{"id":5568,"date":"2024-10-29T17:22:03","date_gmt":"2024-10-29T20:22:03","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5568"},"modified":"2024-10-29T17:25:06","modified_gmt":"2024-10-29T20:25:06","slug":"sangre-sudor-y-lagrimas-variaciones-en-torno-a-las-axilas-por-carmela-perez-morales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/10\/29\/sangre-sudor-y-lagrimas-variaciones-en-torno-a-las-axilas-por-carmela-perez-morales\/","title":{"rendered":"Sangre, sudor y l\u00e1grimas: variaciones en torno a las axilas \u2013 Por Carmela P\u00e9rez Morales"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><b>De las axilas como cuerpo de agua<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">1.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Supongamos, por ejemplo, que una axila es como un estanque: una cavidad peque\u00f1a, mojada, con fines meramente ornamentales. Descansa en la articulaci\u00f3n entre un brazo y un torso, oculta detr\u00e1s de una mata m\u00ednima de plantas acu\u00e1ticas -tambi\u00e9n conocida como pelos de sobaco- que puede, o no, podarse a gusto de cada propietario. La axila se esconde, pudorosa, cubierta en perlas de sudor que recuerdan al roc\u00edo. Huele como la hierba fresca que se poda a primera hora de la ma\u00f1ana. Es el mejor accesorio para dar cuenta del buen gusto.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">2. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Podr\u00eda decirse, sin exigir mucho de la imaginaci\u00f3n, que una axila tambi\u00e9n es como una pileta de nataci\u00f3n. Es, al mismo tiempo, finita pero insondable. Sus l\u00edmites no son claros, es convexa y de profundidades variables. Ni unas ni otras aguantan una unidad convencional de medida. \u00bfAlguna vez se oy\u00f3 a alguien preguntar: &#8216;\u00bfde qu\u00e9 tama\u00f1o es tu axila?&#8217;? Para hablar de ellas, es necesario innovar: una pileta mide 13, 26, 32 brazadas. Una axila, por su parte, puede medirse en la cantidad de leng\u00fcetazos que sean necesarios para abarcar la totalidad de sus dimensiones. O en la cantidad de pelos que la pueblan.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">De superficie hipersensible, a veces tendiente a los sarpullidos, es hermana de las aguas excesivamente clorificadas: si no se la cuida lo suficiente, puede erosionarse, llenarse de imperfecciones, sean hongos, ronchas o moho. \u00bfY qu\u00e9 peor que una pileta en la que no est\u00e1 permitido zambullirse? \u00bfQu\u00e9 de m\u00e1s frustrante que una axila que no se puede acariciar?<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">3.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Una axila es, entonces, una zona de conflicto: desde\u00f1ada por los puritanos del olfato, insultada por la prohibici\u00f3n de musculosas en ambientes laborales, bastardeada por la futilidad de las hojas de afeitar, no puede sino quedar relegada al r\u00e9gimen de la vida privada. Debe consolarse con el secreto que implica el fetiche: no son muchxs lxs valientes que se atreven a declarar su amor por ellas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Sin embargo, si uno mira con atenci\u00f3n, puede ver, en cualquier viaje en tren, en un d\u00eda de verano, los ojos expectantes y sedientos de los pasajeros. No pueden m\u00e1s con su ansiedad, les tiembla todo el cuerpo pensando en cu\u00e1ndo ser\u00e1 el momento en que un movimiento brusco del tren obligue a un sinf\u00edn de axilas a salir de su escondite y llevar a sus due\u00f1os a tomarse del pasamanos. Se abren como una flor en primavera, mientras el resto de los pasajeros se estremece, lleno de esperanza de que venga otro sacud\u00f3n y haga volar esos peque\u00f1os diamantes de sudor directo hacia las comisuras de sus bocas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">O, sencillamente, el curioso no tiene m\u00e1s que entrar a una iglesia cercana y observar, una vez dentro, a cualquiera de los jovencitos que ah\u00ed se encuentran. De rodillas frente a un Jes\u00fas crucificado, esperan. Ya no rezan, no suplican, no piden por su propia salvaci\u00f3n. El creyente desv\u00eda sus ojos de los de Cristo, esquiva su mirada y se detiene, incansable, en la cuenca de sus axilas. Frota sus rodillas contra el piso, a la espera de un dolor, encandilado por esa piel tersa y dorada. El tiempo de lo sagrado ya no se reduce a una determinada cantidad de padres nuestros, repetidos hasta el cansancio. Se transforma y se desenvuelve en una meditaci\u00f3n lenta, que podr\u00eda durar para siempre, estancada en el deseo de ver correr una gota real por esas axilas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un cauce de sudor como el milagro definitivo; las axilas son como una fuente para el acetre del que se sirven los fieles.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a1Agua bendita corriendo por nuestras gargantas! \u00a1Al fin! \u00a1Qu\u00e9 delicia! \u00a1Agua de beber, camarada!\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">4.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Con el regusto que invade la boca, las ideas, los sentidos, se puede afirmar que no hay nada tan salado como las axilas de un amante. El sudor es salado. El sedimento que deja el desodorante, incluso m\u00e1s. Aunque pasar la lengua por ah\u00ed pueda parecer un gusto adquirido, siempre han existido esas personas que salan la comida antes de siquiera probarla. No es de sorprender, entonces, esta devoci\u00f3n torcida: los mismos que prefieren el bacalao o las anchoas por sobre cualquier pescado blanco, o las aceitunas por sobre las pasas, pueden ser parte de esta extra\u00f1a familia. La salinidad de la axila es un sabor \u00fanico y variable, que cambia de cuerpo a cuerpo pero que mantiene ese gusto \u00e1cido que solo tiene lo que fermenta en la oscuridad. Una delicia de lujo, el elixir que le falta a las vinagretas y licores que conocemos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Insisto, no hay nada m\u00e1s salado que las axilas de un amante.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Nada, excepto por el Mar Muerto: que no es ni mar, ni est\u00e1 muerto, pero que se gan\u00f3 su t\u00edtulo por sus alt\u00edsimos niveles de salinidad, que son tales que no permiten que casi ninguna forma de vida se desarrolle dentro, as\u00ed como tampoco son muchxs lxs que eligen habitar la extensi\u00f3n de un sobaco. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Si un pez entra en esas aguas por error, seguramente muera en cuesti\u00f3n de minutos, y su cuerpo se cubra de cristales salinos, parecidos al rastro del desodorante seco en la piel de la axila con el discurrir del d\u00eda. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Solo algunas bacterias invisibles y algunos visitantes discretos insisten en visitarlos. Son para\u00edsos de pocos, peque\u00f1os desiertos mojados.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Como el Mar Muerto, una axila es acuosa y salada, pero jam\u00e1s calmar\u00e1 la sed. Las ruinas de Sodoma y Gomorra, escondidas bajo sus aguas pero nunca encontradas, son tan m\u00edticas e inh\u00f3spitas como las axilas de un amante. La lengua intentando acceder a ellas, igual que exploradores y arque\u00f3logos, es insaciable. La axila, ella sola, tambi\u00e9n lo es: no resiste la falta, se quiebra de tristeza cuando no la acarician. Es un terreno inf\u00e9rtil: un falso oasis en el Medio Oriente de los cuerpos, castigado por un Dios rencoroso que lanz\u00f3 sobre ellas una lluvia de azufre. Y, sin embargo, de Sodoma y Gomorra quedaron sobrevivientes: Lot, buen samaritano, y sus hijas. Su mujer podr\u00eda haberlos acompa\u00f1ado, pero como Orfeo, mir\u00f3 atr\u00e1s para contemplar la ciudad que se desmoronaba y termin\u00f3 convertida en un pilar de sal.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La cuesti\u00f3n, entonces, es algo as\u00ed: si de tanta destrucci\u00f3n pudieron salir vivos unos pocos, quiz\u00e1s todav\u00eda haya oportunidad para los borrachos de axilas. Quiz\u00e1s, aunque dif\u00edcil, no quede otra opci\u00f3n que salir a la b\u00fasqueda de Lot y su descendencia. S\u00ed, ellos huyeron de Sodoma y Gomorra; se salvaron porque no pecaban del desaforo propio de sus conciudadanos. Pero el exilio no los salva, no pueden ni podr\u00e1n escapar de las huellas de la ciudad sobre sus cuerpos. Esa memoria que late en ellos los convierte, a su pesar, en una suerte de Sodoma port\u00e1til, aunque mesurada y artificiosa. La \u00fanica Sodoma posible, en fin. Hay que, entonces, seguir sus pasos, acercarnos a ellxs y, simplemente, pedir que, como Cristo en la Cruz, abran sus brazos y dejen que ese rayo enceguecedor que surge del pliegue entre brazo y torso nos deje sin palabras. Quiz\u00e1s as\u00ed, embriagadxs de tanta luz y tanta sal, encontremos las ruinas que faltan. Y, sino, si la b\u00fasqueda falla, no nos quedar\u00e1 m\u00e1s que conseguir amantes a la altura y entregar lengua y \u00e1nimos a erigir unas nuevas Sodoma y Gomorra, construidas sobre los peque\u00f1os pilares salados que se yerguen bajo sus brazos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>De mis axilas como ecosistema id\u00f3neo para el vampirismo<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">1.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Si uno se dispone a buscar informaci\u00f3n sobre las axilas en cualquier motor de b\u00fasqueda virtual, lo m\u00e1s probable es que, antes de encontrar alguna descripci\u00f3n anat\u00f3mica al respecto, se halle frente a una serie de soluciones. \u00bfA qu\u00e9? A la sudoraci\u00f3n excesiva, a las manchas en la ropa, al olor. Es decir: las axilas, antes que una parte fundamental del sistema linf\u00e1tico, son un problema.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Su funci\u00f3n en el cuerpo es poco clara: m\u00e1s que nada son una regi\u00f3n de paso, que conecta tejidos que van desde la mama hasta los miembros superiores. No es que exista tal cosa como una parte in\u00fatil del cuerpo, pero claramente la axila no se luce por todo lo que puede hacer. No agarra, no camina, no huele ni gusta por s\u00ed misma. Solo genera inconvenientes. Es m\u00e1s, si lo pensamos en t\u00e9rminos de forma, la axila es casi m\u00e1s hueco que superficie; su propia morfolog\u00eda se basa en la ausencia. Ni siquiera en tanto cavidad es lo suficientemente profunda como para permitir que pasen a trav\u00e9s de ella flujos, miembros, objetos diversos. Es decir: no equivale en hondura, ni por cerca, a un ombligo, al canal de una oreja, a cualquier agujero sexuado. La axila queda corta, no se deja atravesar por el placer que genera un hisopo ni un dedo que indaga en busca de pelusas. El gesto de introducir no vale nada en un cr\u00e1ter superficial, g\u00e9iser inc\u00f3modo del que emana \u00fanicamente sudor. Como los vestigios de Sodoma despu\u00e9s de la lluvia, la axila es una ruina, un accidente geogr\u00e1fico que si se rasca solo revela tierra estancada, basura, suelo inf\u00e9rtil.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">2.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Las axilas, entonces, son una suerte de anti-parte del cuerpo, de regi\u00f3n escondida. Lo que sorprende, sin embargo, es la presi\u00f3n social que se ejerce alrededor de ellas. La historia reciente enfatiza tanto en todas las intervenciones que se pueden realizar sobre ellas para que pasen desapercibidas que, por la contra, las vuelve incluso m\u00e1s visibles. Desodorantes, depilaciones temporales, depilaciones definitivas, jabones para ropa que eliminan las manchas. Quiz\u00e1s, si las operaciones de marketing las dejaran estar, ni siquiera las notar\u00edamos. Cabe preguntarse desde cu\u00e1ndo sucede esta cruzada por su invisibilizaci\u00f3n, que las volvi\u00f3 tan evidentes, y si es que aquellos que la planearon se dieron cuenta del error.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por mi parte, llevo las axilas peludas. Supongo que, cuando comenc\u00e9 con esto, quise que fuese un gesto de rebeld\u00eda, pero esas luchas se desdibujaron con el fin de la adolescencia. En este momento, lo \u00fanico que me sostiene en ese deseo es una mezcla entre el desgano y un gusto botanicista por todo lo que crece. Me dejo el pelo en las axilas para ver hasta d\u00f3nde puede llegar, con la esperanza de que, m\u00e1s temprano que tarde, podr\u00e9 cultivar en ellas un hermoso jard\u00edn, lleno de una fauna y una flora aut\u00f3ctonas. Siendo una mujer de mucho pelo, tanto en la cabeza como en todo el cuerpo -que adem\u00e1s se destaca por ser particularmente grueso y resistente a las constantes amenazas de peines, ataduras y tirones- , tengo una asombrosa tendencia a los piojos. No importa qu\u00e9 haga para prevenirlo, al momento en que uno de ellos se asoma por sobre los cabellos de otrx y divisa mi melena rubia, decide aventarse hacia ella sin mirar atr\u00e1s, como si se tratara de la tierra prometida. Una vez ah\u00ed, ese piojo solitario no tarda en causar revuelo sobre los lujos de parcelar una tierra como mi mollera y procura generar descendencia lo m\u00e1s pronto posible. Termino plagada de bichitos en cuesti\u00f3n de horas y no hay nada que pueda hacer para detenerlo. Con todo, los piojos son seres profundamente respetuosos de las fronteras -sea por precavidos o por perezosos-, y prefieren atenerse a lo que ya conocen, que es la circunferencia de mi cr\u00e1neo y apenas m\u00e1s. Aunque en principio me molestan, acabo por tomarles cari\u00f1o, y no puedo sino lamentar que sean tan pudorosos, que no se atrevan a correrse un poquito del oasis de mi testa. A m\u00ed, que hace a\u00f1os que vengo cultivando mis axilas para que sean el para\u00edso perfecto -c\u00e1lidas, frondosas, mojadas-, no me queda otra m\u00e1s que generar cierto rencor hacia ellos: \u00bfpor qu\u00e9 rechazan mis axilas? \u00bfes, acaso, porque los pelos son m\u00e1s duros y menos dorados que mi cabellera? \u00bfser\u00e1 que mis piojos son chauvinistas de la cabeza? \u00bfpeque\u00f1os desclasados? <\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">3.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Sucede, sin embargo, que no todo el monte es or\u00e9gano, as\u00ed como no todas las superficies pilosas son asimilables. M\u00e1s all\u00e1 de mis caprichos y lamentos, existe una raz\u00f3n en particular por la que los piojos no se animan al mar de mis axilas. Como es bien sabido, ellos no buscan el pelo m\u00e1s que como escondite. Lo que los piojos desean es sangre, y esa sangre circula mejor y m\u00e1s abundante a trav\u00e9s del cuero cabelludo. La sangre que corre por las axilas, en cambio, mana mucho m\u00e1s honda y menos caudalosa, y el cuerpo-piojo, tan m\u00ednimo, no podr\u00eda ni so\u00f1ar con alcanzar semejantes profundidades. Sus patas son demasiado cortas, sus colmillos no lo suficientemente punzantes. El cuerpo-piojo avanza en su existencia marcado por un destino parad\u00f3jico: en tanto insecto, se asemeja m\u00e1s a un vampiro que cualquier otro miembro del reino animal. Pero, por m\u00e1s que realmente lo quiera, el estatuto de monstruo le est\u00e1 negado a costa de sus dimensiones. Ni aunque el piojo se desviva chupando toda la sangre de mi cabeza, ni aunque su descendencia se aboque al proyecto paterno por generaciones y generaciones, ni aunque doble su tama\u00f1o por el hambre, jam\u00e1s ser\u00e1 m\u00e1s que un bichito inc\u00f3modo. Ni enorme como un depredador, ni letal como una bacteria, el piojo es un villano fallido, cuyos delirios de maldad, una y otra vez, se ven frustrados por la indomable fuerza de una tierra-cabeza, demasiado extensa en superficie para ser aprehendida y lastimada m\u00e1s que de a fragmentos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">4.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">De este breve recorrido se pueden esbozar algunas intuiciones sobre el vampirismo. Primero, que tanto de parte de insectos m\u00ednimos como de seres mitol\u00f3gicos, la sed de sangre nunca es tanta como para que no sea selectiva; no se chupa cualquier sangre ni de cualquier lugar. S\u00ed, existen infinitos libros y pel\u00edculas en los que, a fuerza de hambre, los vampiros se ven obligados a matar algunos animales en vez de humanos, pero tambi\u00e9n es cierto que siempre atacan al pescuezo. Hay espacios privilegiados para la extracci\u00f3n. Luego, que esto no necesariamente implica una mejora en el sabor, sino que los seres vampiros operan con fines claros y medidas pr\u00e1cticas. Dif\u00edcilmente se los podr\u00eda considerar como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">gourmets<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Entonces, el estado de situaci\u00f3n es el siguiente: no porque los piojos eviten mis axilas eso implica que sean un terreno indeseable. Es m\u00e1s, hasta podr\u00eda tratarse de un para\u00edso en potencia, que ning\u00fan ser, a\u00fan, se atrevi\u00f3 a recorrer. La axila est\u00e1 lejos de los piojos y oculta, en gran medida, de la mirada humana, pero existe y resiste, lista para ser probada. El problema es el camino hacia ella.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">5.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Quiz\u00e1s, por su morfolog\u00eda de hueco, puede que resulte m\u00e1s f\u00e1cil pensarla en t\u00e9rminos de continente que de contenido: la axila es m\u00e1s boca que bocado. As\u00ed, en Rabia, tragedia vamp\u00edrica de David Cronenberg, el asunto de saborear la axila se revierte a partir de algunas intervenciones quir\u00fargicas dudosas. En la pel\u00edcula, Rose, la protagonista rubia, divina, joven, tiene un accidente en moto, en el medio de la nada, que casi la mata. Ante la ausencia de hospitales, la trasladan a una cl\u00ednica de cirug\u00eda est\u00e9tica, aislada y extra\u00f1a, en la que es atendida por un m\u00e9dico que decide llevar a cabo una cirug\u00eda experimental para salvarle la vida: proceden a injertarle un nuevo tejido neutral en las zonas en que est\u00e1 demasiado lastimada. Cuando despierta, Rose tiene una fisura debajo de la axila. En principio no llama demasiado la atenci\u00f3n, es solo una cicatriz m\u00e1s despu\u00e9s de un accidente casi letal. Pero mientras gana fuerzas, la protagonista comienza a sentirse doblemente sedienta: primero, de hombres, de caricias, de alg\u00fan gesto que la contenga despu\u00e9s de tanto peligro. Luego, y sin previo aviso, de sangre. Mientras Rose seduce a otro paciente que la acompa\u00f1a, de su axila surge un punz\u00f3n como un colmillo -o, por qu\u00e9 no, como un falo- que se clava en las costillas de este y lo deja seco, seco, seco. \u00c9l no muere, pero queda d\u00e9bil y no recuerda nada. Esta escena se repite, una y otra vez, mientras Rose seduce o se defiende de distintos hombres rancios a base de aguijonazos. Entretanto, su axila saborea. Los hombres se convierten en zombies, aletargados aunque violentos, pero ninguno de ellos desarrolla la misma sed que su verduga.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Jacob Von Uexkull, pionero de la etolog\u00eda, gana fama a principios del siglo XX, despu\u00e9s de acu\u00f1ar el concepto de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">umwelt <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">-casi siempre traducido como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">mundo circundante<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, aunque a veces incluso como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">medio ambiente<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">-, a partir del estudio intensivo de los modos de percibir de seres de apariencia tan nimia como garrapatas y pulgas. Los <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">umwelten<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, dicho r\u00e1pidamente, ser\u00edan algo as\u00ed como las burbujas en las que cada ser se lleva adelante como sujeto protagonista. En dichas esferas, el concepto de un tiempo y espacio \u00fanicos, propios del antropomorfismo, ya no funcionan como gu\u00eda \u00faltima, sino que se conjugan en un entramado m\u00faltiple y complejo en el que cada animal percibe y act\u00faa a partir de sus propias capacidades y nociones tanto temporales como espaciales. Los mundos circundantes var\u00edan entre s\u00ed en la medida en que cada ser se compone anat\u00f3micamente de manera distinta: las diferencias perceptuales se siguen de las distintas morfolog\u00edas de cada ser y de las posibilidades que implican. El ojo de una mosca es infinitamente m\u00e1s complejo que el de un ser humano: su \u00e1ngulo de visi\u00f3n es mayor, su horizonte no es siempre el mismo, su arriba y su abajo se modifican constantemente dependiendo de d\u00f3nde se ubica. Lo mismo puede pensarse de la audici\u00f3n de un p\u00e1jaro: capta vibraciones que otros animales no. As\u00ed, el mundo ya no es el devenir temporal humano, sino que se compone del constante entrecruzamiento de cada uno de estos sistemas perceptuales, que son anat\u00f3micamente perfectos en s\u00ed mismos y se desprenden de cualquier idea de jerarqu\u00eda.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">6.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Con esta noci\u00f3n en mente, la axila como ecosistema se desdobla y multiplica.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por un lado, est\u00e1 la axila de Rose, que se convierte, por obra de la ciencia, en un ser en s\u00ed mismo. Como las garrapatas que estudia Uexkull -que pueden pasar meses en un estado de letargo sobre la rama de un \u00e1rbol, esperando a que se cruce por debajo alg\u00fan mam\u00edfero sobre el cual arrojarse-, la axila-vampiro de nuestra protagonista dormita a la espera de alguna v\u00edctima. El tiempo axilar no equivale, necesariamente, al tiempo como lo percibe Rose. Ella deambula entre restaurantes, entre edificios, entre hombres. Su punz\u00f3n, en cambio, descansa y espera. La axila-vampira se vuelve sujeto y el cuerpo de Rose, el medio ap\u00e1tico en que se despliegan todas sus posibilidades.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por el otro, est\u00e1n mis axilas, que quedan estancadas en el terreno de la posibilidad. Mis axilas como ecosistema, de momento, son solo una fantas\u00eda, al menos en lo que a vampirismo refiere. Es decir: imagino que en ellas viven m\u00faltiples organismos invisibles, cuerpos celulares que hacen sudar, que crecen con lo que mi cuerpo tiene para ofrecer. Pero, insisto, las axilas como cuerpo de agua proveen un elixir sagrado que, de momento, nadie pareciera estar dispuesto a venir y tomar. Yo, a diferencia de Rose, quisiera hacer del mundo mi axila y no viceversa: convertirla en un mundo en s\u00ed mismo, invitar a otros sujetos a que la habiten, que se vuelva independiente del resto de mi organismo. Hay tanto para percibir en ella: olores, texturas, sabores. Cada axila ya no como un monstruo, sino como un peque\u00f1o ecosistema monstruo, tan grotesco como gustoso, listo para ser abarcado.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>III. De las axilas peludas como centro de masas<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">1.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cEs preciso que el llanto se derrame en la axila\u201d. As\u00ed escribe Lorca en Carne. En cuesti\u00f3n de algunos versos, el poema se avienta sobre s\u00ed mismo. Una primera imagen de Eva desorientada, con sus dedos manchados de manzana, se diluye y se derrama sobre dos cuerpos encontrados, varones, galanes. Lo sacro y lo sexual -para sorpresa de nadie- se amalgaman; lo que queda es, casi, una historia de monstruos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cEs preciso que el llanto se derrame en la axila\u201d. \u00bfPero qui\u00e9n llora? \u00bfSobre qu\u00e9 axila se vierten las l\u00e1grimas? En el abrazo de los amantes se dibujan, aunque maleables, dos figuras: un continente y un contenido. Siempre hay alguien que abraza m\u00e1s de lo que es abrazado. El que abraza, aprieta. Guarda con sus dos brazos el cuerpo del otro, m\u00e1s desamparado. Apoya su ment\u00f3n sobre el hombro ajeno. Delimita con sus extremidades todo cuanto puede abarcar. El otro, en cambio, se deja abrazar. A diferencia del que mira por sobre la l\u00ednea del hombro, el abrazado, en su angustia, no quiere ver nada: cierra los ojos, busca calor y refugio sobre el pecho recipiente. La cabeza gacha, los mocos flojos, las primeras l\u00e1grimas, corren discretas por el escote ajeno, trazando eses que derivan en la axila. Entonces: en el abrazo de dos amantes, la axila de uno se llena de las l\u00e1grimas del otro.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pero tambi\u00e9n, \u201ces preciso que el llanto se derrame en la axila\u201d como s\u00edntesis perfecta de la crucifixi\u00f3n. Cristo, con la cabeza ladeada, a veces mira hacia el cielo y a veces deja que la testa cuelgue, los ojos hacia sus pies. No siempre llora, al menos no en el instante cristalino en que es representado. Pero es dif\u00edcil creer que no haya vertido, al menos, una l\u00e1grima o dos. Del \u00e1ngulo entre su oreja y su hombro se traza, inevitablemente, un \u00fanico camino para el llanto, que desemboca en la axila, desbordada del agua del propio Cristo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La axila llorada, \u00bfes recipiente lit\u00fargico, colmado de un l\u00edquido sagrado? \u00bfo es boca de r\u00edo, poco profunda, innavegable, tapiada por el sedimento? Sea cual sea, sea estanque, sea acetre, sea ruinas de Sodoma, todos tienen algo en com\u00fan: ninguno sirve. La axila es agua, pero nadie vive ah\u00ed. No es caudal ni productivo ni explotable.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">2.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Se desprende, por la contra, que si las axilas no son \u00fatiles, quiz\u00e1s sean m\u00edticas. Por qu\u00e9 no, entonces, considerarlas como una suerte de Atl\u00e1ntida del cuerpo admirado. Las axilas de Cristo tanto como las de los amantes se colman de un agua que esconde secretos, virtudes, milagros.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Ah\u00ed nada un pez <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que reluce por lo poco que se sabe de \u00e9l: el sobaco. As\u00ed como suena: alg\u00fan bi\u00f3logo marino, a falta de mejor traducci\u00f3n, de un pez cuyo nombre latino es <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">canthidermis sufflamen<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, decidi\u00f3 que su imagen correspondiente era la de un sobaco. Por supuesto, s\u00e9 poco y nada de peces. Mucho menos del arte de nombrar. Pero conf\u00edo en algunas intuiciones y afirmo que el pobrecito de axila no tiene nada.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">A falta de informaci\u00f3n precisa, se puede de igual forma, asentar algunas caracter\u00edsticas de su especie y especular sobre su destino d\u00edscolo. El sobaco es parte de la familia Balistidae, conformada por al menos diez especies de peces. Ninguna tiene demasiada fama, pero de varios de ellos se puede decir que son hermosos: los vetula tienen escamas tornasoladas, que brillan como el rev\u00e9s de un cd; a los aculeatus se les llama peces Picasso, por sus bloques de colores estridentes. Los sobacos, por supuesto, como sus tocayos humanos, pasan absolutamente desapercibidos. Son grises, lisos, discretos. Poco memorables, sobre todo. Son peces solitarios, que rechazan card\u00famenes y multitudes. Ni siquiera viajan en pareja.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Lamento por ellos que un nombre desafortunado sea raz\u00f3n suficiente para llevar una vida de sombras, infame, marcada por la convenci\u00f3n de lo que se considera feo. Porque, para llevar m\u00e1s lejos su desgracia, ni siquiera se llaman axilas, sino sobacos. Hay varias etimolog\u00edas posibles para la palabra, ninguna de ellas venturosa: todas se desprenden del prefijo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">sub<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> A grandes rasgos, no significa m\u00e1s que bajo. Pero, a pesar de la aparente inofensividad del t\u00e9rmino, a<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> nosotrxs, personas cuyos nombres pesan como maldiciones, no nos queda sino preguntarnos <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">c\u00f3mo se vive una vida marcada, desde el origen, por un l\u00e9xico de la bajeza. No se trata, simplemente, de una cuesti\u00f3n posicional. La etimolog\u00eda del sub es una imposici\u00f3n, un destino tr\u00e1gico, que nos deja con la parad\u00f3jica imagen de un animal poco agraciado, intrascendente, al que le toca deambular por mares y oc\u00e9anos, solitario como ninguno, maldiciendo a qui\u00e9n le dio su nombre.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">3.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Porque la axila, en cambio, aunque tenga su mala fama, al menos tiene la suerte de una etimolog\u00eda m\u00e1s benigna. Axila se sintetiza en la uni\u00f3n perfecta de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">eje<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">ala<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Es una imagen hermosa: ya no un recipiente peque\u00f1o y escondido, acumulador de aguas rancias, sino un centro en s\u00ed mismo, del que brota otro cuerpo, sobre el que se articula la posibilidad del vuelo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">axis mundi <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">es un motivo m\u00edtico-religioso que se repite en diversas culturas a lo largo del tiempo. Se trata de un s\u00edmbolo ubicuo que representa un punto de uni\u00f3n entre diversos planos ontol\u00f3gicos: el lugar en el que convergen los rumbos de una br\u00fajula, el pasaje entre cielo y tierra, lo divino y lo humano, lo propio y lo ajeno. Trazar una historia m\u00edtica de la idea de ombligo del mundo ser\u00eda, si no imposible, al menos larga. Los puntos predilectos para su ubicaci\u00f3n var\u00edan de un pueblo a otro, as\u00ed como sus or\u00edgenes se desdibujan entre los distintos relatos fundacionales. Sin embargo, algunas im\u00e1genes s\u00ed se repiten: el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">axis mundi<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> siempre es el lugar de d\u00f3nde se parte, nunca el destino. El lugar conocido sirve como microcosmos ordenador, mientras que lo extranjero promete la noche. Desde el centro, el viajero se lanza a la aventura con voluntad iluminadora. Todo reino es intermedio entre lo divino (que se mantiene siempre como un horizonte virtual) y lo que existe pero es a\u00fan desconocido (la tierra que se asoma sobre el horizonte actual). Pero, como viajeros hay muchos y la mayor\u00eda de los pueblos tienden a la dispersi\u00f3n, siempre se parte de puntos distintos. El axis mundi es una imagen que por su g\u00e9nesis se presta a la multiplicidad: el eje no es, necesariamente, un punto espec\u00edfico en el mapa, sino una suerte de esfera variable, que se expande y se reduce. Varios lugares pueden ser, en simult\u00e1neo, el ombligo del mundo, siempre que auguren la uni\u00f3n entre cielo y tierra.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">As\u00ed, se repite la imagen de la monta\u00f1a como eje sagrado, centro del centro: la monta\u00f1a se yergue sobre el punto privilegiado y crece en espiral, sobre dos rectas perpendiculares imaginarias, para ayudarnos a llegar a Dios. Las monta\u00f1as m\u00e1s altas son dignas de devoci\u00f3n: el Monte Fuji para los japoneses, el Monte Si\u00f3n para los antiguos hebreos. Pero tambi\u00e9n han habido culturas que, aunque admiradoras de lo celestial, han mirado hacia abajo buscando espacios sacros. A falta de monta\u00f1as, hubieron cuencas sagradas: la fuerza de lo c\u00f3ncavo como promesa de agua, de vida, de uni\u00f3n. As\u00ed, la cuenca de An\u00e1huac era conocida por la cultura Azteca como \u201cel ombligo de la Luna\u201d, superficie especular en que, vanidoso e indulgente, pod\u00eda reflejarse el astro para sentirse cerca de lxs de abajo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La axila no es monta\u00f1a, pero s\u00ed tiene mucho de cuenca: una depresi\u00f3n en la superficie del cuerpo, rodeada por alturas. Adem\u00e1s, todo cuerpo cuenta con dos de ellas. Las axilas son ausencia de horizonte, pero son eje: sobre su falta tambi\u00e9n se adora, se construye y se proyecta. Si el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">axis mundi<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> es centro del mundo, por qu\u00e9 no ignorar la hegemon\u00eda del ombligo y declarar a las axilas como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">axis corpus<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, puntos de fuerza que trazan una cruz sobre la figura, trayecto sacro de d\u00f3nde se lanzan a la aventura todos los viajeros.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">4.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Si entre las axilas, luego, se traza un nuevo centro insubordinado, si son eje fundamental de los cuerpos, imagen de simetr\u00eda, hay que volver a la pregunta de por qu\u00e9 tan negadas, por qu\u00e9 tan reprimidas. La historia de las axilas es accidentada, marcada por la verg\u00fcenza, irremediablemente hermanada con la historia de la depilaci\u00f3n. Si bien es posible que, dada su tendencia al mal olor, las axilas hayan estado desde tiempos tempranos relacionadas con lo imp\u00fadico, seguramente en esas \u00e9pocas exist\u00edan como un secreto en la misma medida en que lo hac\u00edan casi todas las partes del cuerpo, que por pudores y morales viv\u00eda mucho m\u00e1s vestido que hoy en d\u00eda. Las axilas como confidencia, entonces, datan de hace miles de a\u00f1os. No as\u00ed las axilas en tanto afrenta: la depilaci\u00f3n, al menos como se la concibe en occidente, no es tan vieja. Es decir: s\u00ed, siempre hubo individuos, incluso pueblos que se afeitaron, incluso antes de navajas y maquinillas. Pero para Occidente, hasta hace no tanto, el pelo era sagrado.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En su libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Plucked. A history of hair removal<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, la historiadora Rebecca Herzig narra en detalle la sorpresa que se llevaron los colonos cuando, apenas llegados a Am\u00e9rica, se encontraron con que muchos de los pueblos originarios, sobre todo sus hombres, remov\u00edan con ah\u00ednco casi todos los pelos de sus cuerpos. Para los europeos este acto no solo representaba una enorme ofensa a la virilidad, que presum\u00eda unas barbas suntuosas e incluso, todav\u00eda, algunas pelucas, sino que tambi\u00e9n era un total y absoluto misterio. No pod\u00edan, siquiera, tratar de adivinar c\u00f3mo eran los procesos que atravesaban los indios para llegar a estar as\u00ed de lampi\u00f1os.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Tuvieron que pasar varios siglos hasta que el exceso de pelo comenzara a parecerse m\u00e1s a una ofensa que a una ostentaci\u00f3n. La b\u00fasqueda por una tez suave como porcelana, sobre todo en las mujeres, comienza a dibujarse con el siglo XVIII: la mujer barroca era prolija y artificial como una mu\u00f1eca, blanca como la vajilla, coqueta como sus encajes. Sus atuendos pod\u00edan estar sobrecargados de colores y adornos, pero era imprescindible que su piel fuese tan lisa como posible. En esta \u00e9poca, y especialmente una vez entrado el siglo XIX, comienzan a comercializarse algunos primeros productos y herramientas para la depilaci\u00f3n, m\u00e1s que nada destinados a arrancar cualquier vello visible en el cuello, rostro, antebrazos, tobillos. Todo lo que hab\u00eda en el medio pod\u00eda seguir siendo una selva, una confirmaci\u00f3n de la madurez de las ni\u00f1as, un hecho conocido pero oculto. La depilaci\u00f3n no fue una necesidad ni una parte activa de los reg\u00edmenes de belleza hasta ya establecido el siglo XX.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">5.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La representaci\u00f3n de los cuerpos lampi\u00f1os, sin embargo, tiene una tradici\u00f3n m\u00e1s extensa que la depilaci\u00f3n en s\u00ed misma. Los desnudos del rococ\u00f3 en adelante son exponencialmente menos peludos que lo que la historia dice de las mujeres de la \u00e9poca. As\u00ed tambi\u00e9n, saltando en el tiempo, lo son las representaciones pict\u00f3ricas de Cristo. Porque, siendo honestos, qui\u00e9n no se ha preguntado, alguna vez, c\u00f3mo es que un hombre tan, pero tan sufrido, tan desafortunado, tan barbudo, tiene las axilas depiladas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En las diversas representaciones de Cristo se ponen en juego distintas estrategias y decisiones tanto pict\u00f3ricas como enunciativas. No se puede ignorar que el arte de representar la crucifixi\u00f3n no es, en s\u00ed mismo, tan antiguo, que no surgi\u00f3 como tal hasta la Alta Edad Media. Antes, Cristo posaba alejado de la escena de su muerte. La tradici\u00f3n ha variado con la historia, sobre todo en temas estil\u00edsticos, pero los elementos se sostienen: hay un hombre, de torso desnudo, y hay una cruz. Quiz\u00e1s, si es un Calvario, adem\u00e1s haya un paisaje. Quiz\u00e1s, lo que var\u00ede de manera m\u00e1s notoria sea el gesto del rostro: hay Cristos triunfantes, hay Cristos dolientes, hay Cristos pacientes. Pero el \u00e9nfasis es siempre el mismo: hubo dolor y hubo hero\u00edsmo. Cristo muri\u00f3 por nuestros pecados.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">No obstante, se ve que a pesar de tanto dolor, Cristo encontr\u00f3 el tiempo justo para lucir unas axilas lisas como las de un ni\u00f1o. Por supuesto, aunque no de especialistas, hay numerosas hip\u00f3tesis que podr\u00edan justificar esta tez. La primera de ellas, m\u00e1s historiogr\u00e1fica, sugiere que la crucifixi\u00f3n como tema art\u00edstico surge de la tradici\u00f3n escult\u00f3rica y que los artistas detr\u00e1s de su popularizaci\u00f3n no eran lo suficientemente virtuosos como para representar el detalle del vello en superficies como la piedra o la madera. Otra, m\u00e1s cruenta, una favorita personal, sugiere que a Cristo lo depilaron a latigazos. Que la fuerza del cuero contra la carne tuvo como efecto inmediato el desprendimiento de todos los pelos de su cuerpo. Que el cuerpo herido luce terso como la porcelana, pero agrietado como una vajilla vieja.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">6.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Existe otra tradici\u00f3n, de or\u00edgenes m\u00e1s bien paganos, que considera el hecho de pelarse como una forma de luto. En grandes cl\u00e1sicos, como La Il\u00edada o El Gilgamesh, hay h\u00e9roes que frente a la insoportable p\u00e9rdida de sus amigos (m\u00e1s bien amados) se cortan los cabellos, s\u00edmbolos de fuerza, sobre sus tumbas. En el Shahnameh, epopeya persa fundacional, la esposa e hijas del h\u00e9roe Siyavash, a su muerte, cortan de ra\u00edz sus cabelleras para reclamar contra la injusticia y duelar en paz. En ilustraciones del Antiguo Egipto, las pla\u00f1ideras, adem\u00e1s de deshacerse en l\u00e1grimas, se tiran y arrancan mechones, como emblema del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">no poder m\u00e1s<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. El gesto de cortarse el propio pelo se juega como un ejercicio de mutilaci\u00f3n sin dolor, una p\u00e9rdida f\u00edsica que significa un dolor tan intenso como el que trae la muerte. Pr\u00e1cticas de este estilo no hacen sino dejarnos a lxs lectorxs con numerosos personajes pelados, que no cargan esa calvicie como verg\u00fcenza ni castigo, sino como insignia y orgullo de sus corazones rotos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfPodr\u00eda ser, entonces, que las axilas peladas de Cristo sean un gesto de duelo autoinfligido? \u00bfUn lamento por su propia vida que se pierde? \u00bfHabr\u00e1 pensado en algunx amadx mientras se arrancaba cada pelo? Pero, tambi\u00e9n, desde la otra orilla, \u00bfno podr\u00eda ser que la Historia traiciona las voluntades individuales de sus m\u00e1rtires y que, como bien se sabe, acomoda cada relato para beneficio personal? Si la Historia quisiera verosimilitud, las axilas de Cristo ser\u00edan tan peludas como seguramente su tez ser\u00eda, en realidad, marr\u00f3n como la de un nativo de Medio Oriente. En cambio, nos queda el viejo y confiable Cristo gal\u00e1n, musculoso, suave, impoluto. As\u00ed, negar su vellosidad es quitarle toda su fuerza; su melenita hasta los hombros, \u00fanico desorden permitido para una estrella mundial. El corpus christi impedido de la fuerza que existe en su axis corpus se vuelve solo maniqu\u00ed.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Las axilas, eje de los cuerpos, promesa de paisajes, se esquilan como se tala el monte. Y, bien se sabe, de deforestar no quedan sino desiertos, tan inertes como las ruinas donde yacen Sodoma y Gomorra.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por <strong>Carmela P\u00e9rez Morales<\/strong><\/p>\n<p>Portada por Herbert Bayer<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De las axilas como cuerpo de agua &nbsp; 1. Supongamos, por ejemplo, que una axila es como un estanque: una cavidad peque\u00f1a, mojada, con fines meramente ornamentales. 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