{"id":5097,"date":"2024-03-07T14:49:55","date_gmt":"2024-03-07T17:49:55","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=5097"},"modified":"2024-03-07T14:50:18","modified_gmt":"2024-03-07T17:50:18","slug":"do-not-expect-too-much-from-the-end-of-the-world-2023-auto-explotaciones-cotidianas-por-juan-m-velis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2024\/03\/07\/do-not-expect-too-much-from-the-end-of-the-world-2023-auto-explotaciones-cotidianas-por-juan-m-velis\/","title":{"rendered":"Do not expect too much from the end of the world (2023): auto-explotaciones cotidianas \u2013 Por Juan M. Velis"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">A continuaci\u00f3n, una breve reflexi\u00f3n extraviada sobre una de las posibles \u201cgrandes pel\u00edculas del 2023\u201d, el a\u00f1o que acaba de sucumbir. Lo \u00faltimo de Radu Jude, el audaz cineasta rumano, son casi tres horas de hermoso caos sostenido por la espl\u00e9ndida Ilinca Manolache y sus desventuras al volante en una ciudad de furia y descontrol. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Interesante es que<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> Do not expect too much\u2026<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> inicie advirtiendo que durante el metraje habr\u00e1 reenv\u00edos dial\u00f3gicos y metatextuales con otra pel\u00edcula rumana del siglo pasado: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Angela merge mai departe <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(Lucian Bratu, 1981). M\u00e1s temprano que tarde ser\u00e1 evidente la remisi\u00f3n a tal film, que significa algo m\u00e1s que una mera analog\u00eda entre personajes: la Angela agobiada de los 80 es una taxista que debe lidiar con los micro(macro)machismos urbanos, mientras que su tocaya contempor\u00e1nea sobrevive manejando en su auto las mismas calles salvajes (Bucarest) pero con una misi\u00f3n laboral menos mundana: entrevistar a gente accidentada en sus \u00e1mbitos de trabajo para un documental sobre seguridad laboral financiado desde Austria.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La velocidad, la precarizaci\u00f3n laboral, la violencia simb\u00f3lica cotidiana, la auto-explotaci\u00f3n como consecuencia de una previa explotaci\u00f3n sist\u00e9mica y jer\u00e1rquicamente impuesta, son algunos ejes conceptuales que gravitan como lecturas referenciales y expl\u00edcitas a lo largo de la pel\u00edcula. Pero en relatos cinematogr\u00e1ficos tan singulares, desprejuiciados e irreverentes como este no se puede desestimar el orden formal: el blanco y negro que compone la imagen en la l\u00ednea narrativa del presente, contrasta con los colores apastelados del film de Bratu, al igual que con las arrebatadas <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">stories<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que Angela sube a sus redes en donde encarna a un obsceno y grotesco personaje, vali\u00e9ndose de un filtro que la muestra sin pelo y con barba candado.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Todos esos insultos e improperios que Angela recibe mientras conduce por las rabiosas calles de la deslucida capital y sus barrios bajos, ella los transforma en una suerte de catarsis descarnada en su Instagram, en donde el tono ostensiblemente sat\u00edrico y burl\u00f3n de su \u00e1lter-ego hace evidente la met\u00e1fora: la naturalizaci\u00f3n de la violencia en las hondas aguas de la marea virtual de las redes, la indiferencia generalizada ante las diversas formas de manifestaci\u00f3n de la violencia (desde la indirecta sobreexplotaci\u00f3n laboral hasta las tiran\u00edas macropol\u00edticas de los gobernantes -hay referencias a la guerra Rusia-Ucrania, al presidente h\u00fangaro Viktor Orb\u00e1n, etc-). Es que la violencia ya no conmueve porque la llevamos fuertemente internalizada.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Tensando los l\u00edmites de la expresi\u00f3n est\u00e9tica cinematogr\u00e1fica, Radu Jude parece pretender jugar con la paradoja: c\u00f3mo es que en determinado punto la insensibilidad ante el mundo <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">(nos) atraviesa <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">cierta zona inevitablemente sensible. En otras palabras: si sentimos cada vez menos, es porque sentimos tanto todo el tiempo, presas de la hiperestimulaci\u00f3n constante, que no somos capaces de procesarlo: ni el dolor, ni el afecto, ni la bondad, ni la pena, la memoria o el olvido.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Una \u00faltima observaci\u00f3n. Tal vez haya otra escena crucial que refleja con mayor transparencia la insoportable insensibilidad de las cosas en tiempos de post-capitalismo y simulacro: la apresurada escena de sexo de la protagonista con su amante, mayor que ella, que por supuesto tambi\u00e9n transcurre en el auto. Es que Angela debe retomar pronto la carretera a toda velocidad para continuar con su impostergable misi\u00f3n: seguir trabajando.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Por <strong>Juan M. Velis<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A continuaci\u00f3n, una breve reflexi\u00f3n extraviada sobre una de las posibles \u201cgrandes pel\u00edculas del 2023\u201d, el a\u00f1o que acaba de sucumbir. Lo \u00faltimo de Radu Jude, el audaz cineasta rumano, son casi tres horas de hermoso caos sostenido por la espl\u00e9ndida Ilinca Manolache y sus desventuras al volante en una ciudad de furia y descontrol. 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