{"id":4991,"date":"2023-11-22T13:49:19","date_gmt":"2023-11-22T16:49:19","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4991"},"modified":"2023-11-22T13:49:35","modified_gmt":"2023-11-22T16:49:35","slug":"mis-poetas-locales-por-tamara-rutinelli","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/11\/22\/mis-poetas-locales-por-tamara-rutinelli\/","title":{"rendered":"Mis poetas locales \u2013 Por Tamara Rutinelli"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">ABALORIOS\u00a0 <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.- Por discreci\u00f3n, y para sortear la superstici\u00f3n generalizada de que la vida de una persona es objetivable, voy a recurrir a nombres falsos. Una memoria es tambi\u00e9n una invenci\u00f3n, un artificio articulado con la emoci\u00f3n: las cosas tal como las siento. Sospecho que una buena biograf\u00eda es menos una colecci\u00f3n de acontecimientos documentados que la transmisi\u00f3n (coincidencia preferentemente misteriosa, no ligada al procedimiento probado) de una experiencia de lxs otrxs.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.- Sin querer, ejerzo la poes\u00eda como actividad clandestina. Por eso me s\u00e9 pudorosa. Una clandestinidad abonada por la supercher\u00eda que engrapa el g\u00e9nero al yo, y el yo a un documento de identidad, como si entre la cara, el espejo y el reflejo, no mediara un mejunje de supuestos m\u00f3viles. Una supercher\u00eda que somete a la literatura a una medici\u00f3n de distancias: en un extremo la ficci\u00f3n en bruto, en el otro, la realidad brutal. Insisto en que la discusi\u00f3n a menudo empobrece la lectura, en que lo que hay de propio en la literatura, es menos el objeto que un romance con la lengua, que busca excusas donde puede y quiere. Estas biograf\u00edas son literatura\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">3.- La poeta de pueblo es una instituci\u00f3n local. Es como los bomberos, el cura o la reina del corso. Se la convoca para las fiestas patrias, se pasea por escenarios escolares, y adorna la leyenda popular. La poeta local es una entidad de la mente y no deber\u00eda morirse nunca, su puesto no quedar vacante. Existe, siempre que nadie se le acerque demasiado, que no se indague entre los yuyos de su cotidianeidad. Se la querr\u00eda flotante, aunque se le soporten con sorna compasiva sus extravagancias mortales. Lo que pocos admiten es que es por el atado de extra\u00f1ezas que la poeta sobrevive, porque, \u00bfqui\u00e9n recuerda sus versos? La poeta es ante todo, un cuerpo que habla, es lo que desentona y se adopta, se asume como propio. La poeta abre un boquete a la monoton\u00eda de siestas, comidas familiares y horarios de comercio, y permanece en la memoria colectiva como la posibilidad de lo otro, que nadie sino ella asume.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">TRES POETAS\u00a0<\/span><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Alegr\u00eda\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Es un nombre real. Y a diferencia de lo que sucede con los gatos que se llaman Buda y son un demonio, o Napole\u00f3n y son una ameba, el nombre ni le sobraba ni la pon\u00eda en tensi\u00f3n. No se sabe si el nombre la ten\u00eda capturada a ella, o ella al nombre, tampoco si le costar\u00eda algunos dolores llevarlo, puertas adentro (esa costumbre de llamarse \u201cAngustias\u201d, \u201cSoledad\u201d o \u201cVictoria\u201d!). Irrump\u00eda con su bicicleta blanca, sus vestidos coloridos y sus sombreros con flores, toda sonriente. Una no habr\u00eda podido bautizarla con otra originalidad que la del subrayado. Era una se\u00f1ora mayor, muy de cantar y de saludar a todxs. Nos causaba gracia, porque la risa al comienzo es el resultado de una desproporci\u00f3n. Eso era lo que hac\u00eda con nuestras tardes ensimismadas, montadas al aburrimiento como a un potro mec\u00e1nico: les inauguraba perspectivas delirantes, y una quedaba como drogada, con las dimensiones de la vida ondulando. No s\u00e9 si escrib\u00eda versos, pero decido por \u00f3smosis que s\u00ed, que era una poeta que escrib\u00eda en el aire, con el bamboleo de su canturreo entusiasta. Digo que era como un loro verde atravesando la mesa familiar de los domingos, aventando con su vuelo rasante los manteles, activando el mecanismo de los sifones para que los vasos se colmaran de espuma, reventando las cremas pomposas de los postres. S\u00e9 que suena un poco exagerado, pero para la curiosidad infantil que siempre busca otros motivos, la poes\u00eda deb\u00eda irrumpir como una exageraci\u00f3n, y triste o feliz, esa exageraci\u00f3n deb\u00eda alterar la vida para siempre. Alegr\u00eda avanzaba por las calles en su bicicleta, y decido que el pedaleo era una m\u00e9trica y el surco que dejaba sobre la tierra una escritura furtiva. Alegr\u00eda no era f\u00e1cil, trazaba una poes\u00eda exigente que reclamaba antes<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">que atenci\u00f3n, imaginaci\u00f3n y paciencia. Promet\u00eda esa risa suya, que al final era como la sortija de la calesita en las que nos dejaba girando, para observar el mundo. Y todav\u00eda otro detalle: la mujer viv\u00eda en una casa peque\u00f1a y prolija, como de cuento, con su nombre en letras manuscritas de hierro, en posici\u00f3n diagonal, entre la puerta y la ventana de calle. Entre la vereda y ese frente de cuaderno escolar, el jard\u00edn delantero m\u00e1s bonito que vi. Rosales, petunias, begonias, margaritas, cal\u00e9ndulas y malvones, todas en sus macetas y canteros, entre enanos y cisnes de cemento. La reja mediana nos separaba de ese para\u00edso a escala, que hac\u00eda m\u00e1s linda la cuadra y nos hac\u00eda olvidar las visitas al m\u00e9dico, que ten\u00eda su consultorio en el chalet regularmente imponente de al lado. Alegr\u00eda quer\u00eda ser una met\u00e1fora simple, de revista del coraz\u00f3n, y al final era menos que eso, una encarnaci\u00f3n sin reveses, y por lo mismo necesaria.\u00a0<\/span><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"2\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Clelia\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Era de apellido Derca, pero se hac\u00eda llamar \u201cde Conesa\u201d, el lugar del que dijo venir, cuando desensill\u00f3 en la ciudad, seg\u00fan cuentan, en 1981. Esa fue toda su filiaci\u00f3n civil, el origen imaginario de otro pueblo cucarda para los generales unitarios en la provincia de Buenos Aires. Clelia podr\u00eda ser el personaje de un tango de Enrique Maciel, o de una canci\u00f3n francesa de los a\u00f1os \u201820; de haber sido alguna vez joven, de una pel\u00edcula de Chaplin. Leo en un paneg\u00edrico f\u00fanebre la palabra \u201cclocharde\u201d, y pienso que podr\u00edan colgarle una fotograf\u00eda con su cara. Clelia era una clocharde, un personaje rom\u00e1ntico; si no la mat\u00f3 la tuberculosis, fue porque en el pueblo la quer\u00edan. Fue reconocida con premios municipales y dicen que recibi\u00f3 un premio bonaerense a \u201cMujer del A\u00f1o\u201d. Era poeta, florista, payadora, naturista, directora de teatro y entusiasta en general. No es dif\u00edcil adivinarla peronista. Al margen de su conocida admiraci\u00f3n por Evita, ten\u00eda algo de una Tula refinada, arrabalera pero de trazos delicados. Cantaba tangos y chacareras, y en las fechas patrias sub\u00eda a los escenarios vestida con poncho y chambergo, como una Azucena Maizani de fin de siglo, a recitar sus versos rimados al pueblo argentino. Ten\u00eda una voz gruesa y carrasposa, con una dicci\u00f3n acentuada y musical, un poco rea y teatral. La recuerdo en su bicicleta, vestida con un conjunto de sir\u00e9, de colores combinados, con el peinado alto a lo Coca Sarli, colorete en los cachetes y un lunar pintado. En el canasto se bamboleaban las flores que vend\u00eda y un desparpajo de fotocopias borroneadas con sus poemas mecanografiados que iba regando por ah\u00ed. Hay un tango que se llama \u201cLa Florista\u201d, que dice: \u201cSe\u00f1oritas y se\u00f1ores, \/ vengo aqu\u00ed para ofrecer, \/ flores, flores, muchas flores, \/ con perfumes y colores, \/ como iguales no ha de haber, \/ con mis manos he tronchado, \/ la azucena y el jazm\u00edn, \/ el clavel ensangrentado, \/ y sin rosas ha quedado, \/ el rosal de mi jard\u00edn\u201d. As\u00ed hablaba Clelia ante la mesa de un bar o un restaurante, ofreciendo sus flores: \u201cse\u00f1oritas y se\u00f1ores&#8230;\u201d. Pod\u00eda recitarte un verso, si quer\u00eda, y una vez que le comprabas, reconocerte por tu nombre de pila, despidi\u00e9ndose con una sonrisa c\u00f3mplice: \u201cgracias, Pedrito\u201d. Dicen que esa voz y el berret\u00edn del gesto adusto para los versos le ven\u00eda de la impostaci\u00f3n radiof\u00f3nica que hab\u00eda aprendido en el ISER. Recuerdo verla recitar en alg\u00fan evento cultural de la ciudad, en el teatro de la Biblioteca Municipal, pararse frente al micr\u00f3fono y acomodar la pose como si fuera un pr\u00f3cer al que iban a retratar: piernas levemente arqueadas, un pie adelante, una mano en la cintura, un brazo en alto, la palma hacia el cielo, ce\u00f1o fruncido y mirada a la distancia. Mi memoria perdi\u00f3 el poema, pero guard\u00f3 su acentuaci\u00f3n, que Clelia acompa\u00f1aba dando golpes de tambor con el pie delantero en el entarimado que retumbaba y sacud\u00eda las cortinas pesadas del escenario. Dicen que era fan\u00e1tica de Gardel y que entre amigos guitarreros y so\u00f1adores de tertulia, interpretaba sus tangos con id\u00e9ntica sonrisa y frente despejada. Clelia muri\u00f3 en 2006, pero el viento no se la llev\u00f3.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"3\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Azucena\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Azucena es Nina, y sabe ser mi t\u00eda abuela. Casi centenaria y cada vez m\u00e1s peque\u00f1a, una Benjamin Button persistente. Alguna vez me dijeron que no siempre fue artista, pero de lo que me contaron hice el esfuerzo de olvidar, y olvid\u00e9. Cuando llegu\u00e9 al mundo, ya era artista, y durante a\u00f1os, tuve ante mis ojos un inmenso retrato en l\u00e1piz pastel, de colores, de mi madre sosteniendo un beb\u00e9 entre<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">los brazos. El beb\u00e9 era yo, y ese cuadro, su regalo por mi nacimiento. De la familia de Nina s\u00e9, porque es mi familia. Que eran muchxs hermanxs, que la madre era la persona m\u00e1s buena que nadie conoci\u00f3 y que el padre era socialista de los a\u00f1os \u201830, payador y de oficio colchonero. Que recalaron en el pueblo a pie y con un carro, despu\u00e9s de que los conservadores le prendieran fuego la casa por andar arengando obreros en las f\u00e1bricas con discursos revolucionarios. Que eran pobres y que los hijos trabajaron desde pibes, vendiendo n\u00fameros de loter\u00eda, repartiendo diarios y ayudando con los colchones. Que las dotes po\u00e9ticas del padre que escrib\u00eda versos rimados a lo Jos\u00e9 Hern\u00e1ndez fueron heredadas por dos hijxs: uno escritor, bibliotecario y uf\u00f3logo, la otra, poeta y pintora. Nina ten\u00eda un marido que era recio y a quien desdibuj\u00e9. Qued\u00f3 viuda hace d\u00e9cadas, aunque el hombre sigui\u00f3 visit\u00e1ndola, porfiado en no morir. Un d\u00eda, cansada de sustos, decidi\u00f3 echarlo amablemente, explic\u00e1ndole que el mundo ya no era su lugar. Nina pintaba cuadros inmensos que regalaba a las instituciones locales, firmando con el seud\u00f3nimo Azu y su apellido de soltera. El enigma de ese nombre desperdigado en paredes sin n\u00famero, era un motivo de envanecimiento infantil. \u201cEs mi t\u00eda\u201d, dec\u00eda yo, como si descubriera ante amigas at\u00f3nitas un secreto tesoro. Entre sus pinturas hab\u00eda naturalezas muertas y paisajes de pueblo, un poco aburridos, tambi\u00e9n retratos. Hab\u00eda ensayado, sin embargo, en alg\u00fan momento, una est\u00e9tica cubista y un arte abstracto, que arm\u00f3 otro desparrame de donaciones, regalos y muestras espor\u00e1dicas. No se sabe qu\u00e9 fue primero, pero a la multiplicaci\u00f3n de los cuadros la acompa\u00f1\u00f3 la multiplicaci\u00f3n de los poemas, recopilados en libros con fajas de honor y otros milagros de la congregaci\u00f3n de la SADE. Fue sumando a\u00f1os en una casa pulcra y de dise\u00f1o, de esas en las que una nena teme moverse a riesgo de romper jarrones. La \u00faltima vez que la visit\u00e9 me mostr\u00f3 un libro de Picasso. En la hoja guarda del libro hab\u00eda un garabato. Me dijo que lo hab\u00eda hecho yo, con explicaciones que no entend\u00ed o no compart\u00ed, y la memoria extravi\u00f3. En alg\u00fan momento tom\u00e9 clases de pintura con ella. Su \u00e9nfasis pedag\u00f3gico, la persistencia de un par de manzanas como \u00fanico modelo y mi creciente desapego de esa cosa realista que practic\u00e1bamos entre conversaciones sobre ovnis y fantasmas, podr\u00edan resumir mi experiencia. Nina cree en un mundo espiritual, y desde que accedi\u00f3 a internet, el otro mundo se le hizo tan grande que empez\u00f3 a tramar con este toda clase de conspiraciones en las que el bien y el mal se debaten en guerra permanente e invisible la vida toda. Como ella sabe, se comunica con quienes tambi\u00e9n saben, y entre t\u00e9 y masitas nos ilumina. Ninguna de estas historias le impiden llevar una vida ordenada, de t\u00eda, de madre, de abuela, y de vecina ejemplar. Me cuentan que en el \u00faltimo tiempo recibi\u00f3 un llamado que la sorprendi\u00f3: era Clelia, poeta y amiga, tray\u00e9ndole noticias del futuro, en comunicaci\u00f3n directa del m\u00e1s all\u00e1. Ahora Parravicini local, nos lo va a contar en un pr\u00f3ximo libro.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">BRILLANTINA\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Ya no coqueteamos con eternidades, vivimos en el pasado. Las obras importan para la vida, la de todos los d\u00edas; ni para el pante\u00f3n del Arte, ni para sus vericuetos imaginarios. No podemos legar las obras a un futuro que no vislumbramos, que ya no existe. Hablo de disposiciones subjetivas. Somos sobrinxs del extra\u00f1amiento del que mamaron las vanguardias, del cross a la mand\u00edbula, en su versi\u00f3n nacional, urbana y f\u00edsica, y pos cacheteos irresponsables del monstruo medi\u00e1tico y la criatura virtual, preferimos el sacud\u00f3n al roce. Hablo de la risa, del bailoteo infantil, del amor, de la calentura, de la ansiedad, del ir por algo, de lo que provoca un movimiento, por peque\u00f1o que sea. Hace poco conoc\u00ed a una poeta muy entreverada con lo mundano, el rayo desacralizador y otras minucias que ya cr\u00edan gusanos. Maridada con la rectificaci\u00f3n, goteaban de su boca unos \u201cno\u201d muy regulares contra toda bandera, especialmente las que romantizaban el trabajo del artista. La escritura ablandada de pronto por su propio aburrimiento. Salimos todxs de ese encuentro como entramos, sino peor: ab\u00falicxs. Las torres de marfil se desplomaron, las aristocracias espirituales se hicieron de otras argucias. Ya lo sabemos, se\u00f1ora, pero no hagamos del poema el equivalente a una operaci\u00f3n matem\u00e1tica, al lavarropas o a comer una banana, del poeta un oficinista amigable; escribamos poemas sobre lo que se nos cante, pero no le quitemos el nervio, el movimiento, la tensi\u00f3n, a lo que hacemos. Queremos magia, queremos el entusiasmo en las cosas. Queremos que nos compartan una actitud, una forma de estar que no adivin\u00e1bamos. Queremos la brillantina, la fantas\u00eda, los trajes de <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">colores, el despiole y el despilfarro, lo gratuito de las luces y de las cruces, los chiches de cotill\u00f3n, la bijouterie barata, porque es a lo que llegamos, aunque aspiremos a unas camas imposibles. Queremos el signo de esa aspiraci\u00f3n, todo lo que hace un reinito, que escenifica una jugueter\u00eda palaciega, sin importar de qu\u00e9 est\u00e9n compuestos sus juguetes. Si nos provoca lo mismo leer un poema que la posolog\u00eda de un jarabe para la tos, \u00bfqu\u00e9 hacemos? \u00bfNo les parece que el mundo ya est\u00e1 demasiado mundanizado, idiotizado en lo corriente, repetido hasta el infinito, obligatorio y caro? Que vuelvan las poetas locales, su rareza leg\u00edtima.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Tamara Rutinelli<\/strong><\/p>\n<p>Foto de John Bulmer<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ABALORIOS\u00a0 1.- Por discreci\u00f3n, y para sortear la superstici\u00f3n generalizada de que la vida de una persona es objetivable, voy a recurrir a nombres falsos. Una memoria es tambi\u00e9n una invenci\u00f3n, un artificio articulado con la emoci\u00f3n: las cosas tal como las siento. 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