{"id":6103,"date":"2025-07-28T15:05:53","date_gmt":"2025-07-28T18:05:53","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6103"},"modified":"2025-07-28T15:05:53","modified_gmt":"2025-07-28T18:05:53","slug":"la-ternura-es-el-ojo-de-todo-sobre-panico-y-ternura-de-paz-lopez-por-alia-trabucco-zeran","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/07\/28\/la-ternura-es-el-ojo-de-todo-sobre-panico-y-ternura-de-paz-lopez-por-alia-trabucco-zeran\/","title":{"rendered":"La ternura es el ojo de todo (Sobre P\u00e1nico y ternura de Paz L\u00f3pez) \u2013 Por Alia Trabucco Zer\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Buenas noches. En primer lugar, quisiera agradecer a Paz L\u00f3pez por invitarme a presentar su nuevo libro, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00e1nico y ternura<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, una colecci\u00f3n delicada y singular de ensayos que vienen a nutrir un panorama nacional de no ficci\u00f3n que, por fortuna, parece germinar en tiempos en que el pensamiento escasea o se amilana ante las embestidas de la crueldad.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Hace tiempo que no presentaba un libro. Este ritual colectivo donde fugazmente se encuentran despedida y bienvenida: algo termina hoy para su autora, un proceso habitualmente misterioso e incierto, y algo igualmente misterioso e incierto comienza para quienes sostienen desde ahora su libro. Y como tengo la sensaci\u00f3n de haber olvidado los pasos de este ritual, exactamente qu\u00e9 debiera decir y c\u00f3mo, seguir\u00e9 el orden propio del desorden de quien vive \u201cel tiempo suspendido de la ternura\u201d, parafraseando a la propia autora.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Este es un libro de una escritura sutil, inteligente, implicada, intensa y profundamente placentera. Si no hubiese tenido en el horizonte esta presentaci\u00f3n, que impon\u00eda un plazo y un texto, lo habr\u00eda le\u00eddo como dice Barthes que se leen los mejores libros: distra\u00edda, alzando la cabeza por la proliferaci\u00f3n de im\u00e1genes e ideas que se suced\u00edan sin respiro. Porque en las frases abiertas y sugerentes de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00e1nico y ternura,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> una y otra vez hall\u00e9 el germen de una imagen o el brote de una idea que me dispar\u00f3 la imaginaci\u00f3n y el pensamiento. Pero como esta presentaci\u00f3n, es decir, este ritual, se aproximaba a pasos agigantados, me forc\u00e9 a m\u00ed misma, con disciplina, a concentrarme y tomar notas un poco menos misteriosas que el pu\u00f1ado de palabras que comenzaron a poblar los m\u00e1rgenes de mi ejemplar: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">frontera<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, anot\u00e9, pensando en la l\u00ednea apenas arqueada que se dibuja en el contacto de los p\u00e1rpados entre s\u00ed y donde se cuela la luz y tambi\u00e9n la muerte; <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">reflejo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, escrib\u00ed en otro borde, imaginando el rostro de esa ni\u00f1a en la superficie empa\u00f1ada de un vidrio; y tambi\u00e9n <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">charco<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">pena<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">gota<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">roce<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">goce<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">esperanza<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">melancol\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Y trenz\u00e1ndolas, apareci\u00f3 un hilo fino y fr\u00e1gil, pero que urd\u00eda <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">una<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> lectura, la m\u00eda, entre muchas otras tambi\u00e9n posibles de este libro que las abre y despu\u00e9s, las abre un poco m\u00e1s.\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00e1nico y ternura<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> invita a asomarse por la ranura de una puerta (o de esos p\u00e1rpados apenas abiertos, apenas cerrados) para constatar que un poco m\u00e1s all\u00e1, donde la imagen se vuelve borrosa, late la belleza <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">en<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> el dolor, el amor <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">en<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> el duelo, el cari\u00f1o <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">en<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> la traici\u00f3n, el comienzo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">en<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> un final. Es un libro que se afirma, me atrevo a decir, contra las dicotom\u00edas, contra las certezas, contra las afirmaciones categ\u00f3ricas que muchas veces, por pereza o mediocridad, eluden el pensamiento; y tambi\u00e9n contra las palabras vaciadas de sentido de tanto pasar de boca en boca, de aula en aula o de paper en paper. Pero no es este un libro opaco ni elusivo, por el contrario. Es un ensayo que se aventura y que no esquiva las definiciones, incluso cuando estas se aproximan m\u00e1s a un verso que a la supuesta precisi\u00f3n de un diccionario.\u00a0<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cLa ternura es un filtro de la mirada amorosa\u201d, escribe su autora.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cLa dependencia es una de las formas m\u00e1s pr\u00edstinas de la proximidad\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cDe la curiosidad y la crueldad nadie sale indemne\u201d, dice despu\u00e9s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cEs probable que el amor sea menos un sentimiento que una manera de mirar\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cEl amor es un soldado del tiempo que el deseo saca de quicio\u201d.<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Una escritura a la vez prosaica y po\u00e9tica, que da estocadas precisas no tanto para desarmar castillos o argumentos \u2013cosa que su autora hace aunque solo de soslayo al arrojar su mirada sobre el lenguaje solipsista que prolifera en la cr\u00edtica de arte, por poner un ejemplo, o sobre aquellos que piensan solo para corroborar de antemano lo que creen saber\u2013 sino, sobre todo, que avanza para urdir en un espacio paralelo a esas zonas m\u00e1s convencionales de la raz\u00f3n, formas alternativa de pensar los conflictos personales y sociales, individuales y colectivos, a partir de afectos rara vez protag\u00f3nicos, jam\u00e1s estruendosos, y que rondan \u2013y a veces atraviesan\u2013 a un esquivo \u201cyo\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Se trata de un ensayo autobiogr\u00e1fico, s\u00ed, pero donde ese \u201cyo\u201d aparece sobre todo en la forma de una mirada sobre el mundo. Pero no sobre cualquier aspecto del mundo. El \u201cyo\u201d que asoma en estas p\u00e1ginas no es, como sucede con tantos ensayos e hibridaciones contempor\u00e1neas, su propio objeto de estudio. Y prueba de ese desplazamiento es el hecho de que el elemento simb\u00f3lico clave de este libro no sea, como tantas veces, el espejo, sino un vidrio empa\u00f1ado que la yema min\u00fascula de un dedo atraviesa para poder ver, tal vez, lo que asoma al otro lado. Tampoco el objeto del \u201cyo\u201d es la infancia de la narradora ni menos su adolescencia, no lo es un amor perdido o recobrado, ni la madre ni la hermana, aunque estos aspectos y sujetos aparezcan como fr\u00e1giles cimientos de una identidad. Aqu\u00ed la mirada, ese par de ojos que parecen entrecerrarse para as\u00ed descubrir cada detalle del mundo, se arroja sobre un material vaporoso y arisco: la ternura. Y es su b\u00fasqueda en una canci\u00f3n, en una pel\u00edcula, en una oraci\u00f3n, en una obra de arte, en un recuerdo, en la gota de agua condensada en el vidrio, en una cicatriz, en un poema, lo que mueve a este libro a una luz inesperada y, desde luego, tambi\u00e9n a su sombra.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Me detengo aqu\u00ed: en la ternura. No el amor. No la rabia. No el resentimiento. No el miedo. El material escurridizo de estas p\u00e1ginas que leo con placer y desasosiego, es un afecto muchas veces considerado menor. No una gran emoci\u00f3n, no un color primario; un matiz. Rosa viejo. Azul apetrolado. O tal vez ese color que puede ser rosado y naranjo a la vez, verde y azul dependiendo de qui\u00e9n lo defina y bajo qu\u00e9 luz. Fronterizo. Intermedio. Afectos secundarios como los que examina la fil\u00f3sofa Siane Ngai, con quien este volumen dialoga secretamente al relevar no solo la pregunta por la corporalidad de la emoci\u00f3n sino tambi\u00e9n por su potencial pol\u00edtico. Cito a Paz: \u201cLa ternura quiz\u00e1s consista en eso, en suspender por un momento el tiempo del mundo\u201d. Y cuando dice \u201ctiempo\u201d dice dolor y dice crueldad y dice premura y dice tambi\u00e9n impulso de muerte, que es lo que prima en estos d\u00edas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Lo interesante, entre muchos elementos de un libro frondoso y abierto, es que la pregunta de Paz L\u00f3pez sea siempre indirecta. No discurre sobre qu\u00e9 es la ternura, sino m\u00e1s all\u00e1 o m\u00e1s ac\u00e1. La cito otra vez: \u201cNo se dice tengo ternura como se dice tengo hambre, sue\u00f1o o rabia\u2026 \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 la ternura? \u00bfEn el que la recibe o en el que la da? \u00bfEs un ideal o reclama un cuerpo? \u00bfEst\u00e1 del lado de la felicidad o de la tristeza?\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Me tomo sus preguntas como parte de una conversaci\u00f3n p\u00fablica y a la vez secreta que sostenemos ella y yo sobre los bordes de unas p\u00e1ginas que de pronto se vuelven compartidas, y respondo a tientas en una enumeraci\u00f3n que no busca agotar, sino m\u00e1s bien sumar mis gestos y palabras a los suyos. En el bostezo de un gato, cuando las fauces alcanzan ese punto de total fragilidad\u2026 ah\u00ed habita la ternura. En las vueltas del perro sobre s\u00ed mismo en busca de la horma perfecta donde al fin desplomarse. En el adem\u00e1n nervioso que rebasa a un cuerpo: ese tic en las manos, que se acarician entre s\u00ed como si comprobaran su propia existencia o se dieran \u00e1nimos ante la dif\u00edcil tarea de hablar; o en ese temblor involuntario, parecido a un aleteo, en la comisura de la boca que no sabe decir. En el momento preciso en que se cierran los p\u00e1rpados de esa ni\u00f1a que es mi hija. O en esa palabra mal pronunciada por su voz nueva: la tuntuna amarilla. En el peque\u00f1o error, s\u00ed. En el suspiro al final del llanto, cuando reaparece la risa. Del lado de la felicidad est\u00e1 la ternura y de la melancol\u00eda y de lo pasajero y del amor y de un dolor que anticipa la inevitable p\u00e9rdida que depara el futuro. O en el contacto entre el dolor y el amor, en su roce, pienso, respondi\u00e9ndole a Paz o acaso m\u00ed misma. Porque es all\u00ed, tal vez, donde encontr\u00f3 su residencia Paz L\u00f3pez para escribir este libro sutil y bello: entre el amor y el dolor como zona pantanosa pero acaso la \u00fanica desde donde es posible volver a la memoria de las palabras reveladas sobre el vidrio empa\u00f1ado, o al paisaje secreto que esbozan la melod\u00eda de una canci\u00f3n o a la extinci\u00f3n de la luz de una luci\u00e9rnaga.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Olga Tokarczuk, al recibir el Premio Nobel de Literatura, ley\u00f3 un discurso entra\u00f1able y para m\u00ed, fundamental. \u201cLa ternura\u201d, dijo, en una definici\u00f3n certera y hermosa: \u201ces la forma m\u00e1s modesta de amor\u2026. Es el tipo de amor que no aparece en las Escrituras o en los Evangelios\u2026 nadie lo jura, nadie lo cita. No tiene emblemas o s\u00edmbolos especiales\u2026 Aparece donde miramos de cerca y con cuidado a otro ser, a algo que no es nuestro \u00abyo\u00bb. D\u00e9cadas antes, Gast\u00f3n Bachelard iba en busca de esa mirada-otra acaso sin saber que recolectaba trazos de mundos que luego se extinguir\u00edan. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cCada especie da brutal testimonio de otra vida\u201d, anot\u00f3. \u201cCada especie habla ostensiblemente de una vida que no quiere ser comparada con otra vida\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Tokarczuk propone para esa b\u00fasqueda la creaci\u00f3n de un nuevo narrador. Ni yo, ni t\u00fa, ni \u00e9l, ni ella, ni nosotros, ni vosotros, tampoco ellos, ellas o elles, ni parcial ni omnisciente. Pero s\u00ed plural, como dice Barthes y subraya Paz L\u00f3pez al citarlo en el ep\u00edgrafe de su libro. Porque decir plural es otra manera de eludir el yo o el t\u00fa. Es huir de esas formas singulares de narrar para, tal vez, simplemente ver. O abrir. O permitir. O escuchar. O desplegar. El narrador tierno de Tokarczuk ser\u00eda capaz de exponer y exponerse a la vulnerabilidad m\u00e1s radical, de revelar cada rev\u00e9s, cada recoveco habitualmente oculto por el pudor, el miedo o la verg\u00fcenza. Un narrador que ve la singularidad en la piedra o en la grieta del muro o en la polilla o en el p\u00e9talo ca\u00eddo de un cardenal. De exhibir su propio interior, pienso, o de desvanecer la frontera entre interior y exterior. Intuyo que Paz L\u00f3pez, en este libro, se entrega a esa b\u00fasqueda. La de una voz apartada del grito pero tambi\u00e9n del susurro impostado; que no cierre, sino lo contrario. Una voz que roce, que alumbre, que cubra y descubra, que vibre y se pause. Porque con qu\u00e9 ternura trata su autora a cada palabra, a cada s\u00edlaba. Como si de su precisa disposici\u00f3n sobre la hoja, de su modo de trenzarse y soltarse, dependiera su futuro y tambi\u00e9n el nuestro. Se trata de una escritura gozosa y arrojada. Un arrojo donde el \u201cyo\u201d se muestra y se oculta, apunta, nombra y se va, para dejarnos paladeando la pregunta, la imagen, la sensaci\u00f3n fugaz all\u00ed descrita. Como si no fuera un \u201cyo\u201d, anoto otra vez en un margen. Como si fuera un atisbo de ese narrador tierno que Tokarczuk bautiza como quien unge con un nombre lo que es apenas un deseo, acaso con la esperanza de que el acto de nombrar sea alguna vez lo que promet\u00eda: sin\u00f3nimo de existir.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pero tal vez, piensan ustedes, me he alejado ya demasiado del libro al discurrir tan largamente sobre la ternura y la narraci\u00f3n. No es as\u00ed. Porque la b\u00fasqueda de la ternura es tambi\u00e9n su creaci\u00f3n, o acaso su descubrimiento en distintos tiempos, lugares y recuerdos. El dedo \u00edndice de esa ni\u00f1a que escribe la supuesta traici\u00f3n en la superficie empa\u00f1ada, es para m\u00ed ternura. Sus huellas todav\u00eda nuevas. Su ingenuidad o incluso su opuesto: su germinal consciencia del poder de una palabra, o m\u00e1s espec\u00edficamente, el poder de la palabra escrita, aunque su escritura sea fugaz. La ternura todo lo puede ver. La ternura es el ojo de todo. \u201cVer todo significa reconocer el hecho \u00faltimo de que todas las cosas que existen est\u00e1n mutuamente conectadas, incluso si las conexiones entre ellos a\u00fan no nos son conocidas\u201d, dice Tokarczuk. Y sigo delante: \u201cVerlo todo tambi\u00e9n significa un tipo de responsabilidad completamente diferente para el mundo, porque resulta obvio que cada gesto \u00abaqu\u00ed\u00bb est\u00e1 conectado a un gesto \u00aball\u00e1\u00bb, que una decisi\u00f3n tomada en una parte del mundo tendr\u00e1 un efecto en otra parte, y esa diferenciaci\u00f3n entre \u00ablo m\u00edo\u00bb y \u00ablo tuyo\u00bb comienza a ser discutible\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Paz L\u00f3pez esboza esa intemperie y traza genealog\u00edas inesperadas en su proliferaci\u00f3n de citas, de sentidos, de objetos y sujetos. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">P\u00e1nico y ternura<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> deja registro de una mirada que fragiliza. Y tal vez ah\u00ed resida el p\u00e1nico. Porque esa mirada enternecida y tierna puede ser aterradora. En estos tiempos donde es su ant\u00f3nimo, la crueldad, lo que prima de manera tan desembozada, tan abierta y pornogr\u00e1fica, tan atronadora, \u00bfqui\u00e9n se siente capaz de vivir con la piel erizada, expuesta? \u00bfQui\u00e9n preferir\u00eda la intemperie? \u00bfQui\u00e9n escoger\u00eda la apertura radical que es habitar el mundo desde lo tierno, lo terso, lo fr\u00e1gil, desde el ojo que ve y ve y ve, aun sabiendo que en el horizonte asoman la podredumbre y las espinas? <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cEs mejor para el coraz\u00f3n romperse que no romperse\u201d, responde la poeta Mary Oliver. Y Paz L\u00f3pez, en su b\u00fasqueda de la ternura, dice \u201cs\u00ed\u201d. Y yo con ella.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Alia Trabucco Zer\u00e1n<\/strong><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de Roy DeCarava<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\nPresentaci\u00f3n del libro <\/span><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-6104\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/portada-panico-y-ternura-669x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"358\" height=\"548\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/portada-panico-y-ternura-669x1024.jpg 669w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/portada-panico-y-ternura-196x300.jpg 196w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/portada-panico-y-ternura-768x1176.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/portada-panico-y-ternura-1003x1536.jpg 1003w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/portada-panico-y-ternura-1337x2048.jpg 1337w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/portada-panico-y-ternura-1600x2451.jpg 1600w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/portada-panico-y-ternura-scaled.jpg 1671w\" sizes=\"auto, (max-width: 358px) 100vw, 358px\" \/><\/span><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P\u00e1nico y ternura<br \/>\n<span style=\"font-weight: 400;\">Paz L\u00f3pez<br \/>\nLumen<br \/>\n2025<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Buenas noches. 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