{"id":5390,"date":"2024-07-09T13:04:05","date_gmt":"2024-07-09T16:04:05","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5390"},"modified":"2024-07-09T13:04:50","modified_gmt":"2024-07-09T16:04:50","slug":"el-fruto-dulceamargo-del-lenguaje-sobre-el-esplendor-de-la-granada-de-veronica-zondek-por-jonnathan-opazo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/07\/09\/el-fruto-dulceamargo-del-lenguaje-sobre-el-esplendor-de-la-granada-de-veronica-zondek-por-jonnathan-opazo\/","title":{"rendered":"El fruto dulceamargo del lenguaje. Sobre El esplendor de la granada de Ver\u00f3nica Zondek \u2013 Por Jonnathan Opazo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cuesti\u00f3n de montaje, extra\u00f1amiento y desestabilizaci\u00f3n de los signos: cuando leo la frase \u201cel esplendor de la granada\u201d pienso en el rojo radiante del fruto (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Punica granatum<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">), sus granos peque\u00f1os que brillan como l\u00e1grimas de sangre y las manos manchadas de quien lo come. Lo esplendoroso de la esa escena que el t\u00edtulo nos ofrece tiene, si se quiere, un cierto car\u00e1cter pict\u00f3rico: trae ante nosotros una imagen vibrante. Vean sino las granadas filmadas por Sergei Parajanov con ojo de pintor renacentista. La homonimia, sin embargo, puede llevarme del fruto al arma: el esplendor de la granada puede ser tambi\u00e9n el estruendo e inmediato fulgor del proyectil. Las pel\u00edculas de guerra nos han mostrado granadas por montones: granadas obsoletas que no explotan, granadas lanzadas desde una trinchera, granadas que explotan en la mano de un soldado torpe. La misma mano que abre un fruto puede portar un artefacto explosivo que descuartice a ese otro que la ficci\u00f3n b\u00e9lica de turno convierte en un residuo aniquilable.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Esa mano tambi\u00e9n puede escribir un poema.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>\u2734\ufe0e<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un arma y un fruto. Un fruto envenenado o un arma dulce. Una granada de mano que tiene en su interior, pong\u00e1mosle, pepitas de manzana y avellanas: un poema puede hacer, como en las antiguas moralejas b\u00edblicas, del agua un vino que al mismo tiempo sea, transmutaci\u00f3n de transmutaciones, la sangre del Cristo que pasa por la Tierra para dejar un mensaje de salvaci\u00f3n, un templo en ruinas, un traidor inmortalizado que cuelga de un \u00e1rbol, y as\u00ed. En la obra de Ver\u00f3nica Zondek, que este volumen compila en la nada despreciable suma de setecientas catorce p\u00e1ginas, obra reunida y no completa, somos, hip\u00f3critas lectores, los peque\u00f1os dantes de un largo paseo por el dulceamargo del mundo con el lenguaje a tientas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Nada humano ni animal ni vegetal le es ajeno a una po\u00e9tica expansiva en sus alcances y objetos, m\u00faltiples en referencias para e intertextuales: comparecen en di\u00e1logo extenso e intenso las reverberaciones de Vallejo y Mistral, Pizarnik y Ajmatova, los escombros de las viejas salitreras y la humedad ecofriendly de Ainilebu. Bien se\u00f1ala Damsi Figueroa que en los cuarenta a\u00f1os de trabajo escritural podemos identificar algunas etapas. Los dos primeros libros que Ver\u00f3nica Zondek public\u00f3 fueron escritos durante la dictadura militar y circularon tambi\u00e9n en ese momento, en vecindad con otras compa\u00f1eras de ruta de esos a\u00f1os nefastos: Soledad Fari\u00f1a, Carmen Berenguer y Elvira Hern\u00e1ndez, por nombrar a las m\u00e1s conocidas. Cabe agregar algo a prop\u00f3sito de caminos compartidos: en 1989, junto a Teresa Adriasola, preparan y publican un singular\u00edsimo artefacto po\u00e9tico que hoy circula como objeto de culto: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cartas al azar: muestra de poes\u00eda chilena <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1989), un mazo de naipes que despliega un listado de nombres y poemas que pueden ser ordenados sin jerarqu\u00eda ni orientaci\u00f3n can\u00f3nica. Frente a una tan masculina necesidad de organizaci\u00f3n categorial de la onom\u00e1stica literaria vern\u00e1cula, este chasconeo l\u00fadico es ofrecido ante nosotros, dado el caso, como un castillo de naipes tan o m\u00e1s fr\u00e1gil que las vanas pretensiones de inmortalidad y grandilocuencia mesi\u00e1nica de los versificadores que transitan por los pasillos de La Poes\u00eda Chilena.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">A esa \u00e9poca pertenecen <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Entrecielo y entrel\u00ednea <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1984), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La sombra tras el muro <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1985) y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El hueso de la memoria <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1988). Como en otras escrituras de la \u00e9poca \u2013Elvira Hern\u00e1ndez, pero tambi\u00e9n Carlos Coci\u00f1a, por ejemplo\u2013, la violencia pol\u00edtica salpica de muchas formas el lenguaje que los poemas intentan modular o resistir. En el caso de Zondek, lo que hay es la construcci\u00f3n de un lirismo que recuerda inevitablemente al tono eleg\u00edaco y poderoso de Mistral (\u201cVine a lavarme los pies al caudal inundado\/ y aunque un Dios dibujaba alaridos \/ fui maestra de temple\/ perita en navajas y exfoliar vidas\u201d). \u201cFui fertilidad en medio de la tormenta\u201d, escribe en el poema \u201cLuz en la ci\u00e9naga\u201d. Esa podr\u00eda ser una pol\u00edtica posible para leer en esa primera etapa: la de una voz que materna los elementos del mundo para acunarlos en un miasma de vida y podredumbre; generativo y aniquilador a la vez. Una especie de materialismo de amplio rango, si me lo permiten.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En otra clave, t\u00edtulos como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El libro de los valles <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2003), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La ciudad que habito <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2012) y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Fuego fr\u00edo <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2016), Zondek pliega su registro, como lo hicieran anta\u00f1o Mistral en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El poema de Chile <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y Neruda en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Canto general<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, a la geopoetizaci\u00f3n del paisaje: nombra especies varias, transita entre top\u00f3nimos, acusa la intervenci\u00f3n de esta o aquella versi\u00f3n sudaca del extractivismo, entre otras cuestiones que la vuelven susceptible de ser le\u00edda en clave <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">eco<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. El paisaje, para decirlo con Tim Ingold, es siempre artificial porque es coproducido. La intuici\u00f3n po\u00e9tica permite dar cuenta de aquello. Leamos, por ejemplo, un fragmento extenso de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Fuego fr\u00edo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">:\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfCree usted que un esqueleto ve?\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">(\u2026)<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Porque esqueletos hay\/ esqueletos de la sangre y esqueletos de la savia. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">Esqueletos\/ esqueletos por doquier\/ bosques muertos\/ bosques muertos por doquier.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Casas\/ casas deshabitadas\/ brocados finos\/ encajes perlinos\/ manteles sobre la hierba\/ almuerzos desnudos\/ hombres sin carne\/ sombras\/ sombras fabulosas\/ bosques fabulosos arropados en aguas canas\/ en vientos de nombres\/ de dioses\/ de tiempos qui\u00e9n sabe cu\u00e1ndo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Paisaje\/ paisaje que ya no<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">no<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">no es posible reconocer\/ recorrer\/ leer<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Si en Baudelaire la figura del ropavejero permiti\u00f3 entender al poeta como un recolector de desechos de la vida urbana en el capitalismo, Zondek, como tambi\u00e9n lo hace Rosabetty Mu\u00f1oz, parecen recoger otra clase de restos: la podredumbre vegetal, los restos agusanados de un tronco, una casa deshabitada que el viento desarma, los restos industriales de un antiguo terremoto. El uso de aliteraciones y an\u00e1foras, como en el fragmento que cit\u00e9 arriba, es recurrente en el ritmo escritural y constituye acaso una de las marcas de estilo evidentes de la obra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Punto aparte aunque seguido: escuchar a Zondek leer su obra constituye una experiencia particular, muy lejos de la lectura solitaria que cada cual hace en la micro, la cama o la silla del living. Su cadencia, cuyo vaiv\u00e9n y volumen var\u00eda seg\u00fan el ritmo interno del poema, evoca, si me lo permiten, una extra\u00f1a ambivalencia: parece como si nos estuviera narrando un cuento de hadas y una historia de terror al mismo tiempo. Su voz es suave, firme, y trae ante nosotros la mera materia del mundo; la inasible tesitura de lo real: el mismo fuego que enciende una estufa estuvo presente \u201cen la infernal hoguera de las Inquisiciones\/ o en la quema de libros con Torquemada\/ o en aquella \u00faltima\u201d. Es tambi\u00e9n \u201cese otro fuego tan perfecto\u201d, escribe Zondek, y quienes la hemos escuchado casi podemos traer su voz, como un espectro, hasta el caracol del o\u00eddo, \u201cese, el amarillo de Auschwitz, \/ rasgando carnes tan a\u00f1ejas y tan tiernas\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Este \u00faltimo pertenece a <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Por gracia de hombre<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, que originalmente cont\u00f3 con ilustraciones del reci\u00e9n fallecido Guillermo N\u00fa\u00f1ez.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y a prop\u00f3sito de colaboraciones, parte importante del corpus reunido ac\u00e1 es la conversaci\u00f3n feliz con el trabajo gr\u00e1fico de otros: las fotograf\u00edas Patricio Luco y Camila Molina en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Instalaciones de la memoria<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El libro de los valles <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">respectivamente; las ilustraciones de Gabriela Villegas en el caso de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Entrelagartas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Esta pr\u00e1ctica colaborativa no es nueva: Jorge Polanco lleva un rato largo investigando los cruces entre poes\u00eda y gr\u00e1fica y trayendo hasta nosotros nombres que muchas veces quedan relegados a un segundo plano en la historiograf\u00eda literaria: ah\u00ed est\u00e1n las colaboraciones de Sabella con Pedro Olmos, Trujillo con Pablo de Rokha o las revistas de Heddy Navarro. La decisi\u00f3n editorial de no descartar estas visualidades en el volumen habla \u2013y esto es una interpretaci\u00f3n m\u00eda\u2013 de c\u00f3mo la escritura no puede prescindir de ellas porque fue <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">pensada- con <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">esas im\u00e1genes. Quitarlas ser\u00eda como quitar a uno de los interlocutores de ese di\u00e1logo. Dejarlo trunco.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Dicho sea de paso, ese di\u00e1logo con otras pr\u00e1cticas y disciplinas permite sacar por un rato a la escritura po\u00e9tica de los m\u00e1rgenes estrechos de la literatura con ele may\u00fascula y su ronda de cortesanos defensores de los l\u00edmites disciplinares, los can\u00f3nicos c\u00e1nones y yermos campos, a pesar del buen Bourdieu. Si los versos de un poema se abren paso hacia una cantata, una composici\u00f3n de m\u00fasica electr\u00f3nica, un libro ilustrado o un grafiti, es porque late all\u00ed una energ\u00eda que sacude a quien tenga la buena voluntad de entregarse a ese remez\u00f3n de signos; a la desestabilizaci\u00f3n y el extra\u00f1amiento: porque el esplendor de una granada puede ser el vibrante color de la fruta o etc\u00e9tera, etc\u00e9tera.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nPor\u00a0<strong>Jonnathan Opazo<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sobre:<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-5391\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Captura-de-Pantalla-2024-07-09-a-las-12.53.42-724x1024.png\" alt=\"\" width=\"389\" height=\"550\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Captura-de-Pantalla-2024-07-09-a-las-12.53.42-724x1024.png 724w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Captura-de-Pantalla-2024-07-09-a-las-12.53.42-212x300.png 212w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Captura-de-Pantalla-2024-07-09-a-las-12.53.42-768x1087.png 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Captura-de-Pantalla-2024-07-09-a-las-12.53.42.png 988w\" sizes=\"auto, (max-width: 389px) 100vw, 389px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El esplendor de la granada<br \/>\nVer\u00f3nica Zondek<br \/>\nPoes\u00eda reunida 1984-2022<br \/>\nEdiciones libros del cardo.<br \/>\n716 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuesti\u00f3n de montaje, extra\u00f1amiento y desestabilizaci\u00f3n de los signos: cuando leo la frase \u201cel esplendor de la granada\u201d pienso en el rojo radiante del fruto (Punica granatum), sus granos peque\u00f1os que brillan como l\u00e1grimas de sangre y las manos manchadas de quien lo come. Lo esplendoroso de la esa escena que el t\u00edtulo nos ofrece [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":5392,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[443],"tags":[],"class_list":["post-5390","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-resena"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5390","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/32"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5390"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5390\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5393,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5390\/revisions\/5393"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5392"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5390"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5390"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5390"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}