{"id":5281,"date":"2024-05-27T15:30:35","date_gmt":"2024-05-27T18:30:35","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5281"},"modified":"2024-05-27T18:29:40","modified_gmt":"2024-05-27T21:29:40","slug":"manchas-informes-rostros-fantasmales-por-felipe-reyes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/05\/27\/manchas-informes-rostros-fantasmales-por-felipe-reyes\/","title":{"rendered":"Manchas informes. Rostros fantasmales \u2013 Por Felipe Reyes"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cruzo la Plaza de Armas de Santiago a paso lento, contemplativo, me muevo entre variedades de turistas y retratistas l\u00e1nguidos, entre un cat\u00e1logo de gentes que van y vienen ajenas a la oferta y la demanda prostibular bolivariana, o a los atarantados funcionarios camino a alguna parte. Un barrido en 360\u00b0 de un panorama que, en ciertos d\u00edas \u2013con cierta luz y extrav\u00edo melanc\u00f3lico\u2013, de tan conocido me llega a parecer ajeno.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Levanto la vista y me detengo en lo m\u00e1s alto del frontis de la Catedral, en la figura de la virgen Mar\u00eda con la clara mancha informe que se derrama por su cabeza en un manto de caca de paloma. Biso\u00f1\u00e9 blanco que tambi\u00e9n lucen Rosa y Santiago, los otros dos santos que miran, extraviados, la Plaza un poco m\u00e1s abajo, ataviados del mismo p\u00e1lido gris\u00e1ceo de excremento que a veces se escurre libre por el cuello y los hombros de las esculturas. Rostros fantasmales deformados por capas y manchas que anulan todo semblante, como en un cuadro de Mariana Najmanovich. Y en esa visi\u00f3n no s\u00e9 por qu\u00e9 pienso qu\u00e9 sentir\u00e1 el Papa cada vez que se asoma al balc\u00f3n del Palacio Apost\u00f3lico y ve la plaza San Pedro cagada por cientos de palomas. \u00bfHabr\u00e1 pensado acabar alguna vez con la complicidad eclesi\u00e1stica y eliminar a ese plum\u00edfero cag\u00f3n? Pero no es tan simple. Habr\u00eda que acabar tambi\u00e9n con las simbolog\u00edas: no m\u00e1s blanco emblema de la paz ni representaci\u00f3n del esp\u00edritu santo, ni la alba y c\u00e1ndida mensajera entreg\u00e1ndole a No\u00e9 la ramita de olivo para avisarle el fin del diluvio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Aunque la porf\u00eda de las palomas por ganarse la antipat\u00eda de la gente no tiene l\u00edmites, ellas est\u00e1n en todas las urbes del mundo. A esta plaga de plum\u00edferos les importa un moco la belleza de las ciudades, cagan todo, y a todos. A ellas solo les interesa comer lo que los turistas \u00f1o\u00f1os reparten para la foto del fanfarroneo tur\u00edstico de redes sociales.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Tal vez qued\u00f3 alojada en alguna parte de mi memoria una noticia que hab\u00eda visto en la cuenta de Instagram de alg\u00fan medio \u2013lectura de equilibrista en el Metro\u2013, dec\u00eda que en Italia el Estado gasta anualmente quince millones de euros en detergentes y quitamanchas. La caca de paloma es \u00e1cida y va deteriorando d\u00eda a d\u00eda los monumentos hist\u00f3ricos de las metr\u00f3polis (miro al cielo y pienso que, si ahora mismo una paloma caga en mi cabeza, debo lavarme de inmediato o tendr\u00e9 cr\u00e1teres de calvicie).\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Para sus declarados enemigos, el problema es la superpoblaci\u00f3n de estos pajarracos; eso, sumado a sus malos h\u00e1bitos de aseo. Seg\u00fan un experto en el tema, estos plum\u00edferos construyen sus nidos con cualquier material o desecho, incluso con cad\u00e1veres de otras palomas. La vida que encuentran en las grandes ciudades \u2013buenos escondites, abundancia de alimento, ausencia de depredadores y una temperatura m\u00e1s alta que en el campo\u2013 permite que una paloma se reproduzca tranquilamente hasta ocho veces al a\u00f1o, casi tanto como los conejos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El principal argumento que enarbolan los detractores de las palomas es que transmiten m\u00e1s de sesenta enfermedades, entre hongos, virus y bacterias, sin contar las garrapatas, que de vez en cuando deciden dejar su hoster\u00eda de plumas para pasarse al homo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">sapiens urbanus<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Sin embargo, los veterinarios aseguran que la probabilidad de contagio es m\u00ednima. Pero a los enemigos de las palomas no les importa la ciencia, la consigna es una: eliminarlas. Sus enemigos pueden estar en cualquier parte, como en la novela <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La Paloma<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en la que Patrick S\u00fcskind relata la historia de uno de estos plum\u00edferos que se instala con camas y petacas en el edificio del personaje, Jonathan Noel, para quien el encuentro con el p\u00e1jaro \u201cdesquici\u00f3 su existencia de la noche a la ma\u00f1ana\u201d, y transform\u00f3 su vida en una pesadilla digna del mejor Hitchcock, el tormento est\u00e1 en la propia casa: \u201cAl llegar arriba, sin embargo, muy cerca ya del sexto piso, volvi\u00f3 a inquietarle el final del camino: all\u00ed arriba esperaba la paloma, aquel animal horrible. Estar\u00eda sentada al fondo del pasillo con sus pies rojos, parecidos a garras, rodeada de excrementos y plumones vol\u00e1tiles, y esperar\u00eda, la paloma, con su temible ojo desnudo, y aletear\u00eda con estr\u00e9pito, roz\u00e1ndole a \u00e9l, Jonathan, con las alas; ser\u00eda imposible esquivarla en la estrechez del pasillo\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">O el padecimiento palomar del personaje del cuento \u201cLa Se\u00f1orita Cora\u201d (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Todos los fuegos el fuego<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">) de Julio Cort\u00e1zar, quien se queja de las bulliciosas y hediondas palomas que anidan en las cornisas del patio del hospital en el que est\u00e1 internado. En su agon\u00eda, y en total delirio, le dice a la enfermera Cora: \u201cSon las palomas, vas a ver, mam\u00e1, ya est\u00e1n arrullando como todas las ma\u00f1anas, no s\u00e9 por qu\u00e9 no las echan, que se vuelen a otro \u00e1rbol\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Neruda las ignor\u00f3 completamente dej\u00e1ndolas fuera de su <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Libro de P\u00e1jaros<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Ni siquiera una l\u00ednea para estas despreciadas aves. En cambio, Nicanor Parra \u2013seguramente para llevar la contra\u2013 se ocupa de ellas en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Poemas &amp; Antipoemas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y les dedica su \u201cOda a unas Palomas\u201d, en la que hace un llamado a estar atentos a su gen <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">okupa<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Que divertidas son<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">estas palomas que se burlan de todo,<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Con sus peque\u00f1as plumas de colores<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Y sus enormes vientres redondos.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Pasan del comedor a la cocina<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Como hojas que dispersa el oto\u00f1o<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Y en el jard\u00edn se instalan a comer<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Moscas, de todo un poco (\u2026)<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Pero al menor descuido se abalanzan<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Como bomberos locos,<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Entran por la ventana al edificio<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Y se apoderan de la caja de fondos.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">A ver si alguna vez nos agrupamos realmente todos<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">y nos ponemos firmes como gallinas que defienden sus pollos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Claudio Giaconi, en cambio \u2013quien vivi\u00f3 largos a\u00f1os en Nueva York dedicado al periodismo\u2013, en su poema \u201cA una paloma muerta\u201d (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El derrumbe de Occidente<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">) se detiene en una escena, fija una emotiva imagen callejera de una pareja de palomas:\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En la elegante Quinta Avenida<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">un auto arroll\u00f3 a una paloma.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Terriblemente herida en un ala<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">muri\u00f3 en espasmo lento en plena v\u00eda.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Sol\u00edcito, un palomo se detuvo a su lado<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">a protegerla contra el tr\u00e1fico<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">sin saber a\u00fan que estaba muerta.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Alguien se inclin\u00f3 a rescatar el ave<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">y evitarle al palomo una muerte parecida.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">En aleteo afligido la sigui\u00f3 el palomo.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Y en la noche fr\u00eda segu\u00eda all\u00ed<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">quieto contra el parapeto de la acera.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Lev\u00e1ntate palomita, le dec\u00eda<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">nos vamos a casar apenas apunte el d\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y tal como la ficci\u00f3n y los poemas hacen su agosto en una mente que divaga en el fango de un tema, las melod\u00edas llegan y se instalan en la cabeza del que las invoca. Canciones como la ultraversionada \u201cCucurrucuc\u00fa Paloma\u201d, del mexicano Tom\u00e1s M\u00e9ndez en la que un amante despechado se reencarna en un triste ejemplar palomo que cada ma\u00f1ana mortifica al barrio con su desgarrador lloriqueo. Al final parece que los vecinos, hartos de su llanto, la espantan a pe\u00f1ascazo limpio. Por estos lares, estos pajarracos parecen han gozado de una reputaci\u00f3n m\u00e1s amable y han sido carne de met\u00e1fora: V\u00edctor Jara, nost\u00e1lgico durante su estad\u00eda en Londres, las utiliz\u00f3 como transfiguraci\u00f3n rom\u00e1ntica del ser amado que estaba en Chile, y cantaba: \u201cPaloma quiero contarte que estoy solo, que te quiero \/<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">Que la vida se me acaba \/ porque te tengo tan lejos \/palomita verte quiero\u2026\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfY Tesla?\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El inventor pensaba que el sexo entorpec\u00eda la actividad cient\u00edfica, cuesti\u00f3n que se tom\u00f3 muy en serio y decidi\u00f3 llevar una vida de castidad para entregarse por entero a sus invenciones, a pesar de tener gran arrastre entre las mujeres por su prestigio cient\u00edfico. (Odiaba las perlas,\u00a0no soportaba verlas, tanto\u00a0que se negaba a hablar con las mujeres que llevaran alguna joya con las mentadas gemas). Tesla decidi\u00f3 no compartir su vida con ninguna mujer, pero desarroll\u00f3 un especial cari\u00f1o por las palomas: se preocupaba de alimentarlas diariamente, buscaba a las que estuvieran enfermas o heridas y las llevaba a su taller para curarlas; y si deb\u00eda alojarse en un hotel, acostumbraba tener un nido y un barril con granos para darles de comer; hasta lleg\u00f3 a obsesionarse por una de ellas, asegurando que \u201cle daba razones para vivir\u201d. A comienzos de la d\u00e9cada de los cuarenta \u2013poco antes de morir\u2013, le confes\u00f3 a John O\u2019Neill del diario <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">New York Herald Tribune <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">su estrecho v\u00ednculo con la emplumada elegida: \u201cHe alimentado palomas, miles de ellas, por an\u0303os. Pero hab\u00eda una de ellas, ave hermosa, de blanco puro con rayos grises en sus alas; esa era diferente, era una hembra. La reconocer\u00eda en cualquier lugar. Si\u0301, ame\u0301 a esa paloma; la ame\u0301 como un hombre ama a una mujer, y ella me amaba a mi\u0301. Era una luz real, una luz poderosa, deslumbrante y cegadora; una luz m\u00e1s intensa que la que habr\u00eda producido con las l\u00e1mparas m\u00e1s potentes en mi laboratorio\u201d. (El periodista despu\u00e9s dijo que de no haber tenido un testigo que confirmara lo que hab\u00eda escuchado por boca del propio Tesla, habr\u00eda estado seguro de que se trataba de un suen\u0303o).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Ahora pienso que, a estas alturas, la paloma de ciudad sabe que no es considerada comestible y se mueven como Pedro por su casa. Caminan a sus anchas entre los humanos, permiten que se le acerquen y hasta comen de su mano. Las muy patudas ya ni siquiera vuelan. Uno se les acerca y ellas solo dan unos pasitos para alejarse. Y si uno insiste, baten las alas para alejarse solo unos metros, pero es m\u00e1s un salto que un vuelo corto. Un simulacro.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Abandono la Plaza de Armas con estas ideas in\u00fatiles en mi cabeza, y pienso que tal vez las palomas han desarrollado una mentalidad aristocr\u00e1tica: desprecian las zonas rurales y los barrios perif\u00e9ricos, y creen que ganarse la vida significa pasearse por las plazas a esperar que los dem\u00e1s trabajen para ellas y las alimenten. Al igual que los respingados miembros de la burgues\u00eda y la clase pol\u00edtica, son in\u00fatiles, caras y ni siquiera sirven de atracci\u00f3n tur\u00edstica.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Felipe Reyes<\/strong><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de Marie Sechtlov\u00e1<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-5284 alignleft\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Captura-de-Pantalla-2024-05-27-a-las-18.26.49-667x1024.png\" alt=\"\" width=\"363\" height=\"557\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Captura-de-Pantalla-2024-05-27-a-las-18.26.49-667x1024.png 667w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Captura-de-Pantalla-2024-05-27-a-las-18.26.49-196x300.png 196w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Captura-de-Pantalla-2024-05-27-a-las-18.26.49-768x1178.png 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Captura-de-Pantalla-2024-05-27-a-las-18.26.49-1001x1536.png 1001w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Captura-de-Pantalla-2024-05-27-a-las-18.26.49.png 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 363px) 100vw, 363px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Felipe Reyes F.<br \/>\nRomper el mar congelado.<br \/>\nEditorial: Carb\u00f3n libros (se presenta este viernes 31 a las 13:00 en la Furia).<br \/>\n2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cruzo la Plaza de Armas de Santiago a paso lento, contemplativo, me muevo entre variedades de turistas y retratistas l\u00e1nguidos, entre un cat\u00e1logo de gentes que van y vienen ajenas a la oferta y la demanda prostibular bolivariana, o a los atarantados funcionarios camino a alguna parte. 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