{"id":5840,"date":"2025-03-31T17:03:30","date_gmt":"2025-03-31T20:03:30","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5840"},"modified":"2025-04-01T16:02:54","modified_gmt":"2025-04-01T19:02:54","slug":"tenderse-en-el-fragil-umbral-sobre-el-libro-de-los-caracoles-de-ana-lea-plaza-por-christian-anwandter","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/03\/31\/tenderse-en-el-fragil-umbral-sobre-el-libro-de-los-caracoles-de-ana-lea-plaza-por-christian-anwandter\/","title":{"rendered":"Tenderse en el fr\u00e1gil umbral \u2013 Sobre El libro de los caracoles, de Ana Lea-Plaza \u2013 Por Christian Anwandter"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Refugiadas en la mitad del libro, solo accesibles mediante un gesto inusual en las convenciones del leer \u2013abri\u00e9ndolo de nuevo por la mitad, de izquierda a derecha\u2013, las palabras. Incluir reflexiones escritas sobre el collage y su pr\u00e1ctica anclan la elaboraci\u00f3n de los collages, la escritura de texto y la confecci\u00f3n manual del libro, en una disciplina vital. Un hacer que no busca, como en las vanguardias, provocar un quiebre normativo \u2013ni moral, ni visual ni ling\u00fc\u00edstico\u2013 para marcar su distancia u odio contra una sociedad alienada y mec\u00e1nica. Es en cambio fruto de un repliegue sin estridencias. La utop\u00eda de la mano creadora que transforma el mundo, que construye obras que son hogares temporales. Hogares para compartir un \u201cdelicado sentimiento de inferioridad\u201d. La confianza en la mano como herramienta de exploraci\u00f3n intuitiva y sensible: \u201clos brillantes papeles sienten y perciben mejor que yo misma\u201d. El collage \u2013pero tambi\u00e9n la escritura\u2013 es un &#8220;ver con las manos&#8221;. Ambos permiten tomar distancia con el &#8220;tejido familiar&#8221;, o con esa casa que tanto pesa a cuestas. Es tomar distancia tanto con la pr\u00e1ctica femenina del tejido, asediada por la percepci\u00f3n de que no hay \u201cguaguas que vestir\u201d, como con respecto a la &#8220;r\u00edgida ley de un padre ausente&#8221;. Tal como en una novela de formaci\u00f3n, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El libro de los caracoles<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> propone otro principio de individualizaci\u00f3n distinto al de la convenci\u00f3n social: la deriva, el juego, el movimiento, que permite moverse &#8220;para otro lado, m\u00e1s amoroso e inestable&#8221;.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">1<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cLa belleza es un acto m\u00ednimo de sobrevivencia, un gesto sutil como depositar un fruto en un canasto. Los brazos y las manos transforman el objeto en deseo. La posici\u00f3n del cuerpo permite equilibrios moment\u00e1neos y coordinados, que si se escucharan ser\u00edan sonidos en sincron\u00eda con el vuelo, y nadar por espacios anhelados. El acto de recoger conduce a un paisaje marginal, sin centro sino en la acci\u00f3n que se realiza desde una antigua conciencia. Toca o inicia un ciclo, o m\u00e1s, que se reiniciar\u00e1 muchas veces, como antes ya ocurri\u00f3. Pero ahora es un acto \u00fanico, espl\u00e9ndido, in\u00e9dito\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Una canci\u00f3n de ni\u00f1os interioriza el orden de las cosas: a guardar, a guardar, cada cosa en su lugar. Nos gusten o no, tienden a estar donde se espera que est\u00e9n. Si no ocurre, la percepci\u00f3n se alarma. La anomal\u00eda llama la atenci\u00f3n. Detr\u00e1s del orden de las cosas acecha siempre la posibilidad de una dislocaci\u00f3n que nos perturba. Pero tambi\u00e9n otro mundo posible. Entre el riesgo de una p\u00e9rdida y la promesa de algo nuevo: la incertidumbre de lo que nos rodea.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La r\u00e1dula (o boca) del caracol, consiste en miles de dent\u00edculos que sirven para raspar las superficies con el fin de alimentarse.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter  wp-image-5849\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-1.png\" alt=\"\" width=\"402\" height=\"584\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-1.png 527w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-1-206x300.png 206w\" sizes=\"auto, (max-width: 402px) 100vw, 402px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">2<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfPero qu\u00e9 significa ver lo que nos rodea? \u00bfC\u00f3mo entender el lugar de cada cosa en el espacio? Hay jerarqu\u00edas entre los objetos, funciones definidas, reglamentaciones que habilitan o proh\u00edben presencias, historias, lent\u00edsimas historias, que han ido dando forma a lo que se cristaliza en la normalidad de un d\u00eda cualquiera: en la mesa sobre la que escribo: unos anteojos sobre un mantel, una taza con caf\u00e9 caliente, un salero, un jarro con agua. Un computador. \u00bfC\u00f3mo llegaron ac\u00e1? \u00bfC\u00f3mo yo llegu\u00e9 a estar aqu\u00ed, rodeado por ellos, unidos por esta circunstancia?<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cLa mano inquieta al pensamiento. Una y otra vez, seres que inquieren y act\u00faan sobre el mundo interrumpen de pronto la premura de sus gestos, abandonan los \u00fatiles que sosten\u00eda el animal laborioso cuya historia encarnaban un momento atr\u00e1s y, como si en este extremo de su cuerpo que se abre al vac\u00edo atisbasen el enigma de su propia desmesura, vuelcan la mirada hacia el mapa impreciso que se tiende entre su palma extendida y las yemas de sus dedos\u201d<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Producen babas que permiten al caracol \u201cautoayudarse en la locomoci\u00f3n reduciendo la fricci\u00f3n y permiti\u00e9ndoles el desplazamiento por zonas de elevada pendiente\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter  wp-image-5848\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-2.png\" alt=\"\" width=\"415\" height=\"593\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-2.png 528w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-2-210x300.png 210w\" sizes=\"auto, (max-width: 415px) 100vw, 415px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">3<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Si fuera el azar, aliviano el peso de intentar entender el lugar de las cosas. Prefiero la ficci\u00f3n, y remitir la pregunta a un falso demiurgo. Me pierdo en esa cadena infinita de causas. M\u00e1s todav\u00eda me gusta lo que se pierde en la mirada. Lo que no vemos que est\u00e1 en lo que est\u00e1. \u00bfQu\u00e9 hacer con el espacio entremedio que llena el espacio entre lo reconocible?\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cCu\u00e9ntame si es verdad<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">lo que dice don Pascual<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cuenta que un mill\u00f3n,<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">un mill\u00f3n de a\u00f1os atr\u00e1s,<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">eras t\u00fa, caracol,<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">un bichito sin hogar\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cOh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas; Quiebra, oh Jehov\u00e1, las muelas de los leoncillos. Sean disipados como aguas que corren; Cuando disparen sus saetas, sean hechas pedazos. Pasen ellos como el caracol que se desl\u00ede; Como el que nace muerto, no vean el sol. Antes que vuestras ollas sientan la llama de los espinos, As\u00ed vivos, as\u00ed airados, los arrebatar\u00e1 \u00e9l con tempestad\u201d.<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter  wp-image-5847\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-4.png\" alt=\"\" width=\"345\" height=\"474\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-4.png 522w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-4-218x300.png 218w\" sizes=\"auto, (max-width: 345px) 100vw, 345px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">4<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cLo p\u00fablico es lo \u00edntimo expandido en la contingencia\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El plumaje rojo de un ave parece tomar, como si fuera una mano, una tetera de porcelana llena de decorados. Abajo, como si fueran propias de la tetera, las patas de un ave. Aparece, hecho de distintas partes, un cuerpo nuevo, otra forma viviente, un objeto que siente. \u00bfQu\u00e9 le pasa a lo que se desmiembra cuando encuentra otro lugar? \u00bfQu\u00e9 significado adquieren los objetos cuando, r\u00edtmicamente, vuelven a aparecer rodeados de\u00a0 inusitados vecinos, o adquieren nuevas coloraciones? \u00bfQu\u00e9 nos pasa cuando nos enfrentamos a estas variaciones de la dislocaci\u00f3n? Esta nueva ave, que hace que volar se vuelva indisociable de contener y de verter, resonar\u00e1 cada vez que aparezcan otras aves, partes de aves, jarros, canastos, o sombras de ellos. Un abecedario visual se trenza en su recurrencia: contenedores, aves, manos, pies, flores, etc.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Son hermafroditas, pero\u00a0 necesitan acoplarse porque no pueden autofecundarse: \u201cse lanzan el uno al otro una saeta o esp\u00edcula de carbonato c\u00e1lcico, que desaparece en el interior del receptor. Este dardo tiene una funci\u00f3n estimulante, ya que no lleva consigo c\u00e9lula sexual alguna\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter  wp-image-5844\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-6.png\" alt=\"\" width=\"409\" height=\"635\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-6.png 462w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-6-193x300.png 193w\" sizes=\"auto, (max-width: 409px) 100vw, 409px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">5<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">A diferencia de los fotomontajes de Greta Stern, o de los collages de Marta Rosler, que construyen escenas nuevas en que los cuerpos humanos mantienen su unidad a pesar de la descontextualizaci\u00f3n, Ana mutila cuerpos para construir otros nuevos, sin necesariamente construir una escena que los vuelva legibles: compone cuerpos que, como flores, se abren a un mundo que los espera o acoge como preguntas, como bellezas insidiosas, fr\u00e1giles, que nos toca a nosotros percibir, sentir, nombrar.\u00a0<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cDespu\u00e9s de este complejo cortejo, se transfiere un espermat\u00f3foro del \u00f3rgano genital masculino de un individuo al femenino del otro individuo, donde se ir\u00e1n liberando los espermatozoides con la consiguiente fecundaci\u00f3n de los \u00f3vulos. Despu\u00e9s hacen un agujero, enterrando sus huevos algunos cent\u00edmetros bajo la superficie de la capa f\u00e9rtil. Pasados quince d\u00edas, estos huevos eclosionan y surgen las caracolas. Cada puesta consiste en hasta cincuenta huevos. Son capaces de poner huevos una vez cada mes.\u201d<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cMe preocupa que los del gremio visualicen en mis actos algo que no consigo ver y que eso d\u00e9 origen a un malentendido tan intrincado que no sea posible arreglarlo en esta vida\u201d.<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter  wp-image-5843\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-7.png\" alt=\"\" width=\"382\" height=\"582\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-7.png 473w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-7-197x300.png 197w\" sizes=\"auto, (max-width: 382px) 100vw, 382px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">6<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cMi apego a este rosal tiene su raz\u00f3n: he subido con un mensaje\u201d\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cel mensaje es una reserva pol\u00edtica\u201d &#8211; \u201cen el tronco no hab\u00eda m\u00e1s que nudos y espinas que me ha costado bastante esquivar. He seguido por las ramas, y nada de o\u00eddos\u201d<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cNo extra\u00f1arse de la huella que voy dejando: me han dicho que si el rosal oye con torpeza, escribo el recado sobre cada una de las hojas para que el torpe vaya deletreando. Por otra parte, esta goma inocente de la escritura es luminosa y lo decora como a una laca. \u00bfPregunt\u00e1is de la caparaz\u00f3n? Un mensaje pol\u00edtico se guarda con cuidado, y yo entiendo el cargo. Si cuando yo haya bajado el rosal se seca, ser\u00e1 que el mensaje, cuyo asunto yo ignoro, conten\u00eda esa dicha que para el coraz\u00f3n.\u201d\u00a0<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">El libro de los caracoles<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> nos recuerda la arbitrariedad de lo real devolvi\u00e9ndonos el gesto creador que instituye las realidades posibles. Aprendemos a mirar los cuerpos ausentes, los que tendr\u00edan que prolongarse pero se interrumpen, los que no alcanzamos a nombrar pero intuimos por sus sombras, los que probablemente son un cuerpo pero percibimos apenas como mancha. En el libro, el abecedario visual va componiendo una idea de cuerpo m\u00faltiple, activo y m\u00f3vil, atravesado por objetos. A diferencia de los retratos de Arcimboldo, que se componen por acumulaci\u00f3n de la misma clase de objetos (vegetales, animales, etc.), en los collages de Ana la unidad, si la hay, no se obtiene mediante la acumulaci\u00f3n de lo mismo, sino que mediante la aparente disoluci\u00f3n en una multiplicidad vertiginosa. Las im\u00e1genes proyectan una misteriosa sensualidad que viene de esa fr\u00e1gil unidad, conquistada por la dicha de unas manos entregadas a hurgar la honda dispersi\u00f3n de las cosas.<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cEl m\u00e1s bello universo es s\u00f3lo un mont\u00f3n de desperdicios reunidos al azar\u201d\u00a0<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">L<span style=\"font-weight: 400;\">a concha crece a medida que lo hace el caracol. Cierra una secci\u00f3n de su concha y a\u00f1adir\u00e1 una nueva c\u00e1mara al crecer, pero la nueva es m\u00e1s grande, por lo que forma una espiral logar\u00edtmica: \u201cen alg\u00fan momento, el caracol construye un reborde alrededor de la abertura de la concha, deja de crecer, y comienza a reproducirse.\u201d<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Podemos seguir el hilo, materialmente, a lo que une las distintas partes. \u00bfQu\u00e9 hay en la imagen de un cuerpo? \u00bfA qu\u00e9 manos llevan estos hilos? El collage crea im\u00e1genes que dan movimiento y sentido a cuerpos nuevos. El recorte es un momento que enfatiza la separaci\u00f3n y la falta. Luego viene la composici\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo nombrar a ese elemento que, por momentos, aparece y configura pero es difuso e indefinible? \u00bfC\u00f3mo llamar a eso sin nombre que ocupa el espacio sin forma pero que constituye los espacios y permite justamente el reconocimiento de otros l\u00edmites? \u00bfCu\u00e1nto de eso hay en lo que nos rodea, y qu\u00e9 tan capacitados estamos para percibirlo? \u00bfCu\u00e1l es el lenguaje para dar a ver eso que nos constituye sin forma?\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La imagen del collage es movimiento, no solo por la aparici\u00f3n de bicicletas, caballos, aves, que lo sugieren, ni porque sea huella de una acci\u00f3n, sino tambi\u00e9n porque es estela que invita a seguir su traza. Hay un vuelo prometido que se anuncia persistente. Una mujer que empuja una carretilla probablemente cargada de objetos (con el trabajo y peso que supone) va en una direcci\u00f3n que se interrumpe. El recorte nos despoja de ese sentido para hacer aparecer algo ajeno al mundo del trabajo: una sombra, una figura, tonos. Lo que pensamos que hac\u00eda parte de algo pertenec\u00eda en verdad a realidades m\u00e1s amplias que no vemos: quiz\u00e1 este entrever de mundos nuevos hechos de partes despojadas o desorientadas de su sentido original es de las experiencias m\u00e1s propias de los collages de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El libro de los caracoles<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">No es de extra\u00f1ar que este molusco de papel irradie un marcado optimismo (sobre todo en la tercera parte): una desenvoltura y contundencia en im\u00e1genes que anudan convicciones. En estas la figura del trabajo y de la recolecci\u00f3n logran construir equilibrios y geometr\u00edas, donde el cuerpo reverdece, viaja, emerge en movimiento desde los escombros, sonr\u00ede. El recorte construye figuras, delinea nuevos cuerpos a partir de im\u00e1genes pertenecientes al entorno. El caballo de mar aparece recortado desde la inmensidad en la que vive inserto, como si su figura moldeara el mundo entero. Este nuevo caballo de mar no est\u00e1 contenido por su entorno, sino que emerge desde \u00e9l. Podr\u00edamos pensar que este optimismo es figurativo, pero no lo es desde el realismo, o m\u00e1s bien propone un realismo en que las figuras nacen de lo que puede contener figuras: aquello difuso que no tiene nombre, o que contiene a casi todo (como el mar o el aire), y que de pronto se ve contenido. No es una sin\u00e9cdoque (donde el todo aparece por la parte), sino que parte y todo se componen mutuamente para cristalizar no solo una figura, sino que tambi\u00e9n fondos y trasfondos posibles.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Antiguos romances imaginaban caracoles descomunales que atacaban pueblos, destruy\u00e9ndolos. Tal vez, en su lentitud viscosa, en el ir construyendo su hogar desde s\u00ed mismo, nutri\u00e9ndose del exterior para refugiarse de sus peligros, hay un riesgo mayor. En \u201cProblemas con las burbujas\u201d Philip K. Dick plantea un futuro en que la frustraci\u00f3n por no encontrar vida inteligente en otros planetas lleva a que una empresa comercialice esferas dentro de las cuales cada ciudadano puede crear un mundo. Tal vez el peligro que animaba esos antiguos romances es el de una cierta autonom\u00eda que amenaza la coerci\u00f3n social. \u00bfCu\u00e1les son los mundos que se nos permite crear? \u00bfEs lo mismo una burbuja algor\u00edtmica, que nos provee de contenido familiar, que un caracol que con su r\u00e1dula recorta revistas para configurar cuerpos nuevos? No lo s\u00e9. Pero tendr\u00e9 cuidado, en los tiempos que corren, especialmente de noche, y sienta ruidos extra\u00f1os. Caminar\u00e9 lentamente y pondr\u00e9 atenci\u00f3n a mis pasos, para que no cruja aplastado lo que a\u00fan no he terminado de escuchar ni entender.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter  wp-image-5842\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-8.png\" alt=\"\" width=\"394\" height=\"572\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-8.png 488w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-8-206x300.png 206w\" sizes=\"auto, (max-width: 394px) 100vw, 394px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por <strong>Christian Anwandter<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sobre<\/p>\n<p>El libro de los caracoles<br \/>\nAna Lea-Plaza<br \/>\n2025<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter  wp-image-5841\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-5.png\" alt=\"\" width=\"406\" height=\"591\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-5.png 496w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Imagen-5-206x300.png 206w\" sizes=\"auto, (max-width: 406px) 100vw, 406px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Refugiadas en la mitad del libro, solo accesibles mediante un gesto inusual en las convenciones del leer \u2013abri\u00e9ndolo de nuevo por la mitad, de izquierda a derecha\u2013, las palabras. Incluir reflexiones escritas sobre el collage y su pr\u00e1ctica anclan la elaboraci\u00f3n de los collages, la escritura de texto y la confecci\u00f3n manual del libro, en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":5846,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[12,10],"tags":[],"class_list":["post-5840","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-arte","category-literatura"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5840","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5840"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5840\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5850,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5840\/revisions\/5850"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5846"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5840"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5840"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5840"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}