{"id":6127,"date":"2025-08-04T19:03:33","date_gmt":"2025-08-04T22:03:33","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6127"},"modified":"2025-08-04T19:04:38","modified_gmt":"2025-08-04T22:04:38","slug":"un-lugar-que-no-promete-ganancias-por-vicente-undurraga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/08\/04\/un-lugar-que-no-promete-ganancias-por-vicente-undurraga\/","title":{"rendered":"Un lugar que no promete ganancias \u2013 Por Vicente Undurraga"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cUn ser extraordinario, algo pace\u00f1a de coraz\u00f3n, alemana en cada hueso y, por contradictorio que parezca, aimara de alma\u201d. Con estas palabras ha descrito a Blanca Wieth\u00fcchter el escritor Jorge Pati\u00f1o, y parecen precisas al dar cuenta de la mixtura de talantes, o esp\u00edritus, que conviven en la escritura de esta maravillosa poeta boliviana. Una obra donde se logra \u201cvivir la pluralidad sin unificarla\u201d, incluso si hay en ella recurrencias notorias: la ciudad (pero una \u201cque conmueva el cerco de las monta\u00f1as\u201d), la cultura andina, la mujer, la tierra, el fuego, la tradici\u00f3n literaria, el amor, todo abordado con una marcada versatilidad, con voces que entran y salen, tonalidades y formas cambiantes, citas y b\u00fasquedas aunadas bajo algo que de cierta manera las trasciende y proyecta: la dimensi\u00f3n filos\u00f3fica, por no decir ontol\u00f3gica, de esta escritura.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En la poes\u00eda de Wieth\u00fcchter, la lengua parece estar siempre llegando a decir. No diciendo las cosas resueltamente, sino librando una lucha por rozarlas, por quitarles sombra. Las del pasado, las del presente y las que a\u00fan no se nos presentan. Dada esa tensi\u00f3n de lenguas de origen conviviendo en ella (\u201cpara m\u00ed fue realmente dif\u00edcil llegar al lenguaje, porque no hablaba bien ning\u00fan idioma\u2026 he tenido que aprender haciendo\u201d, dijo alguna vez), leerla es ver c\u00f3mo \u201cde un surtidor \/ salen las palabras de cacer\u00eda\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Hija de un alem\u00e1n llegado a Bolivia en 1938 y una chilena de paso por el pa\u00eds que se conocieron por tropiezo en la oficina de correos, Blanca Wieth\u00fcchter se crio y educ\u00f3 en La Paz, en los a\u00f1os setenta hizo estudios superiores en Espa\u00f1a y Francia y luego volvi\u00f3 para quedarse en Bolivia y en el castellano y ser a la vez la local y la extranjera que de alg\u00fan modo siempre fue. Empez\u00f3 a publicar en 1975, con un libro significativo ya desde su t\u00edtulo, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Asistir al tiempo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, y sigui\u00f3 haci\u00e9ndolo con regularidad, \u201ccomo un r\u00edo buscando\u201d \u2014as\u00ed se desliza su palabra en el tiempo\u2014, hasta su muerte en 2004. Despu\u00e9s vinieron algunos textos p\u00f3stumos, entre ellos <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00c1ngeles del miedo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, libro que remite a la enfermedad y \u201clos faroles de la muerte\u201d con delicadeza e inmensa fuerza intuitiva.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Blanca Wieth\u00fcchter es una figura irradiante en la literatura boliviana y ya lo va siendo en todo el \u00e1mbito de la lengua. No es para menos si fue la creadora de poemas en los que \u201cse enlazan v\u00e9rtigos\u201d, un \u201chimno al estar\u201d, y tambi\u00e9n una figura literaria de enorme ductilidad, que se despleg\u00f3 notablemente en la narrativa, la edici\u00f3n, el ensayo y la cr\u00edtica \u2013hizo la primera tesis sobre la obra de Jaime Saenz, maestro y amigo sobre quien tambi\u00e9n escribir\u00eda un deslumbrante libro evocativo, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Memoria solicitada<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013. Cuatro tomos re\u00fanen sus obras completas, el primero de los cuales, de casi quinientas p\u00e1ginas, contiene su poes\u00eda entera.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En su escritura po\u00e9tica los sentidos crecen, leerla se parece a sostener un \u201cextra\u00f1o di\u00e1logo junto al vino\u201d en el que la \u201cavidez despierta en cada gesto\u201d. Tambi\u00e9n cultiv\u00f3 la ense\u00f1anza y el encuentro, como lo deja ver una larga entrevista televisada que le hizo Carlos Mesa, m\u00e1s tarde presidente de Bolivia y a quien la poeta refiere algo que define bien su manera de entender la relaci\u00f3n entre vida y literatura: \u201cEs como si hubiera un lugar en el mundo que se llama poes\u00eda y que est\u00e1 absolutamente protegido de toda la basura, de toda la cosa horrenda que ocurre, de toda la violencia. Un lugar en el que se produce una comuni\u00f3n y donde se puede encontrar algo que nadie sabe lo que es\u2026 Un lugar que no promete ganancias\u201d. Donde no hay ganancias, tampoco hay p\u00e9rdida.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Es esta una poes\u00eda donde \u201cla brisa es fiesta\u201d. No significa eso que sea s\u00f3lo celebratoria ni, mucho menos, que est\u00e9 desconectada del dolor y del mundo. Al contrario, los desasosiegos no faltan, tampoco los pensamientos y las inquietudes hist\u00f3ricas y sociales (\u201cSomos esa historia que no se escribe \/ y que camina con la cabeza cortada\u201d), especialmente las de la ciudad, escenario donde sus versos se despliegan: \u201cEn esa vieja \/ que pide limosna \/ en la calle Col\u00f3n \/ hay una ni\u00f1a llorando\u201d. Esto lo supo ver tempranamente Jaime Saenz, que prolog\u00f3 su primer libro se\u00f1alando que \u201ccantar a la ciudad es cantar a todo cuanto la ciudad implica\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Efectivamente tiene siempre algo de canto la obra de Wieth\u00fcchter, de canto de sereno vigilante y tambi\u00e9n de personaje dostoievskiano caminando por las calles de vuelta a casa en mitad de la noche. Un canto que en ocasiones parece prorrumpido \u201ccon el viento que sale de las tumbas de nuestros antepasados\u201d, y en ese cantar a veces arm\u00f3nico y otras veces \u00e1spero o desencajado pasa la poeta de rapsodias y evocaciones extensas a formas breves cercanas al haik\u00fa y el aforismo: \u201cCaer \/ es trazar un corredor \/ en el vac\u00edo\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Caer, ca\u00edda, errar, errancia son acciones repetidas en estas p\u00e1ginas, tal vez como manifestaci\u00f3n de un modo de estar y moverse en un mundo donde pese a todo no faltan el j\u00fabilo y la ternura, dos refugios ante los miedos, penurias y hostilidades circulantes. Ver\u00f3nica Zondek dice que sus palabras \u201cnos desnudan, nos abrazan y hacen temblar; agudas y tiernas nos incitan a la entrega\u201d. En \u201cCanci\u00f3n de cuna\u201d, poema glorioso, Wieth\u00fcchter lo demuestra a la vez que intuye y concentra en im\u00e1genes indelebles esa fragilidad insospechada sobre la cual se sostienen nuestros d\u00edas en esta tierra:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Mientras un caf\u00e9<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">y el humo<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">me dan la medida<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">de la calma,<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">esta continuidad invisible<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">que me suspende<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">se rompe, dej\u00e1ndome caer.<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">(&#8230;)<\/span><\/i><\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por Vicente Undurraga<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fotograf\u00eda de Roy DeCarava<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre:<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-6128\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Captura-de-pantalla-2025-08-04-a-las-2.57.06-p.-m-649x1024.png\" alt=\"\" width=\"364\" height=\"575\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Captura-de-pantalla-2025-08-04-a-las-2.57.06-p.-m-649x1024.png 649w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Captura-de-pantalla-2025-08-04-a-las-2.57.06-p.-m-190x300.png 190w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Captura-de-pantalla-2025-08-04-a-las-2.57.06-p.-m-768x1212.png 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Captura-de-pantalla-2025-08-04-a-las-2.57.06-p.-m.png 920w\" sizes=\"auto, (max-width: 364px) 100vw, 364px\" \/><\/p>\n<p>La tierra te lleva<br \/>\nBlanca Wieth\u00fcchter<br \/>\nSelecci\u00f3n y pr\u00f3logo de Vicente Undurraga<br \/>\nLa Pollera<br \/>\n2025<br \/>\n170pp<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cUn ser extraordinario, algo pace\u00f1a de coraz\u00f3n, alemana en cada hueso y, por contradictorio que parezca, aimara de alma\u201d. 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