{"id":4803,"date":"2023-09-26T15:26:24","date_gmt":"2023-09-26T18:26:24","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4803"},"modified":"2023-12-29T14:46:49","modified_gmt":"2023-12-29T17:46:49","slug":"en-los-nervios-y-el-estremecimiento-de-la-carne-por-drago-yurac","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/09\/26\/en-los-nervios-y-el-estremecimiento-de-la-carne-por-drago-yurac\/","title":{"rendered":"En los nervios y el estremecimiento de la carne \u2013 Por Drago Yurac"},"content":{"rendered":"<p><strong>Sobre \u201cDos ensayos sobre el terror\u201d de Ana Laetitia Barbauld &amp; John Aikin \/ Rom\u00e1n Dom\u00ednguez Jim\u00e9nez<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>El organismo es una bomba que explotar\u00eda si el espasmo inmemorial que lo constituye se soltara<\/em><br \/>\nVil\u00e9m Flusser<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Buscar archivos tiene esa pulsi\u00f3n insomne, proclive a la oscuridad, de percibir entre tanta informaci\u00f3n el brillo casi apagado de una estrella condenada al olvido. Por ejemplo, el caso de Anna Laetitia Barbauld (1743-1825) tiene esa extra\u00f1eza. Una escritora inglesa prol\u00edfica de finales de siglo XVIII e inicios del siglo XIX. Educadora, ensayista, editora e incluso revolucionaria de la literatura infantil, nos dej\u00f3 un escrito oscuro, mezclado en unas breves prosas miscel\u00e1neas (<em>Miscellaneous pieces in prose, <\/em>1773). Entremezclado entre ensayos sobre la comedia, la devoci\u00f3n o el an\u00e1lisis de poemas heroicos, aparece ah\u00ed un ensayo sobre el terror. M\u00e1s a\u00fan: <em>Del placer derivado de los objetos de terror<\/em>. M\u00e1s de un siglo antes de cualquier psicoan\u00e1lisis que sugiri\u00f3 t\u00edmidamente el goce de lo displacentero, ac\u00e1 vemos c\u00f3mo se desarrolla una anal\u00edtica pasional masoquista resumida en la frase, \u201cPreferimos padecer la s\u00fabita punzada de una emoci\u00f3n violenta que el inc\u00f3modo anhelo de un deseo insatisfecho\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sorprende que una escritora de tanta factura y obra sea in\u00e9dita en espa\u00f1ol. Pero tambi\u00e9n sorprende que, siendo de un talante moralista, se haya acercado al problema del terror, admitiendo de pleno esta paradoja del coraz\u00f3n. En los mismos albores de la proliferaci\u00f3n de novelas g\u00f3ticas en la Inglaterra de la \u00e9poca, este peque\u00f1o ensayo intenta dar cuenta de un momento literario efervescente. Sin embargo, no habr\u00e1 respuestas luminosas. Tal vez este escrito funcione como un g\u00e9nero mutante, llam\u00e9moslo el ensayo de terror: aquel escrito que busca adentrarse en un pantano con la intenci\u00f3n y promesa de traspasarlo, perdi\u00e9ndose en el intento, dejando al lector con menos respuestas de las que cre\u00eda haber tenido. Una teor\u00eda negativa, que adem\u00e1s va acompa\u00f1ada con un ejemplo aclaratorio, un relato titulado <em>Sir Bertrand<\/em>, <em>un fragmento<\/em>, al parecer escrito por su hermano John Aikin, el que queda a medio terminar por razones desconocidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al m\u00e1s puro estilo de <em>Memories<\/em> (1995) de Satoshi Kon, donde asistimos a los recuerdos m\u00f3rbidos de una rosa magn\u00e9tica en las ruinas del espacio, este tal Sir Bertrand se pierde en la noche y encuentra un castillo g\u00f3tico misterioso donde abundan ata\u00fades, estatuas negras y manos muertas, donde lo espera una dama fantasmal. Este mismo relato es citado en el ensayo maestro de H. P. Lovecraft sobre el tema, <em>El horror sobrenatural en la literatura<\/em> (1927), donde afirma el miedo como la emoci\u00f3n m\u00e1s antigua y poderosa de la humanidad, en particular el miedo a lo desconocido. Tambi\u00e9n el escrito es mencionado y citado en el mism\u00edsimo t\u00edtulo en <em>Filosof\u00edas del terror o las paradojas del coraz\u00f3n <\/em>(1990) del fil\u00f3sofo estadounidense No\u00ebl Carroll: de ah\u00ed sigue una larga lista de menciones en el mundo anglosaj\u00f3n que contrastan con su silencio en la lengua espa\u00f1ola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiero dejar todo este asunto archiv\u00edstico, pero el terror nos remite indudablemente a lo arcaico. Porque justamente este morbo del que habla Barbauld, este querer saber pese al peligro, nace de una reacci\u00f3n nerviosa, corporal, del placer en los tejidos de una carne antigua. Una que no habla de historia humana, sino de \u201cuna impronta que nunca puede ser borrada\u201d (p. 34) anterior al intelecto y el volumen, de una memoria ciega, \u201cImbunche primordial\u201d de la noche de los tiempos como escribe Rom\u00e1n Dom\u00ednguez en el principio del ensayo <em>Inmemorial de la carne <\/em>(2023), el que conecta 250 a\u00f1os despu\u00e9s la l\u00ednea esbozada por Barbauld. Por eso estos son dos ensayos que funcionan como gemelos geminianos que se iluminan y oscurecen al mismo tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Inmemorial<\/em> es una palabra extra\u00f1a: si bien su significado remite a algo tan antiguo que no se recuerda cu\u00e1ndo comenz\u00f3, m\u00e1s all\u00e1 del alcance de los registros; su imaginario nos trae un paisaje de ruinas, de mausoleos y l\u00e1pidas, de arquitecturas memoriales. Como si su prefijo a\u00fan no se pudiera liberar de nuestro deseo de recordar. Pero inmemorial no es lo contrario de la memoria, es decir, el olvido, sino algo m\u00e1s profundo: el espasmo inicial de las entra\u00f1as cuando todav\u00eda no pod\u00eda existir una cuota de registro, donde solo se grababa en los nervios de la materia bajo la forma accidental del estremecimiento de la carne.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por lo mismo, Rom\u00e1n dice que su ensayo es una suerte de epitafio. Remite a ese archivo imposible de nuestras v\u00edsceras para declarar un vitalismo terror\u00edfico a partir del suceso innombrable que nos proporciona escalofr\u00edos y que nos hace sentir vivas. Dividido en seis secciones, cada una recorre una variaci\u00f3n que se despliega bajo la forma del p\u00e1rrafo breve e incisivo, similar a fil\u00f3sofos de prosas po\u00e9ticas como la de Nietzsche en <em>La gaya ciencia<\/em>, la de Bataille en <em>La experiencia interior, <\/em>como las desesperaciones de Cioran o como los escolios impl\u00edcitos del colombiano G\u00f3mez D\u00e1vila. El mismo Nietzsche es citado a prop\u00f3sito de que \u201clos fil\u00f3sofos no deben limitarse a inspirar asombro, sino tambi\u00e9n terror\u201d (p. 40). Con ese motivo est\u00e9tico, cada secci\u00f3n toma apuntes distintos que se podr\u00edan resumir en este orden telegr\u00e1fico: la carne, la risa, el miedo, la pesadilla, la escritura, el terror c\u00f3smico, los vampiros y brujas, los pactos, los sacrificios, el shock, la cultura digital, los simulacros, la sabidur\u00eda gn\u00f3stica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No me qued\u00e9 tranquila cuando termin\u00e9 de leer. Es una tragedia que funciona como herej\u00eda: contra el buen sentido del pensamiento, ante todo. Tan solo recordar c\u00f3mo el aventurero profesor de est\u00e9tica y cine, Rom\u00e1n, formado en M\u00e9xico y Francia para recalar en los terrores chilenos, mostraba la mencionada frase de Barbauld, \u201cla punzada de una emoci\u00f3n violenta\u201d, en el curso de Est\u00e9tica Moderna. Todo aquello entremedio del paisaje de un estallido social y una pandemia que invirtieron todo esquema posible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00daltimas notas sobre la carne<\/em>: no puedo dejar de mencionar el t\u00e9rmino carne. C\u00f3mo esta palabra es rescatada en el ensayo, sustra\u00edda de su sentido cristiano en decadencia, para valorizarla como grado cero del esp\u00edritu, a contramano de toda jerga manoseada sobre el cuerpo. Aqu\u00ed hablamos de un cuerpo inervado, lleno de vida, pero tambi\u00e9n de espanto. Delineando como el cine de Cronenberg, la carne se encuentra en el intersticio de la herida fundamental, la m\u00e1s existencial y palpable, ya en los dilemas de la creaci\u00f3n primigenia de la materia como vida, con toda esa f\u00edsica horripilante de la que proviene todo germen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Drago Yurac<\/strong><\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Sobre:<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"362\" height=\"561\" class=\"alignleft size-full wp-image-4805\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/Sobre-el-terror.png\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/Sobre-el-terror.png 362w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/Sobre-el-terror-194x300.png 194w\" sizes=\"auto, (max-width: 362px) 100vw, 362px\" \/><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Dos ensayos sobre el terror:<\/em><\/p>\n<p><em>Del placer derivado de los objetos de terror<\/em>, Anna Laetitia Barbauld &amp; John Aikin (traducci\u00f3n de Rom\u00e1n Dom\u00ednguez Jim\u00e9nez &amp; Cristi\u00e1n D\u00edaz O\u2019Ryan)<\/p>\n<p><em>Inmemorial de la carne<\/em>, Rom\u00e1n Dom\u00ednguez Jim\u00e9nez<\/p>\n<p>Agosto 2023<\/p>\n<p>Ordinaria Editorial<\/p>\n<p>78 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre \u201cDos ensayos sobre el terror\u201d de Ana Laetitia Barbauld &amp; John Aikin \/ Rom\u00e1n Dom\u00ednguez Jim\u00e9nez &nbsp; El organismo es una bomba que explotar\u00eda si el espasmo inmemorial que lo constituye se soltara Vil\u00e9m Flusser &nbsp; Buscar archivos tiene esa pulsi\u00f3n insomne, proclive a la oscuridad, de percibir entre tanta informaci\u00f3n el brillo casi [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":95,"featured_media":4806,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[],"class_list":["post-4803","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4803","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/95"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4803"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4803\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4808,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4803\/revisions\/4808"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4806"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4803"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4803"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4803"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}