{"id":5887,"date":"2025-04-22T15:20:29","date_gmt":"2025-04-22T18:20:29","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5887"},"modified":"2025-04-22T15:22:31","modified_gmt":"2025-04-22T18:22:31","slug":"la-feliz-obstinacion-de-aki-kaurismaki-por-manuel-duarte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/04\/22\/la-feliz-obstinacion-de-aki-kaurismaki-por-manuel-duarte\/","title":{"rendered":"La feliz obstinaci\u00f3n de Aki Kaurism\u00e4ki\u00a0\u2013 Por Manuel Duarte"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Dentro de la extravagante familia de personajes de los cuentos de Juan Rodolfo Wilcock hay uno en particular, Lorbio, que por estar enfermo, obligado a guardar reposo, mand\u00f3 a colocar en su habitaci\u00f3n dos grandes espejos a sus costados para as\u00ed encontrarse acompa\u00f1ado y en total sinton\u00eda con sus reflejos. A la manera de aquel, Aki Kaurism\u00e4ki aspira tambi\u00e9n a la nada sencilla ambici\u00f3n de coincidir consigo mismo; solo que, en su caso, no mont\u00f3 espejos sino pel\u00edculas. Y cualquiera que dispusiera las suyas una al lado de la otra no tardar\u00eda en apreciar el mutuo parentesco de una obra que ha terminado por darle a su apellido destino de categor\u00eda: lo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">kaurismaki\u00e4no<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, esa suerte de g\u00e9nero en s\u00ed mismo nacido el d\u00eda, se sospecha, en que a Kaurism\u00e4ki le fuera revelada una certeza que entendi\u00f3 deb\u00eda abrazar por siempre, a saber: que lo \u00fanico que necesita para sus pel\u00edculas es hacer lo que ya hizo, y que en consecuencia su cine puede ser la repetici\u00f3n de una modesta conversaci\u00f3n de \u00e9l para con \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Como en trabajos predecesores <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Un hombre sin pasado <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2002)<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">, Sombras en el para\u00edso <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1986) o<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> Ariel <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1988)<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014, la \u00faltima pel\u00edcula del fin\u00e9s, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Hojas de oto\u00f1o <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2023), reincide con gracia en contarnos la historia de dos tristes desventurados de la clase obrera, Ansa (Alma Poysti) y Holappa (Jussi Vatanen), cuyo amor es esquivo y al cabo<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">consagratorio. En el mundo del tambi\u00e9n director de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Juha<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1999), las pel\u00edculas se autorreplican como las c\u00e9lulas, y lo viejo y lo nuevo siempre revisten diferencias de grado, nunca de naturaleza. De all\u00ed que Kaurism\u00e4ki se renueve a fuerza de depuraci\u00f3n: con el humanismo chapliniano cargado en los hombros, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Hojas de oto\u00f1o<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> condensa lo inagotable de una est\u00e9tica, la suya, asentada en la recurrencia a esos rasgos que le valieron la etiqueta de \u201cautor\u201d: la austeridad narrativa, la puesta en escena detallista y m\u00ednima, el car\u00e1cter \u00e1rido del humor, anti-natural de las actuaciones y generalmente fijo de los planos, el expresionismo decoroso de la fotograf\u00eda y un montaje el\u00edptico que pasea a los films por la comedia y el melodrama sin oportunidad de desempate. Un universo, en suma, incorruptiblemente personal, cuyos procedimientos se adivinan inmunes al olor a humedad. De haber un m\u00e9todo, el de Kaurism\u00e4ki habr\u00e1 de dictar que innovar no supone \u201chuir\u201d de su estilo sino arrimarse, hacerle zoom a su propio gusto que adem\u00e1s de propio tambi\u00e9n habr\u00e1 de resultar extra\u00f1o. Extra\u00f1o para \u00e9l, s\u00ed, pero sobre todo para el mundo (\u201cyo no he cambiado casi nada\u201d, dijo en una <\/span><a href=\"https:\/\/madrid.fi\/aki-kaurismaki\/\"><span style=\"font-weight: 400;\">entrevista<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">, \u201cpero el mundo s\u00ed\u201d). De all\u00ed una experiencia com\u00fan al espectador de su cine: descubrirse sonriendo, nostalgia mediante, ante cada plano donde Kaurism\u00e4ki \u201cusa\u201d el cine para conservar (como lo hacen el cine y la fotograf\u00eda, siempre a contratiempo) aquello que ama y ya no existe o va menguando su existencia:<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">su m\u00fasica privilegiada (el blues, el rockabilly, el tango), ciertos objetos (la radio, los floreros, los autos antiguos) y lugares (las salas de cine, los puertos, los bares), su cine predilecto (Chaplin, Ozu, Bresson) o la clase de gestos entre dos o m\u00e1s personas (y por \u201cpersonas\u201d se incluye a los perros) que tienen por premisa una solidaridad intuitiva, menos ideol\u00f3gica que corporal.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Hablar de \u201cgestos\u201d suena inveros\u00edmil en vistas de un director empe\u00f1ado en crear personajes tan secos, rob\u00f3ticos, inexpresivos. Y a su vez hermosos, personajes tiernos, graciosos, con seguridad entra\u00f1ables. Porque que en el cielo plat\u00f3nico de Kaurism\u00e4ki flota una idea de \u201cfinland\u00e9s puro\u201d, a la vez finland\u00e9s y universal, que todas sus pel\u00edculas insisten en traducir y sus actores en encarnar: un trabajador desolado, de voz incolora y muecas r\u00edgidas, que va de despido en despido apilando miserias y alternando su descanso en la m\u00fasica, el baile, los perros y el alcohol, siempre retratado fr\u00eda pero amistosamente. Que la c\u00e1mara se mueva y exprese tan poco como los personajes no quita que su director les profese cari\u00f1o (hasta el m\u00e1s pesimista de sus guiones les reserva un huequito para la redenci\u00f3n). Porque Kaurism\u00e4ki cree en sus int\u00e9rpretes es que les ha arrojado una misma directiva: que no act\u00faen, \u201c<\/span><a href=\"https:\/\/www.rtve.es\/noticias\/20170214\/kaurismaeki-heroe-berlinale-con-su-humor-extraseco-aplicado-a-refugiado\/1490871.shtml\"><span style=\"font-weight: 400;\">que no agiten los brazos como molinos de viento<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d, porque \u201clos actores <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">dice Aki<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> no son marionetas, son carne y sangre\u201d y a \u00e9l le gustan \u201csus rostros como son\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y sin duda el de Kaurism\u00e4ki es un cine de rostros, de acci\u00f3n concentrada en los ojos, y de ojos que revelan lo desnudo de miradas que despiertan la risa (el exageradamente villano guardia del supermercado vigilando a Alma al comienzo de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Hojas de oto\u00f1o<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">), el desconsuelo (Koistinen, interpretado por Janne Hyyti\u00e4inen, en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Luces al atardecer<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, mirando un punto fijo en su casa previo a su arresto), con suerte la dicha <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">(<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">el plano final de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Nubes pasajeras<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, cuando Llona <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Kati Outinen<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> eleva los ojos en fuga hacia el cielo). Y cu\u00e1nto su obra le debe al respecto a Outinen, una de sus actrices m\u00e1s recurrentes, cuyo movimiento de ojos es capaz de sugerir, pero nunca develar, esbozos de una interioridad que se intuye, las m\u00e1s de las veces, desolada. Nadie deber\u00eda privarse de ver lo que hace Outinen durante el primer y esperado beso entre su personaje y Nieminem (Juhani Niemel\u00e4) en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El hombre sin pasado<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">; c\u00f3mo al comienzo mantiene los ojos abiertos, nerviosos, movi\u00e9ndose en zig-zag, hasta que despu\u00e9s los cierra con la secreta sutileza de quien se relaja. Como si fuese su mirada lo que determinara la duraci\u00f3n del plano; \u00e9ste se extiende lo que el personaje demora en que su cuerpo conf\u00ede y sus ojos, un segundo despu\u00e9s, acusen recibo de esa confianza.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/jonathanrosenbaum.net\/2022\/10\/life-on-the-edge\/\"><span style=\"font-weight: 400;\">Jonathan Rosenbaum<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\"> recuerda aquel momento en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Sombras en el para\u00edso <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">cuando uno de los protagonistas sale del cine y comenta enojado que se supon\u00eda hab\u00eda ido a ver una comedia pero no se ri\u00f3 ni una sola vez. En ese \u201cpero\u201d est\u00e1 la clave que vale para todo el cine del fin\u00e9s: en el suyo, a la emoci\u00f3n se llega a fuerza de percibir los contrastes, la convivencia de elementos opuestos. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Hojas de Oto\u00f1o<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> no escapa a la regla cuando el presente de la guerra de Rusia y Ucrania se infiltra mediante una utiler\u00eda anacr\u00f3nica, (las noticias de la guerra le llegan a Alma a trav\u00e9s de una radio que bien podr\u00eda tener ochenta a\u00f1os encima), o cuando el realismo de la inestabilidad laboral que acecha a los protagonistas cohabita con la disposici\u00f3n de locaciones delicadamente irreales, estilizadas tal cuento de hadas, as\u00ed como con la constante invitaci\u00f3n que le hace la historia al espectador a que suspenda la incredulidad y acepte, de buena gana, los finales felices como por caso la probabilidad de que el alcoholismo (en este caso de Holappa) pueda curarse mediante la fuerza de un amor consumado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pese a la vida que les toc\u00f3 tener, los personajes de Kaurism\u00e4ki pueden sentirse contenidos cuando el cine de su director reluce aquello que tiene por sello propio: el modo en que la fotograf\u00eda (obra de Timo Salminen) y la m\u00fasica no revelan una caracter\u00edstica de los personajes como s\u00ed una falta; por eso la iluminaci\u00f3n y las canciones siempre salen en su auxilio, hablan por ellos, enuncian todo lo que los personajes <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">en su mutismo, su timidez, su pasividad<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> no saben, no pueden o no quieren decir ni hacer. Es la sequedad de los personajes la que ti\u00f1e a los recurrentemente luminosos colores primarios de Salminen de una funci\u00f3n no s\u00f3lo est\u00e9tica, sino l\u00f3gica: de tan expresivos, los azules de ensue\u00f1o de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El hombre sin pasado<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> o del corto mudo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The tavern man<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> parecen elevarse al rango de l\u00edneas de di\u00e1logo, y el intercalado puntilloso de rojos y amarillos en aquella cena entre Ansa y Holappa en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Hojas de oto\u00f1o<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> ratifica aquello que est\u00e1 al alcance de la percepci\u00f3n de cualquiera: que el cine de Kaurism\u00e4ki excluye de su mundo la chance de que una pared o un mantel aduzcan colores mudos o ins\u00edpidos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En una oportunidad, el cr\u00edtico Mat\u00edas Serra Bradford le consult\u00f3 por su mesura a la hora de mover la c\u00e1mara, y Kaurism\u00e4ki contest\u00f3 que el tiempo lo volvi\u00f3 menos astuto en su manejo, a tal punto que, brome\u00f3, su pr\u00f3xima pel\u00edcula ser\u00eda sin im\u00e1genes. Un mel\u00f3mano como Kaurism\u00e4ki quiz\u00e1s podr\u00eda prescindir de la luz pero nunca de ese ordenamiento cultural del sonido que se concede en llamar m\u00fasica, pasi\u00f3n que el director convida a sus personajes: si acaso no la practican, los personajes de Kaurism\u00e4ki al menos siempre est\u00e1n vinculados a ella. Por eso van a recitales, bailes, karaokes, y la unidad m\u00ednima de esta relaci\u00f3n la compone alguien escuchando la radio: no hay en su cine un rinc\u00f3n por desolado que sea que no cuente personas nucleadas alrededor de una. Porque la m\u00fasica es lo \u00fanico que tienen los que nada tienen, es que la radio, como se\u00f1ala <\/span><a href=\"https:\/\/mubi.com\/es\/notebook\/posts\/alone-together-with-the-music-songs-in-the-films-of-aki-kaurismaki\"><span style=\"font-weight: 400;\">Robert Barry<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">, es una de las pocas cosas que empaca antes de partir el ex minero interpretado por Turo Pajala al comienzo de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ariel<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">; por eso el valor que tiene para Nieminem su viejo tocadiscos en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El Hombre sin pasado<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Una radio o un tocadiscos en tanto objetos pueden o no tenerse, pero la m\u00fasica no es una cosa, y a la fecha nadie ha podido agarrar una canci\u00f3n con las manos. La m\u00fasica es una <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">actividad<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, que el su cine sublima: en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Hojas de oto\u00f1o<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, la primera vez que Ansa y Holappa coinciden es en un karaoke, y, cuando cruzan miradas de mesa a mesa, un hombre empieza a entonar esos versos de \u201cSerenata\u201d de Franz Schubert que acaso Ansa y Holappa desearan decirse: \u201c<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Suavemente mis canciones suplican \/ durante la noche por ti \/ Abajo en el bosque silencioso \/ Amada, \u00a1ven a m\u00ed!&#8221;<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. En ese mismo karaoke, \u201cescuch\u00e1 y apreci\u00e1\u201d le dice Huotari (Janne Hyyti\u00e4inen), a su compa\u00f1ero de trabajo, Holappa, previo a subirse al escenario, no sin tambi\u00e9n advertirle que \u201ctiene una buena voz, bajo bar\u00edtono\u201d. Se sabe as\u00ed que tras ese hombre de muecas de piedras yace un cantante mel\u00f3dico, cuyo canto cimienta una autoestima y la fantas\u00eda de que un productor descubra sus dotes musicales. Como si la m\u00fasica pidiera a los personajes que no olviden: libertad es tambi\u00e9n disponer esos cuerpos de rictus apenado al encuentro de un goce, en muchos casos compartido. Hay una escena en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El hombre sin pasado<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> donde el protagonista convence a la banda que toca para el Ej\u00e9rcito de Salvaci\u00f3n de ampliar su repertorio limitado al vals, y lleva a los cuatro miembros a su casa para iniciarlos en el blues. La c\u00e1mara se detiene en sus pies marcando el comp\u00e1s; luego las manos, que percuten sus rodillas; finalmente sus cabezas que asienten en sinton\u00eda. En solo tres planos Kaurism\u00e4ki capta el momento y el lugar exacto donde nace el sentimiento musical, y le da a ese sentimiento la fuerza de un manifiesto: la m\u00fasica podr\u00e1 entrar por los o\u00eddos pero empieza all\u00ed donde el cuerpo reconozca un pulso; no pide comprender, sino desprender, o acaso la \u00fanico que demanda es que uno se permita verse interpelado por un ritmo, y permitirle al ritmo que hable en nuestro nombre, que lo sigamos a ver qu\u00e9 pasa. Los T\u00edmidos Del Mundo amamos la m\u00fasica entre otras cosas por ello, porque nos libera de la conversaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Aquel lugar com\u00fan del director que siempre filma la misma pel\u00edcula y cuenta la misma historia, en Kaurism\u00e4ki sin embargo adquiere un tinte enternecedor. Una feliz obstinaci\u00f3n, como un cine vuelto ritual personal cuya convicci\u00f3n ostenta la luminosidad propia de quien cree en sus personajes y le sigue dando vueltas a las preguntas que le revolotean por la cabeza. En su caso: qu\u00e9 es lo que anima a las personas a persistir en su encuentro, c\u00f3mo filmar el hilo invisible que a ellos los une, y en definitiva qu\u00e9 carajo es eso que se conviene en llamar dignidad, ese valor cuya existencia, sea lo que fuese, Kaurism\u00e4ki se empe\u00f1a en extender <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014no compasiva, sino solidaria, horizontalmente\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> a los excluidos, los desdichados, los pobres, los parias; a todo aquel cuya mirada delate una indefensi\u00f3n, y su indefensi\u00f3n esconda una grandeza.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por <strong>Manuel Duarte<\/strong><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dentro de la extravagante familia de personajes de los cuentos de Juan Rodolfo Wilcock hay uno en particular, Lorbio, que por estar enfermo, obligado a guardar reposo, mand\u00f3 a colocar en su habitaci\u00f3n dos grandes espejos a sus costados para as\u00ed encontrarse acompa\u00f1ado y en total sinton\u00eda con sus reflejos. 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