{"id":56,"date":"2017-10-05T20:07:24","date_gmt":"2017-10-05T23:07:24","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=56"},"modified":"2018-08-31T22:17:42","modified_gmt":"2018-09-01T01:17:42","slug":"las-ideas-interrumpidas-i-sobre-el-equilibrio-sin-superficie-en-la-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2017\/10\/05\/las-ideas-interrumpidas-i-sobre-el-equilibrio-sin-superficie-en-la-literatura\/","title":{"rendered":"Sobre el equilibrio sin superficie en la literatura"},"content":{"rendered":"<p>Al escoger un t\u00f3pico como este para un breve apunte, busco comenzar a dar por superada la aberrante idea de que poseemos un completo control sobre nuestra literatura. Hacemos lo que podemos, mediante distintos esfuerzos, para conseguir un equilibrio que quiz\u00e1s no es tal dentro de nuestras frases (las cuales, en este caso, vendr\u00edan siendo aquella cuerda en la cual nos equilibramos descalzos). Textos que destacan por la lentitud y laboriosidad\u00a0 de su construcci\u00f3n, y otros que por el contrario realzan una singular concepci\u00f3n de la efervescencia. Ambos, con diferencias de car\u00e1cter temporal, participan como afluentes de un mismo r\u00edo:\u00a0<em>la b\u00fasqueda de un equilibrio sin superficie<\/em>.<span id=\"more-314\"><\/span><\/p>\n<p><strong>Nuestras frases son la cuerda<\/strong><br \/>\nA medida que la idea avanza y toma forma, aquel material en bruto que observ\u00e1bamos en un inicio se vuelve proporcionalmente m\u00e1s peque\u00f1o (quiz\u00e1s, para ser m\u00e1s preciso, el adjetivo debiera ser\u00a0<em>delgado<\/em>). S\u00f3lo en cuerpo claro est\u00e1. La inmensidad de su nuevo peso, el de las decisiones que nos han llevado a cambiarla para siempre, dota a esta cuerda de una consistencia \u00a0que la distinguir\u00e1 y agrupar\u00e1 con otras. Con esta analog\u00eda no busco m\u00e1s que hacer eco de nuestras frases enhebradas, sobre la cuales buscamos recorrer diversas inquietudes (y es que de eso se trata, de no quedarse quietos, de no quedarse quietas).<\/p>\n<p>La superficie la trazamos nosotros, al menos si hemos encontrado el valor suficiente para escribir. Actitud temeraria en ocasiones, con gui\u00f1os de una sencillez madura que nos atonta con el pasar de las letras (de lo contrario, quiz\u00e1s no habr\u00eda palabras). Nuestra superficie, una vez tensa, aparece frente a los ojos de una intenci\u00f3n lectora, ajena a la autor\u00eda. \u00bfVienen a ver acaso c\u00f3mo es que nos equilibramos sobre estas superficies? Quiz\u00e1s s\u00f3lo quieran observar nuestras posibles ca\u00eddas, mientras otro grupo disfruta de nuestra caminata, con una extra\u00f1a confianza depositada en la imagen del -o la- aspirante a saltimbanqui. No vienen a observar nuestro equilibrio, o al menos no s\u00f3lo eso. \u00bfA qu\u00e9 me refiero con esto? Pues a que no es necesaria aquella superficie quiz\u00e1s, si lo que quieren es observar s\u00f3lo equilibrio, ya que este se encuentra presente antes y despu\u00e9s de nuestro acto temerario de escritura. Lo que vienen a observar es la vitalidad. Qu\u00e9 tan frescos podemos volver a aparecer ante sus ojos, sin nunca obviar el riesgo de escribir-les, de escribirnos y de describir-nos.<\/p>\n<p>Si nuevas miradas buscan superficies las tendr\u00e1n, siempre. Detonamos en conjunto la construcci\u00f3n de muchas m\u00e1s de las esperadas, y tal vez en aquel proceso consigamos tambi\u00e9n dilucidar el rol de nuestras superficies, junto con la necesidad de nuestro equilibrio dentro -y fuera- de ellas.<\/p>\n<p><strong>La ca\u00edda<\/strong><br \/>\nBreve aclaraci\u00f3n: no hay quien no haya muerto por caer de la cuerda. El miedo no es a caer<em>.<\/em><br \/>\nMe gustar\u00eda creer que no hablo s\u00f3lo por m\u00ed en algunos pasajes de este texto. Si quien est\u00e1 leyendo esto me lo permite, acomp\u00e1\u00f1eme con la siguiente aseveraci\u00f3n:\u00a0<em>sabemos que es posible morir y vivir cu\u00e1ntas vidas queramos aqu\u00ed<\/em>. Envejecer y rejuvenecer si as\u00ed nos lo proponemos. Enfrentar el desasosiego con la anchura necesaria, d\u00e1ndole un soplido tan fuerte que regrese y consiga solaparnos, blindando la determinaci\u00f3n de un momento (o\u00a0<em>del<\/em>\u00a0momento). En este sentido es que apostamos a la ca\u00edda y no le tememos (si es que a\u00fan est\u00e1s conmigo esto), ya que as\u00ed como enhebramos nuestra cuerda, construimos tambi\u00e9n nuestros propios abismos.<\/p>\n<p><strong>A qu\u00e9 nos lleva el abismo<\/strong><br \/>\nA ninguna parte. El abismo no nos lleva a ninguna parte, lo que tambi\u00e9n podr\u00eda interpretarse como\u00a0<em>cualquier lugar<\/em>, ya que resulta tan dif\u00edcil escribir sobre el vac\u00edo, que siempre terminamos habit\u00e1ndolo y transform\u00e1ndolo, generando su nueva interpretaci\u00f3n, decor\u00e1ndolo con aires de localidad. Hay quienes lo llenan de agua sin temor al peligro de ahogarse, mientras que otras tantas mentes deciden hacer fuego. A estas alturas, no s\u00e9 si es tan v\u00e1lido preguntarnos por el equilibrio. Considerando que el vac\u00edo puede llegar a ser cualquier superficie, el rol de esta \u00faltima (la superficie) quiz\u00e1 sea\u00a0<em>permanecer<\/em>\u00a0el tiempo que las palabras decidan sostenerla. Y aqu\u00ed, en este punto, resulta reconfortante volver al equilibrio. Si volteamos y leemos la \u00faltima cuerda que acabamos de enhebrar, descubriremos que la b\u00fasqueda del equilibrio sin superficie puede llegar a significar la decisi\u00f3n de sostener o no con nuestras palabras los distintos vac\u00edos que pronto dejan de serlo.<\/p>\n<p><strong>Apunte y dibujo por Jos\u00e9 Miguel Fr\u00edas R.\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al escoger un t\u00f3pico como este para un breve apunte, busco comenzar a dar por superada la aberrante idea de que poseemos un completo control sobre nuestra literatura. 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