{"id":6169,"date":"2025-08-26T18:23:14","date_gmt":"2025-08-26T21:23:14","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6169"},"modified":"2025-08-26T18:23:14","modified_gmt":"2025-08-26T21:23:14","slug":"el-teatro-ashbery-por-fernando-garcia-moggia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/08\/26\/el-teatro-ashbery-por-fernando-garcia-moggia\/","title":{"rendered":"El teatro Ashbery \u2013 Por Fernando Garc\u00eda Moggia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">A comienzos de los a\u00f1os sesenta, en parte gracias a la gran migraci\u00f3n de artistas e intelectuales europeos durante la guerra, Nueva York hab\u00eda desplazado a Par\u00eds como centro cultural. Los museos locales pose\u00edan las mayores colecciones de arte de vanguardia y en Broadway figuraban a diario presentaciones con elencos y obras internacionales; las artes visuales cruzaban a pie sus fronteras para ir en b\u00fasqueda del espacio urbano y la cultura de masas; la m\u00fasica culta expand\u00eda sus horizontes hacia los sonidos de la vida cotidiana, mientras que el jazz, liberado de la tonalidad y la melod\u00eda, se habr\u00eda paso hacia la improvisaci\u00f3n radical; el cine independiente ganaba carta de identidad en las calles y, al margen de las instituciones oficiales, crec\u00eda una contracultura en la que el esp\u00edritu transgresor se aliaba con sensibilidades populares como el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">camp<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En este clima de exploraci\u00f3n y efervescencia, sin embargo, la poes\u00eda estadounidense segu\u00eda siendo una pr\u00e1ctica mayormente universitaria, y la escuela del Nuevo Criticismo, aunque agonizante, dominaba las aulas. El modelo a seguir en la cr\u00edtica eran los ensayos de T. S. Eliot y, en la creaci\u00f3n, sus <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cuatro Cuartetos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Solo en la costa oeste los <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">beats<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> hab\u00edan echado brotes quiz\u00e1 demasiado verdes, mientras que la poes\u00eda confesional practicada por Robert Lowell o Silvia Plath, con su \u00e9nfasis en la vida personal, bien pod\u00eda considerarse una sordera. No correr\u00edan nuevos aires en las letras neoyorkinas hasta la aparici\u00f3n de poetas como Frank O\u2019Hara, Barbara Guest, Kenneth Koch, James Schuyler y John Ashbery, quienes formaron la as\u00ed llamada Escuela de Nueva York en alianza con el experimentalismo que proliferaba por la ciudad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Luego de una estancia de diez a\u00f1os en Par\u00eds, donde se puso al corriente de la experiencia surrealista, Ashbery volvi\u00f3 a Nueva York en 1965. Para entonces ya hab\u00eda publicado <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Algunos \u00e1rboles <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1958) y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El juramento de la pista de front\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1963), libros que le hab\u00edan granjeado cierta fama de poeta extravagante y dif\u00edcil. Pero fue con <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">R\u00edos y monta\u00f1as<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1966) y sobre todo con <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El doble sue\u00f1o de la primavera<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1970) cuando comenz\u00f3 a perfilar el tono y el estilo que lo llevar\u00edan a ser considerado el mayor exponente de la poes\u00eda posmoderna de su pa\u00eds, un t\u00edtulo honor\u00edfico que de buenas a primeras puede resultar m\u00e1s bien denigratorio y que, por lo mismo, reclama cierta aclaraci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La posmodernidad de Ashbery consiste, m\u00e1s que en una ruptura, en una desviaci\u00f3n de la corriente que puso en marcha esa vanguardia anglosajona llamada <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">modernism<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Si los poetas modernistas como Eliot, Pound o su admirada Gertrude Stein practicaron a conciencia una po\u00e9tica del montaje, capaz de entreverar en un mismo poema diversos materiales y perspectivas, en Ashbery esta tendencia hacia la heterogeneidad, hacia la mezcolanza ins\u00f3lita, reaparece conectada con la tradici\u00f3n whitmaneana del verso libre, con su gran torrente discursivo y su esp\u00edritu democr\u00e1tico y abarcador. En esa l\u00ednea, la confluencia de ambas corrientes estaba ya sugerida en la obra de un modernista m\u00e1s bien exc\u00e9ntrico, Wallace Stevens, acaso el antecedente po\u00e9tico m\u00e1s directo de Ashbery, de quien heredar\u00e1 sus poderosas atm\u00f3sferas, as\u00ed como la idea, al cabo fundamental, de que el poema es un acto de la mente.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-weight: 400;\">*<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Si bien la obra de Ashbery destac\u00f3 por su car\u00e1cter inestable, capaz de ensayar y absorber los estilos m\u00e1s dispares, vista en retrospectiva es posible reconocer cierto sustrato, discernible en el arco que va desde <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Algunos \u00e1rboles<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> hasta <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El alboroto de los p\u00e1jaros <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2014), su \u00faltimo libro. Se trata de la ambig\u00fcedad de la memoria, o m\u00e1s precisamente de la sensaci\u00f3n de llegar a destiempo a lo vivido, siempre a trav\u00e9s del eco tard\u00edo del recuerdo, como si en ese desfase el sentido se desprendiera del amarre de los hechos y flotara en una incierta deriva verbal. Tal vez por eso lleg\u00f3 a decir en una ocasi\u00f3n que su poes\u00eda no habla de la experiencia sino \u201cla experiencia de la experiencia\u201d, una aclaraci\u00f3n que, aunque parad\u00f3jica, da en el clavo de su po\u00e9tica: empezar por una trama vital, un fondo de sensaciones v\u00edvidas y vividas, para con ella arrojarse a la experiencia misma del poema, cuyo proceso de escritura \u2013an\u00e1logo al curso inacabado e impredecible de la vida\u2013 se revela como met\u00e1fora de nuestra existencia mundana.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En este movimiento pendular entre la experiencia y la escritura, la reflexi\u00f3n recobra su sentido propiamente especular o de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">speculum,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> como sugiere el t\u00edtulo de su famoso poema \u201cAutorretrato en espejo convexo\u201d. Las duplicaciones y deformaciones de una materia original \u2013sea un paisaje, un suceso o una balada an\u00f3nima\u2013 son constantes en una poes\u00eda que pareciera entender el mundo como teatro fant\u00e1stico antes que como sombr\u00eda caverna plat\u00f3nica. A semejanza de los ensamblajes surrealistas de Joseph Cornell, quien a partir de recortes de \u00e9poca y objetos reciclados compon\u00eda mundos interiores llenos de misterio, en el teatro Ashbery somos espectadores de un coro de voces que se diseminan sobre los decorados de un escenario mental, saltando del yo al t\u00fa y del t\u00fa al nosotros en una fiesta del lenguaje en la que el autor podr\u00eda encontrarse con su propio <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">doble er\u00f3tico<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Sobre la superficie de este lenguaje mudadizo como un sue\u00f1o vemos reflejada la cotidianidad de la vida estadounidense, con sus paisajes de consumo y su saturaci\u00f3n medi\u00e1tica y discursiva, de la que Ashbery se muestra como uno de sus mejores comentaristas. Pero lo admirable es que, inmersos en esta realidad fantasmag\u00f3rica, en sus poemas siempre hay un despegue hacia las regiones del pensamiento, y no son pocos los pasajes en que, sin aviso, nos regala momentos de una claridad abrumadora, de una intensidad y altura que no resulta exagerado llamar sublime, como un H<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00f6<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">lderlin que paseara por las tinieblas del Central Park. Y es que el trasfondo de la poes\u00eda de Ashbery es, como \u00e9l mismo dijo, rom\u00e1ntico; aunque a diferencia de sus pares europeos de ayer y hoy, tan dados al acento tr\u00e1gico y elegiaco, su poes\u00eda est\u00e1 atravesada por un \u00e1nimo m\u00e1s bien ir\u00f3nico, dir\u00edase que juguet\u00f3n, incluso cuando una nota de melancol\u00eda ti\u00f1e de azul sus poemas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La libertad y la inteligencia con que escribe Ashbery son contagiosas. Pero exigen un sacrificio de entrada, una suspensi\u00f3n no de la incredulidad sino de nuestras ansiedades: las de encontrar un sentido \u00faltimo, conceptos englobantes, principios causales, sentimientos reconocibles. Con Ashbery nos hallamos inmersos en el flujo magm\u00e1tico y no siempre significante del lenguaje. Aprender a nadar en \u00e9l es una de las experiencias m\u00e1s felices que la poes\u00eda contempor\u00e1nea nos ha regalado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por <strong>Fernando Garc\u00eda Moggia<\/strong><\/span><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de Garry Winogrand<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Pr\u00f3logo de:<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-6170\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Captura-de-pantalla-2025-08-22-a-las-10.13.07-p.-m-654x1024.png\" alt=\"\" width=\"432\" height=\"676\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Captura-de-pantalla-2025-08-22-a-las-10.13.07-p.-m-654x1024.png 654w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Captura-de-pantalla-2025-08-22-a-las-10.13.07-p.-m-192x300.png 192w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Captura-de-pantalla-2025-08-22-a-las-10.13.07-p.-m-768x1202.png 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Captura-de-pantalla-2025-08-22-a-las-10.13.07-p.-m.png 792w\" sizes=\"auto, (max-width: 432px) 100vw, 432px\" \/><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p>Mi doble er\u00f3tico. Antolog\u00eda Po\u00e9tica<b><br \/>\nJohn Ashbery<br \/>\nTraducci\u00f3n de Fernando Garc\u00eda Moggia<br \/>\nMundana<br \/>\n2025.<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A comienzos de los a\u00f1os sesenta, en parte gracias a la gran migraci\u00f3n de artistas e intelectuales europeos durante la guerra, Nueva York hab\u00eda desplazado a Par\u00eds como centro cultural. 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