{"id":5856,"date":"2025-04-04T14:51:56","date_gmt":"2025-04-04T17:51:56","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5856"},"modified":"2025-04-04T14:52:17","modified_gmt":"2025-04-04T17:52:17","slug":"elogio-del-refrenamiento-por-jose-watanabe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/04\/04\/elogio-del-refrenamiento-por-jose-watanabe\/","title":{"rendered":"Elogio del refrenamiento \u2013 Por Jos\u00e9 Watanabe"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Los hijos de los inmigrantes japoneses escuchamos en nuestra infancia que alg\u00fan d\u00eda toda la familia ir\u00eda a Jap\u00f3n. Era un sue\u00f1o poco convincente, a\u00fan para nuestros padres. El sue\u00f1o se fue diluyendo y la cultura del entorno nos fue dando a nosotros, sus hijos, una identidad que terminar\u00eda siendo irrenunciable. Hoy somos un nuevo grupo de mestizos que forma parte insoslayable del complejo tejido social del Per\u00fa.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Mi padre lleg\u00f3 en 1916. Era un hombre alto y magro. Nunca pude imaginarlo trabajando como agricultor en los latifundios azucareros de la costa peruana, adonde empezaron a llegar los inmigrantes de 1899. Siempre estaba sosegado. Parec\u00eda que todos sus actos ten\u00edan un impecable anclaje interior. Esa contenci\u00f3n natural fue el aspecto que m\u00e1s le apreci\u00e9, el que m\u00e1s me impresionaba. Mis hermanos y yo terminamos por controlar nuestras expansiones ante \u00e9l. Nunca nos lo pidi\u00f3, pero de alguna manera supimos que siempre esperaba de nosotros un comportamiento m\u00e1s discreto, m\u00e1s recogido de maneras. No es que hayamos reprimido nuestros modos expresivos, sino que aprendimos a no hacer in\u00fatiles aspavientos. Su actitud serena parec\u00eda decirnos que hay un orden natural que no requiere comentarios agrega\u00addos e innecesarios a nuestros actos. Pecho adentro pueden estar las tragedias, las intensidades, los abismos, pero \u00e9stos no deben expresarse con largos ademanes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Hay ocasiones en que le atribuyo a mi padre algunas de mis<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">reacciones, pero creo que su actitud modifica especialmente mi conducta en circunstancias cr\u00edticas. Ante la adversidad extrema, me viene a veces una pulsi\u00f3n rec\u00f3ndita que me se\u00f1ala una responsabilidad: s\u00e9 como tu padre<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En 1986, en un hospital de Alemania, despu\u00e9s de escuchar un diagn\u00f3stico terrible, sent\u00ed la infinita tentaci\u00f3n de descomponerme, de gritar mi angustia e impotencia. Vino entonces a m\u00ed un \u00edntimo reproche y me sent\u00ed \u00abla \u00fanica impureza en ese cuarto as\u00e9ptico\u00bb. A\u00f1os despu\u00e9s, sobreviviente ya, convert\u00ed esa frase en un verso y la continu\u00e9 con otras l\u00edneas:<\/p>\n<p><\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Mas no patetices. Eres hijo de. No dramatices.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">El japon\u00e9s<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">se acab\u00f3 \u00abpicado por el c\u00e1ncer m\u00e1s bravo que las \u00e1guilas\u00bb,<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">sin dinero para la morfina, pero con qu\u00e9 elegancia, escuchando <\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">con qu\u00e9 elegancia<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">las notas<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">mesuradas primero y luego como mil precipit\u00e1ndose<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">del kot\u00f3<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">de La Hora Radial de la Colonia Japonesa<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Esta conducta de imperturbable serenidad ante una situaci\u00f3n l\u00edmite compuso desde muy antiguo el modo de ser de nuestros padres. Ellos crecieron escuchando historias de samur\u00e1is que luego nos repitieron. Las ense\u00f1anzas impl\u00edcitas en los argumentos abunda\u00adban en la dignidad ante las situaciones l\u00edmites y, particularmente, ante la muerte. Abrevio aqu\u00ed una de esas historias que mi padre contaba: dos samurais amigos hab\u00edan acordado combatir juntos para defenderse mutuamente las espaldas. En una batalla, uno de ellos fue flechado en un ojo por los arqueros del bando contrario. El herido se dej\u00f3 caer cerca de un \u00e1rbol mientras su compa\u00f1ero dejaba la espada para auxiliarlo. Se dispuso a poner su zapatilla en el lado sano del rostro de su amigo para fijarlo y tirar de la flecha. El herido lo detuvo con un gesto y le susurr\u00f3: <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00abNadie, ni t\u00fa, mi honorable amigo, puede<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">poner su zapatilla en mi cara\u00bb. Enseguida le indic\u00f3 que lo ayudara a recostarse en el \u00e1rbol para esperar, con majestad. la muerte.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Buscar una muerte digna y no dejar el cad\u00e1ver en una posici\u00f3n vergonzosa es parte del esp\u00edritu del Bushido, aquel conjunto de normas \u00e9ticas<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> con que los samurais gobernaron durante siete siglos el Jap\u00f3n. Con el tiempo, las normas tambi\u00e9n pasaron a determinar la conducta de la sociedad civil. El Bushido nunca fue escrito pero estaba en el esp\u00edritu de todos los japoneses y se transmit\u00eda de modo consuetudinario.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Sospecho que la influencia de mi padre tambi\u00e9n est\u00e1 en la contenci\u00f3n de lenguaje que me place practicar. S\u00e9 que es imposible explicar convincentemente por qu\u00e9 un poeta escribe como escribe, pero estoy convencido de que el fraseo po\u00e9tico nace de nuestro modo de ser, no de los estilos literarios. Podemos abrir\u00adnos a todos los ideales de poes\u00eda, pero se decanta en nosotros el que coincide con nuestra personalidad y se procesa con nuestra biograf\u00eda. Percepciones po\u00e9ticas y lenguaje acaso sean anteriores a nuestro primer y ya lejano poema.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Chikamatsu, el gran dramaturgo de bunraku, a comienzos del siglo XVIII dijo: \u00abCantar los versos con la voz pre\u00f1ada de l\u00e1grimas, no es mi estilo. Considero que el pathos es enteramente una cuesti\u00f3n de refrenamiento. Cuando todas las partes de un drama est\u00e1n controladas por el refrenamiento, el efecto es m\u00e1s conmovedor\u00bb. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Creo que mi padre nunca conoci\u00f3 a Chikamatsu, pero lo imagino haci\u00e9ndole una suave venia de aceptaci\u00f3n, especialmente cuando ejerc\u00eda uno de sus varios oficios, el de restaurador de v\u00edrgenes y santos caseros, aquellas estatuillas que la gente velaba en las repisas de sus salas o dormitorios. Antes de ser arrastrado por la aventura hasta el Per\u00fa, mi padre hab\u00eda sido un joven estudiante en una escuela de arte de Okayama. Era budisla, pero pon\u00eda el m\u00e1s devoto empe\u00f1o en resanar las im\u00e1genes cat\u00f3licas. Nunca tuvo reclamos, excepto con los Cristos. Su fe sosegada y sin dramatismos lo llevaba a pintarle a los Crucificados s\u00f3lo una herida discreta en el costado. Entonces sus clientes le exig\u00edan las huellas de la pasi\u00f3n, la sangre estridente de la tragedia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Mi padre era lector de haikus, que no est\u00e1n lejos de la po\u00e9tica de Chikamatsu. En medio de los pollos y patos de corral de mi casa, me traduc\u00eda, entre grandes pausas reflexivas, esos breves poemas<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">que entonces yo no entend\u00eda claramente. Ese fue el primer lenguaje po\u00e9tico que conoc\u00ed. El haiku es un ejercicio de pudor frente al propio descubrimiento de la belleza. El poeta Shoogui dijo:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Lirios del valle<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">pensad que se halla de viaje <\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">el que os mira<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Shoogi no quer\u00eda que los lirios se percataran de su presencia porque, al estar all\u00ed, se somet\u00eda al riesgo de tener que escribir el poema. Te\u00f3ricamente, el haijin, o escritor de haikus, preferir\u00eda no tener <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que escribir su hallazgo po\u00e9tico. Desear\u00eda que todos los hombres <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">est\u00e9n junto a \u00e9l y que todos, un\u00e1nimemente, tengan la misma instant\u00e1nea percepci\u00f3n. Pero est\u00e1 solo. Entonces, sin afectaciones y del modo m\u00e1s notarial posible, intenta provocar o reproducir en el lector la experiencia que a \u00e9l le fue revelada.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando hablo de la acritud de refrenamiento de mi padre, siento que no le hago justicia a mi madre. Ella era peruana, hija de braceros de un enclave azucarero. Los japoneses ven\u00edan sin pareja <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">y cuando deseaban constituir una familia recurr\u00edan al matrimonio por poder. Previamente, los retratos de los varones en Per\u00fa y de <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">las casaderas en Jap\u00f3n, embellecidos por los retoques fotogr\u00e1ficos, cruzaban el oc\u00e9ano en busca de una concertaci\u00f3n conyugal. Mi padre fue uno de los pocos que no sigui\u00f3 esa tendencia endog\u00e1mica de \u00abimportar\u00bb una <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">esposa.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Mi madre hab\u00eda heredado de sus or\u00edgenes andinos la impronta de templanza que luc\u00eda en todas sus actitudes. Pero su contenci\u00f3n ten\u00eda un matiz<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">de dureza o de aire \u00e1spero. Yo admiraba sus frases. Eran bellas. Estaban relacionadas con cosas cotidianas que de pronto alcanzaban la densidad de lecciones morales a veces despiadadas. Muchas de sus frases, pronunciadas como sorpresivos <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">azuzamientos o est\u00edmulos para remontar nuestras debilidades, han terminado imponi\u00e9ndose en mis poemas. Nunca terminar\u00e9 <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">de agradecerle a mi madre su ayuda para sobrevivir con dignidad: \u00abla olla de barro se hace m\u00e1s dura en el fuego\u00bb<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">sentenciaba desde su altura de jueza o matrona.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Jos\u00e9 Watanabe<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Fotograf\u00eda de Nobuyoshi Araki<\/p>\n<p>Este texto fue originalmente publicado en la revista El poeta y su trabajo, cuyos ejemplares pueden ser le\u00eddos en la p\u00e1gina web de la UNL. Este texto es parte de varios que estaremos subiendo de aquella revista.<br \/>\n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los hijos de los inmigrantes japoneses escuchamos en nuestra infancia que alg\u00fan d\u00eda toda la familia ir\u00eda a Jap\u00f3n. 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