{"id":6195,"date":"2025-09-17T10:56:12","date_gmt":"2025-09-17T13:56:12","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6195"},"modified":"2025-09-17T11:13:18","modified_gmt":"2025-09-17T14:13:18","slug":"discurso-de-aceptacion-del-premio-anna-seghers-por-enrique-winter","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/09\/17\/discurso-de-aceptacion-del-premio-anna-seghers-por-enrique-winter\/","title":{"rendered":"Discurso de aceptacio\u0301n del premio Anna Seghers \u2013 Por Enrique Winter"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Les deseas buenas noches a cada uno de los presentes y les agradeces por acompa\u00f1arte en este d\u00eda feliz, pero el discurso no lo escribiste t\u00fa. Lo que tipeaste esta semana fueron palabras en castellano, un idioma impuesto por quienes invadieron el territorio donde naciste y creciste, donde nacieron y crecieron tus padres. Es tu lengua materna, sin embargo. Con ella intentas cantar m\u00e1s all\u00e1 de sus l\u00edmites, rozando los misterios y las paradojas de tu \u00e9poca, de la naturaleza, de las personas y de las propias palabras, nada menos. Como la mayor\u00eda de tus compatriotas, es probable que por el lado de tu madre desciendas de m\u00e1s conquistadores que de pueblos originarios. Por el otro lado es seguro: desciendes de la lengua en la que ahora te escuchan balbucir. En ella sobrevivieron tus ancestros y fuiste precisamente t\u00fa, el primero en no hablar una palabra de alem\u00e1n, quien escribi\u00f3 su historia. La relativa paz y la distancia te habr\u00e1n ayudado a que los objetos al fin dejaran de verse borrosos, como le sucedi\u00f3 a Anna Seghers desde la misma Latinoam\u00e9rica, o quiz\u00e1s lo que se requer\u00eda era no entender del todo lo sucedido para hacerlo de otra forma. Luego de a\u00f1os investigando, entregaste la novela el d\u00eda en que supiste que esperabas a un hijo. Solo \u00e9l pudo empujarte a echar ra\u00edces en el aire, justo aqu\u00ed, donde jam\u00e1s lo habr\u00edas planeado y menos desde la marginalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que lees en voz alta no son tus palabras, dijiste. Aunque ahora las asimilas, todav\u00eda no te atreves a componerlas en alem\u00e1n, habitando en la duda permanente, dif\u00edcil de cuadrar con el perfeccionamiento de una vida en la literatura, que te hace sentir como si fuera intuitivo el cambio de una s\u00edlaba o de p\u00e1rrafos enteros que editas al comp\u00e1s de la escucha o de la lectura. Por eso regalaste esta creaci\u00f3n a una m\u00e1quina, a cuya inteligencia se la llama artificial \u2013aunque dominada por intereses muy naturales que se adue\u00f1an sin control de todo pensamiento que las personas hayan publicado\u2013, para que la interpretara y te la devolviera citando el conjunto de otra tradici\u00f3n, ajustando a las estructuras usadas por remotos colegas la forma singular que quisiste ofrecer en la tuya, porque t\u00fa mismo lo eres, como cualquiera en el mundo anal\u00f3gico que celebras. Cuestionaste cada frase de la m\u00e1quina, pero no ha sido ella quien ha corregido tu pronunciaci\u00f3n noche a noche, cuando al hijo le lees cuentos en voz alta, en lo que \u00e9l llama su idioma. De a poco te parece m\u00e1s suyo, porque su relaci\u00f3n con la lengua es a\u00fan y solamente a trav\u00e9s del o\u00eddo, que distingue la m\u00fasica de la S, de la Z y la \u00df; las vocales modificadas de las largas y las cortas. Tus ojos leen estas letras desde un idioma que a fuerza de no verlas, las iguala; como la m\u00e1quina a quienes escriben, en dominio o no de sus materiales, o como muchas personas tienden a hacerlo con quienes desconocen o piensan distinto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Ciudad de M\u00e9xico, Anna Seghers public\u00f3 <em>La s\u00e9ptima cruz<\/em> y <em>Tr\u00e1nsito<\/em> en alem\u00e1n y luego regres\u00f3 a Berl\u00edn. T\u00fa te preguntas, en cambio, c\u00f3mo se vuelve adonde jam\u00e1s viviste. C\u00f3mo sacarle sonidos a un instrumento que estuvo en casa durante siglos sin que lo escucharas ni te atrevieras a tocarlo, c\u00f3mo sumarte ahora al coro de los p\u00e1jaros en la intemperie de esa misma casa, a las s\u00edlabas libres que solo en unas pocas combinaciones llegan a alg\u00fan sentido, siempre ambiguo y que se escapa \u2013como te gustar\u00eda hacerlo a ti\u2013 a la sintaxis y la puntuaci\u00f3n que apenas lo sostienen. Pero la poes\u00eda suele suceder donde el amo se distrae, donde se vuelve a decir lo que nunca se hab\u00eda dicho. Es lo que hacen las protagonistas de <em>La excursi\u00f3n de las ni\u00f1as muertas<\/em> de Anna Seghers. La guerra se las llev\u00f3 y reaparecen hablando en su propia lengua y tiempo, aunque en otra geograf\u00eda. Abren el territorio esperanzador y tr\u00e1gico de lo que pudo haber sido, fuera del control de la realidad, como casi todo lo que vale la pena. En tu propio desajuste, hablan tu padre y el padre de tu padre la lengua en la que hab\u00edan callado. Es un relato oral que junta los puntos discontinuos del mundo, cuyo \u00fanico sentido consiste en estar all\u00ed. Quiz\u00e1s las inagotables preguntas del hijo queriendo encontrarle alg\u00fan otro sentido se est\u00e9n riendo ahora junto a las ni\u00f1as de Seghers y a las jam\u00e1s nombradas que encontraste en tu propia familia. El hijo comparte sus dudas contigo, parado literalmente sobre las bombas a\u00fan sin detonar. Hasta aqu\u00ed se parece mucho a tu padre, pero en est\u00e9reo, como se parece la poes\u00eda a la lengua de la infancia, a la precisi\u00f3n con que la aprendes vocalizando para luego olvidar todas las reglas en el preciso instante en que vibra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vienes de un pa\u00eds en que los adolescentes escriben versos para desahogarse. Hasta donde conoces, todos los narradores chilenos compusieron poemas; tambi\u00e9n los m\u00fasicos. Se escuchaban desde antes de la llegada del castellano. En la casa chilena son la planta baja para la expresi\u00f3n, pero tambi\u00e9n el piso m\u00e1s cercano al cielo, y quisieras hacer un elogio de este fen\u00f3meno popular. Recitan sus poemas quienes no son capaces de redactar un p\u00e1rrafo o de terminar una frase cuando hablan. Tambi\u00e9n los escriben algunas de las personas m\u00e1s estudiosas que has conocido. Quieres agradecer la vida linda que te ha llevado a esa veintena de locos que componen poemas en cada pueblo que visitas. Los escriben porque el mundo les duele y a veces encuentran un lenguaje que lo trasciende. Para qu\u00e9 sirve el dolor, te preguntas a menudo. No pueden vivir sin escribir, t\u00fa mismo te das cuenta de lo dif\u00edcil que te pones para quienes amas cuando las conjeturas, que se pasean a su arbitrio por tu cuerpo, no salen a la cancha a practicar las jugadas destinadas a terminar lejos del arco. Si se quedan encerradas, tus conjeturas se visten de convicciones. Se convierten en piedras y las piedras pesan. Mientras tanto los poetas, eternamente adolescentes, se re\u00fanen a fotocopiar panfletos. T\u00fa pegabas a mano las fotos y los textos de los que a\u00fan no dispone la m\u00e1quina, primero de tus compa\u00f1eros de colegio y luego de la universidad. Despu\u00e9s dise\u00f1aste los libros en la pantalla, publicaste a tus contempor\u00e1neos del bar y de la calle, le\u00edste con ellos miles de veces y recibiste unos cuantos pu\u00f1etazos por tratar de unir lo que tiende a la separaci\u00f3n, o porque tus colegas, como t\u00fa, se tomaban demasiado en serio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy festejas a quienes siguen poni\u00e9ndole atenci\u00f3n al mundo, dej\u00e1ndose llevar por la curiosidad y separando minutos y hasta jornadas imposibles para desentra\u00f1ar lo que sue\u00f1an y leen, lo que est\u00e1n sintiendo y pensando ellos mismos u otros, ofrendando sus vidas al an\u00e1lisis de los problemas en vez de a evitarlos. Te parece heroica esta porf\u00eda del gozo y del sufrimiento entremezclados, de la ansiedad con que las infinitas maneras de la belleza buscan su cauce nadando a contracorriente. Siempre en busca de lo que falta, siempre esquivando las expectativas. Llevas treinta a\u00f1os admirando y respondiendo cr\u00edticamente a sus brazadas, que no arrastran al planeta consigo ni extraen nada de \u00e9l. Por el contrario, le regalan im\u00e1genes, ritmos y texturas; aromas, gustos e ideas. Las y los poetas cavan un t\u00fanel que no sabes ad\u00f3nde empieza, menos d\u00f3nde termina, y al recorrerlo intuyes que no va a ninguna parte. A la muerte le hacen zancadillas con las alas de este par\u00e9ntesis y es dentro de este par\u00e9ntesis donde has formado tu comunidad. Eso quer\u00edas decirles en castellano, que el premio te hizo pensar m\u00e1s que nunca en cu\u00e1ntas vidas has le\u00eddo, en cada taller, cada recital, cada conversaci\u00f3n apasionada sobre la poes\u00eda que, por permitirles a las palabras todo aquello que no es funcional a la m\u00e1quina, las convierte en la forma m\u00e1s completa de comunicarse. De ver al otro, de ponerse en el lugar desde donde viene y sobre todo hacia donde va, para intentar comprenderlo.<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Enrique Winter<\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de Luigi Ghirri<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Les deseas buenas noches a cada uno de los presentes y les agradeces por acompa\u00f1arte en este d\u00eda feliz, pero el discurso no lo escribiste t\u00fa. Lo que tipeaste esta semana fueron palabras en castellano, un idioma impuesto por quienes invadieron el territorio donde naciste y creciste, donde nacieron y crecieron tus padres. 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