{"id":5204,"date":"2024-04-17T08:05:17","date_gmt":"2024-04-17T11:05:17","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5204"},"modified":"2024-04-17T08:12:31","modified_gmt":"2024-04-17T11:12:31","slug":"vuelve-por-donde-viniste-por-anne-carson-traduccion-de-rodrigo-barra-valenzuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/04\/17\/vuelve-por-donde-viniste-por-anne-carson-traduccion-de-rodrigo-barra-valenzuela\/","title":{"rendered":"Vuelve por donde viniste \u2013 Por Anne Carson\u00a0\u2013 Traducci\u00f3n de Rodrigo Barra Valenzuela\u00a0"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><b><i>Guirnalda<\/i><\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Porque tiene el coraz\u00f3n roto y despu\u00e9s muere su madre, D y F se arrancan con ella por el fin de semana. El lugar al que van es un panal. Abejas surcan las calles y la noche. Abejas amontonadas, zumbando, brillantes y ansiosas, abejas err\u00e1ticas como navegantes, abejas chup\u00e1ndose unas a otras la cebada de sus barbas. D y F tambi\u00e9n son abejas y se adelantan para guiarla por el cauce. El cauce est\u00e1 ebrio. Tropiezan hasta la casa arrendada. Voy a estar bien, piensa ella.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Al d\u00eda siguiente arriendan bicicletas. D y F se lanzan sendero abajo. Ella pedalea con fuerza, se estanca en una duna, rasmilla su pierna y vuelve a empezar. Esto le pasa cuarenta y cinco veces. No me subo a una bicicleta desde los diez a\u00f1os, le cuenta, a nadie. Gotas de sudor caen por ambos lados de su nariz. Incluso entonces pap\u00e1 se rindi\u00f3 conmigo. Dos d\u00edas menos, piensa.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por la ma\u00f1ana, junto a la mesa de picnic, un gato callejero dormita mientras D come muesli y lee en voz alta una revista para hombres musculosos. Me podr\u00eda dar otro, se\u00f1or (otro suplemento de prote\u00ednas). Fotos de hombres que han trasladado el interior de sus cuerpos al exterior tirando de cadenas mientras rel\u00e1mpagos salen de sus cabezas. Otros de camisa blanca y corbata levantan yunques. Cuando una lee a G\u00f3gol (se\u00f1ala Nabokov) los ojos se \u201cgogolizan\u201d \u2013las personas apasionadas por los abrigos comienzan a aparecer en pueblos que nunca conocieron el fr\u00edo o la nieve. Se pregunta: \u00bfVer\u00e9 hoy poleas para mega pectorales recorriendo los ruborosos caminos del panal?.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Para pasar el tiempo, escucha a escondidas (en un caf\u00e9). \u00bfTe tienta? Siempre me ha tentado. Bueno, \u00bfy a m\u00ed?, \u00bfno podemos solo ser libres, as\u00ed, como ahora? Creo que es una locura, a no ser que est\u00e9s real, realmente&#8230; Y ya sabes que si pierdo, me tiento. No sab\u00eda que te sent\u00edas as\u00ed, de lo contrario te habr\u00eda agradecido, pero. Es un poco dif\u00edcil ahora. Recuerda que ni siquiera reconocimos al patinador sobre hielo. S\u00ed, yo s\u00e9. Una fantas\u00eda no es una persona. Pero la extra\u00f1o como a una persona. Y entonces el d\u00eda acaba con una agitada y est\u00fapida discusi\u00f3n entre D y F en el patio delantero de un restaurant. Durante toda la pelea ella tiene en la garganta un pedazo de at\u00fan sellado. Quieres que yo sea distinta. Quiero que no seas nada. Eso es metaf\u00edsicamente imposible. Ay, \u00e1ndate.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">A\u00f1os despu\u00e9s, cuando ya no est\u00e1n juntos, ella se pregunta c\u00f3mo fue para D y F arrastrar algo como una quinta pierna, subiendo y bajando las pasarelas iluminadas, entrando y saliendo de oscuras tiendas donde se probaban ropa y ella lloraba, m\u00e1s all\u00e1 de las terrazas y los bares, los gritos, las fiestas sexuales y otros protocolos ef\u00edmeros de la gente. Ahora, hab\u00eda vuelto a la casa arrendada, cubierta de miel sucia, y se tumb\u00f3 de espaldas en su cama de una plaza.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En la playa (el \u00faltimo d\u00eda), mira hacia abajo y piensa: tengo los pies de mi madre. Ahora solo lee libros escritos por personas llamadas Margaret, para sentirse cerca de ella. No tan cerca. Sus pobres pies. En terapia (intenta volver a los buenos tiempos) record\u00f3 cuando fueron a la playa, sin frenos en el auto, y mientras retroced\u00edan por la entrada su mam\u00e1 le dijo: bueno, es cuesta abajo hasta el mar y ah\u00ed veremos. Y eso hicieron. No recuerda c\u00f3mo volvieron a la casa. Nunca le dijeron a su padre o a su hermano que fueron a la playa. Lo ocultaron como a una guirnalda en el fondo del closet, para mirarla de vez en cuando mientras se ordenan las cosas de adelante.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>M\u00e9xico\u00a0<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">No es como que fueran inofensivas. Entre ellas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Dos personas muy unidas pueden hacerse da\u00f1o aunque sea con las mejores intenciones. O sin intenci\u00f3n alguna.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Era una casa peque\u00f1a y, ahora que el pap\u00e1 se hab\u00eda \u201cido al hogar\u201d, irradiaba el silencio. Por la noche se sentaban cada una en su pieza, leyendo, no leyendo. Los domingos llamaban a un taxi e iban a ver al pap\u00e1. (Ninguna manejaba. Su pap\u00e1 sol\u00eda manejar). Quienes eran ellas para \u00e9l no estaba claro. No le importaban las visitas. La vieja trajo uvas y la m\u00e1s joven sonr\u00ede como una idiota. Se sentaron con \u00e9l en la cafeter\u00eda, colocando uno a uno los platos bajo su mirada mientras com\u00eda. No levant\u00f3 la vista. Luego deambularon in\u00fatilmente por la pieza. La pieza la compart\u00eda con un hombre que nunca cerraba los ojos. Sus p\u00e1rpados no funcionaban. Dec\u00eda que se estaba acostumbrando a ello. Dec\u00eda, tambi\u00e9n, que los m\u00e9dicos ten\u00edan miedo de intervenir, por la posibilidad de que sus parpados, en cambio, decidieran cerrarse.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Ambas se preguntaron si hablar. Entre ellas. \u00bfPor qu\u00e9 no ahora, que hay tiempo? Pero no lo hicieron. Las preguntas que me hace son todas preguntas desplazadas \u2014no importa qu\u00e9 responda, siempre estoy medio equivocada, pensaba la m\u00e1s joven (esa era una excusa). Las estrellas no se re\u00fanen\u2014 explotar\u00edan (esa era otra). La situaci\u00f3n dibujaba en ella esta suerte de dramatismo, que confiaba a un cuaderno del que a\u00f1os despu\u00e9s se burlar\u00eda. Si era necesario conversar, ello consist\u00eda en intuir lo que la otra quer\u00eda o\u00edr y decirlo. Si su mam\u00e1 pasaba los l\u00edmites (cons\u00edganme Nembutal, m\u00e1tennos a las dos), la hija apretaba la sonrisa y se apuraba en terminar de comer. Una vez se rieron mucho juntas. De manera oficial, en letras cursivas pegadas sobre el escritorio de registro, el pasillo cerrado donde su pap\u00e1 viv\u00eda se llamaba \u2018Nuestra Milla de Oro\u2019, pero su mam\u00e1 esa vez lo llam\u00f3 \u2018La \u00daltima Vuelta\u2019, y aunque hab\u00eda sido tan chistoso como para luego cont\u00e1rselo por tel\u00e9fono a otras personas en la noche, la hija no le hizo ning\u00fan comentario a su madre. No le dijo gracias. Se rieron y luego se detuvieron: el abismo a sus pies. Ser\u00eda dif\u00edcil describir, o luego en otros a\u00f1os creer, el enorme peso de cada palabra en esos d\u00edas. Reunir lo suficiente para armar una frase era como encontrar la fuerza de un h\u00e9roe de la mitolog\u00eda antigua, un Heracles o un Teseo, quienes con piedras cicl\u00f3peas construyeron las murallas de Troya, cada una m\u00e1s grande de lo que diez hombres normales podr\u00edan levantar hoy. Su madre era aficionada de los viajes espaciales y le gustaba la idea de morir en Marte. Hablaron un poco de esto, a ratos, mientras en las noticias sal\u00edan cohetes despegando. Pero se puso oscuro.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfQu\u00e9 habr\u00edan visto si se hubieran asomado a ver en la profundidad de la otra? Pero no lo hicieron. Aun haciendo tareas juntas, desgranar ma\u00edz, lavarlo a \u00e9l, miraban para el lado. La falta de asombro se interpon\u00eda entre ellas, como un bloque, borrando algo cada vez que aparec\u00eda. Estar correctamente (\u00a1mata al padre!) asombrada o tener la capacidad de asombro es algo que ocurre m\u00e1s en las obras de teatro que en la vida.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Como sea, un domingo volv\u00edan de visitar a su padre, justo doblando para salir de la carretera y entrar en el camino a casa, un d\u00eda caf\u00e9-gris\u00e1ceo de noviembre. El taxi tom\u00f3 el camino de tierra. Hab\u00eda hierbas caf\u00e9-gris\u00e1ceas saliendo de una mancha caf\u00e9-gris\u00e1cea de nieve en busca de algo de luz \u2014ella pod\u00eda verlas en su mente a\u00f1os despu\u00e9s\u2014, tambi\u00e9n algunos \u00e1rboles feos y delgados y una zanja negra. Una grieta en la ventana dejaba entrar el olor a ra\u00edces, ceniza, agujas y el fr\u00edo. Era algo tarde, pero la luz y la vida parec\u00edan filtrarse por ambos lados del d\u00eda. La visita no hab\u00eda sido ni mejor ni peor que otras veces, salvo que, mientras estuvo all\u00ed sentada viendo c\u00f3mo un cr\u00e1neo lustrado de pap\u00e1 se tambaleaba por encima de ropa que en gran parte reconoc\u00eda, su interior se volvi\u00f3 oscuro y peligroso. Ahora el taxi giraba a la izquierda, pasando el cementerio, pasando el viejo liceo abandonado donde su pap\u00e1 hab\u00eda colgado una vez su peque\u00f1o gorro en un perchero, m\u00e1s all\u00e1 de las aberturas entre los \u00e1rboles por donde empezabas a ver el lago. En el asiento de adelante, su madre conversaba con el taxista (Clayton) sobre su artritis, o la artritis de su esposa, o de Marte. La artritis de su esposa era peor que la de \u00e9l, y luego ella desarrollar\u00eda la habilidad de manejar con los nudillos cuando Clayton muriera, repentinamente, justo despu\u00e9s de navidad.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En el asiento de atr\u00e1s, miraba por la ventana intentando no escuchar al asiento de adelante, manteniendo su pensamiento en cosas dispersas \u2014la cena, n\u00fameros, navidad, una obra de arte de la que una vez escuch\u00f3 hablar, que se llamaba algo as\u00ed como &#8220;Caballos corriendo sin fin&#8221;. \u00bfLo hab\u00eda so\u00f1ado? No. \u00bfLo imagin\u00f3? Tal vez. \u00bfFue en M\u00e9xico? \u00a1S\u00ed!, era M\u00e9xico. Un ajedrez en miniatura: todas las piezas eran caballos. Y M\u00e9xico vino a ella como una alteraci\u00f3n de la muerte al d\u00eda, s\u00f3lo la palabra, s\u00f3lo el pensamiento, las peque\u00f1as pezu\u00f1as golpeando el tablero de cinco cent\u00edmetros, los peque\u00f1os corazones agit\u00e1ndose en los peque\u00f1os pechos calientes, los diminutos miembros anteriores y posteriores y las melenas brillando con el roc\u00edo de un peque\u00f1o amanecer mexicano. En todas las direcciones la vida volvi\u00f3 a ella, como un color, y dej\u00f3 caer su frente en la ventana congelada, imagin\u00e1ndose de repente cont\u00e1ndole esto a su madre en la cena. Era algo ajeno a las dos, gallardo, belicoso y, claro, ella no usar\u00eda palabras tan elegantes como esas, pero algunas palabras, otras palabras, aparecer\u00edan. Val\u00eda la pena intentarlo. No vuelvas por donde viniste, acostumbraba a decir su pap\u00e1 cuando sal\u00edan a dar una vuelta los domingos. Vuelve por otro camino.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b><i>Problemas en el para\u00edso\u00a0<\/i><\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Mi suegra mide un metro cuarenta. Cuando la abrazo, me siento grande, bestial, ligeramente desleal; mi propia madre, ahora muerta, tambi\u00e9n era peque\u00f1a. En otras cosas no se parecen, excepto por la opini\u00f3n de que me visto mal y que soy emocionalmente oscura, que compartir\u00edan. Que alguien deber\u00eda llevarme \u201ca comprar ropa\u201d es una amenaza latente. Esta noche mi suegra y yo lavamos los platos. Es la noche de navidad. Estamos en Ohio. Su nombre es Verna. Ella lava, yo seco. El pa\u00f1o de cocina que le regal\u00e9 el a\u00f1o pasado para Navidad tiene caricaturas de personajes famosos de Bloomsbury. Verna cuenta historias sobre Mildred, su mejor amiga, que muri\u00f3. Mildred me ense\u00f1\u00f3 todo lo que s\u00e9, dice. Mildred me ense\u00f1\u00f3 a entretener. Escucho a medias, record\u00e1ndome secando los platos de mi madre. Recuerdo el silencio, la inquietud, la impotencia de mi parte. De verdad quer\u00eda hablarle, u o\u00edrla hablarme. Siempre igual, noche a noche, a\u00f1o tras a\u00f1o, tiesa a su lado en el lavadero, nerviosa de que me hiciera una pregunta o insinuara algo de s\u00ed misma. Nos dominaba un miedo de v\u00edsceras. Ambas ten\u00edamos los intestinos neur\u00f3ticos. Y una especie de rabia continua e infundada. As\u00ed que cuando digo \u201cquer\u00eda hablarle\u201d no es tan cierto. Nunca lo quise en el momento. Lo quise antes, lo quise despu\u00e9s, lo quiero ahora, nunca lo quise en el momento. Ese momento siempre era el momento equivocado, yo estaba furiosa. \u00bfSon las otras familias as\u00ed? S\u00e9 que pongo la vara alta, pero no puedo imaginar que hubiera alguna vez un momento equivocado para hablar en, no s\u00e9, Bloomsbury. Pero entonces ac\u00e1 est\u00e1 Virginia Woolf (de \u201cUn esbozo del pasado\u201d):\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">Somos recipientes sellados flotando en lo que conviene llamar realidad; en algunos momentos, sin una raz\u00f3n, sin un esfuerzo, la materia del sello se fisura; la realidad influye\u2026<\/span><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfFue Virginia Woolf quien nos ense\u00f1\u00f3 a adorar estos influjos de realidad, sin los cuales s\u00f3lo navegar\u00edamos junto a otras personas por un mar de conveniencias? Pero ac\u00e1 es la noche de navidad en Ohio y una fisura comienza a aparecer. Me paro cerca de mi suegra con un pa\u00f1o de cocina empapado en la mano, ponderando la bondad de la conversaci\u00f3n. Habla sobre la \u00faltima vez que vio a Mildred. Una pieza de hospital. Mildred, debilitada por uno de esos c\u00e1nceres que te matan en una semana, ya no puede comer, chupa un trozo de hielo, tiene un tubo en la nariz y, cuando Verna se inclina en la cama para preguntarle si hay algo que ella pueda hacer, Mildred la mira, mueve el tubo y le dice: Verna, ahora mismo dar\u00eda el mundo por uno de tus Martini\u2019s. Al d\u00eda siguiente, Mildred est\u00e1 muerta. Mi pa\u00f1o de cocina, ya un oblongo empapado, lo doblo en tres buscando otra esquina seca. Entonces, \u00bfcu\u00e1ndo muri\u00f3 Mildred? Le pregunto. Y Verna responde: en 1965. \u00bfQu\u00e9 es un ser mortal? Un viento, un sue\u00f1o, una sombra, nos contaron los viejos poetas griegos; pero yo no se lo digo a Verna. S\u00f3lo repito: \u00a11965! Incr\u00e9dula.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">De la otra habitaci\u00f3n llega el sonido de la tele. Es un especial de navidad sobre la guerra; entrevistan a un soldado de alg\u00fan ej\u00e9rcito, pienso que israel\u00ed, cuya tarea consiste en aparecerse en lugares donde un ni\u00f1o o una mujer fueron asesinados y ponerles armas entre sus cuerpos. Estrujo el pa\u00f1o. Todo lo que quiero de una madre es entra\u00f1able-agotador, rabioso-fluido, chocante-vivo y estructurado como un alarido. Todo lo que me atrevo a pedirle es esta conveniencia. Limpiamos la mesa. Colgamos la toalla y la esponja. Cuando era chica entend\u00eda que el mundo estaba hecho de papel, y que todos deb\u00edan pisar con cuidado o quebrar el papel. Quer\u00eda una expresi\u00f3n para eso, para el quiebre. Pensaba, sigo pensando, que esa expresi\u00f3n est\u00e1 guardada en alg\u00fan lugar, por encima de nosotros, en una especie de niebla o capa secreta. Nunca me di cuenta que Verna ha cargado por cincuenta a\u00f1os el fantasma de Mildred, frente a su mente, como astas imposibles. Los juicios que nos hacemos unas a otras no son muy sensatos, \u00bfverdad? Ahora Verna limpia las manchas de la cocina con la esquina de su delantal. Ven, vamos a ver tele, le digo. Traje una pel\u00edcula. Es Lubitsch\u2014te va a gustar.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Publicado en The New Yorker en octubre del 2016 bajo el t\u00edtulo\u00a0<em>Back the Way You Went<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Anne Carson<\/strong><\/p>\n<p>Traducci\u00f3n de Rodrigo Barra Valenzuela<\/p>\n<div class=\"ContentHeaderAccreditation-lfctVB jjNGkZ content-header__accreditation\" data-testid=\"ContentHeaderAccreditation\">\n<div class=\"ContentHeaderByline-kmPyCa gvUmxJ\">\n<div class=\"ContentHeaderBylineContent-dpPmNn DRFq\">\n<div class=\"BylinesWrapper-KIudk irTIfE bylines ContentHeaderBylines-cZqgyJ bqbBYQ\" data-testid=\"BylinesWrapper\">Fotograf\u00eda de Hans Bellmer<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guirnalda Porque tiene el coraz\u00f3n roto y despu\u00e9s muere su madre, D y F se arrancan con ella por el fin de semana. El lugar al que van es un panal. Abejas surcan las calles y la noche. 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