{"id":4965,"date":"2023-11-03T15:47:03","date_gmt":"2023-11-03T18:47:03","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4965"},"modified":"2023-11-03T15:48:26","modified_gmt":"2023-11-03T18:48:26","slug":"dos-frases-en-la-historia-por-alejandro-droznes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/11\/03\/dos-frases-en-la-historia-por-alejandro-droznes\/","title":{"rendered":"Dos frases en la historia \u2013 Por Alejandro Droznes"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Pocas frases me han tocado en el curso de mis lecturas como estas dos que paso a citar. La primera tuvo como contexto la expedici\u00f3n de Magallanes alrededor del mundo y se pronunci\u00f3 en un archipi\u00e9lago asi\u00e1tico en 1521; la segunda se oy\u00f3 en Mendoza en 1816, justo antes del Cruce de los Andes por el ej\u00e9rcito de San Mart\u00edn. La primera compacta el espacio; la segunda el tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Espa\u00f1a y Portugal se hab\u00edan repartido el orbe. Una l\u00ednea vertical cruzaba el Atl\u00e1ntico y divid\u00eda el mundo en dos mitades. De ah\u00ed para la izquierda las cosas y las gentes eran de Espa\u00f1a: casi toda Am\u00e9rica. Para la derecha se\u00f1oreaban los portugueses: Brasil, \u00c1frica y la India. Esto supon\u00eda un perjuicio para Espa\u00f1a, porque el camino a las \u201cm\u00e1s orientales tierras, donde se ferian las especias\u201d (Francisco L\u00f3pez de G\u00f3mara, <em>Historia general de las Indias<\/em>, cap\u00edtulo XCI) era propiedad de los portugueses: los espa\u00f1oles no pod\u00edan llegar a Oriente porque no pod\u00edan pasar por \u00c1frica y la India. Entonces Magallanes le propuso al rey de Espa\u00f1a, que ten\u00eda dieciocho a\u00f1os, llegar a Asia por el occidente y cumplir de una vez por todas el anhelo original de Crist\u00f3bal Col\u00f3n: ir a las islas en las que se feriaban las especias navegando hacia la izquierda del mapa. No atravesar\u00edan mares portugueses. El problema era que se interpon\u00eda Am\u00e9rica, una inmensa pared que corr\u00eda de polo a polo. Hab\u00eda que encontrar un paso. Apunta L\u00f3pez de G\u00f3mara: \u201cEra larga esta navegaci\u00f3n, dif\u00edcil y costosa, y muchos no la entend\u00edan, y otros no la cre\u00edan\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0El escenario de la expedici\u00f3n, considerada un\u00e1nimemente el primer hecho planetario, fueron los cinco continentes y los siete mares. La flota sali\u00f3 de Andaluc\u00eda, hizo la escala de rigor en Canarias, cruz\u00f3 el Atl\u00e1ntico, estacion\u00f3 un tiempito en la bah\u00eda de Guanabara, encontr\u00f3 el bendito paso en la Patagonia (el lugar no ten\u00eda nombre: ellos se lo pusieron), cruz\u00f3 el Pac\u00edfico, salud\u00f3 los atolones de la Polinesia, descubri\u00f3 las Filipinas, alcanz\u00f3 Indonesia y Malasia, toc\u00f3 en el Cabo de Buena Esperanza en la actual Sud\u00e1frica, par\u00f3 en las islas de Cabo Verde y finalmente volvi\u00f3 a Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera de las dos frases que me maravillaron tuvo lugar cuando los barcos maltrechos llegaron finalmente al Oriente. La registra Antonio Pigafetta, el cronista de la expedici\u00f3n, en su <em>Relaci\u00f3n del primer viaje alrededor del mundo<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pigafetta y los suyos hab\u00edan navegado m\u00e1s que cualquiera de los otros navegantes en toda la historia del mundo. Hab\u00edan encontrado el paso que permite llegar al oriente yendo hacia la izquierda del mapa. Y ahora, habiendo logrado lo que se cre\u00eda imposible, estaban en el oriente frente a unos portugueses que hab\u00edan llegado hasta ah\u00ed siguiendo la ruta tradicional, que era ir hacia la derecha del mapa, bordear \u00c1frica y cruzar la India. Entonces Pigafetta escribe, refiriendo el encuentro entre dos portugueses: \u201cle pregunt\u00f3 qu\u00e9 nuevas corr\u00edan por la Cristiandad\u201d (\u201ce come lui li domand\u00f2 che nove erano adesso in Cristianit\u00e0\u201d).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esos portugueses, europeos perdidos en la demencial sucesi\u00f3n del archipi\u00e9lago indochino, ve\u00edan a la Cristiandad (una Cristiandad sin electricidad ni tel\u00e9fono, una Cristiandad que era apenas un h\u00e1bito espiritual y una red de caminos) como una barriada com\u00fan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s Pigafetta y sus compa\u00f1eros, que eran cada vez menos, volvieron a la Cristiandad y completaron as\u00ed la primera vuelta al mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dentro del marco gris de la historia nacional, el Cruce de los Andes parece una asignatura escolar. Pero visto con otros ojos se convierte en un episodio propio de una novela de aventuras. Esos ojos ser\u00e1n los de William, o Guillermo, Miller.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Guillermo Miller fue un militar brit\u00e1nico que acompa\u00f1\u00f3 a San Mart\u00edn en buena parte de su campa\u00f1a por Am\u00e9rica del Sur. Una estatua lo recuerda en la Fortaleza del Real Felipe, cerca de Lima, y tambi\u00e9n la calle Miller en Buenos Aires.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1828 se publicaron en Londres las <em>Memorias del general Miller al servicio de la Rep\u00fablica del Per\u00fa<\/em>; all\u00ed podemos ver, porque los documentos son alucinatorios, c\u00f3mo fue la cotidianeidad de la gesta del Ej\u00e9rcito de los Andes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mendoza era, m\u00e1s que una ciudad, un gran cuartel al aire libre: todas las fuerzas de la regi\u00f3n, que eran pocas, estaban puestas al servicio de preparar el ej\u00e9rcito que cruzar\u00eda la cordillera. En ese mundo aparte San Mart\u00edn preparaba su propio desayuno, almorzaba con vino, no sonre\u00eda nunca y administraba con \u00f3rdenes breves y precisas el quehacer patri\u00f3tico. Y en un momento, cuando se acercaba la hora de partir hacia Chile, debi\u00f3 conferenciar con los indios pehuenches de la zona para que le permitieran atravesar la cordillera. Esta cultura, asimilada a la mapuche, era famosa por el celo con el que siempre hab\u00eda custodiado su territorio; en <em>La Araucana<\/em>, el poema rimado escrito por Alonso de Ercilla que se public\u00f3 en 1569 y que cuenta la historia de Chile hasta ese momento, se lee: \u201cNo ha habido rey jam\u00e1s que sujetase \/ esta soberbia gente libertada \/ ni extranjera naci\u00f3n que se jactase \/ de haber dado en sus t\u00e9rminos pisada\u201d. Pues bien: San Mart\u00edn quer\u00eda dar en sus t\u00e9rminos pisada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Miller cuenta que el d\u00eda previo a la entrevista San Mart\u00edn mand\u00f3 a buscar vino y aguardiente por las fincas mendocinas. Hac\u00eda esto porque llevar poco licor a una conversaci\u00f3n con los indios se consideraba algo imperdonable. Cita textual de Miller: a <em>stinted supply of liquor is construed into an insult never to be forgiven<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente las tribus se presentaron en el fuerte de San Carlos con toda la pompa de la vida salvaje. Los hombres y los caballos estaban adornados como para ir a la guerra. Primero hubo un desfile marcial que dur\u00f3 varias horas, y en el que San Mart\u00edn y las tropas estuvieron formadas todo el tiempo bajo el sol mendocino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s empez\u00f3 la reuni\u00f3n. El int\u00e9rprete era el padre Juli\u00e1n, un fraile franciscano, araucano de nacimiento, que hab\u00eda sido criado desde los diez a\u00f1os en una familia cristiana. El padre Juli\u00e1n les record\u00f3 a todos el buen entendimiento que ven\u00edan teniendo los indios pehuenches con el general en jefe, y dijo que confiaba en que esa armon\u00eda continuar\u00eda al final de la charla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Solamente estaban los caciques. El resto de las tribus esperaba afuera y alerta. San Mart\u00edn ofreci\u00f3 una copa pero los jefes pehuenches le dijeron que prefer\u00edan mantenerse l\u00facidos para la negociaci\u00f3n; que en todo caso despu\u00e9s s\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El debate que sigui\u00f3 es incre\u00edble, pero no por lo sorprendente sino porque es como lo imaginamos. Cuenta Miller que cada jefe tom\u00f3 la palabra a su turno, que todos hablaron con m\u00e1xima lentitud y tranquilidad, y que nadie interrump\u00eda a nadie. Exactamente como en los dibujitos animados o como en <em>C\u00f3mo me enamor\u00e9 de Nicolas Cage<\/em>, de Carla Quevedo, donde se lee: \u201cNicolas Cage y yo ahora est\u00e1bamos sentados tipo indio, uno enfrente del otro.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando todos terminaron de hablar el cacique m\u00e1s anciano, llamado Ninconyancu, dijo que los pehuenches, excepto tres caciques, aceptaban el pedido. Entonces otro jefe, Mellyagin, sali\u00f3 de la sala de reuniones y avis\u00f3 a las tribus que se hab\u00eda aceptado lo que quer\u00edan los cristianos. Que podr\u00edan pasar por la cordillera para atacar a los espa\u00f1oles, que eran extra\u00f1os en esta tierra y planeaban robarles su ganado y sus mujeres. Los indios respondieron golpe\u00e1ndose la boca. Y ah\u00ed empez\u00f3 la fiesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo primero que hicieron los pehuenches fue dejar sus lanzas y cuchillos en un cuartel; no quer\u00edan tenerlos a mano durante la juerga que se avecinaba. Miller se sorprendi\u00f3 ante la confianza con que los indios se desarmaron. Lo llama <em>an extraordinary trait in the Indian character<\/em>. (Algunas d\u00e9cadas m\u00e1s tarde Jos\u00e9 Hern\u00e1ndez escribir\u00eda en el <em>Mart\u00edn Fierro<\/em>: \u201cEl indio pasa la vida \/ robando o echao de panza; \/ la \u00fanica ley es la lanza \/ a que se ha de someter; \/ lo que le falta en saber \/ lo suple con desconfianza\u201d). Lo hac\u00edan para evitar derramamiento de sangre entre ellos. Despu\u00e9s llegaba lo bueno: se hac\u00edan pozos en el suelo, se los recubr\u00eda con alguna piel transform\u00e1ndolos en un dep\u00f3sito de alcohol, y se tiraba el vino ah\u00ed adentro. Eran dos mil personas entre varones, mujeres y ni\u00f1os. Empezaban a tomar los varones; las mujeres esperaban varias horas y al final tambi\u00e9n tomaban, a excepci\u00f3n de cuatro o cinco de cada tribu que permanec\u00edan sobrias cuidando al resto. Empezaban hablando de sus haza\u00f1as o las de sus antepasados; algunos lloraban al contar la historia de su familia. Pero apenas el alcohol empezaba a hacer efecto todos se pon\u00edan a hablar juntos y a gritar. A eso le segu\u00edan las peleas; en ausencia de armas se mord\u00edan y pateaban, o se arrancaban el pelo. Algunos grupos del ej\u00e9rcito de San Mart\u00edn ayudaban a separar a los m\u00e1s alborotados. As\u00ed estuvieron tres d\u00edas, hasta que se termin\u00f3 la \u00faltima gota. Miller anota que solamente dos hombres y una mujer murieron en el transcurso del descontrol; esto le parece raro, porque tales ocasiones suelen aprovecharse para saldar cuestiones postergadas y vengar viejos rencores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El \u00faltimo d\u00eda fue para el intercambio de regalos. Cada cacique le dio a San Mart\u00edn un poncho hecho por sus varias esposas. De los regalos cristianos, lo que m\u00e1s les gustaba eran los sombreros: se los pon\u00edan en el instante en que los recib\u00edan. (Al d\u00eda siguiente llegaron algunos comerciantes mendocinos con m\u00e1s licores, y los intercambiaron por los regalos que hab\u00edan recibido de San Mart\u00edn; finalmente, el \u00fanico regalo era el alcohol).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese d\u00eda San Mart\u00edn recibi\u00f3 un despacho de Pueyrred\u00f3n (s\u00ed: todo esto suced\u00eda durante nuestra independencia y en el marco gris de la historia nacional) y se tuvo que ir; dej\u00f3 a cargo, entonces, al comandante del fuerte de San Carlos. \u00c9ste se ocup\u00f3 de cerrar la reuni\u00f3n y fue el que escuch\u00f3 la frase que me maravill\u00f3. Al irse, los pehuenches estaban content\u00edsimos. La hab\u00edan pasado muy bien y le dijeron que en los anales de la tradici\u00f3n no se hab\u00eda o\u00eddo nunca de una juerga semejante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s lleg\u00f3 el d\u00eda de la partida y San Mart\u00edn iz\u00f3 el pabell\u00f3n de las Provincias Unidas del R\u00edo de la Plata, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Por\u00a0<strong>Alejandro Droznes<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pocas frases me han tocado en el curso de mis lecturas como estas dos que paso a citar. La primera tuvo como contexto la expedici\u00f3n de Magallanes alrededor del mundo y se pronunci\u00f3 en un archipi\u00e9lago asi\u00e1tico en 1521; la segunda se oy\u00f3 en Mendoza en 1816, justo antes del Cruce de los Andes por [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":92,"featured_media":4966,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-4965","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-apuntes"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4965","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/92"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4965"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4965\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4968,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4965\/revisions\/4968"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4966"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4965"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4965"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4965"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}