{"id":5696,"date":"2025-01-07T11:33:28","date_gmt":"2025-01-07T14:33:28","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5696"},"modified":"2025-01-07T11:33:43","modified_gmt":"2025-01-07T14:33:43","slug":"cuatro-personajes-sin-cuento-por-nicolas-campos-farfan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/01\/07\/cuatro-personajes-sin-cuento-por-nicolas-campos-farfan\/","title":{"rendered":"Cuatro personajes sin cuento \u2013 Por Nicol\u00e1s Campos Farf\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El primero fue un hombre viejo con un dolor de muelas punzante. Ese fue su pretexto para tomarse un whisky doble en el bar Playa y, haciendo enjuagues, tratar de adormecer los nervios dentales. De otra forma no gastar\u00eda en un trago as\u00ed de caro, me dijo despu\u00e9s. Mientras, con la vista agachada hacia los dibujos geom\u00e9tricos de las baldosas, pensaba en sus asuntos y otro hombre le toc\u00f3 el hombro y le pregunt\u00f3 si lo reconoc\u00eda. Se qued\u00f3 examin\u00e1ndolo. Confes\u00f3 no conocerlo. \u201cPero si t\u00fa eras el cartero. T\u00fa me dejabas las revistas de mec\u00e1nica en la casa\u201d, le respondi\u00f3 el otro que de repente ya no era tan desconocido. \u201c\u00a1Ah, s\u00ed!\u201d, exclam\u00f3 el viejo, acord\u00e1ndose de c\u00f3mo le\u00eda esas revistas antes de entregarlas. Al viejo lo invitaron a beber de una botella de vino caro, comprada por el segundo hombre. Pasaron un rato poni\u00e9ndose al d\u00eda, divagando sobre conocidos en com\u00fan. Ya era de madrugada cuando al bar entr\u00f3 una mujer que, por edad, pod\u00eda ser hija de ambos. Ella, sin ser invitada, se les arrim\u00f3 a la mesa. El viejo ya no pod\u00eda aguantar el dolor de muelas. Los otros, la mujer y el comprador de revistas de mec\u00e1nica, acordaron irse a otro local, dej\u00e1ndolo solo. En una de las mesas contiguas, una pareja se retir\u00f3 tambi\u00e9n, dejando una botella de vino con poco m\u00e1s de la mitad del contenido. El viejo la alcanz\u00f3, la bebi\u00f3. Las muelas le dol\u00edan demasiado como para volver a su casa. Ten\u00eda claro que no iba a poder dormir. Sali\u00f3, pues, a la calle y se dirigi\u00f3 a la plaza Sotomayor. All\u00ed se plant\u00f3 en una esquina con sem\u00e1foro para, con el trapo que llevaba siempre en el bolsillo interior de su parka, limpiar los parabrisas de los autos a cambio de unas monedas para seguir bebiendo. Pero en cosa de minutos, seg\u00fan me dijo: \u201cllegaron tres flaites y me echaron de ah\u00ed\u201d. En otra esquina, m\u00e1s lejos, consigui\u00f3 unas monedas. Camin\u00f3 a la calle Clave, compr\u00f3 unas ca\u00f1as baratas. Sab\u00edan mal, asquerosas comparadas con el vino anterior, y las muelas m\u00e1s le aflig\u00edan. Faltaba poco para el amanecer, y decidi\u00f3 ir al consultorio de la Plaza Justicia, en Tom\u00e1s Ramos. All\u00ed nadie hab\u00eda llegado a tomar hora. A los pocos minutos, mientras la ma\u00f1ana clareaba, llegu\u00e9 yo al consultorio con un orzuelo espantoso que colgaba de mi p\u00e1rpado izquierdo y me hac\u00eda parecer muerto. Me convers\u00f3, andaba claramente aburrido y me relat\u00f3 todas las peripecias de su noche, lo del vecino que lo encontr\u00f3 y despu\u00e9s se fue con la mujer. \u201cY eso que es casado, con hijos&#8230; si yo lo conozco\u201d, agreg\u00f3. Luego el hilo de su relato se hizo dif\u00edcil de seguir y me solt\u00f3 detalles sobre su trabajo, pero m\u00e1s se entretuvo cont\u00e1ndome sobre c\u00f3mo en esa semana aprendi\u00f3 a conectarse a internet y c\u00f3mo le fascinaron los computadores, que us\u00f3 para o\u00edr m\u00fasica, leer noticias, ver pel\u00edculas pirateadas. Hasta que dijo: \u201cMejor me callo. Porque estoy diciendo todo lo que estoy pensando, y eso nada que ver. Tengo que ponerlo en la impresora y no en el&#8230;\u201d. No termin\u00f3 la frase o no la comprend\u00ed. Cuando la fila del consultorio ya llegaba hasta el ascensor El Peral, me anunci\u00f3 que se iba.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La segunda \u2013si acaso es la verdadera protagonista de esta parte\u2013 es una mujer con pinta de oficinista, huesuda y pensativa, de unos cincuenta a\u00f1os. A ella la encontr\u00e9 en otro hospital de Valpara\u00edso, el de la subida El Litre. En una de esas salas de espera con luces fr\u00edas y con olor similar al de los jardines infantiles, lleg\u00f3 una dupla de mormones. Eran inoportunos, all\u00ed la gente tiene otras preocupaciones. Algo deb\u00ed estar leyendo y fui cortante cuando quisieron conversarme. A ella, imagino, le agrad\u00f3 que me librara r\u00e1pido de esos <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">elders<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. \u201cEst\u00e1 bien, est\u00e1 bien, si la biblia es una porquer\u00eda de libro\u201d, me dijo y pas\u00f3 a me revelarme una opini\u00f3n, para la situaci\u00f3n y el lugar donde est\u00e1bamos, estramb\u00f3tica: \u201cSobre todo porque Dios es el personaje m\u00e1s aburrido, el peor hecho. Si fuera el personaje de un cuento, tendr\u00eda que mirarse a s\u00ed mismo, encontrarse consigo mismo casualmente en todas las esquinas y simular que est\u00e1 sorprendido consigo mismo. Ser\u00eda como un mago. Un mago tan&#8230; Un juego tan perfecto como aburrido\u201d. Por supuesto, en este caso me cuesta reproducir en detalle todo lo que dijo. Luego la llamaron para atenderla y la perd\u00ed de vista.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El tercero es un caso diferente porque le pas\u00f3 a un cercano: Fernando A., un amigo al que encontr\u00e9 en una situaci\u00f3n inc\u00f3moda. Asisti\u00f3 a una fiesta a la que en realidad no quer\u00eda ir. Su plan era saludar e irse, y termin\u00f3 pas\u00e1ndolo tan bien que se distorsion\u00f3 su noci\u00f3n del tiempo. Crey\u00f3 que iban a ser las once cuando en realidad eran ya pasadas las una, y con suerte le quedaba la plata para pagar el pasaje del \u00faltimo bus de vuelta a Ventanas, el pueblo donde nos conocimos y donde yo ya no viv\u00eda. Se puso p\u00e1lido. Sali\u00f3 a buscar d\u00f3nde dormir, a las casas de dos amigos, pero no encontr\u00f3 a ninguno de ellos. Se dijo que tarde o temprano tendr\u00edan que volver, as\u00ed que entr\u00f3 a esperarlos a un bar donde hab\u00eda un show de baile y compr\u00f3 una botella de cerveza. La consumi\u00f3, volvi\u00f3 a buscar a sus amigos. Ninguno dio se\u00f1ales de vida. Volvi\u00f3 al bar, y pronto lo cerraron. Le pidi\u00f3 a un tipo que parec\u00eda ser el due\u00f1o que lo dejara dormir en cualquier cuartucho, una bodega, lo que fuera. No lo aceptaron. Muy cansado, termin\u00f3 cay\u00e9ndose dormido en una especie de alcantarilla en Playa Ancha, cerca del estadio de Santiago Wanderers. Se le ocurri\u00f3 que en ese agujero quedar\u00eda escondido y a resguardo de ser asaltado. Fue una casualidad absurda que justo yo lo descubriera camino al rodoviario. Aterido, en posici\u00f3n fetal, no pod\u00eda comprender c\u00f3mo de repente se hab\u00eda encontrado conmigo. Aparte, al despertarlo lo saqu\u00e9 de un sue\u00f1o del que le cost\u00f3 desprenderse porque ten\u00eda relaci\u00f3n directa con la noche pasada. Se so\u00f1\u00f3 vagando durante horas por Valpara\u00edso, pero por barrios y casas m\u00e1s bien similares a los que hay en Ventanas. Presenci\u00f3 cr\u00edmenes, peleas a cuchillazos, sangre derramada en las veredas y en las puertas. Y as\u00ed, en estado de alerta, transcurri\u00f3 un rato hasta que recibi\u00f3 en su celular una llamada de su madre. Ella le pidi\u00f3 que volviera a su casa porque ya era tarde, y le pregunt\u00f3 si ten\u00eda alg\u00fan problema reteni\u00e9ndolo. Fernando le explic\u00f3 que no sab\u00eda cu\u00e1l era la hora, los horarios se le distorsionaron. Emprendi\u00f3 la vuelta, cerro arriba, pisando con cuidado los pelda\u00f1os de las escaleras manchadas con sangre. Se encontr\u00f3 con un grupo de mujeres desconocidas que le dijeron que no se preocupara, toda la sangre que inundaba las calles correspond\u00eda a cr\u00edmenes pasionales, que el barrio no era peligroso para \u00e9l. \u201cOjal\u00e1 sea as\u00ed\u201d, les contest\u00f3 Fernando. Ah\u00ed fue cuando lo despert\u00e9 y lo llev\u00e9 hasta mi pieza de pensi\u00f3n, para darle desayuno y dejarlo dormir unas horas. Se qued\u00f3 con la impresi\u00f3n, compartida tambi\u00e9n por m\u00ed, de que lo saqu\u00e9 de un trance aun m\u00e1s profundo, m\u00e1s que lo que me cont\u00f3, y que las mujeres del sue\u00f1o iban a explicarle algo importante.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Para rematar, el cuarto personaje proviene de un recuerdo vago. En mi infancia, en una de las revistas que se cubr\u00edan de moho en la caseta donde aprend\u00ed a leer, encontr\u00e9 un c\u00f3mic en cuyas vi\u00f1etas figuraba un hombre visto de espaldas, ataviado con chaqueta y gorro de aviador, en un plano medio, con un crep\u00fasculo entre violeta y anaranjado frente a sus ojos. Volaba a la siga del sol, o del crep\u00fasculo, mejor dicho. Tampoco me acuerdo de si iba en una avioneta o sobre un p\u00e1jaro u otra nave. Los globos de texto, estoy seguro, eran de esos con forma de nube utilizados para expresar que el personaje tiene una especie de enso\u00f1aci\u00f3n, e indicaban que ese hombre viv\u00eda o cre\u00eda estar viviendo siempre a la misma hora, porque daba la vuelta completa junto al planeta, en lo que se demoraba un d\u00eda. Como sea, naturalmente me queda la impresi\u00f3n de que en la historia de ese comic debe haber algo m\u00e1s, una raz\u00f3n o un contexto o cap\u00edtulos anteriores que se me escaparon. \u00bfPara qu\u00e9 hizo eso el piloto? \u00bfSe crey\u00f3 capaz de detener el tiempo al ir en su contra de su avance? El caso es que, ante esa nueva suerte de Teniente Bello perdido para siempre, me fue inevitable sentirme intrigado y tambi\u00e9n un poco cercano, aunque ya no s\u00e9 por qu\u00e9. Todas esas vi\u00f1etas simples y evocadoras volvieron a mi cabeza hace poco cuando le\u00ed, en un libro sobre mitolog\u00edas, que el dios Helios, siempre surcando el cielo en su carro impulsado por cuatro caballos alados, era un observador mal\u00edsimo: no se dio cuenta cuando los compa\u00f1eros de viaje de Odiseo le robaron el ganado de su isla.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">A todos estos personajes quise otorgarles una historia, involucrarlos en alg\u00fan cuadro mayor, una novela o un relato que les hiciera justicia o, dicho mejor, que le hiciera justicia a la imagen que me invent\u00e9 de ellos. Y si tiene algo de cierto la frase de Raymond Carver que reza: \u201cT\u00fa no eres tus personajes, pero tus personajes son t\u00fa\u201d, puede decirse que les fall\u00e9. Considero que, sin quererlo, me mostraron una faceta m\u00e1s o menos \u00edntima, exc\u00e9ntrica, fuera de lo habitual. No pude evitar registrarlos en el \u00fanico diario de vida que he podido escribir, en el periodo en que viv\u00ed en Valpara\u00edso. Desde un comienzo los vi como el boceto de algo por venir. Es algo natural para uno, que por dedicarse tanto a escribir vive pas\u00e1ndose de la imaginaci\u00f3n a la experiencia \u2013y viceversa\u2013, tener esa inclinaci\u00f3n o anhelo de imaginar con mayor detalle a los conocidos y de conocer mejor a esas otras personas que no queda otra que imaginarse.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pero no los desarroll\u00e9, ya sea por incapacidad de verlos en su dimensi\u00f3n real o por incapacidad de reinventarlos o porque no se dieron las condiciones externas que favorecieran ese trabajo. Como toda esa gente que pasa por nuestro lado y, ya sea porque las impresiones se desfiguran r\u00e1pido o porque el entusiasmo remite, no alcanzamos a otorgarle un rostro reconocible, estos personajes se quedaron sin su cuento y ahora no son m\u00e1s que rastros, estelas de personas. O son como esa gente que vislumbramos a medias, a contraluz, cuando amanece un d\u00eda de sol. Se quedaron para siempre velados entre la ficci\u00f3n y la realidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pero, aun as\u00ed, han sido algo m\u00e1s que una simple oquedad. Dejaron una irradiaci\u00f3n o un soplido que se convirti\u00f3 en promesa y con el paso de los a\u00f1os se convirti\u00f3 para m\u00ed en un reflejo burlesco, pero al mismo tiempo son m\u00e1s que eso. Tambi\u00e9n son vidas paralelas, negativas, la obra que no se pudo concretar y que, de modos que no soy capaz de calibrar, a su manera me han acompa\u00f1ado y han determinado a la obra que s\u00ed se ha hecho. Son casos en que, me temo, quiz\u00e1, a mi memoria le falt\u00f3 inspiraci\u00f3n o delicadeza. Ellos pudieron marcar una diferencia, el \u00e9xito que no tuve o un fracaso todav\u00eda m\u00e1s marcado pero superior, o tal vez no.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p>Por\u00a0<strong>Nicol\u00e1s Campos Farf\u00e1n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El primero fue un hombre viejo con un dolor de muelas punzante. Ese fue su pretexto para tomarse un whisky doble en el bar Playa y, haciendo enjuagues, tratar de adormecer los nervios dentales. De otra forma no gastar\u00eda en un trago as\u00ed de caro, me dijo despu\u00e9s. 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