obra original desaparece bajo el sol de la copia.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Francis tarda once a\u00f1os en reconocer que Ciudad de M\u00e9xico no tiene salida al mar, y no halla otra cosa mejor que trazar un r\u00edo por su cuenta. Para ello, toma un bloque de hielo del tama\u00f1o de su torso y lo arrastra a pulso hasta derretirlo por completo. \u00bfLa duraci\u00f3n del r\u00edo? O nueve horas, o los breves instantes que resiste el agua bajo el sol. Pero a su paso el hielo de Francis deja una estela, como un r\u00edo, que se seca de inmediato: un r\u00edo que casi instant\u00e1neamente pierde su cualidad de r\u00edo. Al\u00ffs fabrica <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">algo que deja de ser un r\u00edo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y, como si de una vocaci\u00f3n fortuita se tratase, gran parte de sus trabajos posteriores se encomendaron en fabricar l\u00edneas que desaparecen: un chaleco que se deshilacha mientras camina, dejando un d\u00e9bil hilo azul en el camino; una l\u00ednea de pintura azul que chorrea de un tarro de pintura que Francis carga por el centro de Sao Paulo; una l\u00ednea de pintura verde que chorrea de un tarro de pintura que Francis carga por el centro de Jerusal\u00e9n; o un carrete f\u00edlmico que dos ni\u00f1os despliegan a trav\u00e9s de los cerros de Kabul: uno de los ni\u00f1os desenrolla la cinta y gu\u00eda el camino, mientras el otro lo persigue, rebobinando la cinta nuevamente.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Desde 1887, en la plaza mayor de Antwerp se encuentra una fuente que sostiene la estatua del soldado Silvio, congelado en la pose previa a arrojar la mano cercenada del gigante, desde la cual brota un sutil chorro de agua. Y dada la orientaci\u00f3n que tiene la estatua, si se descongelara y el soldado arrojase la mano con la mayor de sus fuerzas, esta no dar\u00eda nunca con el r\u00edo, a menos que antes diera una vuelta completa al mundo y cayera cien metros antes de volver a su posici\u00f3n original, trazando consigo un r\u00edo que extender\u00eda el Escalda hasta secarlo. Pero en 1986, el mismo a\u00f1o que Al\u00ffs se va a M\u00e9xico, el escultor Henri de Miller f\u00e1brica &#8220;\u00c9coute&#8221; (&#8220;La escucha&#8221;): una cabeza gigante que descansa apoyada en su mano gigante, atenta a los sonidos del metro de Par\u00eds. Y cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde, el municipio de Antwerp decide comprarle al autor una copia m\u00e1s peque\u00f1a \u2013aunque lo suficientemente grande como para atribuirle autor\u00eda a de Miller\u2013 de esta obra, pero con la intenci\u00f3n oculta de preservar solo una parte del total: la mano. As\u00ed, la mano gigante, que no corresponde a la mano <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">del<\/span><\/i> <i><span style=\"font-weight: 400;\">gigante<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, descansa en plena calle Meir \u2013del holand\u00e9s <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">meere<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (lago)\u2013 casi como una burla al h\u00e9roe de la ciudad. Ahora el soldado empu\u00f1a una mano considerablemente m\u00e1s peque\u00f1a, pues si uno quiere visitar <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">la mano del gigante<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, no hay que visitar ni el r\u00edo ni la fuente del soldado: basta con ir a un lago seco a sentarse en la mano extraviada de un franc\u00e9s. Y el 2017, como si fuese Francis pidiendo r\u00e9plicas de su pintura, se instala una mano gigante de fierro que pareciera salir del r\u00edo Escalda y aferrarse a un bolardo marino: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La resurrecci\u00f3n de Antigoon<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Bruno Kristo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Antwerp en espa\u00f1ol corresponde a Amberes. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Amberes<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, novela de Bola\u00f1o que comienza a escribir despu\u00e9s de su paso por Ciudad de M\u00e9xico \u2013donde no alcanza a cruzarse con Al\u00ffs\u2013 y que nada tiene que ver con la ciudad de la que toma su nombre, pero que Bola\u00f1o clasifica como la \u00fanica obra suya que no le averg\u00fcenza, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">porque sigue siendo ininteligible<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">porque cuando escrib\u00ed esa novela yo era otro, en principio mucho m\u00e1s joven y quiz\u00e1s m\u00e1s valiente<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Amberes<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> traza una trama que en tanto avanza, se borronea: un r\u00edo que en tanto avanza, se seca.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Ignacio M. Pantoja<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seg\u00fan ciertas historias del folclore local, la ciudad de Antwerp, en B\u00e9lgica, recibe su nombre a partir de una antigua leyenda transcurrida a orillas del r\u00edo Escalda, cuyo curso traza una l\u00ednea al centro de la ciudad. 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