{"id":5143,"date":"2024-03-25T16:35:15","date_gmt":"2024-03-25T19:35:15","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5143"},"modified":"2024-03-25T16:35:30","modified_gmt":"2024-03-25T19:35:30","slug":"sobre-dios-duerme-en-la-piedra-por-ramiro-perez-rios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/03\/25\/sobre-dios-duerme-en-la-piedra-por-ramiro-perez-rios\/","title":{"rendered":"Sobre Dios duerme en la piedra \u2013 Por Ramiro P\u00e9rez R\u00edos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">Dios duerme en la piedra<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y reposa en el detalle. La novela de Mike Wilson sucede en la descripci\u00f3n minuciosa de las acciones. Cada cap\u00edtulo es una escena y cada escena se despliega en todas las acciones (por nimias que sean) que pueda contener. Ah\u00ed, en el puntillismo narrativo, reposa la novela. La cuasi suspensi\u00f3n de los hechos resulta parad\u00f3jica al saber aquello que se narra: el fin de los tiempos. Como si mediante el relato se buscase detener (\u00bfatesorar?) esos segundos previos al instante del colapso. Esos \u00faltimos instantes en la Tierra acontecen en las ruinas de la civilizaci\u00f3n de camino al apocalipsis. En este western objetivista apocal\u00edptico prima la presencia del espacio y sus objetos. Quiz\u00e1s imperan y destacan debido a su escasez: ante la nada destaca todo. All\u00ed, en la superficie de lo precario, est\u00e1 la realidad del relato. En el desierto arquet\u00edpico, todo aquello que no es arena resalta con certeza.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un instante espacial suspendido en el tiempo permite la enumeraci\u00f3n de todos los elementos que lo conforman. Sin el tiempo sucediendo, modificando con devenir la disposici\u00f3n de la imagen, podemos relajarnos de saber que podremos completar la lista, que podremos contemplar su totalidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En cambio, una imagen en movimiento complica la tarea. El tiempo, villano, modificar\u00eda la disposici\u00f3n y aparici\u00f3n de los elementos que la constituyen. La lista ser\u00eda infinita y estar\u00eda siempre en falta: el acontecer del tiempo nos har\u00eda esclavos de su capricho, de su eterno presente que vuelve a nuestra lista un eterno pasado desactualizado en el que siempre faltar\u00e1 un \u00edtem por agregar (a\u00fan si la imagen no se modifica la presencia del tiempo brinda la potencia, la expectativa, de que aquello puede cambiar en cualquier momento). El movimiento siendo tiempo alcanza para narrar. La duraci\u00f3n de una pintura, de una naturaleza muerta, depende de su observador. En cambio, una imagen en movimiento, un plano de una manzana est\u00e1tica, por ejemplo, contiene en su temporalidad, por el simple hecho de acumular segundos, una narraci\u00f3n. Quiz\u00e1s cifrada, pero all\u00ed est\u00e1. El tiempo narra la vida de la fruta, que es su putrefacci\u00f3n. La pintura inmortaliza, mientras que el cine evidencia la muerte. El tiempo condena a la finitud. Queda en el espectador encontrar en ello gracia divina de lo irrepetible o tristeza por la p\u00e9rdida de lo que ya no volver\u00e1 a ser.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Para emplear el puntillismo narrativo hace falta cierta distancia con la historia y, en esta novela, ese recurso se traduce en frialdad. Actos de violencia que bordean lo grotesco se narran con la misma intensidad monocorde con que se habla de los paisajes des\u00e9rticos. En la distorsi\u00f3n espacial por narrar todo detalle se dilata el tiempo. Ah\u00ed, en el detalle en primer plano se genera una sensaci\u00f3n de enga\u00f1osa suspensi\u00f3n, como si la novela transcurriese en un slow motion constante. Si poco sucede, m\u00e1s f\u00e1cil resulta contenerlo. Al comienzo de la novela se intuye una pericia rota, puro devenir. Un protagonista que avanza y se encuentra con sectas, aldeanos, cabras sat\u00e1nicas, indios, etc. Como si se tratase de un cat\u00e1logo de iconograf\u00eda western adaptado a las posibilidades deconstructivas de la narraci\u00f3n posmoderna. Ah\u00ed, en el capricho distendido de los primeros cap\u00edtulos, es donde mejor funciona la novela, con la descripci\u00f3n de horrores y paisajes a la manera de tablas pict\u00f3ricas, como si estuvi\u00e9semos presenciando el v\u00eda crucis de un John Wayne de la distop\u00eda rural. El problema, o las explicaciones, comienzan cuando nos damos cuenta de que el relato est\u00e1 estructurado en una sintaxis lineal y consiste en que todos los personajes se dirigen en una caravana improvisada al mismo punto que, no casualmente, es el final de la novela. Lo que en principio se intu\u00eda como un lienzo gigante donde los personajes est\u00e1n atrapados y a la deriva, redunda en un cron\u00f3metro en el que todos llegan puntuales a la cita. Ah\u00ed, en esa l\u00f3gica que se esclarece<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> avanzada<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> la novela, hasta los sue\u00f1os del protagonista hacen<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> avanzar<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> la trama y acercan el final. Ni en sus descansos el protagonista puede escapar a la condena de saberse en una novela redonda. Todo cierra, todo tiene su significado. Sabi\u00e9ndose con esas ambiciones, queda por preguntarse: \u00bfhac\u00eda falta el dilate enga\u00f1oso de los primeros cap\u00edtulos? Al convocar a las fuerzas del cielo (y del infierno) la novela redunda en lo inevitable y lo dado. En el acontecer cifrado de los astros, invocado en ritos sat\u00e1nicos y empleado en el pobre protagonista que, no s\u00f3lo no descansa, sino que se vuelve piedra, ruina y ripio, en ese orden. Antes de su devenir piedra, las cicatrices de sus heridas se vuelven mapas, topograf\u00edas de lo desconocido. Hasta su dolor, manifestado en las llagas que se extienden por su cuerpo, nos narran hacia d\u00f3nde ir\u00e1 la novela. Ni la mutilaci\u00f3n en c\u00e1mara lenta evita la narraci\u00f3n. Todo, hasta el m\u00e1s nimio detalle, termina al servicio del tema central.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Es en esa tensi\u00f3n entre el detalle obsesivo y el relato del fin del mundo donde la novela pierde su fuerza. El resultado termina asemejando un ejercicio de capricho focalista donde el relato oscila entre lo micro y lo macro, pero sin detenerse el tiempo suficiente en ninguna de las dos instancias. As\u00ed, al llegar el fin del mundo, no es claro qu\u00e9 debemos sentir: si lamentar al hombre ahora f\u00f3sil o apreciar la belleza de su textura en tanto objeto ya no persona.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p>Por\u00a0<strong>Ramiro P\u00e9rez R\u00edos<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sobre:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-5145 alignleft\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/4a9c54_4429b64a47b94170be4668dcaa7dbaa2mv2-683x1024.webp\" alt=\"\" width=\"274\" height=\"411\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/4a9c54_4429b64a47b94170be4668dcaa7dbaa2mv2-683x1024.webp 683w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/4a9c54_4429b64a47b94170be4668dcaa7dbaa2mv2-200x300.webp 200w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/4a9c54_4429b64a47b94170be4668dcaa7dbaa2mv2-768x1152.webp 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/4a9c54_4429b64a47b94170be4668dcaa7dbaa2mv2.webp 1000w\" sizes=\"auto, (max-width: 274px) 100vw, 274px\" \/><\/p>\n<p>Dios duerme en la piedra<br \/>\nMike Wilson<br \/>\nFiordo<br \/>\n2023<br \/>\n120 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dios duerme en la piedra y reposa en el detalle. 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