{"id":5476,"date":"2024-09-13T13:07:07","date_gmt":"2024-09-13T16:07:07","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5476"},"modified":"2024-09-13T13:07:18","modified_gmt":"2024-09-13T16:07:18","slug":"cinco-entradas-para-la-agonia-de-las-imagenes-de-rodrigo-arroyo-por-jonnathan-opazo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/09\/13\/cinco-entradas-para-la-agonia-de-las-imagenes-de-rodrigo-arroyo-por-jonnathan-opazo\/","title":{"rendered":"Cinco entradas para La agon\u00eda de las im\u00e1genes de Rodrigo Arroyo \u2013 Por Jonnathan Opazo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><b>UNO. PRIMERO FUE LA MATERIA<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Recuerdo lo siguiente: hace diez o quiz\u00e1 doce a\u00f1os, la no tan Ilustre Municipalidad de Talca organiz\u00f3 una peque\u00f1a feria en la Plaza de armas de la ciudad. El evento en cuesti\u00f3n, como buena actividad de todas las provincias del orbe, reun\u00eda bajo el tax\u00f3n <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">cultura <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">cu\u00e1nta cosa se les ocurra: teatro, se\u00f1oras vendiendo plantas, puestos de antiguallas varias, lectura de poes\u00eda a micr\u00f3fono abierto <em>and so on<\/em>. Fue all\u00ed donde consegu\u00ed, entre otros, mis primeros ejemplares Inubicalistas: tapas blancas con alguna ilustraci\u00f3n, tama\u00f1o de fuente y disposici\u00f3n de cajas amable con el ojo, \u00f3rgano de la lectura; curator\u00eda editorial con lo m\u00e1s inubicable del panorama escritural no metropolitano, entre otras bondades que imantaban mi inter\u00e9s.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Apunto esto porque constato, y me parece relevante traerlo ac\u00e1, que de Rodrigo Arroyo conoc\u00ed primero los artefactos materiales que, junto al compa\u00f1ero Felipe Moncada, dise\u00f1aban y mov\u00edan en esta y otras ferias similares. El trabajo editorial, cuya <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">poiesis <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">es tan relevante como lo que hallamos entre tapa y tapa.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Como sea. No es ocioso recordar aqu\u00ed, para quien no lo sepa, que la portada del volumen que nos re\u00fane sea una de las tantas obras que Rodrigo ha pintado desde su tierna y clashera juventud como estudiante de artes de la UPLA. Poiesis en un amplio sentido: fabricaci\u00f3n de im\u00e1genes po\u00e9ticas, pero tambi\u00e9n de artefactos materiales que vehiculizan las palabras impresas que la permiten. Po\u00e9tica expandida a su manera cuyos rastros alcanzan tambi\u00e9n a la forma poema en la manera de ubicar el texto en la p\u00e1gina: a veces bloques de prosa chispeante, otros como jirones de una tela rasgada; tambi\u00e9n el tradicional escribir para abajo al que nos han acostumbrado varias d\u00e9cadas de verso libre; y as\u00ed.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cabr\u00eda preguntarse \u2013o preguntarle directamente a Rodrigo\u2014 por la contaminaci\u00f3n cruzada entre el trabajo gr\u00e1fico y material y las formas de afrontar la escritura. Un cuarto t\u00e9rmino, por decir algo, para agregarle a la triada poundiana (melo, fano y logopeia).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>DOS. LA CONVERSACI\u00d3N INFINITA<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pensaba el otro d\u00eda, a prop\u00f3sito de este libro: el poema es un lugar de resonancias y reverberaciones. Eco de m\u00fasicas legadas, palimpsestos que un arque\u00f3logo puede interrogar hasta dar con una imagen que nos lleva a otra y luego a otra y as\u00ed. Una red lanzada al mar que nos devuelve peces, algas, moluscos y otras criaturas. En este caso, un espacio de amplias dimensiones donde Paul Celan, Ingeborg Bachmann, Ennio Moltedo o Rub\u00e9n Jacob comparecen espectralmente en un di\u00e1logo que Arroyo sostiene con insistencia, como si el acto escriturario tuviera como principal objetivo \u2013aunque s\u00e9 que es extra\u00f1o y medio inc\u00f3modo traer ac\u00e1 esta palabra, que tanto suena a <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">sentido<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">direcci\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, cuando corresponder\u00eda m\u00e1s bien pensar en b\u00fasqueda, rodeo y extrav\u00edo; como principal b\u00fasqueda, entonces, dec\u00eda, sostener una conversaci\u00f3n con la memoria del desastre y lo que nos deja. Ese desastre que fue la guerra y el campo de exterminio en el caso de Celan, o nuestra propia noche milica en Moltedo. Desastres que son el germen de una duda radical e inc\u00f3moda: qu\u00e9 ocurre con nuestras palabras ante aquello, qu\u00e9 podemos decir. Balbucear, invocar al silencio, dar cuenta de la negatividad que hay en el seno del lenguaje, nos dir\u00eda Rodrigo. Escribir con cenizas. Dejar huellas en la arena.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Tenemos tambi\u00e9n el di\u00e1logo paratextual. Los ep\u00edgrafes de Pasolini, Mari\u00e1tegui y Unamuno son se\u00f1as de una especie de gram\u00e1tica pol\u00edtica que reafirman una cierta pol\u00edtica de la escritura: la inscripci\u00f3n hist\u00f3rica que ancla el di\u00e1logo que mencionaba m\u00e1s arriba y lo ubica entre aquellos intelectuales cuyo escepticismo (\u201cDurante un cierto tiempo, siendo joven, he cre\u00eddo en la revoluci\u00f3n como creen ahora los j\u00f3venes. Hoy empiezo a creer un poco menos\u201d escribe Pier Paolo) debe m\u00e1s a una tozuda lectura entrel\u00edneas de su tiempo que a un nihilismo desencantado y posmo. Mucho menos la exaltaci\u00f3n rom\u00e1ntica de un yo que busca en su absoluta singularidad una resistencia a la uniformidad exasperante del lenguaje plano del mundo de las mercanc\u00edas.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>TRES. LA MEMORIA FAMILIAR<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Hace poco le comentaba a un amigo una intuici\u00f3n a prop\u00f3sito de Jos\u00e9 Donoso y Carlos Droguett. En ambos, proustianos confesos y militantes, Combray est\u00e1 destruida. Los recuerdos involuntarios que los llevan, en el caso del primero, a los viejos caserones talquinos, son m\u00e1s bien ominosos, atravesados por la violencia. En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Conjeturas sobre la memoria de mi tribu<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, algo as\u00ed como sus memorias ficcionadas, todas las evocaciones del pasado huelen a encierro y humedad, a secretos familiares inconfesables. Droguett, por su parte, hizo de la violencia y el dolor un eje de su trabajo. La matanza del seguro obrero, dice, fue aquello que lo enferm\u00f3. Nunca pudo quitarse el olor a sangre de los ojos, para usar una imagen del pintor Francis Bacon.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Traigo esto a colaci\u00f3n porque Arroyo abre el conjunto de poemas con una dedicatoria familiar: madre y padre, hermanos, Jerardo, el abuelo, este \u00faltimo motivo del texto que abre el volumen. Cito los primeros versos:<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Mi abuelo muri\u00f3 al interior de una ciudad sin r\u00edos<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">despertando sin met\u00e1foras<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">im\u00e1genes ausentes de la infancia,<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">recuerdos que no puedo recordar sin volver al c\u00edrculo de piedras<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">donde aprendi\u00f3 a narrar frente a las llamas<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">al interior de una cat\u00e1strofe perpetua cuya vida hicimos propia<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">en medio del horror;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un lugar donde los muertos siguen vivos<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">y lo cercano es al mismo tiempo lo distante:<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">un mundo empobrecido compuesto por im\u00e1genes<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que propagan la ceguera y la violencia del afecto<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">al interior de las vitrinas.\u00a0<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pienso inmediatamente en el buen Raymond Williams y su concienzudo trabajo con el modo en que la literatura inglesa, desde el surgimiento del capitalismo y su consiguiente expolio de la vida rural, lidi\u00f3 con aquello que hist\u00f3ricamente se presentaba ante una sociedad completa como algo absolutamente nuevo: el surgimiento de la metr\u00f3poli moderna, la industrializaci\u00f3n, y un largo etc\u00e9tera. Tr\u00e1nsito hist\u00f3rico, guardando las distancias, del que tanto Rodrigo como otros ac\u00e1 presentes somos, en parte, hijos, en su versi\u00f3n sudaca con dictadores de poca monta, latifundio, agroindustria, jibarizaci\u00f3n del Estado y persecuci\u00f3n de todos aquellos triunfos que la clase obrera conquist\u00f3 durante el corto siglo veinte.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El estudio de la figura del abuelo sirve ac\u00e1 como un portal en el tiempo, \u201cun tiempo sin pasado\u201d, dice, \u201cdonde nos educaron para armar una familia y convertirnos en trabajadores\u201d. Tiempo si no mejor, al menos, puede colegirse, de cosas m\u00e1s o menos fijas que la voz del poema convoca como signo de lo irrecuperable. Esto \u00faltimo es tal vez una constante en el \u00e1nimo de los textos: dado que no podemos sino sospechar del lenguaje y su relaci\u00f3n con el mundo, la experiencia toda \u2013y la memoria, dicho sea de paso\u2014 parece estar condenada a estar en entredicho. Pero precisamente porque podemos reconocer esa fragilidad es que no queda otra cosa que escribir: dar rodeos en torno a un pu\u00f1ado de im\u00e1genes que nos salven del naufragio.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>CUATRO. UN NI\u00d1O QUE CAVA UN AGUJERO<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfQu\u00e9 im\u00e1genes salvar?\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Vuelvo al libro a revisar mis apuntes. Las marcas de l\u00e1piz mina en el ahuesado de la hoja. En el poema \u201cLos hundidos\u201d subrayo estos versos: \u201cUn ni\u00f1o cava un agujero \/ y aprende las mentiras \/ con que aprender\u00e1 a coser la oscuridad del dolor propio\u201d. M\u00e1s adelante, en ese mismo poema se\u00f1ala una \u201cinfancia que amanece \/ en los objetos que sobreviven a las ruinas\u201d. Otras, de \u201cEl contorno de las nubes\u201d: \u201cesparc\u00edamos la savia sobre el tronco \/ se nos pegaban los dedos \/ y ve\u00edamos las huellas de ese aromo en las paredes,\/ debajo de la mesa, en las rodillas. \/\/ Ve\u00edamos el dise\u00f1o de la ciudad sobre los c\u00edrculos de un \u00e1rbol,\/ formas tan simples y rudimentarias \/ como las primeras letras\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El cuerpo en primer contacto con el mundo como la experiencia po\u00e9tica por excelencia. Esto me env\u00eda r\u00e1pidamente al modo en que Gonzalo Mill\u00e1n retrata y trabaja esa etapa vital con una pericia envidiable. Me refiero a <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Relaci\u00f3n personal<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, publicado el 68. La potencia de esas im\u00e1genes contra la impotencia del lenguaje, pienso; \u201ctierra negra \/ musgo reseco \/ ramas rotas\u201d, escribe Rodrigo en otro poema; \u201cde alg\u00fan modo descubrimos la enciclopedia \/ el sinsentido de la vida\u201d, nos dice y remata con lo siguiente: \u201cde qu\u00e9 manera \/ hablar menos sin hundirse\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pero como ocurre en estos casos, estamos al filo de una forma de neurosis: s\u00e9 que el lenguaje no me alcanza, pero debo decirlo de todos modos. Porque estar vivo y recordar es un trabajo agotador, pero alguien tiene que hacerlo. Cavar el agujero. Construir algo, lo que sea, para menguar el dolor.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>CINCO. UN \u00c1LBUM DE FOTOS.<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">No quisiera extenderme demasiado por ahora. Esta lectura es apenas un vistazo y otros tendr\u00e1n su propio di\u00e1logo con el libro, cuya construcci\u00f3n, apunta Rodrigo como ep\u00edgrafe en las primeras p\u00e1ginas, \u201cqueda en manos de quien lee\u201d porque \u201clas palabras que le faltan permanecen m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9l\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Seguro que un porte\u00f1o reconocer\u00e1 en los poemas un paisaje com\u00fan, esa \u201cruina monumental\u201d, seg\u00fan dijera cierto personaje con \u00ednfulas de sabio de la tribu sobre la precariedad calculada de Valpara\u00edso; o la experiencia de la ciudad, cuya lenta rutina queda en entredicho cuando alguien decide romper un pedazo de vereda para transformarlo en proyectil; gestos de levantamiento y sumisi\u00f3n; y as\u00ed. La tarea est\u00e1 incompleta. Hay mucho por agotar ac\u00e1, me digo, pero paso el relevo en esta peque\u00f1a caminata.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cerrar\u00e9 con otra an\u00e9cdota, aunque algo m\u00e1s reciente. Los padres de Rodrigo viven en Quilpu\u00e9, que el a\u00f1o pasado sufri\u00f3 uno de los incendios m\u00e1s incre\u00edblemente devastadores de la \u00faltima d\u00e9cada. Quienes vimos todo esto por las noticias pod\u00edamos apenas entender la magnitud del desastre. Una de esas tardes, Rodrigo me envi\u00f3 una foto v\u00eda WhatsApp: era una bolsa de g\u00e9nero con los \u00e1lbumes familiares. Si el incendio crec\u00eda demasiado y alcanzaba la zona residencial donde estaban en ese momento, lo primero que rescatar\u00edan ser\u00eda era ese pedazo de historia com\u00fan que muchas familias guardan como un tesoro: las im\u00e1genes de su vida, fragmentos de luz y tiempo suspendidos. Rostros congelados que dicen: esto fuimos. Cuerda que alguien deja para los abismos del futuro.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Jonnathan Opazo\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Las \u00c1nimas, agosto de 2024<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sobre:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-5478\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Cubierta-frontal-La-agonia-de-las-imagenes-778x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"531\" height=\"699\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Cubierta-frontal-La-agonia-de-las-imagenes-778x1024.jpg 778w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Cubierta-frontal-La-agonia-de-las-imagenes-228x300.jpg 228w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Cubierta-frontal-La-agonia-de-las-imagenes-768x1011.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Cubierta-frontal-La-agonia-de-las-imagenes.jpg 942w\" sizes=\"auto, (max-width: 531px) 100vw, 531px\" \/><\/p>\n<p>La agon\u00eda de las im\u00e1genes<br \/>\nRodrigo Arroyo<br \/>\nKomorebi<br \/>\n2024<br \/>\n140 pp.<br \/>\nValdivia<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNO. 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