{"id":4856,"date":"2023-10-24T16:57:27","date_gmt":"2023-10-24T19:57:27","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4856"},"modified":"2024-04-04T17:24:32","modified_gmt":"2024-04-04T20:24:32","slug":"sordera-por-nicolas-campos-farfan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/10\/24\/sordera-por-nicolas-campos-farfan\/","title":{"rendered":"Sordera \u2013 Por Nicol\u00e1s Campos Farf\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Por irresponsable o est\u00fapido que pueda sonar, siempre he fantaseado con quedarme sordo. As\u00ed, privado de percibir conversaciones y ruidos, mi mundo y pasado se ver\u00edan a salvo de muchas perturbaciones. Al mismo tiempo, me ver\u00eda librado del vicio de prestar o\u00eddo a asuntos ajenos. Me hallar\u00eda, imagino, m\u00e1s cerca de lo dizque sagrado de la imagen \u2013o algo as\u00ed; esta \u00faltima frase claramente no da para tomarla muy en serio\u2013, y mi mapa de historias y pensamientos se enriquecer\u00eda, se har\u00eda m\u00e1s personal. Ante m\u00ed las im\u00e1genes se exaltar\u00edan, brillar\u00edan. En mi sordera ideal, incluso, podr\u00eda encontrar una suerte de misticismo. Todas las cosas que se me aparezcan sin aviso, es decir, la mayor\u00eda, ser\u00edan precisamente eso: una aparici\u00f3n, pero en su sentido m\u00e1s agradable.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"2\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Tengo claro que es un anhelo de una frivolidad tremenda: hay sordos, y en particular los sordos cong\u00e9nitos, que han sido reducidos a vidas angustiosas, marginadas, sin formaci\u00f3n ni posibilidades. Supongo que este deseo m\u00edo medio incoherente es parte de cierto amor por las palabras y las im\u00e1genes, un amor que tom\u00f3 un desv\u00edo retorcido. Tambi\u00e9n viene de una sensibilidad inc\u00f3moda que me causan los ruidos ajenos, aquellos que no puedo controlar, y la necesidad que a veces me da de hacerlos desaparecer o, por lo menos, difuminarlos, ya sea con tapones, m\u00fasica ambiental o ruido blanco.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"3\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> \u201cEl o\u00eddo, el m\u00e1s filos\u00f3fico de los sentidos\u201d, anot\u00f3 Thomas Bernhard en una novela. Es una aseveraci\u00f3n, como m\u00ednimo, discutible. Muestra mucha confianza en lo que puedan decir los dem\u00e1s, en esa forma de comunicarse, algo raro en Bernhard, sobre todo si nos acordamos de otra frase suya: \u201cDesgraciadamente, s\u00f3lo o\u00edmos siempre parlotear a los parloteadores, los otros guardan silencio, porque saben muy bien que no hay mucho que decir\u201d. A estas alturas ya sabemos que las incoherencias que se pueden decir y escuchar son infinitas, y eso no es forzosamente algo malo.\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"4\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> A veces, en momentos muy precisos junto a algunas personas, me fijo en la forma de las orejas. Parecen caracoles o espirales. Las palabras desembocan ah\u00ed y se retuercen, se enroscan, dan giros. Cada oraci\u00f3n que entra, imagino, va convirti\u00e9ndose en otra cosa.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"5\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Adem\u00e1s, no s\u00f3lo las palabras pueden entrar al o\u00eddo sin control. Es s\u00f3lo una imagen, pero piensen por favor en la oreja cortada que aparece tirada en un jard\u00edn durante el famoso comienzo de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Terciopelo azul<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Y en sus manchas verdosas y en las hormigas que le entran por el o\u00eddo.\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"6\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> \u201cAbre el o\u00eddo, \/ som\u00e9telo \/ al silencio de las flores\u201d, dec\u00eda un haiku de Ueshima Onitsura. En efecto, tal como se dice ac\u00e1, a veces somos capaces de estar atento a todos los ruidos alrededor. Pero no podemos cerrar el o\u00eddo, por desgracia. Ser\u00eda lo ideal, el fin de muchos problemas. El o\u00eddo es uno de nuestros \u00f3rganos que tenemos por fuera y como tal corre peligro. Es un \u00f3rgano que a veces me parece torpe, carente de instintos, sin intuiciones que nos hagan seleccionar qu\u00e9 escuchamos y qu\u00e9 no. No es algo menor, porque es un \u00f3rgano en extremo delicado: siempre estamos susceptibles a escuchar asuntos que no queremos, asuntos peligrosos, palabras demasiado cargadas. A veces, a menudo en medio de las noches o paseando por la calle o en cualquier momento de distracci\u00f3n, nos caen encima como un mensaje susurrado o parecido apenas a una r\u00e1faga de viento y, sin embargo, cuando los percibimos ya estamos perdidos. En tales casos uno parece despertar por segunda vez, vivir una vigilia dentro de su vigilia de insomne. As\u00ed uno se descubre dentro de un ambiente extra\u00f1o, el mismo lugar de siempre, pero distinto y peor, algo as\u00ed como verlo convertido en el decorado de una obra, y con esto quiero decir que es el mismo que ya conocemos, pero en una versi\u00f3n bizarra. Y todo se nos vuelve una emboscada.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"7\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Nuestra audici\u00f3n est\u00e1 siempre propensa a los placeres y los castigos. Acord\u00e9monos de c\u00f3mo en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ferdydurke<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, la novela de Witold Gombrowicz, hay una escena de \u201cviolaci\u00f3n por las orejas\u201d. Por otro lado, tambi\u00e9n est\u00e1 la tortura que remata la pel\u00edcula <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Audici\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Takashi Miike. All\u00ed la torturadora, utilizando agujas de acupuntura y alambres de piano que cortan hasta alcanzar los huesos, termina por dejar al protagonista, aparte de inv\u00e1lido, sordo. Todo eso mientras exclama una y otra vez \u201ckiri kiri kiri\u201d, palabra que en los subt\u00edtulos no aparece traducida e ignoro si significa algo. Y es inc\u00f3modo cuando, ya sordo el personaje, la pel\u00edcula se empantana en un silencio profundo, mientras la tortura contin\u00faa y el espectador se ve forzado a llenar ese vac\u00edo con su imaginaci\u00f3n.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"8\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Esa escena de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Audici\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> es un ejemplo de grito sordo, o grito mudo, seg\u00fan uno quiera verlo. Es una imagen conmovedora, si se piensa bien. Esa fuerza tambi\u00e9n est\u00e1 presente en dos cuadros que son famosos, supongo, por el mismo motivo: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El Grito<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Edvard Munch y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Retrato del Papa Inocencio X<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Francis Bacon. Ambos cuadros, ambos gritos, tienen ese efecto de crear una barrera o una carencia \u2013o una pregunta\u2013 a trav\u00e9s de la cual podemos observar. Por un momento nos transforman en sordos.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"9\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> \u00bfAcaso escuchamos esos gritos, los de aquellos cuadros famosos, sin necesariamente hacerlo mediante nuestros o\u00eddos? No es imposible. Pero s\u00f3lo es posible, supongo, si ya hemos tenido la experiencia de o\u00edr un grito desgarrador. Para un sordo cong\u00e9nito debe ser m\u00e1s dif\u00edcil. Tambi\u00e9n \u00e9l debe percibir una imagen de desgarro como la de cualquier grito, pero en su cabeza, imagino, es decodificada de un modo distinto y personal.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"10\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Aunque el sentido de la vista tenga eso que echamos de menos en los o\u00eddos, los p\u00e1rpados, tambi\u00e9n ac\u00e1 cabe recordar otra escena famosa de violaci\u00f3n: la de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La naranja mec\u00e1nica<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en que Alex, el personaje principal, es sometido a la tortura de ver, atado de manos y con palillos puestos en los cuencos de los ojos, cosa que le impiden cerrar los p\u00e1rpados, una secuencia de im\u00e1genes que ejecutan en \u00e9l una suerte de lobotom\u00eda.\u00a0\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"11\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Aparte de citar obras de arte conocidas, tengo otro ejemplo m\u00e1s cercano de tortura auditiva: mi abuelo, que tiene tinnitus. Su enfermedad se desat\u00f3 desde el a\u00f1o en que se jubil\u00f3, lo cual es significativo, pareciera. Ya ten\u00eda serias dificultades auditivas, pero ahora qued\u00f3 con una honda sensaci\u00f3n de vac\u00edo. No sabe qu\u00e9 hacer con sus horas. No le gustan los juegos, ni le gusta tanto leer o ver la tele. Durante las madrugadas se inquieta por ruidos que no provienen de ninguna parte, que no lo dejan dormir y lo atormentan, y en algunas ocasiones le causan fuertes mareos. Su cabeza, a veces lo imagino, debe percibirla como una b\u00f3veda, llena de ecos. Mi abuelo, un tipo siempre abstra\u00eddo en s\u00ed mismo, aunque nunca antisocial, ahora, en las escasas veces que trata de atender a alguien, se ve impedido de hacerlo porque le cuesta escuchar lo que le van hablando, y se aleja cada vez m\u00e1s de sus seres queridos.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"12\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Desde luego, me da miedo terminar como mi abuelo, o peor. Quiz\u00e1 esto explique mi deseo torpe de cierta sordera. Tengo ciertas semejanzas con \u00e9l, ciertas man\u00edas que no son las mismas pero tienen una ra\u00edz en com\u00fan. Dado su car\u00e1cter y el m\u00edo, nunca hemos conversado mucho, ni lo esperamos. Nuestra comunicaci\u00f3n, de cualquier manera, es de una manera que me cuesta explicar, fluida y cari\u00f1osa, aunque simple.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"13\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> En<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> Juan de Mairena<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, ese libro de Antonio Machado sobre un pedagogo inventado, hay un personaje particular: un alumno, designado en el puesto de oyente oficial de la clase. Podemos considerarlo como una especie de chiste, porque es claro que nadie escucha a nadie, no todo el tiempo. De hecho, el mismo profesor Mairena insiste en que no debe ser tomado en serio. Entonces elige a este muchacho que, insin\u00faa Machado, no es precisamente brillante y que como buen oyente ideal es tambi\u00e9n, como cabe suponer, mudo.\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"14\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Nadie acostumbra escuchar a nadie. O lo que en realidad recibimos de aquello que los dem\u00e1s nos cuentan es pr\u00e1cticamente lo m\u00ednimo. Subrayemos eso. Los di\u00e1logos plat\u00f3nicos son, a fin de cuentas, todos imaginarios. Y algo m\u00e1s obvio e importante: est\u00e1n todos escritos, son obras de arte literarias, antes que nada.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"15\">\n<li><span style=\"font-weight: 400;\"> Pero volvamos a la sordera. Para el sordo, y en particular para un sordo cong\u00e9nito, que es el tipo de sordo al que m\u00e1s le cuesta entender o dimensionar el lenguaje de los dem\u00e1s, el mundo entero a veces puede lucir como un enorme y oscuro decorado. Muchas de las acciones que aprecia le pueden parecer mudas e inconexas, las ve efectuarse porque s\u00ed.\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<ol start=\"16\">\n<li style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\"> \u201cUn sordo invent\u00f3 la escritura, o la escritura es la venganza de los sordos, una artima\u00f1a que nos ha hecho desconfiar de la palabra desnuda\u201d. Esto lo escribi\u00f3 Fabio Morabito en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El idioma materno<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Es una idea hermosa y potente. Nos reconcilia con nuestras limitaciones, o con muchas de nuestras limitaciones. Aunque quiz\u00e1 sea una mentira, o m\u00e1s bien una exageraci\u00f3n, s\u00ed corresponde reconocer las habilidades que se pueden desarrollar a partir de una tara. Hace unos d\u00edas, un amigo, mientras le hablaba sobre este ensayo, me cont\u00f3 c\u00f3mo los sordos que aprenden paso a paso a hablar, es decir, a aprender qu\u00e9 significa cada palabra y c\u00f3mo ir conect\u00e1ndolas con otras, no pueden evitar usar met\u00e1foras para explicarse. Si quieren decir, por ejemplo, que su padre es fuerte, pues van a decir que su padre es un elefante o un oso, o cualquier animal o personaje que sea fuerte. A ese uso de met\u00e1foras, a menudo sorprendente, se le llama poes\u00eda natural. Surge espont\u00e1neo en ellos, y es una pena que m\u00e1s tarde, cuando ya aprenden el uso convencional del lenguaje, terminen por perderlo.\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Nicol\u00e1s Campos Farf\u00e1n<\/strong><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de Philip-Lorca diCorcia<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por irresponsable o est\u00fapido que pueda sonar, siempre he fantaseado con quedarme sordo. As\u00ed, privado de percibir conversaciones y ruidos, mi mundo y pasado se ver\u00edan a salvo de muchas perturbaciones. Al mismo tiempo, me ver\u00eda librado del vicio de prestar o\u00eddo a asuntos ajenos. Me hallar\u00eda, imagino, m\u00e1s cerca de lo dizque sagrado de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":99,"featured_media":4857,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-4856","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-apuntes"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4856","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/99"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4856"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4856\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4858,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4856\/revisions\/4858"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4857"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4856"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4856"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4856"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}