{"id":5587,"date":"2024-11-06T17:23:34","date_gmt":"2024-11-06T20:23:34","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5587"},"modified":"2024-11-06T17:27:11","modified_gmt":"2024-11-06T20:27:11","slug":"el-domicilio-del-destierro-por-maria-negroni","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/11\/06\/el-domicilio-del-destierro-por-maria-negroni\/","title":{"rendered":"El domicilio del destierro &#8211; Por Mar\u00eda Negroni"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Toda escritura es, siempre, una queja contra el destierro. A veces, esa queja es torcida, brutal. Pasa, sin aviso, de la nostalgia al rencor, del lamento a la s\u00e1tira, se vuelve rumia, \u00e1cido que corroe, exaltaci\u00f3n maligna, un manifiesto paradojal y vengativo. La versi\u00f3n de Copi es as\u00ed: m\u00faltiple e irracional, afilada como un cuchillo, desopilante como todo lo que ha superado el l\u00edmite tolerable del dolor. Como si dijera: aqu\u00ed est\u00e1n, estas son mis maneras (interminables) de mirar el \u201cpara\u00edso perdido\u201d. He aqu\u00ed las utiler\u00edas de mi patria. Mis monumentos pisoteados, con todo el fervor del talento.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Hay que poder manchar la \u201cpeque\u00f1a B\u00e9lgica del Nuevo Mundo\u201d que William Henry Hudson hab\u00eda inmortalizado en \u201cLa tierra p\u00farpura\u201d (1885). Esa Arcadia discreta, en clave rioplatense, exaltaba la reuni\u00f3n con la naturaleza y sus cap\u00edtulos, de t\u00edtulos bondadosos, ten\u00edan un encanto especial: Montevideo, la moderna Troya; Hogares y corazones paisanos; Materia para una pastoral; Una colonia de caballeros ingleses; Doncellas de la imaginaci\u00f3n; El misterio de la mariposa verde; etc. La a\u00f1oranza es la viveza pseudo criolla de Hudson, su manera de traer cerquita la ausencia, de hacer un inventario de esa tierra purp\u00farea que Inglaterra perdi\u00f3.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Hudson, se sabe, eligi\u00f3 antes que Ra\u00fal Damonte (1939-1987) el corrimiento de orillas para evocar su experiencia en Argentina (hab\u00eda crecido aqu\u00ed, aunque su familia, como la de Copi, se instal\u00f3 en el Uruguay durante un tiempo), sospechando, con raz\u00f3n, que aludir a los hechos de manera oblicua le permitir\u00eda ser m\u00e1s eficaz. Desde esa astucia, que Borges exager\u00f3 de inmediato, equiparando al Uruguay con el \u201clocus del realismo argentino\u201d, Hudson opuso las desdichas de la violencia y el culto de las pasiones a la paz y el materialismo de la sociedad civilizada. Tambi\u00e9n vio a Montevideo como un signo opuesto a las metr\u00f3polis (aludiendo a Buenos Aires) y utiliz\u00f3 las digresiones de su personaje Richard Lamb para hacer el retrato de una tierra perdida \u201call\u00e1 lejos y hace tiempo\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Ya en este punto, las diferencias con el autor de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Eva Per\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> son flagrantes. Porque Hudson, si bien precariamente, se identifica con los ingleses y escribe sobre sus \u201c<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">adventures in South America<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d como un etn\u00f3logo cuya misi\u00f3n fuera extraer las ense\u00f1anzas de su experiencia y comunicarla a sus compatriotas. En Copi, en cambio, la posibilidad de identificaci\u00f3n ha quedado anulada ab initio. Podr\u00eda decirse: Copi empieza donde Hudson termina; m\u00e1s que un relato de viaje, lo suyo es un c\u00f3mic que dibuja eso que ocurre cuando nadie est\u00e1 prestando atenci\u00f3n. Su finalidad no es convencer, ni autentificar su propio pasado marginal, much\u00edsimo menos traducir su infancia en clave pastoril sino tomarse a s\u00ed mismo la fiebre en ese momento en que el delirio lo extrav\u00eda en lo archiconocido, dej\u00e1ndolo a solas con aqu\u00e9l que \u00e9l fue, tal vez, alguna vez. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Para entender el destierro, pareciera decirnos Copi, hay que observar sus desinencias, denunciar su lujo moral, mostrar sus rostros caricaturales, soeces, su trama hecha de ni\u00f1ez y agon\u00eda, de perros abandonados, de disfraces y risas sarc\u00e1sticas, de insubordinaciones que comienzan como tales y desembocan en parodias, entre el kitsch y la telenovela.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Gombrowicz a prop\u00f3sito de Montevideo: \u201c\u00a1Me inquieta un poco la falta total de escalofr\u00edo metaf\u00edsico en la capital uruguaya, donde ning\u00fan perro ha mordido jam\u00e1s a nadie\u201d. Tambi\u00e9n en Copi el Uruguay es un n\u00facleo de inexistencia, un espacio de realidad pedestre, indolente, provinciana, inmune en principio a la frustraci\u00f3n del peronismo (hasta que Copi se la infunde). Tambi\u00e9n es, obviamente, una metonimia de esa extensa pesadilla que se extiende del otro lado del R\u00edo de la Plata, el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">size petit<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la Argentina, con su cultura militar, su iglesia, su clase media ilustrada, sus desaparecidos, sus exiliados, sus pol\u00edticos y sus poetas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En este sentido, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El uruguayo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1972) puede leerse como la respuesta de Copi a la pregunta qu\u00e9 es ser argentino, es decir como un Tratado contra el ser nacional (o, incluso, como un Tratado contra la pesadilla del ser nacional), como un colapso jur\u00eddico-literario que, una y otra vez, consigue, sobre las vallas de la patria, saltar las barreras culturales, como un animal ca\u00eddo en desgracia, sin contenci\u00f3n, en busca de la trampa que ponga en evidencia el crimen.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En una de sus obras de teatro, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La nuit de Madame Lucienne<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Copi le hace decir a un personaje: \u201cCuando cae el tel\u00f3n, antes de llegar al camar\u00edn, existe un instante en el que uno no es nadie. Es un placer inimaginable. Voy a tratar de deslizarme al m\u00e1s all\u00e1 por uno de esos agujeros negros.\u201d\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">El uruguayo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> es uno de esos \u201cagujeros negros\u201d, un v\u00e9rtigo\u201cde placer inimaginable\u201d que se abre entre la representaci\u00f3n que hace de s\u00ed mismo el sujeto trasplantado a otra cultura (en este caso, la francesa) y la representaci\u00f3n \u2013m\u00e1s dif\u00edcil a\u00fan\u2013 que hace ese mismo sujeto reimplantado a su cultura de origen (la rioplatense). Ese v\u00e9rtigo es verbal y busca celebrar un descalabro: el que produce el quiebre del alejamiento del pa\u00eds en la materia d\u00f3cil, bienpensante, de las convenciones.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Es desde ah\u00ed, desde ese espacio en tr\u00e1nsito \u2013que el narrador de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El uruguayo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> escribe sus cartas al Maestro franc\u00e9s\u2013. Querido Maestro, dice, y apenas unos renglones m\u00e1s tarde: Llora, viejo boludo, nunca m\u00e1s estar\u00e9 contigo. Y m\u00e1s adelante: Me desalienta estar lejos de usted. Y despu\u00e9s: Buenos d\u00edas, pelotudo. Y despu\u00e9s: Hasta ma\u00f1ana, viejo boludo. Y as\u00ed.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Digamos que sobre la inicial posici\u00f3n de autoridad que se concede al destinatario de esas cartas cae un \u00e1cido resentido, una agresi\u00f3n que pone en primer plano la ambivalencia deseo-odio que caracteriza a toda relaci\u00f3n amorosamente jer\u00e1rquica.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cQuerido lector\/lecteta\u201d, escrib\u00eda Pizarnik en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La bucanera de Pernambuco<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, exacerbando la operaci\u00f3n baudelairiana, \u201ctu aprobamierda te har\u00e1 leerme a todo vapor; me importa un carajo\u201d. La diferencia estriba, quiz\u00e1, en que el \u201cMaestro\u201d de Copi representa tambi\u00e9n el prestigio literario, es el observador por excelencia que, desde la Meca cultural, sentado probablemente en su sill\u00f3n \u2013como la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">femme assise<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que Copi dibuj\u00f3 por a\u00f1os en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Le Nouvel Observateur<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013 toma notas y abre juicios sobre una realidad que no lo ensucia, en el idioma elaborado de la arrogancia. Antes lo toleraba, escribe Copi, ahora francamente su man\u00eda de registrarlo todo me romper\u00eda los huevos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Investido \u00e9l mismo como personaje y haci\u00e9ndose acompa\u00f1ar por su simp\u00e1tico perro Lambetta (que recuerda al perro de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Final de Juego<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Beckett y tambi\u00e9n, por car\u00e1cter casi transitivo, a \u201cPericles, el loro que perorea para Pizarnik\u201d), Copi estructura su relato sobre dos coordenadas (espacio\/tiempo) y dos pares respectivos de ant\u00f3nimos (aqu\u00ed y all\u00e1\/ antes y ahora). La nitidez conceptual de semejantes divisiones, sin embargo, es enga\u00f1osa porque toda perspectiva, en Copi, inclu\u00edda la de la cartograf\u00eda urbana, es (literalmente) movediza.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En cuanto al narrador, forma parte de lo inverificable de la ficci\u00f3n. Sabemos que es un uruguayo, m\u00e1s espec\u00edficamente un uruguayo\/ex expatriado\/ahora reimplantado, que fuma <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">gauloises<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y escribe una carta a un \u201cmaestro\u201d franc\u00e9s con quien, es obvio, ya no se lleva bien. Hemos visto de qu\u00e9 modo agresivo se expresaba esa discrepancia: \u201caprovecho para confesarle que lo que me asqueaba de usted\u201d, etc. Pero, en cambio, nos queda por ver el modo en que se refiere a sus conciudadanos como \u201cellos\u201d (Ellos te explican tranquilamente&#8230; o\u2026 Para ellos, yo no soy nadie), y tambi\u00e9n, m\u00e1s curioso a\u00fan, c\u00f3mo alude a s\u00ed mismo como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">extranjero<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, por ejemplo cuando un grupo de locales agreden a su perro y casi le hacen perder un ojo, dice para subrayar la maldad de los agresores: \u201csaben que los <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">extranjeros <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">temen m\u00e1s las mutilaciones que la muerte\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Podr\u00eda decirse que ha quedado condenado a la imposibilidad de la identificaci\u00f3n, que est\u00e1 entre \u201cellos\u201d y \u201cellos\u201d, en el agujero negro de la no pertenencia a ning\u00fan grupo o lugar. Bienvenidos a la pesadilla del retorno o peor a\u00fan, a la pesadilla del retorno imposible. Nadie, que yo sepa, como James Baldwin, logr\u00f3 sintetizar la encrucijada tan bien. La frase figura en su novela <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Giovanni\u2019s Room<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Dos amigos discuten en Par\u00eds sobre si uno de ellos, el expatriado americano, debe volver a New York o no. Entonces el franc\u00e9s dice: \u201cMejor no vuelvas porque una vez que vuelvas, ya no podr\u00e1s mantener la ilusi\u00f3n de tener una patria.\u201d<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Esta opci\u00f3n no existe para el uruguayo. Est\u00e1 de vuelta ya e ignora, sin remedio y sin consuelo, por qu\u00e9 se encuentra en una \u201cciudad tan lejana como Montevideo\u201d (\u201cla raz\u00f3n por la que me encuentro aqu\u00ed, confes\u00e9moslo de entrada, se me escapa\u201d), escribiendo en un \u201cp\u00e9simo uruguayo\u201d, usando frases que le quedan \u201cextra\u00f1as porque en los \u00faltimos tiempos, dice, \u201che practicado mucho m\u00e1s la lengua que se habla en este lugar que el franc\u00e9s y probablemente volver a un lenguaje <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">normal<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> me es m\u00e1s dif\u00edcil de lo que cre\u00eda\u201d. No s\u00f3lo eso. Apenas ha empezado su carta y ya le pide al Maestro que, a medida que avance, vaya tachando todo lo que lee. \u00bfDe qu\u00e9 otro modo podr\u00eda contarse la p\u00e9rdida de algo que se ha vuelto implausible y que s\u00f3lo halla sus significantes en medio de una catarata de percepciones an\u00f3malas? La tachadura ser\u00e1 la condici\u00f3n del relato, la antesala de la literatura, como dir\u00eda Sergio Chejfec, la condici\u00f3n misma de posibilidad de ese continuo barroco, infantil y extremista que, al cancelar toda posibilidad de elipsis, impide la eventualidad de cualquier reconocimiento referencial. Tambi\u00e9n el texto caer\u00e1 as\u00ed en el agujero negro y esa coincidencia \u2013esa combusti\u00f3n simult\u00e1nea de autor\/texto\/lector\u2013 tendr\u00e1 la belleza de lo in\u00fatil o lo cruel, ser\u00e1 la prueba \u2013evidente por haber sido destruida \u2013de que de ciertas experiencias es imposible hablar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">C\u00e9sar Aira ha dicho sobre Copi casi todo lo que importa. Ha hablado de su sistema de umbrales, encajonamientos e inclusiones continuas, del car\u00e1cter fulgurante y sin resoluci\u00f3n de sus episodios que remeda el de sus tiras c\u00f3micas, de la miniatura barroca que es su obra, y de su estilo, corriendo como una rata, adelante del sentido. Yo s\u00f3lo quiero agregar el aspecto pesadillesco que adquiere en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El uruguayo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> la extranjer\u00eda de lo propio, aspecto que Aira descuida, sin duda porque le preocupa m\u00e1s probar otra cosa que tiene que ver con \u00e9l mismo, y con la articulaci\u00f3n de su propia po\u00e9tica. Me refiero a su ecuaci\u00f3n de lo finito del texto y lo infinito del escritor, a su convicci\u00f3n de que m\u00e1s all\u00e1 del asunto, la trama y la invenci\u00f3n, el artista verdadero \u2013que coincide con el ni\u00f1o en su atenci\u00f3n vol\u00e1til y en su desprecio y desinter\u00e9s por la obra terminada\u2013 ans\u00eda siempre salirse del c\u00edrculo de \u201clo que pas\u00f3\u201d para llegar al presente, a la libertad, de lo que escribe. (No otro significado puede tener su adscripci\u00f3n a la consigna de Jasper Jones: \u201cEl arte es hacer una cosa, despu\u00e9s otra cosa, despu\u00e9s otra cosa.\u201d)<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00bfQu\u00e9 es lo que Copi registra en su Uruguay \u201crecuperado\u201d?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Ante todo, cosas raras. \u201cCataclismos t\u00edpicamente uruguayos\u201d. Un universo depreciado donde hasta Lambetta se vuelve una \u201cmierdecita de perro\u201d. Un cansancio mezclado de paranoia, impaciencia y malhumor (\u201cnecesito encontrar una soluci\u00f3n a mi situaci\u00f3n en el Uruguay\u201d, dice, \u201cestoy literalmente asediado por esta banda de alienados\u201d). Un provincianismo y un control social deleznable, como el que ejercen los uruguayos en esa ceremonia en que exorcizan a sus dobles, mir\u00e1ndose unos a otros, en una cadena autoritaria y claustrof\u00f3bica. El ninguneo (\u201cpara ellos, yo no soy nadie o casi nadie\u201d), las luchas intestinas, la falta de reglas pol\u00edticas claras, la inocencia manchada. Un aburrimiento, en suma, insoportable que no deja de ser interrumpido, sin embargo, por la violencia sexual, los episodios absurdos, la premonitoria desaparici\u00f3n de personas y cosas, las ejecuciones sumarias.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un d\u00eda, un tornado (o acaso fue una explosi\u00f3n nuclear o una tormenta de arena) deja a la ciudad sepultada con todos sus habitantes muertos. S\u00f3lo el protagonista sobrevive y, para distraerse de la soledad absoluta en que se encuentra, empieza a inventarse juegos, como si fuera amo y se\u00f1or de una realidad que lo ha abandonado. La paradoja mayor es que, en esa ciudad fantasm\u00e1tica como Comala, donde los cad\u00e1veres (pienso en Perlongher) se apilan en monta\u00f1as y son recogidos por un cami\u00f3n de basura de la Municipalidad, el tiempo es espl\u00e9ndido, la vida tranquila, la alimentaci\u00f3n buena y el narrador puede seguir leyendo peri\u00f3dicos viejos o yendo de compras, sin m\u00e1s irritaci\u00f3n que tener que tolerar las manchas de humedad \u201cinevitables en este pa\u00eds\u201d o sus extempor\u00e1neos talentos brujeriles, \u201cjusto en el momento en que esto no puede servirme de nada en esta mierda de pa\u00eds sin tan s\u00f3lo un gato para aplaudirme!\u201d\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Nada consigue tener entidad en Copi, ni siquiera, la muerte. Mucho menos los personajes \u2013que se parecen a las marionetas fr\u00e1giles de Kleist\u2013 o la realidad del pasado que es arrumbada, una y otra vez, por un aqu\u00ed y ahora vertiginoso. Como en los dibujos animados, que nos muestran al Correcaminos avanzando sobre el abismo mucho tiempo antes de que el dibujito se decida a caer, las im\u00e1genes van m\u00e1s r\u00e1pido que las consecuencias y la conciencia llega siempre tarde. Tambi\u00e9n aqu\u00ed, como en esa definici\u00f3n de la poes\u00eda que la equipara al pensamiento veloz, Copi dibuja impulsos, provocando beligerancias y desgarraduras del sentido. La tragedia, se dir\u00eda, hace una mueca inesperada y se deforma en caricatura revelando, en t\u00e9rminos de Marcos Rosenzvaig, \u201cuna cultura en crisis\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">As\u00ed, por ejemplo, cuando la ciudad es devastada, el protagonista no se inmuta, ipso facto decide dibujar la ciudad sobre la arena, reemplazando a la ciudad \u201creal\u201d. Dibuja los \u00e1rboles, las casas, los coches. (El hecho de que no haya \u201cning\u00fan alma viviente\u201d lo tiene sin cuidado: \u201cComo nunca tuve verdaderas relaciones con ellos\u201d, explica, \u201cal cabo de 5 minutos, me he habituado perfectamente a esto\u201d). Arriba de las cosas que dibuja, escribe sus nombres. Como en el c\u00f3mic, el protagonista hace como que las cosas existen y las cosas existen. Nada lo desanima ni logra confundirlo. Por el contrario, concurre al Jockey Club, se alimenta de pollos asados que se reproducen locamente en la tumba de Lambetta que es un pozo en la playa donde el mar ha desaparecido, juega a que es un inspector de polic\u00eda encargado de controlar los precios y pasa horas condenando a muerte a los infractores (muertos), viola y lleva regalos a una mujer negra (muerta tambi\u00e9n) y observa c\u00f3mo \u201cla raza de pollos, presurosos e hist\u00e9ricos, dejan la ciudad en un estado repugnante, las aceras cubiertas de mierda, los nidos que yo hab\u00eda dibujado en los \u00e1rboles cubiertos de caparazones rotos.\u201d\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Huele a podrido en Montevideo, como en Dinamarca.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un d\u00eda se despierta y encuentra su buhardilla literalmente colmada de militares. Los militares lo besan en la mejilla como Judas y le presentan al presidente. Otro d\u00eda, los muertos resucitan y se ponen a bostezar y a repetir la \u00faltima palabra que oyeron al momento de morir, cuando todo qued\u00f3 \u201ccongelado\u201d (como qued\u00f3 congelada la memoria del escritor, al partir). Otro d\u00eda, la casa de gobierno se pone a dar brincos. El pa\u00eds se encoge. Lambetta resucita varias veces. Llega de visita el papa de la Argentina, que se llama Mister Poppy. Es un hombre peque\u00f1o y flaquito, que va vestido de oro y vuela. Los argentinos, seg\u00fan Copi, tienen un papa porque son m\u00e1s altos, m\u00e1s limpios y m\u00e1s ricos que los uruguayos. El papa sodomiza al presidente. El narrador es canonizado falsamente, va de aqu\u00ed para all\u00e1 sin p\u00e1rpados ni labios, porque \u00e9stos le han sido arrancados como reliquias. Su misi\u00f3n es dar testimonio de lo que ve (no puede cerrar los ojos), notificarles a sus compatriotas, como si fuera un escribano p\u00fablico, sus propias novedades y padecimientos, en general, bastante mediocres. \u201cUd. ha perdido el cabello\u201d o \u201cSu casa no es confortable\u201d o \u201cUd. ha sido abandonada por su marido\u201d, dice, y eso le basta para congraciarse con ellos porque la exposici\u00f3n verbal de ciertos hechos, a\u00fan defectuosamente intuidos, suele ser terap\u00e9utica.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Despu\u00e9s, el presidente se va con el papa, Copi gobierna el Uruguay, y el presidente regresa contando que ha trabajado como puta y tomado coca\u00edna en un burdel de Tucum\u00e1n, cosas as\u00ed. No hay final, porque en este tipo de relatos, lo que importa ya ha ocurrido o est\u00e1 ocurriendo siempre: Copi se hunde en sus encierros imaginarios o bien cataloga su mundo de complicadas cat\u00e1strofes y visualidad extrema, con ayuda del dibujo, el teatro, la violencia, la concisi\u00f3n y los animales. El suyo ser\u00e1, para siempre, un mundo de sobrevivientes, de asesinatos horribles, de mutaciones absolutas y proliferaciones culturales, donde \u00e9l mismo circula como un replicante fascinado por las ruinas de una ciudad abandonada al nonsense on\u00edrico y al keppel.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Volvamos, por un instante, a esa traum\u00e1tica confrontaci\u00f3n con lo familiar que el retorno al pa\u00eds le suscita. Me pregunto si <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El uruguayo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> no podr\u00eda leerse como un acto sublimado de venganza, si en la desopilante agresi\u00f3n imaginaria no puede verse a un autor que, enriquecido y atormentado por el don de la transhumancia, ha vivido una doble exclusi\u00f3n, primero por voluntad propia (cuando se puso en ese estado de asombro o segunda infancia que se alcanza, siempre, con el desarraigo) y despu\u00e9s, por esa ley no escrita que determina que, al momento de la reinserci\u00f3n, no hay cosa propia que recuperar, al haber sido \u00e9sta consumida en esa creaci\u00f3n de s\u00ed que coincide, una vez m\u00e1s, con el desarraigo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Algo as\u00ed como un fantasma, o un doble atrapado del otro lado del espejo, Copi circula por su propio texto como su personaje \u2013Copi\u2013 por la materia del relato. Ambos son narradores no plausibles, francotiradores hist\u00e9ricos, \u201clocas\u201d que vienen a travestirlo todo, incluso, sobre todo, la lengua materna (no olvidemos que Copi escribe en franc\u00e9s con cadencias lunfardas) porque su experiencia es de \u00e9sas que carecen de sustento en los hechos; peor a\u00fan, de palabras para decir el mareo de la extra\u00f1eza y el exilio, la exclusi\u00f3n y el extra\u00f1amiento. Nada peor que estar parado ah\u00ed donde s\u00f3lo la actuaci\u00f3n imaginaria de los impulsos agresivos podr\u00eda a\u00fan salvarnos de algo de nosotros mismos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Abandonado el pacto convencional de la pertenencia cultural, la pregunta por la relaci\u00f3n entre lenguaje y realidad se vuelve incisiva. Tambi\u00e9n la relaci\u00f3n autor y lenguaje. \u201cNo he encontrado mi lenguaje de ayer, confiesa malhumorado el narrador, voy a pasearme.\u201d La situaci\u00f3n se complica por aparecer enmarcada en la comparaci\u00f3n con el franc\u00e9s. A diferencia de \u00e9ste, que est\u00e1 asociado por definici\u00f3n a la claridad, la elegancia, la eficiencia del confort, y la informaci\u00f3n confiable, el \u201curuguayo\u201d es un idioma arbitrario, il\u00f3gico y subdesarrollado. De hecho, por su simplicidad m\u00e1s bien torpe (gentes en uruguayo se dice \u201cjujo\u201d, salchicha, \u201csassassa\u201d, sistema solar \u201csississi\u201d, etc.) y por la ausencia de verbos, parece ese idioma retardado que se les hac\u00eda hablar a los \u201cindios\u201d como Toro en la serie <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El llanero solitario<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: ni\u00f1o rico rico, qui\u00e9n culpable, etc. Y, sin embargo, los uruguayos tienen algo que \u201cel uruguayo\u201d no tiene: conocen una palabra para decir \u201cme siento en mi lugar\u201d y esta es precisamente el nombre de su ciudad, Montevideo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Tienen, tambi\u00e9n, una capacidad infinita de \u201cinventarse palabras\u201d. Palabras que, curiosamente, otorgan un espacio propio inalienable: alguien dice tenedor y ese tenedor es su barrio, vale decir su hogar por antonomasia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">No todo son ventajas en esta capacidad, sin embargo. La seguridad trae aparejadas rencillas, competencia por migajas, cierta tendencia a la peque\u00f1ez de miras, y hasta el riesgo de fosilizaci\u00f3n y par\u00e1lisis si te tiene en cuenta que, al ganar un barrio, el ganador queda confinado a \u00e9l, sin remedio, para toda la vida. Ni qu\u00e9 hablar de la violencia que los acecha siempre, puesto que basta una coincidencia m\u00ednima, por ejemplo que dos de ellos pronuncien la misma palabra al mismo tiempo para que se considere que pertenecen, como hermanos de sangre, a una misma formaci\u00f3n pol\u00edtica y se los fusile de inmediato.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por su parte, las palabras del narrador transitan por ese mundo de \u201ccosas que han perdido su nombre y nombres que han perdido sus cosas\u201d que tan bien evoc\u00f3 la poeta Ana Cristina C\u00e9sar. Son huecas porque nombran dibujos, no realidades, y tambi\u00e9n redundantes o tautol\u00f3gicas porque repiten lo que esos dibujos sugieren. \u201cHe escrito coche sobre los coches\u201d, dice. (Aunque, para ser justos, a veces le ocurren \u201cpeque\u00f1os milagros\u201d: si piensa con ah\u00ednco en una palabra, puede producir la cosa aludida, como si fuera un hr\u00f6n.) A veces,\u00a0 puede darse tambi\u00e9n que las palabras se suelten, con desfachatez, de su referente: \u201cNavidad llegar\u00e1 cuando yo lo decida\u201d o que sirvan para ser repetidas como mantras o muletillas (Copi elige su palabra preferida: rata) o que se vuelvan obscenamente literales (El papa dice: Le doy mi bendici\u00f3n, escribe la palabra bendici\u00f3n sobre el mantel y se la da.)\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un libro, podr\u00eda decirse, es una ausencia hecha de palabras. Peor a\u00fan en este caso: un libro hecho de palabras que se borran (o deber\u00edan borrarse) al mismo tiempo que se escriben, dejando s\u00f3lo a la vista esas costuras que son los retazos de un yo, acaso tambi\u00e9n ausente.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El instrumento con que se cuenta para llevar a cabo semejante audacia es una carta. Buenas noches, querido Maestro. Buenos d\u00edas, pelotudo. No hace falta nada m\u00e1s. Lo que la carta contiene es una org\u00eda irracional de lo reprimido, pulsiones sueltas que transitan, matan, violan, llegan a la pederastia y a la trata de blancas, como si hiciera falta demostrar, parafraseando el t\u00edtulo de una de las obras de teatro del autor, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">la difficult\u00e9 de s\u2019exprimer<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Algo sucede, es verdad, pero ese algo es irrelevante, porque lo que importa es lo que circula, sin l\u00f3gica aparente, debajo del texto. No hay memoria, s\u00f3lo una seguidilla de episodios inconexos. Tampoco hay suspenso ni centro. En esta ruptura violenta del veros\u00edmil, radica uno de los recursos extremos de Copi contra la cooptaci\u00f3n y la forma. Como en Gombrowicz, la resistencia toma la m\u00e1scara del grotesco, se viste de iron\u00eda y de exabruptos, de micror\u00e9plicas que vienen a impedir, con sa\u00f1a, el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">expos\u00e9<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de los grandes temas. Y as\u00ed Copi, en un \u201cgolpe magistral de teatro\u201d, consigue lo que busca: dibujar su propia cajita musical de fobias en medio de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">ning\u00fan<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> lugar, es decir instaurar un lenguaje exiliado de los valores \u2013de todos los valores\u2013 haciendo de lo ilegal la norma; de la periferia y el espacio discriminado, una preferencia. Cualquier cosa, menos la obligaci\u00f3n de coincidir, dir\u00edamos hoy, con \u201clo pol\u00edticamente correcto\u201d. Ante este tipo de presiones, m\u00e1s bien, Copi responde con circunloquios: con el cuerpo, con el deseo \u2013que no se detiene ni piensa \u2013, con la frustraci\u00f3n que es tambi\u00e9n la frustraci\u00f3n de la imposibilidad de amar. Responde tambi\u00e9n con las palabras, esa realidad segunda que reemplaza defectuosamente a la realidad y con la que, a veces, buscamos otorgar plausibilidad a nuestra existencia.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Mar\u00eda Negroni<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-5592\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Captura-de-pantalla-2024-11-06-a-las-5.25.55\u202fp.-m-685x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"345\" height=\"516\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Captura-de-pantalla-2024-11-06-a-las-5.25.55\u202fp.-m-685x1024.jpg 685w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Captura-de-pantalla-2024-11-06-a-las-5.25.55\u202fp.-m-201x300.jpg 201w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Captura-de-pantalla-2024-11-06-a-las-5.25.55\u202fp.-m-768x1148.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Captura-de-pantalla-2024-11-06-a-las-5.25.55\u202fp.-m-1027x1536.jpg 1027w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Captura-de-pantalla-2024-11-06-a-las-5.25.55\u202fp.-m.jpg 1220w\" sizes=\"auto, (max-width: 345px) 100vw, 345px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este texto forma parte de nuestro primer n\u00famero impreso. Lo publicamos ac\u00e1, un a\u00f1o despu\u00e9s, con motivo de nuestro segundo n\u00famero impreso.<\/p>\n<p>M\u00e1s informaci\u00f3n en: <a href=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/11\/05\/tenemos-segundo-numero-preventa-disponible\/\">https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/11\/05\/tenemos-segundo-numero-preventa-disponible\/<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Toda escritura es, siempre, una queja contra el destierro. A veces, esa queja es torcida, brutal. Pasa, sin aviso, de la nostalgia al rencor, del lamento a la s\u00e1tira, se vuelve rumia, \u00e1cido que corroe, exaltaci\u00f3n maligna, un manifiesto paradojal y vengativo. 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