{"id":5468,"date":"2024-09-10T13:58:37","date_gmt":"2024-09-10T16:58:37","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5468"},"modified":"2024-09-10T14:05:13","modified_gmt":"2024-09-10T17:05:13","slug":"si-no-amara-la-tierra-por-luis-oyarzun","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/09\/10\/si-no-amara-la-tierra-por-luis-oyarzun\/","title":{"rendered":"Si no amara la tierra \u2013 Por Luis Oyarz\u00fan"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Santiago, 2 de enero, 1951<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Lo que me aterra en Chile es la torpeza humana, la elementalidad de la vida exterior. Mi pa\u00eds me produce la impresi\u00f3n de estar habitado por \u00e1nimas de devorador e infuso subjetivismo, en un plano inferior a la espiritualidad. \u00bfTienen esp\u00edritu los arquitectos chilenos? Si lo tuvieran, no construir\u00edan estos monstruos que son los nuevos edificios de Santiago.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El Horc\u00f3n, 22 de febrero, 1951<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Esto es Chile, este contradictorio pa\u00eds. Si no amara la tierra, algunos paisajes, algunos \u00e1rboles, no me sentir\u00eda unido a nada de \u00e9l. Desde lejos pensaba con entusiasmo en el salvajismo de estas tierras. Olvidaba que lo salvaje es muchas veces algo calcinado y destruido.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">21 de septiembre, 1951<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Bruma, aguas aceradas. El mar tiene hoy un vago horizonte. Parece que el alcohol se ha apoderado de los j\u00f3venes pescadores, que noche a noche beben hasta desplomarse en el Restaurante Central. Desde hace muchos d\u00edas est\u00e1n inactivos. Cuando hay sol, pasan horas tendidos en c\u00edrculo, en la arena candente. Veo aqu\u00ed tambi\u00e9n la miseria de la educaci\u00f3n chilena. Para las Fiestas Patrias, las profesoras, por cierto, se hab\u00edan marchado a Santiago y no habr\u00eda habido ning\u00fan acto c\u00edvico si Do\u00f1a Historia no hubiera organizado por su cuenta desfiles con banderas, cantos, recitaciones y pruebas al aire libre. Pero no participaban sino ni\u00f1os de corta edad. Los muchachos ni siquiera se interesaron por ser espectadores. Deber\u00eda haber en esta escuela un grado vocacional que estimulara las artesan\u00edas marinas; un peque\u00f1o coro, una biblioteca. Como a tantos pueblecitos de Chile, hasta aqu\u00ed no llega el Estado, el monstruo que ocupa Santiago. No hay una posta de primeros auxilios, ni un practicante. Nadie sabe poner inyecciones. En Europa, una peque\u00f1a caleta al margen del Estado ser\u00eda una bendici\u00f3n; ser\u00eda una comunidad libre, arraigada en sus tradiciones, en su propia riqueza. Esta, en cambio, es una comunidad elemental; ser\u00eda b\u00e1rbara, si la gente no poseyera una cultura moral casi innata, sin moralismo. Veo con tristeza la pobre vida chilena, la mugre, el desali\u00f1o, la falta de cosas. Fuera de la pesca, no se aprovecha aqu\u00ed nada de lo que el mar y el campo ofrecen a la fantas\u00eda creadora. Casi no existe el sentido del adorno. Los habitantes han vivido siempre en este villorrio. Muy pocos se mover\u00edan de \u00e9l. Sin embargo, parecen estar de paso y parecen extra\u00f1os a la creaci\u00f3n. No son de un mundo que se crea incesantemente. Pertenecen a las esferas oscuras de la pasividad. El pueblo chileno, en este bueno, humilde sentido creador, me parece impotente, trabado, sin arte. Un pueblo visceral. He visto innumerables escuelas que no eran solo pobres, sino paup\u00e9rrimas por falta de amor, de fantas\u00eda. Los maestros, casi todos, son incapaces de educar, pues aunque sepan un poco m\u00e1s que sus disc\u00edpulos, es la misma la rusticidad de sus almas. Los dignatarios son iguales. Contra el fr\u00edo del mar, contra la inhospitalidad de la naturaleza, solo tienen el fuego del aguardiente, del agua de la vida. \u00bfY despu\u00e9s?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">9 de diciembre de 1957<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Descubro en este instante que quiero irme, quiero regresar al resplandor de las costas del Pac\u00edfico, para tocar unas rocas que a\u00fan no han aprendido a temer a las explosiones at\u00f3micas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">21 de noviembre, 1961<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Siempre asocia mi coraz\u00f3n la primavera a la muerte. Este exceso de vidas ef\u00edmeras, este profusi\u00f3n de sol, esta luz que se materializa en p\u00e9talos, estambres, perfumes; esta inquietud sonora, las sombras s\u00fabitas de las nubes que empa\u00f1an los cantos de amor en la espesura, me imponen con su esplendor sensaciones de anhelo y de muerte. La juventud del cielo, sus bodas con la tierra florida, anulan mi voluntad y me dan la ansiedad, el asombro de la vida, el v\u00e9rtigo del no ser. El hombre moderno vive y agoniza para olvidar la muerte, y acaso por eso mismo se complace en hacerla violenta, en incorporarla de alg\u00fan modo al imperio de la voluntad. \u00a1Con cu\u00e1ntas empresas vac\u00edas creamos la densidad de la existencia! Nuestro tiempo es como el espacio colonizado por una ciudad sin belleza: una red de calles y de casas que no conducen a ning\u00fan para\u00edso.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pienso en dos amigos aplastados por un cami\u00f3n en un d\u00eda de fiesta, en un camino pesado de ruedas, a la hora en que las flores de los cerros chilenos se hacen tristes como los borrachos del campo, angustiosas las sombras de las cordilleras, siniestra la penumbra entre las primeras fogatas de los ranchos. Hay tristeza acumulada en estas tierras m\u00e1s que en otras del globo, y ella se apodera tambi\u00e9n de los hombres. Suyos fueron esos indios opacos que amasaron \u2013\u00bfte acuerdas\u2013? esas gredas descoloridas que desenterr\u00e1bamos de la arena humedecida por la noche. La tierra, pienso, es fecundada no solo por las semillas que vuelan, tambi\u00e9n por los ritos, por las im\u00e1genes de los hombres. \u00bfY d\u00f3nde han estado aqu\u00ed los ritos creadores, las bellas im\u00e1genes? Esta es una tierra sin hadas, sin elfos. Por eso se nos empobrece, se nos escurre entre los dedos, y tiembla debajo de nuestros pies. \u00a1Oh tierra nuestra sin fuego interior, sin dolores sublimes, tierra opaca, espejo nuestro! Esta es la tierra triste de unos hombres tristes. El vino se nos vuelve angustioso. \u00bfQu\u00e9 podr\u00e1 producir sino ceguera un vino sin danzas, sin fiestas, sin conjuros libertadores? Las almas pobres empobrecen la tierra. Nuestros suelos no recibieron la adoraci\u00f3n pagana, y el bautismo cristiano solo trajo las tristezas de la explotaci\u00f3n de los indios, de los negros, de los mulatos, de los mestizos. Nuestras tierras han sido regadas por sangres y sudores de duelo. No tienen el l\u00e9gamo de la alegr\u00eda colectiva, de la comunidad fundada en el amor, que detiene con sus exorcismos la degradaci\u00f3n angustiosa de nuestra madre gea. Parece que a\u00fan no hemos merecido ser se\u00f1ores de la tierra nosotros, esclavos, y todo lo manejamos mal, tercamente, con urgencias miopes, sin horizontes. Nos falta la distancia inspiradora, cosa incre\u00edble en el pa\u00eds de m\u00e1s largo horizonte, el que m\u00e1s colinda con distancias marinas que deber\u00edan estar pobladas de deseos, es decir, de dioses. El pobre costino, que muele sus terrones para sembrar sus lentejas, ni siquiera se inquieta cuando avanzan las dunas que le comen sus fanegas de suelo, y las deja que estrangulen su finca. Es la naturaleza, piensa, y siempre fue as\u00ed. Siempre ha sido as\u00ed. El hombre aplastado por una naturaleza que le pide socorro, porque la tierra, siento, no desea morirse, y ama por igual sus ciza\u00f1as y sus trigos, que son vida que cada a\u00f1o renace. La diosa Ceres visit\u00f3 nuestros campos. Se le interpuso nuestra Madre Mar\u00eda, acostumbrada a las tierras des\u00e9rticas, ignorante del deslumbramiento de las sementeras y las cosechas. El mes de Mar\u00eda es el mes de la primavera, que le da sus encantos, pero sus canciones son interiores, de puertas cerradas, de templos cerrados, con flores cortadas y ya descompuestas. No es el mes de las danzas festivales entre las colinas oradas de trigo, rojas de vi\u00f1as. La vendimia viene con la cuaresma y la Semana Santa, y la santa ebriedad de los primeros vino sabe a pecado en el tiempo del sacrificio del Se\u00f1or. Solo los d\u00e9biles villancicos de Navidad han dado un soplo de alegr\u00eda a nuestras fiestas. Despu\u00e9s, no puedo representarme a este pa\u00eds con la memoria libre de las grandes ordal\u00edas de los bosques en llamas. Todav\u00eda siento, en diciembre, el calor de unos d\u00edas sofocantes, de unas noches alumbradas por la brasa de los cerros ardiendo cerca de Santa Cruz, unos cerros ahora calvos y desnudos, de donde ven\u00edan en otro tiempo, hace apenas 30 a\u00f1os, unos muchachos desgre\u00f1ados de profundos ojos oscuros que vend\u00edan cubos de maqui y c\u00f3guiles, que se produc\u00edan en profusi\u00f3n en esos bosques de las quebradas y faldeos de las monta\u00f1as, con lianas, fontecillas y helechos, que todos igualmente perdimos, ellos, nosotros y nuestros hijos. \u00bfQu\u00e9 pod\u00edan hacer? No ten\u00edan m\u00e1s para vivir. Los propietarios de la tierra se dedicaban a fabricar carb\u00f3n de le\u00f1a y les regalaban esos miserables frutos. \u00bfQui\u00e9n ha amado esta tierra, para todos prestada? \u00a1Qu\u00e9 importa que se nos escurra, que se caldea desnuda y se parta, si nadie la ama y sostiene, si nadie la siente en verdad suya y de todos? La tierra dominada por el hombre d\u00e9bil, que se aprovecha de ella, como un amante clandestino de una mujer de mala vida, a la cual se puede inferir agravios sin castigo. No, no merecemos a nuestra tierra. Pienso en todos los himnos y discursos patri\u00f3ticos, justamente en estos d\u00edas en que los destructores m\u00e1ximos de la tierra se presentan como los due\u00f1os del patriotismo contra las sectas internacionales. El patriotismo, con todo lo que viene despu\u00e9s, comienza en la tierra. Habr\u00eda que preguntarles: \u00bfhas hecho buen uso de la tierra, que dices amar? La respuesta es obvia y falsa. \u00bfCanales de regad\u00edo? \u00bfTranques? S\u00ed, en buena hora, y con la ayuda del Estado, en todo caso, con el menor gasto posible, \u00bfY el resto? \u00bfAnte qui\u00e9n habr\u00e1 que rendir cuentas de tanto cerro pelado, de tantas tierras rojas sin \u00e1rboles ni p\u00e1jaros, de tanta quebrada seca, de los alerces perdidos, de las araucarias abatidas para siempre? \u00bfPodr\u00e1 encontrar justicia tanta tierra descuidada y perdida, tanto bien de todos, que nosotros, simplemente, dejamos irse al mar, con mortandad de peces, con cegueras de puquios, con muerte de p\u00e1jaros y flores? Presidir\u00e1 qui\u00e9n sabe un d\u00eda este tribunal, m\u00e1s severo que otros, el mismo que pronunci\u00f3 la par\u00e1bola de los talentos: \u201cTe di un pedazo de la tierra bien plantado de \u00e1rboles y ahora me lo devuelves yermo. Ahora sabes, te lo di para probarte. Te lo di lleno de flores y de cantos. Mira lo que me entregas. No me importa tanto la tierra como lo que hiciste con ella. Yo puedo crear donde quiera otra tierra, otras tierras. No me cuesta reparar lo que destruyes. Pero tu propia destrucci\u00f3n me importa y me cuesta. Cada tierra que te d\u00e9, aqu\u00ed o en los confines del Cosmos, ser\u00e1 tu retrato. M\u00edrate, en estos cerros secos, agrietados, sat\u00e1nicos. Aqu\u00ed no brotan semillas. Ni siquiera malezas. \u00bfNo es este, hijo m\u00edo, tu rostro?. Ojal\u00e1 record\u00e1ramos, despu\u00e9s de eso, al hijo Pr\u00f3digo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">19 de abril, 1964<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Necesito una vida m\u00e1s estable, con menos \u201cembriagueces de oto\u00f1o\u201d. Pero mi presentismo sudamericano me crea todo el tiempo tentaciones, y yo cedo. Las hojas doradas, los racimos de las vi\u00f1as, la aventura del d\u00eda. Si trabajara m\u00e1s, me sentir\u00eda m\u00e1s lleno de fuerzas, m\u00e1s feliz. Ciertos temperamentos responden bien a la teor\u00eda aristot\u00e9lica de la actividad. No me equilibro perfectamente en el reposo ni hago un para\u00edso de la dulce pereza. Me hace falta trabajar con amor y amar con trabajo. Si no, se me estancan las aguas y se me vuelven oscuras como el vinoso Ponto. Amo, en cambio, el reposo despu\u00e9s del trabajo, con ordenaci\u00f3n de papeles, im\u00e1genes, libros. Contestar las cartas. No tener que partir a la disparada en cualquier instante, en la experiencia del torbellino. Siempre he pugnado por huir de las estabilidades, por no permanecer. Pero qui\u00e9n sabe si, en \u201clos secretos de la madurez\u201d, sea ya la hora de \u201cvelar y contemplar\u201d. Hasta el amor est\u00e1 subordinado a esta necesidad de calma, que viene tambi\u00e9n de cierta fatiga. \u00bfHacer maletas? \u00a1Qu\u00e9 poes\u00eda en otro tiempo! \u00a1Qu\u00e9 tortura esta noche! \u00a1Hacer maletas! Despertar temprano y salir de viaje, con libros que no alcanzar\u00e9 a leer, con <\/span>cuadernos que volver\u00e1n vac\u00edos<span style=\"font-weight: 400;\">. Mejor ser\u00eda mirar en la quietud estos esmaltes, estos cuadros, estas plantas. Echar, al fin, ra\u00edces. Alguna ra\u00edz.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Arica, 30 de julio, 1964<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Los despoblados del Pac\u00edfico est\u00e1n llenos de momias. La tierra salina exhala pestilencia de mantos. En el valle de Lluta, cerca de Apoconchile, un hombre tan cubierto de polvo que parec\u00eda tambi\u00e9n un cad\u00e1ver reci\u00e9n resucitado, maneja una motoniveladora y va barriendo momias que quedan en el talud, al lado del viejo camino. Una de ellas fue una mujer de larga cabellera y este cruel despertar la sorprendi\u00f3 a piernas cruzadas, desnuda en sus huesos, mostrando las fosas nasales y los pocos dientes en una mueca de sue\u00f1o interrumpido. Ah\u00ed estaba aparragada como un lorito seco, toda tensa en su inmovilidad, en este paisaje inanimado, dormida y protestando. \u00a1Hasta cu\u00e1ndo! Irreverencia de los vivos. \u201cEsp\u00e9rense no m\u00e1s. Esp\u00e9rense no m\u00e1s. Yo no me canso de esperar. Espero. Seguir\u00e9 esperando\u201d. M\u00e1s all\u00e1, una cabeza seca separada del tronco, con olor a cola de pescado, los ojos fruncidos en sus cuencas vac\u00edas, la calavera erosionada sobre la arena. El motonivelador segu\u00eda all\u00ed evolucionando, solo en su torre rodante. Abajo, cerca del r\u00edo de aguas sulfurosas, amarillas de sed, un indio viejo con m\u00e1s facha de mendigo que de labriego, cortaba totoras, quemaba canutillos, tan indiferente a todo, que no contest\u00f3 a nuestros saludos. Se limit\u00f3 a mirar a trav\u00e9s de los agujeros de su m\u00e1scara de cobre.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">30 de marzo de 1965<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Los terremotos son tambi\u00e9n mentales, arrasan el subconsciente, lo abrazan y requiebran. Algo queda trizado en el alma despu\u00e9s de esos remezones que atestiguan la vitalidad del planeta y su incompatibilidad con el esp\u00edritu. Ya el chileno puede superar con creces el sentimiento cristiano de la precariedad de la vida, pues sobre este suelo la vida es no s\u00f3lo precaria y, como en todas partes, perecedera, sino eminentemente peligrosa: la vida es un cr\u00e1ter, en un basural, en un incendio de bosques, es algo m\u00e1s que el sentimiento tr\u00e1gico de la vida el que podemos nosotros desenvolver.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Estoy cada vez m\u00e1s convencido de que nuestro maridaje moral con la carne que es tierra es nefasto. Estoy solo clamando por la lengua de la materia una cosa distinta, hecha a la medida de lo que soy, de eso mismo que ignoro. He llegado a los l\u00edmites del abismo. \u00c1ngel m\u00edo de salvaci\u00f3n, p\u00e9rdida absoluta, h\u00e1blame hoy. La belleza del mundo no es una belleza. \u00bfQu\u00e9 hacer? Un hacer a la medida del esp\u00edritu humano. Todo sucumbe, todo se agrieta. Quisiera reconocer un astro nuevo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Luis Oyarz\u00fan<\/strong><\/p>\n<p>De sus Diarios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fotograf\u00eda de Marketa Luskacova<\/p>\n<p>Selecci\u00f3n de Miguel \u00c1ngel Guti\u00e9rrez<\/p>\n<p>Esta es la tercera y \u00faltima entrega con selecciones de los Diarios de Oyarz\u00fan.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/12\/07\/sobre-hijo-de-ladron-de-manuel-rojas-por-luis-oyarzun\/\">La 1ra fue sobre Manuel Rojas y su\u00a0Hijo de ladr\u00f3n<\/a><em><\/p>\n<p><\/em><a href=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/03\/14\/ya-sabra-usted-donde-encontrarme-apuntes-sobre-gabriela-mistral-por-luis-oyarzun\/\">La 2da fue sobre Gabriela Mistral<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Santiago, 2 de enero, 1951 Lo que me aterra en Chile es la torpeza humana, la elementalidad de la vida exterior. 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