{"id":5830,"date":"2025-03-25T16:57:48","date_gmt":"2025-03-25T19:57:48","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5830"},"modified":"2025-03-25T17:02:29","modified_gmt":"2025-03-25T20:02:29","slug":"sobre-la-nube-y-la-piedra-de-kurt-folch-por-francisco-diaz-klaassen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/03\/25\/sobre-la-nube-y-la-piedra-de-kurt-folch-por-francisco-diaz-klaassen\/","title":{"rendered":"Sobre La nube y la piedra de Kurt Folch \u2013 Por Francisco D\u00edaz Klaassen"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Los poemas de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La nube y la piedra<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> parecen estar recorridos por la solemnidad eleg\u00edaca de una doble despedida, a la humanidad y al mundo que la cobija. Si en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> la voz camina sobre el suelo de la posguerra, convertido de pronto en un reguero de esqueletos sobre los que descansa la llamada civilizaci\u00f3n europea, aqu\u00ed se sube la apuesta para contener a toda la tierra \u201cquemada y corro\u00edda por el sol\u201d, \u201cun laberinto de f\u00f3siles\u201d llegado el primer cuarto del siglo, terminada una pandemia y a la espera de muchas otras.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Esa seriedad geol\u00f3gica, en cualquier caso, puede transformarse en risa o burla f\u00e1cilmente. Si uno trata de leer estos poemas en un vag\u00f3n del metro, por ejemplo, o caminando, o con la televisi\u00f3n o la m\u00fasica de fondo. En esos casos los poemas se reir\u00e1n del incauto y le dir\u00e1n que por ah\u00ed no va la cosa. Para acometerlos y salir ileso (que no indemne) convendr\u00eda acordarse del poeta Raworth, cercano en esp\u00edritu y po\u00e9tica a Folch, y de esa imagen suya del funambulista que camina al borde de la incomprensibilidad. Consid\u00e9rese advertido el lector potencial.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfPero son incomprensibles estos poemas? Para nada. Se trata m\u00e1s bien de una impenetrabilidad enga\u00f1osa, en cierto sentido una trampa (quiz\u00e1s similar a la del lenguaje a la que se va a aludir varias veces durante el poemario). El libro atrae y atrapa (pi\u00e9nsese en la palabra inglesa <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">lure<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, cuya ra\u00edz es el vocablo alem\u00e1n <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">luder<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, que alguna vez signific\u00f3 \u201ccebo\u201d), consiguiendo que uno se deje llevar por el ritmo, por las im\u00e1genes, por los matices, por la escritura en s\u00ed, con la sensaci\u00f3n de estar al borde en todo momento de captar algo. Apreciamos la agilidad de la prosa, los cambios de tono, de registro, como si la nube del t\u00edtulo fuera movi\u00e9ndose a trav\u00e9s de un paisaje ling\u00fc\u00edstico, cambiante, a la vez que pareciera quedarse fija en un lugar (el litoral al que la voz regresa una y otra vez).\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En ese momento nos confiamos (\u201clas piedras est\u00e1n vivas, los libros muertos\u201d\u2014bah, \u00a1yo entiendo esto!, nos decimos). Pero enseguida, cuando vamos a conectar los puntos, el poema hace un giro hacia alguna abstracci\u00f3n o rompe su flujo con encabalgamientos que a veces parecen inescrupulosos, como si el significado (como si el lenguaje) tuviera que recordarnos su naturaleza esquiva en caso de que lo hubi\u00e9ramos olvidado. Ese algo que cre\u00edamos atrapado se nos escapa (aunque siempre retengamos algo) y nos obliga a volver sobre nuestros pasos e intentarlo de nuevo (pi\u00e9nsese en las salas de espejos de los circos, llenas de caminos en falso, de distorsiones, de ilusiones indistinguibles de lo real, de una ausencia efectiva de lo real, que con gusto aceptamos).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">A simple vista parece tratarse de una burla (en un verso del poema \u201cRelatividad\u201d leemos que \u201cel mensaje es claro\u201d) pero en realidad a medida que avanza la lectura uno se da cuenta de que la voz no nos enga\u00f1a nunca: el lenguaje es una grieta, y como grieta es tambi\u00e9n el eco de otra grieta m\u00e1s profunda y existencial. Y la escritura, aunque a veces opaca, no opera en un nivel herm\u00e9tico. La opacidad nunca es completa. Los poemas hablan entre s\u00ed, y de esa fragmentaci\u00f3n, en apariencia impenetrable, aparece un sistema cerrado de resonancias sobre el tiempo y la erosi\u00f3n. Se genera un <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">d\u00e9j\u00e0 vu<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, sobre todo al principio, en el que los poemas siguen m\u00e1s claramente una trayectoria circular que los trae de vuelta al punto de partida, ese limbo existencial que parece ser el espacio liminal de la orilla ya mencionada: la voz constantemente al borde de algo, entre lo s\u00f3lido y lo ef\u00edmero. Ese espacio se vuelve entonces una transici\u00f3n tramposa entre otros espacios que al final van a resultar ser inalcanzables.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En otras palabras, los poemas de Folch obligan a que el lector los lea siguiendo sus propias reglas, bajo la tiran\u00eda amable de una po\u00e9tica propia. Cuando uno hace justamente eso, el hermetismo inicial termina siendo su gran virtud: uno de los placeres de la lectura de este poemario, y no el menor de ellos, llega durante esos momentos, fugaces, en los que uno cree haber abierto una rendija del c\u00f3digo secreto, asom\u00e1ndose al otro lado del sentido. Si en algunos de los primeros poemas de su colecci\u00f3n anterior, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">no hay paz<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Folch hab\u00eda explorado la textura del texto, poni\u00e9ndola por sobre la sem\u00e1ntica, aqu\u00ed la premisa parece ser desentra\u00f1ar lo que se esconde detr\u00e1s tanto del texto como de la textura.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Con esto en mente, el primer poema de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La nube y la piedra<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, tan alargado como constre\u00f1ido, con versos de una o dos palabras, ya trae consigo una declaraci\u00f3n de intenciones en el mismo t\u00edtulo (\u201cQwerty\u201d). Al empezar con la escritura y su naturaleza mecanizada, al subrayar que el lenguaje tambi\u00e9n es una f\u00f3rmula (y el teclado una de sus muchas convenciones), Folch parece instalar una pista sobre la clave detr\u00e1s de la interacci\u00f3n humana que retomar\u00e1 en poemas posteriores de la colecci\u00f3n y que en \u00e9ste, mientras se despliega tanto visual como sem\u00e1nticamente, se desarrolla alrededor del intento, acaso fallido, de articular una presencia que se est\u00e1 escurriendo, y la pregunta, acaso frustrada, sobre si se puede capturar la realidad, el instante, el conflicto, o incluso la distancia (f\u00edsica o emocional).\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En cierto sentido, todo lo que va a venir despu\u00e9s ya est\u00e1 anunciado aqu\u00ed: la desintegraci\u00f3n y el desorden de una realidad fragmentada, como si fuera, en esquirlas; el peso y el paso entre lo visual (\u201cf\u00edjate \/ hermosa \/ vista\u201d), lo auditivo (\u201co\u00edr de \/ punta \/ a cabo\u201d) y lo emocional (\u201cllora \/ de risa&#8221;) fijado en un espacio indeterminado (\u201cd\u00f3nde \/ dices \/ que no \/ est\u00e1s \/ sin forma \/ alguna \/ de llegar\u201d) y dirigido a otro, lejano, burl\u00f3n e indiferente (\u201clejos \/ de aqu\u00ed \/ la ra\u00edz \/ del r\u00edo \/ glaciar\u201d); lo tangible disolvi\u00e9ndose en lo intangible; la existencia misma puesta en duda; una entrop\u00eda metaf\u00edsica yuxtapuesta con otra f\u00edsica. Y, en medio de todo eso, el deseo (aunque quiz\u00e1s no sea \u00e9sa la palabra correcta, pues no se traduce tanto un ans\u00eda como una obligaci\u00f3n, una dependencia) de solidez, de asir algo, en un estado de flujo constante.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Lo que se escapa deshaci\u00e9ndose curiosamente no es del todo esquivo: la porosidad (grumos, granos de arena, esponjas, cenizas, la granulaci\u00f3n del mineral, la sal, el barro, el polvo de lluvia, la arcilla, la greda, los fur\u00fanculos reventados, los detritos) subraya esa paradoja que recorre toda la colecci\u00f3n: lo inasible va dejando una huella tangible de su desaparici\u00f3n. \u201c[P]oro a poro\u201d. \u201c[G]rano a grano\u201d. Podr\u00edamos hablar de por un lado de lo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">et\u00e9reo inasible asible<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014el sol que da la hora exacta, por ejemplo, versus <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">lo granular asible inasible<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014la arena que cuenta el paso del tiempo en s\u00ed mismo y no en relaci\u00f3n con el mundo que lo rodea.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Esa tensi\u00f3n constante entre lo concreto, la tierra, el hueso, la piedra, y lo et\u00e9reo o abstracto, las nubes, el viento, el vac\u00edo, hacen que a ratos uno no sepa si los paisajes que leemos (la orilla, la casa donde varios hombres, o tal vez el mismo, se sientan a la mesa) son f\u00edsicos o simb\u00f3licos, mientras que de alguna manera intuimos que son las dos cosas\u2014y al mismo tiempo ninguna. Porque lo s\u00f3lido del mundo parece precario y desnuda una falta de realidad, o, como se se\u00f1al\u00f3 antes, del lenguaje que busca asirla (\u201cla raz\u00f3n no es \/ razonable\u201d). Y porque el armatoste humano tambi\u00e9n se deshace (\u201csomos humo o eco de otra cosa\u201d) como los libros muertos\u2014o no termina de hacerse, como la caba\u00f1a sin techo ni paredes.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pareciera haber una historia de la humanidad (o m\u00e1s bien de la civilizaci\u00f3n) (o m\u00e1s bien de la cultura) yuxtapuesta con la evoluci\u00f3n del planeta (o m\u00e1s bien erosi\u00f3n del planeta), que a su vez tiene su propia historia. Podr\u00edamos decir que se trata de una geolog\u00eda natural en el primer caso y otra humana en el segundo. Esta \u00faltima es como una \u201cbotell[a] in\u00fati[l] en el mar alcalino\u201d, plagada de artefactos de los que ya s\u00f3lo quedan sus ecos, como el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">dictum<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> cainita sobre ignorar a los hermanos o las distintas herramientas devenidas artes (vidrio soplado, cer\u00e1mica, escritura). Somos f\u00f3siles andantes, un destino que nos unir\u00e1 finalmente con la geolog\u00eda natural cuando el mar se recoja y vuelvan a aparecer nuestros huesos. Los dos insertos gr\u00e1ficos de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La nube y la piedra<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, las vetas en lo que parece ser un trozo de madera, y un cofre a modo de arca de la alianza, de alguna manera representan esta dualidad eterna, estas dos realidades que no se encuentran.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">No siempre fue as\u00ed, en todo caso. Antes de esa separaci\u00f3n, leemos, ha existido \u201cla <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">previa<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> del pasado \/ com\u00fan\u201d. Era un \u201cpasado sin bautizar\u201d y olvidado. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda antes de ese bautizo de la palabra? No lo sabemos.\u00a0 No lo podemos saber. Estamos condenados al mundo que nos ha legado la \u201cescritura descascarada \/ fuera de la caverna\u201d. A un mundo de \u201cs\u00edlaba[s]\/cifra[s]\/f\u00e1bula[s]\u201d, de \u201cinteligencia\/crueldad\u201d. Y s\u00f3lo sabemos que antes, antes del lenguaje, antes de \u201clos signos \/ tallados [\u2026] con carb\u00f3n\u201d, el pasado lo compart\u00edamos con el mundo habitado. Ahora, despu\u00e9s del lenguaje, la cultura, la civilizaci\u00f3n, parece haberse perdido la conexi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Lo que queda <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">despu\u00e9s de la ca\u00edda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, por tanto, est\u00e1 fosilizado o fosiliz\u00e1ndose\u2014y adem\u00e1s resulta t\u00f3xico. Hay entrop\u00eda, erosi\u00f3n, pero tambi\u00e9n distop\u00eda humana. Criaturas corrosivas y t\u00f3xicas al tacto. Dualidad entre la contaminaci\u00f3n ambiental y la toxicidad interpersonal\u2014una contaminaci\u00f3n existencial, una radiaci\u00f3n que lleva expandi\u00e9ndose desde los tiempos b\u00edblicos. Toxicidad, en otras palabras, de la vida misma (\u201cel ox\u00edgeno quema\u201d).\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Somos entonces testigos de procesos de transformaci\u00f3n (molinos, formones) de una cosa en otra, de ciclos eternos de creaci\u00f3n y destrucci\u00f3n, que dan cuenta de que lo eterno desemboca, sin excepci\u00f3n, en la nada, y que todo se transforma para llegar a su esencia misma\u2014el vac\u00edo. S\u00f3lo \u201c[c]ambia la forma de las orillas\u201d. Se describe un mundo sin tiempo, en el que todo tiene un significado fluctuante, que depende de su contexto.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Dicho de otro modo: nos encontramos con un fin del mundo inminente (\u201choy es \/ malo y \/ cada d\u00eda \/ lo ser\u00e1 \/ m\u00e1s \/ hasta que \/ llegue \/ lo peor\u201d) y una voz destinada a ver el descalabro desde la orilla (que es a lo mejor una isla, que es a lo mejor una costa donde puede llover o quemar el sol). Las explosiones a la distancia, una peste, los derrumbes: el apocalipsis nunca del todo aqu\u00ed pero siempre visible, cercano, presente. Un fin del mundo en cierto sentido abortado (\u201cel fin \/ sin fin\u201d), no porque no llegue sino porque sigue llegando y porque ya est\u00e1 ac\u00e1 y ya estaba ac\u00e1 antes.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pero en realidad son dos fines del mundo. El mundo natural erosionado, implosionando, y el \u201cnuestro\u201d, el de la civilizaci\u00f3n (\u201cel naufragio \/ no devuelve la raz\u00f3n\u201d), despe\u00f1\u00e1ndose por esos cerros que a su vez est\u00e1n en llamas y que a veces se caen. Dos obsolescencias distintas que comparten un mismo caos existencial. Que perviven, aparentemente, entre dos par\u00e9ntesis de la nada. Es como si esos dos mundos, inseparables, no terminaran de intersecar del todo, para siempre destinados a observar el uno la destrucci\u00f3n o la entrop\u00eda del otro, \u201clo que es carcomido\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y en medio de todo eso, una ella y un \u00e9l unidos\u2014para qu\u00e9. Ella: una planta perenne medicinal que provoca urticaria. \u00c9l: en las profundidades m\u00e1s oscuras. A lo mejor destinados a lo mismo, a que \u201clos buitres \/ [los] com[an] \/ juntos \/ <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">quiz\u00e1<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d (\u00e9nfasis a\u00f1adido).\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Volvemos al lenguaje. No hay comunicaci\u00f3n, el lenguaje est\u00e1 petrificado, fosilizado, y consiste en \u201cpalabras de esfinge\u201d, y sin embargo estamos encadenados a \u00e9l. Los libros est\u00e1n muertos pero nos siguen hablando, seguimos acudiendo a ellos\u2014a lo mejor porque \u201cla memoria es un lastre\u201d o a lo mejor porque el mundo, que est\u00e1 vivo, no nos da cobijo, es \u00e1spero. S\u00edmbolos de la antig\u00fcedad (como Medusa) nos explican el presente. La antig\u00fcedad nos habla del futuro antes que de s\u00ed misma. De este modo, ese \u201ctir\u00f3n del futuro\u201d, esa \u201cresistencia del pasado\u201d, ese \u201cpresente asfixiante\u201d de los que leemos, convergen. No puede ser de otra manera: si el pasado ya predice todo, el tiempo se vuelve irrelevante (\u201creci\u00e9n, ayer o hace siglos\u201d, \u201cah\u00ed como ayer y ma\u00f1ana\u201d). Aun as\u00ed, seguimos intentando \u201ccurar la tristeza de hace mil a\u00f1os\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">S\u00f3lo nos queda la \u201cresignaci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de lo decible\u201d. Frente al escaso control, al entendimiento nulo (o, lo que es peor, al entendimiento completo), a la incapacidad del lenguaje, la clave quiz\u00e1s est\u00e1 en que las cosas \u201cceden hacia adentro\u201d. Implosiona el mundo externo y el interno a la vez. Y en ese sentido, aunque son dos mundos distintos, y separados, el de las nubes y las piedras, en el fondo \u201cson lo mismo\u201d. Es como si existiera, fuera del lenguaje, un pacto entre dos existencias que parecen dirigirse a una misma inexistencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por <strong>Francisco D\u00edaz Klaassen<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fotograf\u00eda de John Bulmer<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-5831\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Captura-de-pantalla-2025-03-25-a-las-4.27.47\u202fp.-m-664x1024.png\" alt=\"\" width=\"352\" height=\"543\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Captura-de-pantalla-2025-03-25-a-las-4.27.47\u202fp.-m-664x1024.png 664w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Captura-de-pantalla-2025-03-25-a-las-4.27.47\u202fp.-m-194x300.png 194w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Captura-de-pantalla-2025-03-25-a-las-4.27.47\u202fp.-m-768x1185.png 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Captura-de-pantalla-2025-03-25-a-las-4.27.47\u202fp.-m-996x1536.png 996w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Captura-de-pantalla-2025-03-25-a-las-4.27.47\u202fp.-m.png 1282w\" sizes=\"auto, (max-width: 352px) 100vw, 352px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p>Kurt Folch<span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">La nube y la piedra<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Santiago<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Ediciones T\u00e1citas<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">2025<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">85 pp.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los poemas de La nube y la piedra parecen estar recorridos por la solemnidad eleg\u00edaca de una doble despedida, a la humanidad y al mundo que la cobija. 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