{"id":6000,"date":"2025-06-06T15:34:46","date_gmt":"2025-06-06T18:34:46","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6000"},"modified":"2025-06-06T15:35:16","modified_gmt":"2025-06-06T18:35:16","slug":"una-voz-en-el-defecto-sobre-un-defecto-en-la-voz-de-martin-cinzano-por-carlos-almonte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/06\/06\/una-voz-en-el-defecto-sobre-un-defecto-en-la-voz-de-martin-cinzano-por-carlos-almonte\/","title":{"rendered":"Una voz en el defecto&#8230; Sobre Un defecto en la voz de Mart\u00edn Cinzano \u2013 Por Carlos Almonte"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><b><i>Ringside<\/i><\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La entrada de un caricaturista nos conforta, falsamente, para la partida de este viaje -referencial, autobiogr\u00e1fico, testimonial. Est\u00e1 Max Beerhom (que muri\u00f3 en Rapallo), Guattari (que muri\u00f3 en Cour-Cheverny) y luego Cort\u00e1zar (que muri\u00f3 en Par\u00eds), pero es este \u00faltimo quien nos servir\u00e1 de gu\u00eda y copiloto. Recuerdo m\u00e1s de una reyerta entre cortazarianos y borgeanos, all\u00e1 en los pastos de la antigua Universidad de Chile. Como sea, es Cort\u00e1zar quien nos menciona, una vez m\u00e1s, su defecto del habla, y, al mismo tiempo, surgen decenas de personas encantadas con sus cronopios y dem\u00e1s aditamentos seculares y espont\u00e1neos. (\u00bfHabr\u00e1 algo m\u00e1s <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">udechile<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que andar citando a Alfred Jarry?).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Sin embargo, y como sucede a menudo en la narrativa <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">cinzaneana<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, nos vemos obligados, gozosamente claro, a departir con varias historias a la vez. La profesora de calcetines d\u00edscolos (un t\u00f3pico a estas alturas), la lectura (una historia <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">per se<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">), un estramb\u00f3tico viaje de reconciliaci\u00f3n hacia los fiordos, un romance, o varios, la versi\u00f3n individual del Ronco, sentado en el asiento 36 de un bus que cruza el Canal de Chacao sobre un transbordador. Y entre la esquiva delicadeza, reconocida, y la trama personal, existen numerosos anzuelos lanzados al oc\u00e9ano profundo de la narrativa latinoamericana: \u201cEn las grandes novelas todo se relaciona con todo\u201d, profesora dixit. Entonces, esta maravillosa sentencia tranquiliza el tono, tambi\u00e9n el del lector. El cuento gana por <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">knock out<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, se agrega. La verdadera poes\u00eda, agregamos, \u201cse anuncia en el aire, como los terremotos que, seg\u00fan se dice, presienten algunos animales\u201d (palabras de un tal Juan GM), y entonces vemos que en este ring no hay pelea (no a la vista, al menos), pero s\u00ed golpes, escaramuzas y una respetable cantidad de bailes discursivos. Ac\u00e1 es donde nos encuentra el primer <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">round<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, o movimiento, esperando atentamente el remez\u00f3n; que llegar\u00e1, sin duda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Si el cuento gana por <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">ko<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y la novela por puntos, \u00bfc\u00f3mo gana una narraci\u00f3n en extremo fragmentada? Me gusta pensar que es m\u00e1s bien como una de esas peleas a la antigua, despu\u00e9s de clases, cuando los contrincantes se topaban en el recreo y se avisaban \u201ca la salida\u201d, y el resto de la jornada se preparaban mentalmente para darlo todo, por lo general, rodeados de decenas de alumnos, tambi\u00e9n avisados, que hinchaban por uno u otro, sin intervenir, hasta que la victoria era clara y contundente; una pelea a combo limpio y zancadilla, escupitajos, pelea contenida por una barrera humana de lectores, amigos y compa\u00f1eros, hasta que los nudillos se pelaban, hasta que se rend\u00eda uno, o los dos lectores ca\u00edan extenuados al mismo tiempo, agotados, ensangrentados, con un ojo en tinta, las camisas afuera, los pantalones entierrados, el vest\u00f3n con una manga colgando, pero con la satisfacci\u00f3n del deber cumplido, el honor intacto y, algunas veces, hasta con una sonrisa o apret\u00f3n de manos entre los contrincantes. A veces hay triunfos por <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">knock out<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, a veces no, tampoco por puntos, sobran los \u00e1rbitros y el p\u00fablico se aleja satisfecho.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b><i>Seconds out<\/i><\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Este es un viaje por Chile, por el, a estas alturas, legendario campus G\u00f3mez Millas (G\u00f3mez Mitjans), por las locuocidades del poeta Alcalde, por M\u00e9xico, B\u00e9lgica, Par\u00eds, por la frontera, por un cit\u00e9 de Estaci\u00f3n Central y por la Villa, que es, efectivamente, la historia de un defecto en la voz, del muchacho que crece, revive y se acuesta pensando en nada; digamos, una versi\u00f3n <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">villera<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Bartleby&#8230; Y de pronto nos vemos navegando sobre un r\u00edo tormentoso de historias, relatos, an\u00e9cdotas, la casa del allendista pudiente (t\u00f3pico cada vez m\u00e1s recurrente), el barrio, los amigos, los vecinos que van cambiando el auto, los que no logran cambiar nada (\u201cel pueblo, ya vencido, jam\u00e1s estar\u00e1 unido\u201d), un personaje torrencial, solitario, incomprendido, por \u00e9l mismo, principalmente&#8230; Crecer, ser otro sin querer ser otro, ir alej\u00e1ndose de algunos, y acerc\u00e1ndose a otros, a otras lecturas, disquisiciones, pensamientos convertidos en torrente interminable. Y, en el intertanto, aparece este colgajo de se\u00f1ales, como una mesa del notable Salvatierra, amigo de Arturo y Ulises, con un mapamundi medieval, en el que las se\u00f1ales y marcas conviven con monstruos marinos y terrestres, bit\u00e1coras de navegaci\u00f3n, l\u00edmites distintos, teor\u00edas de conspiraci\u00f3n y f\u00e1bula.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b><i>Contra las cuerdas<\/i><\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La lectura se hace incesante, a la vez que el brinco, limitado, se ve abierto a un espacio denso, acuoso, de viscosidad materna y delirante. Es en el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">pizarr\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> donde se van reuniendo las se\u00f1ales, flechas y desv\u00edos de una historia adolescente (imitando al Ronco en su recursividad, un t\u00f3pico) que va subiendo de intensidad, hasta perderse, hasta inocularse un envi\u00f3n de des\u00e1nimo, un inconsciente harakiri. Es como decir \u201cme voy a aniquilar\u201d, \u201ceste mensaje se autodestruir\u00e1\u201d, y pasar desde la fragmentaci\u00f3n multifocal a una concentraci\u00f3n humeante y densa, como un g\u00e9iser del Tatio al amanecer.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Si la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">villa<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> ya anunciaba algo de autocomplacencia, hacia el final adquiere matices de epopeya, solo para valientes. El aparente desorden de recursos formales nos empuja hacia el abismo; no m\u00e1s que eso, pero tampoco menos. Se cae, y las palabras de la profesora resuenan como ecos vac\u00edos y fuertes, mientras experimentamos una ca\u00edda interminable, inexistente. La palabra se sucede, el verbo se contrae; hacia el final fue el verbo, y el verbo estaba desprovisto de color y norma. Y sin embargo, no hay magulladuras en esta ca\u00edda, no hay heridas profundas, aunque los protagonistas parecen revolcarse en ellas; simplemente sucede, acaece.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La arista pol\u00edtica reverbera resuena de un modo eterno o secuencial, \u00e9pica o intolerablemente, seg\u00fan sea el d\u00eda o la dictadura de la que se trate. Es la historia de una vida. Y, a su vez, la historia de la historia de la vida. El Chile de protestas, el A\u00f1o Decisivo, el Pedag\u00f3gico, las universidades intervenidas, Mario Mart\u00ednez, Carmen Gloria Quintana,\u00a0 y el lodazal, las piedras, las ramas, la lluvia negra que cae a raudales sobre el precipicio por el que seguimos rodando. No es ca\u00edda libre, rodamos. Bartleby est\u00e1 presente; tambi\u00e9n el Ronco t\u00f3pico. La arista \u00fanica de ese amigo que describe lo que siente, lo que ve, c\u00f3mo crece: Chile, la dictadura, los milicos, la violencia, el Colo, la adolescencia, cuesta abajo en la rodada; parafraseando a Faulkner, \u00bfo a Bola\u00f1o?, \u201cLa estrella no cae si nadie la mira\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cinzano nos regala una narraci\u00f3n en tres partes, cercanamente relacionadas. Hay un retorno sin nostalgia a las calles de la infancia, primera juventud, los a\u00f1os escolares y universitarios. Con maestr\u00eda nos transporta a aquellos tiempos y lugares, el verde bosque, parte de la barra azul en la previa, el Chuck Norris, la profesora que es gu\u00eda y compa\u00f1era a la vez, los desplazamientos por amor (que no resultan, claro), la preferencia por leer, habitar leyendo dentro de un parque desconocido, o en un pa\u00eds n\u00f3rdico, leyendo en el colegio, en la universidad, en el estadio, en la micro, leer caminando, leer durmiendo, leer cayendo&#8230; Es la historia que conocemos, que avalamos, que disfrutamos releer, repensar imaginar, recordar; en un entorno, sociedad, f\u00fatbol y pol\u00edtica&#8230; en un pa\u00eds que ya no existe. \u201cVolvemos al Impala, volvemos al desierto. En este pueblo he sido feliz\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nPor\u00a0<strong>Carlos Almonte<br \/>\nFotograf\u00eda de Stephen Shore<\/p>\n<p><\/strong>Sobre:<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-6002\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/Captura-de-pantalla-2025-06-06-a-las-11.33.56\u202fa.-m.png\" alt=\"\" width=\"288\" height=\"417\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/Captura-de-pantalla-2025-06-06-a-las-11.33.56\u202fa.-m.png 598w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/Captura-de-pantalla-2025-06-06-a-las-11.33.56\u202fa.-m-207x300.png 207w\" sizes=\"auto, (max-width: 288px) 100vw, 288px\" \/><\/p>\n<p>Un defecto en la voz<br \/>\nMart\u00edn Cinzano<br \/>\nDeriva Editorial<br \/>\n2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ringside La entrada de un caricaturista nos conforta, falsamente, para la partida de este viaje -referencial, autobiogr\u00e1fico, testimonial. 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