{"id":5109,"date":"2024-03-14T12:16:04","date_gmt":"2024-03-14T15:16:04","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5109"},"modified":"2024-03-14T12:40:16","modified_gmt":"2024-03-14T15:40:16","slug":"ya-sabra-usted-donde-encontrarme-apuntes-sobre-gabriela-mistral-por-luis-oyarzun","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/03\/14\/ya-sabra-usted-donde-encontrarme-apuntes-sobre-gabriela-mistral-por-luis-oyarzun\/","title":{"rendered":"Ya sabr\u00e1 usted d\u00f3nde encontrarme \u2013 Apuntes sobre Gabriela Mistral \u2013 Por Luis Oyarz\u00fan"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Septiembre, 1954<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El mi\u00e9rcoles pasado fui a Valpara\u00edso, en la comitiva que recibi\u00f3 en el Santa Luc\u00eda a Gabriela Mistral. No la hab\u00eda visto desde el Brasil, hace 9 a\u00f1os. Parec\u00eda, como antes, una reina en exilio, una Ofelia reci\u00e9n venida, alumbrada por lunas de locura, pero ella misma perfectamente l\u00facida. Se alz\u00f3 de su asiento cuando entramos al sal\u00f3n en que estaba, con ojos h\u00famedos muy abiertos. Su expresi\u00f3n me pareci\u00f3 otra vez sin tiempo, como de un ser que vive con lentitud infinita. Est\u00e1bamos frente a ella Hern\u00e1n D\u00edaz Arrieta y yo, y, como ella titubeara en elegir, me retir\u00e9 un paso y ella, adelant\u00e1ndose tal vez a lo que HD pudiera decirle de su delgadez, lo salud\u00f3 alarm\u00e1ndose de la imaginaria flacura de \u00e9l: \u201cTiene que cuidarse Ud., Alone. Le agradezco que haya venido. Yo no me habr\u00eda atrevido a ped\u00edrselo. Pero \u00a1qu\u00e9 delgado est\u00e1 Ud. \u2026\u201d En eso lleg\u00f3 el Alcalde de Valpara\u00edso con sus regidores y pronunci\u00f3 unas palabras solemnes en nombre de la ciudad, que ella agradeci\u00f3 con una frase y una sonrisa, como extra\u00f1ada y divertida de tanto revuelo. Con HD la vimos llegar, desde las gradas de la Intendencia, bajo un sol de Marsella. La plaza estaba llena por una muchedumbre blanca y azul de ni\u00f1os, que agitaba banderas y pa\u00f1uelos cuando ella entr\u00f3, saludando con una fina mano fija, en gesto de bendecir. No faltaron matronas entusiastas que alcanzaron a iniciar conversaciones fugaces antes de que ella bajara del autom\u00f3vil. Despu\u00e9s, el Alcalde le entreg\u00f3 una medalla de oro y m\u00e1s tarde, desde los balcones, oy\u00f3 coros y discursos, sentada bajo un peque\u00f1o quitasol. Habl\u00f3 dos veces, en honor del mar, que le cura todos sus males y del esp\u00edritu democr\u00e1tico de Valpara\u00edso, donde prometi\u00f3 vivir entre quienes la escuchaban. La segunda vez, ofreci\u00f3 mandar semillas de flores importantes, porque los franceses son muy amigos de crear novedades para sus jardines, y una de las honras menos conocidas de Chile es que sus mujeres son muy buenas jardineras.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">S\u00f3lo antes de entrar al almuerzo de la Intendencia me reconoci\u00f3, ayudada por Santiago Polanco, y me dijo: \u201cHe le\u00eddo muy pocas cosas de Ud., pero todas eran muy buenas\u2026 Los dos nos hemos portado mal porque dejamos de escribirnos\u201d. En el almuerzo quedamos muy lejos. Yo frente a HD y al lado de una dama que me tuvo intrigado pues me cost\u00f3 saber que lo que ve\u00eda en su cabeza era un sombrerito de plumas de perdiz y no su pelo. Result\u00f3 ser una poetisa.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Al llegar a Santiago, los habitantes de las poblaciones callampas ribere\u00f1as del Mapocho corr\u00edan, vitore\u00e1ndola, detr\u00e1s del tren. Cuando llegamos a la Estaci\u00f3n, sali\u00f3 G. apoyada en el Ministro Herrera y me dijo: \u201cQu\u00e9 l\u00e1stima que nos separemos, pero ya sabr\u00e1 Ud. d\u00f3nde encontrarme\u2026\u201d<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Volv\u00ed a verlos el viernes, antes del homenaje en la Universidad. Fuimos a buscarla a su casa. Con su mismo abrigo gris, tomaba sentada una taza de caldo. \u201cPero este caldo no tiene nada de sal\u2026\u201d Durante el viaje al centro, me habl\u00f3 de sus nuevos poemas y de su deseo de conocer las provincias que le faltan. Miraba Santiago con ojos de completa ignorancia. \u201cYo conozco muy poco a Santiago\u2026 Victoria Ocampo me dec\u00eda: `Lo que te pasa a ti, Gabriela, es que has seguido siendo una provinciana, una elquina\u2026\u00b4\u201d En la Universidad, ley\u00f3 con voz muy apagada una p\u00e1gina que despu\u00e9s hall\u00e9 admirable, pero que ah\u00ed no pude entender. Crey\u00f3 que le hab\u00edan dado un discurso inconcluso y se dedic\u00f3 durante una hora a divagar sobre la reforma agraria, sobre la suerte de los mineros, sobre los pa\u00edses grandotes y los chicos, con esc\u00e1ndalo de los graves decanos.\u201d<\/span><\/p>\n<p>\u2734\ufe0e<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Septiembre, 1967<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cerca de Puerto Oscuro, que bien merece su nombre, el peque\u00f1o Fiat se pone a humear y despu\u00e9s de un nuevo intento de partida, se queda mudo a unos cuantos metros. \u00a1Se acab\u00f3 el viaje! Fernando regres\u00f3 a Los Vilos a buscar aceite, pensando que nuestra pana se deb\u00eda a eso, y yo me qued\u00e9 con RH mordisqueando hierbas y leyendo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El poema de Chile <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de Gabriela Mistral. As\u00ed se nos pas\u00f3 el d\u00eda entero. Nuestro joven compa\u00f1ero solo pudo volver en la tarde, al oscurecer, cuando ya soplaba una brisa de hielo, con unos muchachos que iban a La Serena en una camioneta desvencijada, los \u00fanicos que se comidieron a traerlo. Tuvimos que regresar a Los Vilos tirados por un enorme cami\u00f3n cargado de citronetas de Arica.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El fr\u00edo nos hab\u00eda mantenido sitiados en el auto. Los <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Poemas de Chile<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0est\u00e1n sembrados de pepitas preciosas, pero el conjunto es tieso, parece envarado como un m\u00fasculo despu\u00e9s de una caminata muy larga. La poetisa jadea, abusa de las dualidades, de las oposiciones entre la muerte y la vida, se imita y se repite y los arca\u00edsmos populares solo a veces le resultan felices. Algunos hallazgos \u2013empezando por el poema <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Hallazgo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, el primero de su libro\u2013 son espl\u00e9ndidos, una revelaci\u00f3n de experiencia insondable y, sin embargo, simple. En casi todo el resto, el forcejeo con una lengua acostumbrada a cantar lo mismo le niega el descubrimiento. RH descubri\u00f3 muy bien lo que vale, especialmente en los versos m\u00e1s logrados, \u00e1giles y pat\u00e9ticos. A veces ella escribe como si ya estuviera muerta y se dirige a su sobrino desaparecido, sigue con \u00e9l un di\u00e1logo que ya no ser\u00e1 interrumpido por nadie ni por ninguna acechanza y, como antes en la vida, le cuenta el mundo. Ella es la Madre Gea que inventar\u00eda \u2013o inventa\u2013 un pa\u00eds imaginario \u2013su pa\u00eds\u2013 y se lo entrega. Chile ah\u00ed est\u00e1, lleno de ciervos, huemulcillos, vicu\u00f1as, poblado de indios. Ella se identifica con los unos y los otros. Su mundo es peque\u00f1o, tan clausurado como eterno. Es la huerta, el jard\u00edn humilde de las viejas aldeanas como ella; pero es m\u00e1s huerta que jard\u00edn, pues este ya le parece demasiado lujo. No oculta su poca simpat\u00eda por las rosas, que dan un aroma que no dura y que son flores altaneras de rico. En cambio, sus preferencias est\u00e1n con la salvia silvestre, con la albahaca, la menta, las plantas que son \u00fatiles y fuertes, penetrantes de olor, salut\u00edferas. Es el suyo un mundillo de vieja campesina, un poco solterona, un poco viuda, que vive de recuerdos que se transforman en \u201cel recuerdo\u201d, el del hijo robado: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">malas manos tomaron tu vida<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2026<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> Es la misma tragedia. Ella solo se consuela conversando, loca, con \u00e9l, a trav\u00e9s de sus macetas, con su higuera, con su pa\u00f1uelo de hortalizas. El resto del mundo no existe, o le importa poco. Se le ha secado.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">A veces la poes\u00eda no pasa de ser eso y ella se queda ah\u00ed mismo, sentada triste en el corredor de la casa. M\u00e1s de pronto hierve y se le sube a la sangre, se le derrama en generosidad bendecidora o se alza en elevada, alt\u00edsima tragedia. En sus cogollos alcanza a la plenitud.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Luis Oyarz\u00fan<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De sus Diarios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta es la segunda parte de una serie de cuatro o cinco transcripciones de los Diarios de Luis Oyarz\u00fan. La primera parte puede leerse ac\u00e1: <a href=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/12\/07\/sobre-hijo-de-ladron-de-manuel-rojas-por-luis-oyarzun\/\">https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/12\/07\/sobre-hijo-de-ladron-de-manuel-rojas-por-luis-oyarzun\/<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Selecci\u00f3n y transcripci\u00f3n de M.A. Guti\u00e9rrez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Septiembre, 1954 El mi\u00e9rcoles pasado fui a Valpara\u00edso, en la comitiva que recibi\u00f3 en el Santa Luc\u00eda a Gabriela Mistral. No la hab\u00eda visto desde el Brasil, hace 9 a\u00f1os. Parec\u00eda, como antes, una reina en exilio, una Ofelia reci\u00e9n venida, alumbrada por lunas de locura, pero ella misma perfectamente l\u00facida. 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