{"id":5652,"date":"2024-12-16T14:35:53","date_gmt":"2024-12-16T17:35:53","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5652"},"modified":"2024-12-16T14:36:22","modified_gmt":"2024-12-16T17:36:22","slug":"el-zeitgeist-del-morbo-por-enrique-paredes-bassi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/12\/16\/el-zeitgeist-del-morbo-por-enrique-paredes-bassi\/","title":{"rendered":"El zeitgeist del morbo \u2013 Por Enrique Paredes Bassi"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El zeitgeist del morbo: sobre <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">R\u00e9quiem seguido de Las voces de Hiroshima<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Tamiki Hara, el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">true crime, Oppenheimer<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y otras cosas<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00abEmpu\u00f1ando una bola de arroz nerviosamente en su mano<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">semidesnuda camina una anciana por la calle\u00bb\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Yamazumi Mamoru<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Este tanka de Yamazumi Mamoru es una prefiguraci\u00f3n inquietante \u2013representante, quiz\u00e1s, de ese gusto por el enigma de la sombra al que tiende la est\u00e9tica japonesa que revisa Tanizaki en su elogio\u2013, cuya imagen, de otra forma en descanso, se calibra hacia toda su potencia cuando se responde la siguiente pregunta: \u00bfen qu\u00e9 situaci\u00f3n se observa a esta anciana que, semidesnuda, aprieta una bola de arroz en la mano como si se tratase de una colorida pelota anti-estr\u00e9s \u2013como si olvidara que la sostiene\u2013, caminando por medio de una calle en la que deber\u00edan haber autos pero no los hay? Mamoru Yamazumi vivi\u00f3 toda su vida en Hiroshima, y como muchos de los escritores de esa ciudad que sobrevivieron a la bomba nuclear, su legado literario posterior se vio inevitablemente marcado, casi de manera un\u00edvoca, por esa experiencia. Se trata, por otro lado, de un poeta cuya obra no trascendi\u00f3 fuera de la escena literaria de su ciudad natal, del cual solo obtuve informaci\u00f3n despu\u00e9s de encontrarme con este tanka solitario en una antolog\u00eda de tres p\u00e1ginas de poemas del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Genbaku gunbaku<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, y de una igualmente breve biograf\u00eda que traduje de una oscura p\u00e1gina web japonesa.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El a\u00f1o pasado fui a ver <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Oppenheimer<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, largometraje que pertenece a esa clase de pel\u00edculas que, guste o no su director y origen de producci\u00f3n, moviliza a la gente en masa hacia los cines. La pel\u00edcula me llev\u00f3 a pensar en varias cosas, entre ellas el morbo, el fen\u00f3meno del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">true crime<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, y un libro que hab\u00eda le\u00eddo hace unos meses. El libro se trata de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">R\u00e9quiem seguido de Las voces de Hiroshima<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Tamiki Hara publicado a fines de 2022 en Chile por la editorial Noct\u00e1mbula. Tamiki Hara (1905-1951) es una de las voces m\u00e1s representativas del llamado <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Genbaku gunbaku<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, o \u201cliteratura de la bomba at\u00f3mica\u201d, especie de g\u00e9nero oscuro que agrupa la obra de escritores que sobrevivieron y respondieron con su escritura a las monstruosas detonaciones de la bomba nuclear que llev\u00f3 a cabo Estados Unidos el 6 y el 9 de agosto de 1945. Su libro m\u00e1s conocido es <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Flores de verano<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, un conjunto de relatos ficticios que, con una calma perturbadora recrea la antesala a la ca\u00edda de la bomba en Hiroshima, en los d\u00edas anteriores de esa semana funesta. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">R\u00e9quiem<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, adentr\u00e1ndose al mismo espacio, toca una fibra m\u00e1s dolorosa, pues se trata de un relato autobiogr\u00e1fico crudo, que llega a ser indigerible a ratos: \u201cLos ojos de los ni\u00f1os ahogados parec\u00edan bolitas que miraban, bien abiertas, desde el agua (&#8230;) Ca\u00eddos bocabajo, de costado o bocarriba, en zanjas, al fondo de un abismo chamuscado, en las profundidades del abismo en que cayeron, miraban todos, tristes, hacia el cielo\u201d. Ya pasando los ojos en una primera lectura, sea en las lineas de su inicio o abriendo el libro de forma aleatoria en cualquiera de sus pasajes, en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">R\u00e9quiem<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> el tono que se acumula es el de la maldici\u00f3n, el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">cursed<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la jerga internauta<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">: <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cClaro, se nota que el planeta se ha roto. Las pozas reflejaban iracundas las sombras aserradas de los \u00e1rboles chamuscados. Un enorme murci\u00e9lago grit\u00f3 apenado\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Los libros del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Genbaku gunbaku<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> son pesados. Cargan con un peso impl\u00edcito tanto en su contenido como en su historia; se trata de una literatura que fue censurada en Jap\u00f3n apenas emergi\u00f3, de mano de las autoridades estadounidenses que entonces controlaban el pa\u00eds. El C\u00f3digo Especial de Prensa decretado por el Servicio de Informaci\u00f3n GHQ de las fuerzas aliadas se ocup\u00f3 de acallar esas voces que, sin denunciar a\u00fan, intentaban dar cuenta de una experiencia traum\u00e1tica \u2013algo que tambi\u00e9n pas\u00f3 en la \u00e9poca, por ejemplo, con los primeros textos chinos que tocaron el doloroso episodio de las \u201cmujeres de consuelo\u201d o \u201cde solaz\u201d, eufemismo usado para referirse a mujeres chinas que sufrieron esclavitud sexual por parte de los militares japoneses en la guerra\u2013. Los propios escritores japoneses de Ia \u00e9poca ningunearon el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Genbaku<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, consider\u00e1ndolo una literatura impura y demasiado directa en su m\u00edmesis del horror y la cat\u00e1strofe. Es decir, los autores del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Genbaku<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, quebrantados por la bomba, despu\u00e9s siguieron siendo rotos por la respuesta social a su oficio, al punto de que ya pasadas las d\u00e9cadas y suicidados la mayor\u00eda \u2013entre ellos Hara\u2013, se comprueba el estatuto maldito del grupo. Son representantes del estigma del sobreviviente, tal como sigue pasando a veces a quienes luego de pasar por traumas de lo violento, en lugar de recibir un abrazo, son desechados, porque est\u00e1n sucios y manchados. Tamiki testimonia acerca de esto en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">R\u00e9quiem<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, refiri\u00e9ndose a la incapacidad de escapar a la experiencia del trauma que despu\u00e9s vio calcado en el prejuicio del resto: <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Entonces me alej\u00e9 de all\u00ed y part\u00ed hacia una tierra lejana. Sin embargo, la gente de esa otra tierra solo ve\u00eda en m\u00ed a un sobreviviente. (&#8230;) La gente me insultaba y me dec\u00eda: \u00absobreviviente, sobreviviente\u00bb\u201d. Pareciera que esto es algo que naci\u00f3 para ser visto con malos ojos, claro, porque no puede haber algo bueno en los hijos monstruosos de una tragedia as\u00ed. Sin ir m\u00e1s lejos, el propio prologuista de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Flores de verano <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">retrata a Hara como un escritor que probablemente no hubiera destacado si no fuera por su experiencia en Hiroshima, iron\u00eda cruel que el mismo Tamiki no estuvo muy lejos de reconocer: <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Originalmente, para alguien de tan escaso talento y capacidad como yo, quiz\u00e1s habr\u00eda sido una osad\u00eda tratar de ganarme el sustento como escritor. Si la tragedia me impidiera vivir y me dejara sin aliento, no habr\u00eda nada m\u00e1s que hacer. Sin embargo, mientras me quede algo de vida, obviamente quiero dedicar a ello todas mis fuerzas\u201d. Me permito no estar de acuerdo. M\u00e1s bien, dir\u00eda que Hara se vio impedido por la experiencia, sofocado por su recuerdo. As\u00ed lo demuestran momentos donde su escritura logra un alcance que en verdad trasciende el prejuicio estereotipado que se pueda tener de \u00e9l y los escritores de su condici\u00f3n, como este pasaje encontrado en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Las voces de Hiroshima, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">segunda parte de la edici\u00f3n de Noct\u00e1mbula, que compone un mosaico de voces esparcidas por el antes y el despu\u00e9s de la explosi\u00f3n de la bomba: \u201c\u00ab\u00bfSer\u00e1 que el tiempo es temperatura?\u00bb. Si bien hab\u00eda pasado mucho desde entonces, de repente se sinti\u00f3 extra\u00f1ado al enterarse de que ya se hab\u00eda inventado un reloj que, gracias a las diferencias de temperatura, no se detiene nunca y anda para siempre. Y m\u00e1s raro se sinti\u00f3 al pensar que esa m\u00e1quina era m\u00e1s sensible que \u00e9l.\u201d Aqu\u00ed el relieve se empieza a asomar de mano a labores que operan por un amor al arte de la narrativa. Esa narrativa que estando en agon\u00eda y conectada a la plena perdici\u00f3n de la mente que escribe, no termina de perderse est\u00e9ticamente; al contrario, parece encontrar gran fuerza cuando toca ese fondo, y es algo que se repite a lo largo y ancho del libro. Incluso trat\u00e1ndose de un texto sumergido en la angustia, la palabra de Hara logra distraerse cuando propone peque\u00f1os momentos de descanso, los cuales por su escasez son apreciables en mayor grado al hacer sus apariciones: \u201cYo iba camino a un centro comercial a entregar un pedido de costura. Entremedio del bullicio, vi por detr\u00e1s a un antiguo amor. No pod\u00eda ser. Hace tiempo que mi amante estaba muerto\u201d. Son escenas que remiten a la cualidad casi asc\u00e9tica del arte de la novela del Asia oriental. Esa t\u00e9cnica depurada en lo sutil, en estas escrituras es combinada a lo descarnado y lo sangriento, produciendo un h\u00edbrido mutante, bipolar, infectado de radioactividad, que por supuesto choc\u00f3 en su momento con la sensibilidad de la protegida tradici\u00f3n de un pa\u00eds como Jap\u00f3n. El efecto de esta hibridez resuena en el \u00f3rgano lector cuando, en inmersi\u00f3n a remolinos abstractos de angustia, la constante que se descubre es un aterrizaje hacia la funci\u00f3n medicinal de la l\u00edrica japonesa, en tierras del onirismo: \u201cCamin\u00e9 siguiendo aquello que se mov\u00eda en oleadas. Me daba la impresi\u00f3n de que as\u00ed, mientras lo hiciera, volver\u00eda a ser yo misma. Un d\u00eda, sin darme cuenta, volv\u00ed a serlo. Mi hijo me mostr\u00f3 un dibujo. Hab\u00eda dibujado la naciente de un r\u00edo. De pronto me di cuenta de que yo ten\u00eda un hijo\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La voz de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">R\u00e9quiem, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">a su lado, expone menos este inter\u00e9s por hacerse un espacio en la tradici\u00f3n, cuesti\u00f3n que trunca por una sinceridad m\u00e1s o menos cruel, pero equivalentemente provechosa en cuanto sondea el suelo marino de la noci\u00f3n de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">ser humano:<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> \u201cSi algo me emociona y me revive es todo culpa de los lamentos de ustedes. Eso s\u00ed, yo estaba absorto en el sonido de las campanas, las campanas que repiqueteaban en mi interior.\u201d Creo que entiendo a lo que se refiere. Es, en principio, algo simple aunque de dif\u00edcil hallazgo, uno de esos pensamientos mayores, rocas nodrizas, deltas naturales hacia los que desemboca la mente enfrentada a lo terrible y desbordante, cuando entra en el bucle, en el loop de lo tremendo. Quiz\u00e1s sea algo que yo como lector comparto con Hara si sigo la linea de reflexi\u00f3n en torno a la condici\u00f3n \u00faltima de existencia de lo que es ser <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">humano<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, como experiencia psicod\u00e9lica de realizaci\u00f3n casi biol\u00f3gica, \u201cla noci\u00f3n de ser humano\u201d. En esas palabras lo pone Tamiki caminando por entre los restos de Hiroshima y sus cuerpos mutilados, \u201cla noci\u00f3n de ser humano\u201d, se repite sin parar. Cuando todos los pensamientos posibles se acumulan en momentos que bordean el presentimiento de la muerte, ese pensamiento mayor es la realizaci\u00f3n de que lo que m\u00e1s nos define es nuestro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">ser humano; <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">casi obvio, es lo que somos, estos seres, pero es una metaf\u00edsica que se nos escapa en el cotidiano, porque nos volver\u00edamos locos si no dejamos de proyectarla. Luego, escuchar campanas tambi\u00e9n es una de las alucinaciones descritas como primordiales en la experiencia humana; personalmente lo experiment\u00e9 en el peligroso internet sin regulaci\u00f3n de los dosmil, con el hallazgo de sombr\u00edos audios de ruido blanco manipulado, con los que los usuarios intentaban sugestionar alucinaciones auditivas (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">gates of hell,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> les llamaban, hoy los he escuchado con el nombre de \u201cdrogas auditivas\u201d). La alucinaci\u00f3n m\u00e1s com\u00fan que reportaban quienes se adentraban en estos archivos era la de las campanas. Yo mismo lo viv\u00ed a los diez a\u00f1os, y escuch\u00e9 con nitidez esas campanas. En fin, en este libro parece haber una conexi\u00f3n con algo primordial que se escapa de un sesgo de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">calidad<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de texto o de obra; esto es mucho m\u00e1s real que eso. Por eso Hara anuncia un par de p\u00e1ginas despu\u00e9s: \u201cDe pronto, todo me abruma con su realismo\u201d. A fin de cuentas, el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">R\u00e9quiem y Las voces de Hiroshima<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> provocan una inmersi\u00f3n estricta como pocas en las profundidades irremediables de la vida. As\u00ed lo dice \u00e9l mismo: &#8220;me hundo hacia la profundidad de la vida\u201d <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Esta es una lectura dif\u00edcil y escabrosa, pero me atrevo a decir importante, en especial ahora. Si retomo lo que apuntaba un poco m\u00e1s arriba sobre la censura al relato de la experiencia traum\u00e1tica, hoy pareciera, en cierto sentido, que la balanza se ha pasado hacia el otro lado, hasta llegar a la banalizaci\u00f3n del trauma, incluso a su goce. Esto es evidente si reparamos en que casi todas las producciones m\u00e1s vistas en Netflix son del g\u00e9nero del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">true crime<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, o tambi\u00e9n, si analizamos la ins\u00f3lita capacidad de concentraci\u00f3n lectora que pareciera que en algunas personas ya solo se manifiesta cuando se leen largas notas de celular de funas en Instagram a personas que ni se conocen. Entonces, lo que genera el tipo de lecturas que suscitan libros como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">R\u00e9quiem seguido de Las voces de Hiroshima<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, es una especie de re-sensibilizaci\u00f3n ante la regularizaci\u00f3n alienada de lo terrible: en un mundo digital que ya es incapaz de generar la concentraci\u00f3n necesaria para alojarse en otras cosas, se consume con morbo, como una manera de suplir esa carencia, el horror de la vida real de otros. Los noticieros de las diez solo muestran las peores atrocidades de la semana, lo m\u00e1s visto en las plataformas de streaming y lo m\u00e1s escuchado en los podcasts son los cr\u00edmenes m\u00e1s nefastos de los que hay registro. El zeitgeist morboso del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">true crime<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> se ha vuelto un sensacionalismo antiterrorista que amenaza con absorberlo todo, y del cual no dudan en aprovecharse quienes pueden sacar ganancia de ello. Al salir del cine, me di cuenta de que <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Oppenheimer<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> me hab\u00eda producido una desconfianza extra\u00f1a que ahora comprendo mejor: creo que parte de su enorme \u00e9xito se lo debe a que, aunque de forma m\u00e1s matizada, tambi\u00e9n estaba chup\u00e1ndole la sangre a esa vaca distra\u00edda en el morbo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Ser\u00e1 que se nos muestra otra cara al escuchar y leer sobre el trauma y sus consecuencias en palabras de quienes en vida no consiguieron ser escuchados ni por sus pares ni por sus familias \u2013y, no est\u00e1 dem\u00e1s decirlo, en un formato (el libro) que no es inmediato ni facilista\u2013. Muy bien podr\u00eda ser el contacto con estas palabras, en el punto en el que estamos, un elemento necesario para re-sensibilizarse ante el dominio del morbo. Tamiki Hara se lo pregunta en estos t\u00e9rminos: \u201c\u00bfexistir\u00e1 en este mundo ese estremecimiento, ese estremecimiento tan acongojante que sent\u00ed en tus labios al ponerles con mis dedos una rebanada de pepino?\u201d Hay un llamado en eso, una pulsi\u00f3n por encontrarse en un mundo en p\u00e9rdida, as\u00ed caminar entre los escombros con algo que intenta aferrarse en su perdici\u00f3n al encuentro de un <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">t\u00fa, que est\u00e1s ah\u00ed tambi\u00e9n conmigo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Todo en mi interior&#8230; parece que me voy recuperando. Parece que de alg\u00fan modo voy entendiendo donde vivo. Parece que no estoy solo vagando entre la multitud\u201d. Me recuerda, y con esto cierro, a una linda canci\u00f3n del proyecto <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Oneohtrix Point Never<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Daniel Lopatin, que toca por las mismas notas: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">I\u2019m lost, but never alone<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (estoy perdido, pero nunca solo).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por <strong>Enrique Paredes Bassi<\/strong><\/span><\/p>\n<p>Foto: Obra de Ogawa Sagami<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El zeitgeist del morbo: sobre R\u00e9quiem seguido de Las voces de Hiroshima de Tamiki Hara, el true crime, Oppenheimer y otras cosas \u00a0 \u00abEmpu\u00f1ando una bola de arroz nerviosamente en su mano semidesnuda camina una anciana por la calle\u00bb\u00a0\u00a0\u00a0 Yamazumi Mamoru \u00a0 Este tanka de Yamazumi Mamoru es una prefiguraci\u00f3n inquietante \u2013representante, quiz\u00e1s, de ese [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":5653,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[447],"tags":[],"class_list":["post-5652","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5652","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5652"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5652\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5655,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5652\/revisions\/5655"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5653"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5652"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5652"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5652"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}