{"id":5423,"date":"2024-08-19T16:32:09","date_gmt":"2024-08-19T19:32:09","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5423"},"modified":"2024-08-19T17:24:18","modified_gmt":"2024-08-19T20:24:18","slug":"decir-pajaro-pensar-mirlo-carla-renata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/08\/19\/decir-pajaro-pensar-mirlo-carla-renata\/","title":{"rendered":"Decir p\u00e1jaro, pensar mirlo \u2013 Por Carla Renata"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Desprender:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">emprender un vuelo <\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">huida<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">aleteo<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">migraci\u00f3n <\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">nido <\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">canto <\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">picoteo<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">carro\u00f1a <\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">desplazamiento <\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">una bandada<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">los afectos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Escribo, atrapo el vuelo de un recuerdo. No quiero olvidar mientras olvido. Escribo porque el encuentro con un p\u00e1jaro y su canto no se ataja con la mano, no se ataja con palabras que puedan traducir o dar con su fon\u00e9tica exacta; decir <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">este es <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">el canto de tal p\u00e1jaro.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Hace m\u00e1s de diez a\u00f1os, antes de o\u00edrlo cantar, doy con su presencia de hu\u00e9sped imprevisto. Vuelvo del colegio a casa, el bus avanza por Gran Avenida en direcci\u00f3n a San Bernardo, por la ventana lo veo volar intermitente. Al bajar, un tanto anonadada, lo pierdo de vista. Camino unas cuadras, llego a casa, afuera hay un \u00e1rbol que sostiene en una de sus ramas el mismo p\u00e1jaro que he visto sobrevolar el bus. No es verdad, no es el mismo p\u00e1jaro, pens\u00e9 con miedo. Durante catorce a\u00f1os nunca hab\u00eda presenciado un p\u00e1jaro negro en una poblaci\u00f3n de tierra y cemento, chincol y palomas. Nunca hab\u00eda presenciado un p\u00e1jaro que emprendiera el vuelo de la persecuci\u00f3n. Entro a casa, mi madre est\u00e1 ah\u00ed, le digo que me sigui\u00f3 un p\u00e1jaro, que est\u00e1 afuera de la casa. Sin dudar de mis palabras se asoma al antejard\u00edn, el p\u00e1jaro est\u00e1 en el techo de la casa, sigue ah\u00ed. \u00bfQu\u00e9 te puede hacer un p\u00e1jaro? \u00bfEst\u00e1s segura de que es el mismo p\u00e1jaro? \u00bfCu\u00e1ntos p\u00e1jaros negro-azulado se ven en el cotidiano de ese barrio? Ni yo ni ella hab\u00edamos dado con aquella presencia. Nunca tendr\u00e9 la certeza de decir por aquel encuentro, persecuci\u00f3n. La presencia del ave fue real y sigui\u00f3 en el techo de la casa por un breve tiempo. Antes contaba esta historia como una an\u00e9cdota paranormal, con el escepticismo y el \u00edmpetu humano de dar sentido a cualquier situaci\u00f3n, pero los p\u00e1jaros vuelan, persiguen as\u00ed sin m\u00e1s.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Molothrus bonariensis,<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> lleva por otros nombres: tordo renegrido, gamusino, cham\u00f3n par\u00e1sito, moraj\u00fa, tordo argentino, reina Josmary, chupin, mulata, vaquerita, azul\u00e3ovaquer, mirlo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Los machos son negro-azulado, las hembras de un gris m\u00e1s pr\u00f3ximo al caf\u00e9. Ellos no eligen el silencio como m\u00e9todo para escabullirse, resguardarse o refugiarse. Cuando cantan por las noches es para saberse ah\u00ed, en un sitio, para que no vengan otros moradores. Durante el celo y tras la copulaci\u00f3n, las parejas de mirlos no construyen sus nidos, habitan el de otras especies. Cuando cantan es para marcar un territorio, avisar a la bandada d\u00f3nde hay alimento. El macho comienza a ejercitar su canto hasta una vez llegada la primavera para convencer a la hembra de sus capacidades de reproducci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Hay p\u00e1jaros, otras especies, que se besan a modo de consuelo. Hay otros que se deprimen y por eso dejan de alimentarse, pero tienen una memoria inigualable que les permite recordar d\u00f3nde ocultaron las semillas que le ser\u00e1n de alimento para cuando decidan volver a comer. Otros tienen sus propios ritos f\u00fanebres cuando alguno de los integrantes de la bandada fallece. Los p\u00e1jaros cantan, son la euforia que oculta el bullicio citadino, entran al o\u00eddo como un paisaje sonoro de un lugar fresco.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un mirlo en la ladera del r\u00edo Mapocho que hurga el pasto, o cualquier pasto, es un trozo de cielo en la tierra. Su presencia es tambi\u00e9n ausencia. Pensarse p\u00e1jaro y desconocer su naturaleza. Hay p\u00e1jaros en la nieve y yo sue\u00f1o en blanco. Los mirlos son el brillo de una oscuridad. La nieve se derrite en las ramas de un \u00e1rbol y los p\u00e1jaros se sostienen, se deshielan. Escribo para atajar a los p\u00e1jaros, no en el sentido de propiedad, sino salir al encuentro de un animal por atajos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">atajar: salir al encuentro de un animal por alg\u00fan atajo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Decir p\u00e1jaro, pensar en mirlo. \u00bfEn qu\u00e9 especie piensas t\u00fa cuando digo p\u00e1jaro? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n? \u00bfD\u00f3nde van los mirlos? Porque ellos no vienen, una va y ah\u00ed ellos, por bandada o pareja, escasa vez en solitario.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Digo p\u00e1jaro por mirlo. Ellos son un mundo asociado, mi cuerpo extendido, una escritura del vuelo, del nido, de migrar, no por miedo, sino disgusto, como explica en uno de sus pasajes Vinciane Despret en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Habitar como un p\u00e1jaro<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. \u201cSola como un p\u00e1jaro\u201d, escribi\u00f3 Violeta Parra en una de sus tantas cartas dirigidas. Escribir cartas y que no lleguen a ning\u00fan destino, sentirse sola pero acompa\u00f1ada de p\u00e1jaros, leer otros p\u00e1jaros y sus encuentros. Pienso en Elvira Hern\u00e1ndez y Cecilia Casanova. Me recuerdo apoyada en una ventana y los p\u00e1jaros rompen el silencio en la posibilidad de una introspecci\u00f3n. En la ciudad los p\u00e1jaros sociabilizan constantemente o nosotras sociabilizamos con su encuentro.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Se me repiten los mirlos en el transcurso de los a\u00f1os, sin premeditaci\u00f3n acumulo los recuerdos donde los p\u00e1jaros estuvieron ah\u00ed, leyendo en el parque, volviendo a casa. Nada dicen los mirlos de mi andar, ning\u00fan p\u00e1jaro vuelve sobre m\u00ed una nueva persecuci\u00f3n, s\u00ed as\u00ed algunos hombres, tan oscuros en la noche como un mirlo, pero el mirlo no hace da\u00f1o, no es la noche, no es la violencia de los hombres que persiguen.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Como en muchos otros encuentros, no tengo certezas y me vuelco en la calle atenta a encontrarlos. \u00bfA qu\u00e9 vienen los mirlos o a qu\u00e9 voy yo en su b\u00fasqueda? No hay atisbos de encontrarse con el mismo mirlo, todos son negros, todos los p\u00e1jaros son el abandono. Describo cada encuentro con lo que alcanza mi mirada, hay p\u00e1jaros afuera y yo no tengo jard\u00edn. No aprend\u00ed nada de los mirlos, llegaron a un pasaje en cuarentena, el alboroto del vuelo y su bandada por ah\u00ed. Solo observ\u00e9. Internet me hizo saber que hay tres tipos de cantos y ahora no encuentro esa fuente, da igual, no aprend\u00ed nada de los mirlos. Pedaleo y me distraigo para encontrarlos. Los encuentro y me detengo, escucho, observo, hasta ahora cada una de estas acciones no ha sido m\u00e1s que placer, porque no he aprendido nada de los mirlos. Los vuelvo a encontrar, los sigo buscando, sigo leyendo, escribiendo, hasta que aprenda algo de los mirlos o hasta que no aprenda nada y esto solo se trate del placer de emprender un vuelo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00abLas voces de los p\u00e1jaros me recuerdan lo que haremos despu\u00e9s. El eco de un eco en retroceso, despavorido.\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cristina Rivera Garza.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Carla Renata<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desprender: emprender un vuelo huida aleteo migraci\u00f3n nido canto picoteo carro\u00f1a desplazamiento una bandada los afectos. Escribo, atrapo el vuelo de un recuerdo. No quiero olvidar mientras olvido. 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