{"id":4702,"date":"2023-08-23T15:18:15","date_gmt":"2023-08-23T18:18:15","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4702"},"modified":"2023-08-23T15:18:29","modified_gmt":"2023-08-23T18:18:29","slug":"historia-abreviada-del-ocio-por-maria-sonia-cristoff","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/08\/23\/historia-abreviada-del-ocio-por-maria-sonia-cristoff\/","title":{"rendered":"Historia abreviada del ocio \u2013 Por Mar\u00eda Sonia Cristoff"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El aviso tiene colores brillantes. Muestra a una familia tipo encaramada a los bordes de una pileta y promete: &#8220;Disfrute de sus ratos de ocio con los suyos&#8221;. Por el texto, podr\u00eda tratarse de una publicidad de una agencia de turismo, o de un constructor de piletas de nataci\u00f3n, o de una discoteca, o hasta de la recomendaci\u00f3n de una casa parroquial. Desde todos esos terrenos y desde distintas \u00e9pocas se ha intentado definir y calificar al ocio que hoy, en este aviso, aparece impuesto por un &#8220;disfrute&#8221; imperativo. Tal vez sea un buen momento para preguntarnos a qu\u00e9 nos referimos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">EL OCIO COMO TIEMPO LIBRE<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Que tal persona &#8220;no se encuentra disponible&#8221; suele ser una noticia que recibe con cierta frecuencia cualquier usuario de celular en esta \u00e9poca tecnologizada. Tal vez algunos de esos usuarios piensen el significado de la frase en t\u00e9rminos de mercado amoroso y\/o sexual. M\u00e1s improbable ser\u00e1 que haya <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">otros que piensen que \u201cdisponible\u201d, adem\u00e1s, <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">reafirma una concepci\u00f3n del tiempo que esta era <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">del celular hered\u00f3 de la industrial.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">A partir de la revoluci\u00f3n que se inici\u00f3 en Gran Breta\u00f1a en la segunda mitad del siglo XVIII, el trabajador ingres\u00f3 en una estructura social y laboral que cambi\u00f3 su relaci\u00f3n con la producci\u00f3n y con <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">el dinero, y empez\u00f3 a generar la idea de que uno es libre de disponer del tiempo propio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Antes de eso, no exist\u00eda una separaci\u00f3n tajante entre tiempo disponible y no disponible: entre los griegos, por ejemplo, el ocio era un estado continuo del que disfrutaban las clases privilegiadas. Y m\u00e1s tarde, en la estructura medieval, era el trabajo\u00a0 un estado continuo en el que el campesino viv\u00eda inmerso durante seis d\u00edas por semana, seguidos por un s\u00e9ptimo en el que no se le ocurr\u00eda hacer otra cosa que descansar. No hab\u00eda nada que pensar ni que decidir ni que elegir. En ese &#8220;tiempo flotante preindustrial&#8221; no se conceb\u00eda esa separaci\u00f3n entre tiempo propio y tiempo de los otros, sino que se consideraba que hab\u00eda una actividad diaria continua en la que se intercalaban pausas de descanso regulares.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Con el avance de los siglos el tiempo libre de los trabajadores<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> postindustriales se empez\u00f3 a considerar un valor, algo que contribu\u00eda a su desarrollo como seres humanos y al de la actividad en la que estaban inmersos. De hecho, durante el siglo XX algunos pensadores prefirieron dejar atr\u00e1s el concepto de ocio asociado a la inactividad de las <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">clases que no ten\u00edan que trabajar para asegurarse la subsistencia, para cambiarlo por el concepto de tiempo libre, en el cual toda persona obligada a trabajar para sobrevivir se dedica a actividades puramente recreativas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Se hizo mucho por defender ese tiempo libre. Las jornadas de trabajo que a mediados del siglo XIX eran de 15 o 17 horas diarias y de 75 u 80 semanales en las f\u00e1bricas europeas se redujeron a jornadas de 8 horas diarias y 48 semanales despu\u00e9s de la primera convenci\u00f3n que la Organizaci\u00f3n Internacional del Trabajo llev\u00f3 a cabo en Washington, <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">en 1919. Esa misma postura de apolog\u00eda del tiempo libre qued\u00f3 plasmada en el art\u00edculo 24 de la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos del Hombre que las Naciones Unidas proclamaron despu\u00e9s de la Segunda Guerra. Incluso se lleg\u00f3 a fantasear <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">con la idea de una &#8220;revoluci\u00f3n del ocio&#8221;: un avance tecnol\u00f3gico que permitiera que cada vez fueran m\u00e1s las horas disponibles, es decir dedicadas a actividades desligadas de la subsistencia material.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El fil\u00f3sofo ingl\u00e9s Bertrand Russell ya hab\u00eda asegurado que la sociedad postindustrial pod\u00eda permitirse esa organizaci\u00f3n del trabajo en un art\u00edculo escrito despu\u00e9s de la Primera Guerra (a la que, digo de paso, se opuso tanto que lo destituyeron de su cargo en Cambridge y lo mandaron preso). Mientras sus compatriotas discut\u00edan las leyes laborales y por ende la relaci\u00f3n entre ocio y trabajo, <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00e9l defend\u00eda la jornada laboral de cuatro horas. El ser humano puede, dec\u00eda, subsistir con lo que gana en cuatro horas y dedicar el resto de su tiempo <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">a un ocio activo, a actividades \u2013no <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">necesariamente<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> intelectuales o art\u00edsticas\u2013 que lo conecten consigo mismo y con la sociedad en la que est\u00e1 inmerso. Sin embargo no, esa organizaci\u00f3n laboral absolutamente posible se descarta en pos de la Moral del Trabajo que, dec\u00eda Russel, es la Moral de la Esclavitud.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">EL OCIO COMO AMENAZA<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Tambi\u00e9n Russell cuenta que a fines del siglo XIX, cuando \u00e9l era chico y en Inglaterra se empezaba a discutir el tema de las vacaciones como un derecho que el Estado deb\u00eda proporcionar a los trabajadores, una duquesa amiga de su familia dijo una de esas frases que la intuici\u00f3n infantil no termina de entender pero almacena igual: &#8220;\u00bfPara qu\u00e9 quieren los pobres las vacaciones? \u00bfQu\u00e9 har\u00edan si no trabajaran?&#8221; El sobreentendido de la se\u00f1ora es el mismo que manejaban los reformistas sociales contempor\u00e1neos a Russell y el mismo que maneja hoy el inconsciente colectivo: las horas sin trabajo pueden ser germen de todo tipo de perversi\u00f3n, sobre todo si esas horas son dispuestas por las clases menos favorecidas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En los a\u00f1os veinte del siglo hom\u00f3nimo los cient\u00edficos sociales y los psic\u00f3logos estadounidenses no dejaban de publicar art\u00edculos y libros acerca del \u201cNuevo Ocio\u201d y de la forma de administrarlo para que no se volviera peligroso. En esos a\u00f1os previos a la Depresi\u00f3n, muchas empresas hab\u00edan empezado a seguir el modelo brit\u00e1nico, que desde hac\u00eda varias d\u00e9cadas aceptaba que el s\u00e1bado s\u00f3lo se trabajara hasta el mediod\u00eda, y ahora hab\u00eda que ver qu\u00e9 hacer con todo ese tiempo libre agregado. Fue parad\u00f3jicamente la Gran Depresi\u00f3n de 1929 la que contribuy\u00f3 a lograr esa conquista laboral de reducci\u00f3n de horas de trabajo: para que el desempleo fuera menor se daban menos horas a una mayor cantidad de empleados.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Otra paradoja est\u00e1 en el hecho de que Henry Ford, <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que nunca tuvo muchas actitudes de alta sensibilidad social, fuera el primero en instituir el fin de semana de dos d\u00edas en su f\u00e1brica. Un c\u00f3mic de la \u00e9poca mostraba a un obrero sentado ante una pila de planchas de piedra en las que estaban escritos los Diez Mandamientos. El obrero hab\u00eda partido en dos el cuarto y, frente a la mirada horrorizada de Mois\u00e9s, esculp\u00eda en otra plancha: <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">&#8220;Trabajar\u00e1s durante cinco d\u00edas, pero el sexto y <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">el s\u00e9ptimo son tuyos y puedes hacer en ellos todo lo que desees&#8221;. Darling, el creador del c\u00f3mic, hab\u00eda dibujado el cap\u00f3 de un modelo Ford T en un rinc\u00f3n del dibujo. Ford, por supuesto, no hab\u00eda llegado <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">a esa determinaci\u00f3n movido por el altruismo sino <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">por un razonamiento que se convirti\u00f3 en previsi\u00f3n <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">acertada: pens\u00f3 que a ma yor tiempo libre m\u00e1s <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">actividades recreativas, y por ende m\u00e1s uso del autom\u00f3vil. Las d\u00e9cadas siguientes le dar\u00edan la raz\u00f3n, <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">ya que los viajes y las salidas de fin de semana empezaron<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> a extenderse como un rito habitual durante <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">el tiempo libre.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Esas medidas pudieron haber mejorado las cuentas <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">de Ford, pero aun as\u00ed no solucionaban el problema <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que ten\u00edan los reformadores sociales, preocupados <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">por el destino que esos mismos trabajadores dar\u00edan <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">a todo otro d\u00eda de tiempo libre. La sociedad americana<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">, ya entonces decidida a educar a los suyos en el culto al trabajo y en el embotamiento personal, tem\u00eda que ese ocio condujera a la bebida. Para mejorar ese mal, entonces, decidieron incentivar las <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">posibilidades de consumo. Que en el tiempo libre gastaran el dinero, si no \u00bfpara qu\u00e9 trabajaban tanto durante la semana? O que se emboten a\u00fan m\u00e1s, segunda soluci\u00f3n para la que tuvieron que esperar al fin de la Segunda Guerra, cuando se produjo el boom de la televisi\u00f3n. Gracias a ella los americanos \u2013seg\u00fan una encuesta de los a\u00f1os noventa\u2013 tienen la mayor cantidad de televisores per c\u00e1pita del mundo y pasan tres horas de su tiempo libre diario mirando televisi\u00f3n. Un problema menos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">EL OCIO COMO SABIDUR\u00cdA<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En las ant\u00edpodas del ocio como embotamiento est\u00e1 el ideal de ocio de los griegos. Estos consideraban al ocio como un camino hacia la sabidur\u00eda por medio de la contemplaci\u00f3n. Arist\u00f3teles, incluso, lo consideraba un medio para acceder a la felicidad, <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">el fin \u00faltimo de la vida. El ocio no deb\u00eda, seg\u00fan esta concepci\u00f3n, aportar ning\u00fan beneficio que estuviera m\u00e1s all\u00e1 del logro espiritual, con lo cual la misma <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">se opone tambi\u00e9n a los razonamientos de los pensadores sociales que vieron en el ocio una forma de mejorar la productividad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Justamente cuando los reformistas sociales ingleses discut\u00edan este tema, el ensayista ingl\u00e9s G. K. Chesterton sali\u00f3 en defensa de un ocio que en algo se <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">acerca al de los griegos. El, que no paraba de producir novelas, art\u00edculos period\u00edsticos y cr\u00edticas literarias, admiraba sin embargo la capacidad de no hacer nada, defend\u00eda al ocio entendido como espacio para dejar transcurrir el tiempo. Es porque se <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">ha descuidado ese ocio, &#8220;porque &#8230; no se le rinde <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">el culto necesario a la gran tarea de No Hacer Nada que el mundo ha perdido su filosof\u00eda e incluso <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">ha fracasado en todo intento de crear una nueva religi\u00f3n&#8221;.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Los latinos, tambi\u00e9n en este tema, tomaron una actitud similar a la de los griegos. En el primer siglo de esta era, S\u00e9neca \u2013el fil\u00f3sofo y orador que escribi\u00f3 tambi\u00e9n acerca de la ira\u2013 escribi\u00f3 un tratado filos\u00f3fico en el cual el ocio aparece tratado como una actitud fundamental para acceder a la sabidur\u00eda. Y no s\u00f3lo eso, S\u00e9neca ten\u00eda una concepci\u00f3n del ocio que seguramente aprobar\u00edan muchos psicoanalistas contempor\u00e1neos: era, dec\u00eda, la oportunidad de ejercitar el recuerdo y por ende el reconocimiento de uno mismo. A nadie compadec\u00eda m\u00e1s, se\u00f1alaba, <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que a esos hombres atareados que viv\u00edan neg\u00e1ndolo todo en la juventud por no tener tiempo de recordarlo y en la vejez por no deprimirse al ver lo que hab\u00edan dejado de hacer en sus vidas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Robert L. Stevenson, \u00e9l escritor ingl\u00e9s que pas\u00f3 los \u00faltimos a\u00f1os de su vida en el archipi\u00e9lago polinesio de Samoa, escribi\u00f3 una apolog\u00eda del ocio en la <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que tambi\u00e9n se refiere al modo en que la vejez se cobra su precio frente a aquellos que no fueron capaces de disfrutarlo a lo largo de la vida. Llama a estos &#8220;los muertos vivientes&#8221; y dice que se los puede reconocer por la mirada vac\u00eda y triste con la que esperan un tren en la estaci\u00f3n. Se ve entonces, en ese modo vacuo de mirar, que no han sido capaces <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">de abrirse a nada que estuviera m\u00e1s all\u00e1 de sus ocupaciones convencionales, que cuando iban a la universidad no eran capaces de ver m\u00e1s all\u00e1 de sus medallas, que cuando iban de viaje no eran capaces de ver m\u00e1s all\u00e1 de sus negocios. &#8221;Cuando a\u00fan llevaba pantalones cortos \u2013dice Stevenson frente a un modelo hipot\u00e9tico\u2013 deber\u00eda haberse trepado a <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">los pescantes de los coches; cuando ten\u00eda veinte a\u00f1os deber\u00eda haberse fijado en las chicas; pero ahora <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">la pipa est\u00e1 muy consumida, la caja de rap\u00e9 vac\u00eda, y nuestro caballero se sienta muy tieso en un banco, esperando el tren con la mirada triste. No me parece a m\u00ed que esto sea el \u00c9xito en la Vida&#8221;, concluye antes de asegurar que si alguien no puede ser feliz sin ocio debe hacer todo para gestion\u00e1rselo. Y agrega que para \u00e9l se trata de un precepto revolu<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">cionario.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">EL OCIO COMO PLACER<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Florence Dixie, una lady inglesa que a fines del siglo XIX parte hacia la Patagonia con la intenci\u00f3n de olvidarse del agobio que le produc\u00eda la existencia londinense, representa sin grietas la concepci\u00f3n de ocio como placer. En principio, su pertenencia a <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">la nobleza garantiza un ocio no productivo, puramente hedonista. Y luego su ocio est\u00e1 asociado con el viaje, actividad que reci\u00e9n entonces empieza a despegarse de funciones comerciales y\/o gubernamentales para asociarse con el placer. Se va con un grupo de gente querida, lo que la libera de en<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">cuentros con desconocidos que puedan amenazar su deleite o sus conversaciones con iguales. Su periplo patag\u00f3nico, que comienza en Punta Arenas asciende hacia los Andes, le despeja el cerebro de obligaciones mundanas, de conflictos sociales que amenazan los privilegios de su clase y, sobre todo, le permite recuperar el gusto perdido. El ocio y el gusto se unen literalmente: gran parte de esa recuperaci\u00f3n se debe a los manjares \u2013chorlitos alimentados con ar\u00e1ndanos, patos salvajes, corderos y avestruces\u2013 que la naturaleza nueva le permite improvisar<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">De hecho, gusto y ocio han ido juntos en varios momentos de la historia. En los yantares medievales <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">el banquete de las clases ociosas \u2013al contrario de los picnics de pan y queso de los campesinos\u2013 constaba <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">de avutardas, ciervos, ocas, pollos, pavos, liebres, patos, perdices, faisanes \u2013que incluso serv\u00edan para revivir princesas melanc\u00f3licas\u2013, jabal\u00edes y osos. Los invitados, que sol\u00edan sentarse sobre almohadones <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">de seda, matizaban todas estas carnes con una serie variada de condimentos: laurel, an\u00eds, menta y <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">azafr\u00e1n entre los m\u00e1s comunes. Esas mismas carnes, adem\u00e1s, reforzaban el prestigio de los anfitriones porque eran producto de una pr\u00e1ctica de las clases ociosas, la caza mayor. En el siglo XIX ingl\u00e9s, cuando <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">se dio un proceso de democratizaci\u00f3n de las pr\u00e1cticas ociosas, la caza mayor sigui\u00f3 siendo un deporte exclusivo de la clase alta. Incluso, uno de los s\u00edmbolos del poder ingl\u00e9s que la corona exportaba entre sus colonias: los maharaj\u00e1s de la India, por ejemplo<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">, cuidaban la caza de tigres como uno de los estandartes del proceso de anglicanizaci\u00f3n <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">al que se sometieron durante el dominio brit\u00e1nico. En la Inglaterra\u00a0 de principios del siglo XVIII el proceso de enriquecimiento que se empez\u00f3 a expandir por una capa amplia de la poblaci\u00f3n, <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">se vio acompa\u00f1ado por una creciente popularizaci\u00f3n del caf\u00e9, del t\u00e9 y del tabaco (s\u00ed, en ese orden que desaf\u00eda todo mito ingl\u00e9s, el caf\u00e9 primero). Los se\u00f1ores ten\u00edan m\u00e1s tiempo \u2013en aquella \u00e9poca la riqueza pod\u00eda ser sin\u00f3nimo de tiempo libre\u2013 y se juntaban para fumar su tabaco y beber en compa\u00f1\u00eda. La lectura pas\u00f3 a ser, entonces, un placer al que <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">la gente dedicaba su tiempo libre. La mayor alfabetizaci\u00f3n, el papel m\u00e1s barato y las imprentas m\u00e1s r\u00e1pidas fueron las razones principales que influyeron para que la lectura se extendiera como pr\u00e1ctica y diera as\u00ed lugar al ocio privado, una marca de la modernidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">EL OCIO COMO CONSUMO<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Justamente entonces, en ese siglo XVIII en el que Inglaterra empieza a enriquecerse gracias a su supremac\u00eda en el comercio de ultramar, es cuando se puede hablar del principio de la comercializaci\u00f3n del ocio. Los trabajadores ya no se encuentran solamente en las calles, por las fiestas populares, sino que se re\u00fanen en teatros, circos y carreras de caballos. El motivo de reuni\u00f3n, que desde la Edad Media estuvo fijado por las autoridades eclesi\u00e1sticas <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">ya no es la fiesta religiosa sino la diversi\u00f3n humana. Y esta, en todos los casos, est\u00e1 mediatizada por alg\u00fan tipo de comerciante que lleva adelante ese circo, ese teatro, esa taberna. Cada una de estas reuniones es, adem\u00e1s, una ocasi\u00f3n para beber y <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">dar curso a tino de los productos de consumo m\u00e1s asociados con el ocio: el alcohol. En ese momento, cuando el trabajador ve que el dinero fluye a su alrededor y que puede convertirlo en bienes que justifican ganarlo, parecer\u00eda estar el germen de nuestra condena contempor\u00e1nea: casi todos optan por ganar m\u00e1s para gastar m\u00e1s en vez de ganar menos para tener m\u00e1s tiempo libre.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El OCIO COMO PEREZA<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Si la Biblia no hab\u00eda alcanzado para convencernos de que la pereza es algo condenable, tuvimos las f\u00e1bulas de infancia para recordarnos que la hormiguita de la que tanto nos re\u00edmos en el verano fue <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">la \u00fanica que la pas\u00f3 bien durante el invierno. La pereza puede ser, para los religiosos y para los planificadores sociales, a\u00fan m\u00e1s nociva que el alcohol. Incluso m\u00e1s dif\u00edcil de determinar, porque tiene <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">su coartada: nunca es del todo evidente. Cuando el pensador franc\u00e9s Roland Barthes hace su apolog\u00eda de la pereza dice que puede tomar una de sus formas m\u00e1s dolorosas, que es la diversi\u00f3n: en pos de ella \u00e9l puede matizar sus largas sesiones de escritura parisina con pausas para hacerse una taza de caf\u00e9, para hojear una revista, para regar una planta. Dif\u00edcilmente<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> se lo pueda acusar de estar haciendo fiaca entonces, entregado a la pereza: de hecho, est\u00e1 haci\u00e9ndose un caf\u00e9 para aumentar su atenci\u00f3n, hojeando una revista para buscar un dato o regando una planta para que la pobre no se muera. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Es decir, la pereza no tiene una actuaci\u00f3n determinada, no se encuentra en los actos sino en la disposici\u00f3n mental. Porque incluso si alguien est\u00e1 sentado en una silla, mirando el vac\u00edo, puede argumentar que est\u00e1 pensando o \u2013ya corriendo un <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">alto peligro de inverosimilitud si lo pensamos en el mundo actual\u2013 que est\u00e1 entregado a la contemplaci\u00f3n. La pereza se ha asociado con el ocio pero en realidad no tiene nada que ver con \u00e9l: este \u00faltimo deber\u00eda ser sin\u00f3nimo de nada para hacer, mientras que la anterior supone una tarea demorada, postergada. De hecho, Barthes apoya esa divisi\u00f3n cuando se pregunta, ret\u00f3ricamente, por qu\u00e9 ser\u00e1 que siempre se habla del derecho al tiempo libre y nunca del derecho a la pereza.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">EL OCIO COMO INSTINTO<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Desde que Arist\u00f3teles habl\u00f3 en su <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Historia de los animales<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de las sensaciones o estados que hombres <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">y animales compart\u00edan \u2013la sagacidad, la tristeza, la alegr\u00eda, el temor o la cobard\u00eda\u2013, la tentaci\u00f3n de igualar comportamientos de ambas especies es una constante en la cultura occidental. A pesar de que desde principios del siglo XX la ciencia insiste en que nada oscurece m\u00e1s el saber acerca del compor<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">tamiento animal que establecer comparaciones entre este y el humano sobre las mismas bases, hay algo impregnado en la cultura popular que nos lleva a igualarnos con los animales. Tal vez sea un modo de pedir permiso para justificar nuestros instintos, una coartada para poder presentar al mundo nuestro lado animal.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Clemente Onelli, que fue director del Zool\u00f3gico de la ciudad de Buenos Aires durante las dos primeras d\u00e9cadas del siglo XX, se tom\u00f3 esa misma libertad para igualar humanos y animales cuando ya casi era un poco tarde para que la ciencia se lo perdonara. Pero \u00e9l, que viv\u00eda rodeado de animales en su casa dentro del Zoo, ten\u00eda mucho para decir al respecto. En una serie de columnas que escrib\u00eda regularmente, por ejemplo, clasific\u00f3 las especies <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">de su zool\u00f3gico seg\u00fan los pecados capitales. La ira, dice, le parece inherente a todo animal, aunque en pocos tan paradigm\u00e1ticamente expresada como en el tigre de Bengala. La envidia le parece la \u00abpasi\u00f3n ps\u00edquica&#8221; que con m\u00e1s intensidad sienten los animales. La lujuria \u2013que a veces analiza en combinaci\u00f3n con la ira, como ocurre en el caso de los osos machos que llegan a matar de un zarpazo a la osa hembra cuando esta se excede en sus remilgos para la entrega\u2013 observada entre los monos de su zool\u00f3gico le parece, sobre todo, producto del ocio al que esos animales se ven sometidos en el encierro. Nadia Boscarol, bi\u00f3loga que trabaja hoy en ese mismo Zool\u00f3gico, tambi\u00e9n se refiere a los efectos nocivos del ocio en algunas especies. El jaguar, por <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">ejemplo, que naci\u00f3 para cubrir unas 5.000 hect\u00e1reas de territorio en las que tiene que supervisar, acechar, cazar y buscar pareja, se ve embotado por <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">la actividad ociosa de la jaula. Los bi\u00f3logos del <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Zoo, para revertir esta situaci\u00f3n, han ideado ahora un sistema de obst\u00e1culos que saque a esas especies de su letargo: se les coloca los alimentos a una altura que implique esfuerzo de obtenci\u00f3n, se les propone toda una serie de juegos. Otras especies, en cambio, parecen creadas para el ocio. El le\u00f3n, por ejemplo, que duerme 20 horas por d\u00eda. O los osos, que pasan casi todos los meses invernales durmiendo. O los reptiles, que se mueven s\u00f3lo para alimentarse, copular y pelear por su territorio. O las ranas, que no se mueven ni siquiera para cazar alimento porque su estrategia no es la de la persecuci\u00f3n sino la de la espera del momento justo para capturar <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">al insecto incauto. Nadia Boscarol aclara repetidamente que aun as\u00ed no podemos hablar de h\u00e1bitos ociosos porque, como se ve, en esa quietud el animal est\u00e1 siempre haciendo algo: recuperando energ\u00edas, digiriendo o esperando a sus presas, y sobre todo porque no quiere aplicar t\u00e9rminos del comportamiento humano al animal.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Es decir que, si por un obcecado intento de personalizaci\u00f3n, por guardarnos el privilegio de sortear un d\u00eda de furia urbano yendo a ver la jaula de los lagartos al sol para sentir que alguien nos comprende, que alguien realiza nuestros sue\u00f1os, que hay un instinto animal que justifica nuestro ocio, tendremos que recurrir a los escritores previos al siglo XIX. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">A Claudio Eliano, por ejemplo \u2013el maestro de ret\u00f3rica que escribi\u00f3 en griego la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Historia de los animales<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013, cuando describe los h\u00e1bitos de los z\u00e1nganos: &#8220;El z\u00e1ngano se esconde de d\u00eda en el panal, pero por la noche, cuando las abejas reposan, invade el terreno en el que ellas trabajan y se comporta como un v\u00e1ndalo en la colmena. La mayor\u00eda de las abejas duermen, por el mucho cansancio que experimentan, pero algunas montan guardia, de modo que cuando observan lo que ocurre, apresan al bandido, le dan una paliza m\u00e1s o menos leve y lo echan fuera de la colmena. Pero los z\u00e1nganos no se corrigen ni siquiera de esta forma, ya que son glotones y ociosos por naturaleza&#8221;. Todo indica que a veces, para aceptarnos ciertos comportamientos, <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">es m\u00e1s sabio recurrir a la f\u00e1bula que a la ciencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">EL OCIO COMO CREACI\u00d3N<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cualquiera que haya prestado atenci\u00f3n al dialecto de hombre ocupado porte\u00f1o se habr\u00e1 topado <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">con la frase \u201cocio creativo&#8221;, con la cual aquellos se refieren a ese per\u00edodo usualmente breve de tiempo en el que interrumpen su rutina opresiva para cambiarla por una actividad \u2013un viaje, una salida, incluso la pr\u00e1ctica de alg\u00fan deporte\u2013 que los inspire para encontrar estrategias m\u00e1s efectivas para aplicar a su vuelta a la rutina. Esta idea del \u201cocio creativo\u201d se sustenta, entonces, en el sobreentendido de que el fin \u00faltimo de la vida es lograr el mejor r\u00e9dito dentro del terreno de esa rutina. Si mis aza<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">rosos estudios de campo no me enga\u00f1an, podr\u00eda asegurar que el ocio creativo como frase pertenece exclusivamente al dialecto del hombre de negocios. Es decir que en su caso habr\u00eda un eufemismo en el cual &#8221;creaci\u00f3n&#8221; est\u00e1 reemplazando a &#8220;generaci\u00f3n&#8221;, ya que normalmente su rutina est\u00e1 focalizada en la idea de generar dinero m\u00e1s que de crearlo. Y el <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">ocio ser\u00eda, seg\u00fan esa l\u00ednea de pensamiento y contradiciendo la aristot\u00e9lica, un subsidiario del trabajo. M\u00e1s all\u00e1 de las implicancias de esa frase, existe un consenso com\u00fan que supone que el terreno donde m\u00e1s se puede ver la relaci\u00f3n del ocio con la creaci\u00f3n es el del arte. Que el tiempo libre es el que brinda el espacio necesario para enfrentar cualquier proceso creativo. Que el artista, en definitiva, es alguien que est\u00e1 la mayor parte del tiempo disfrutando de su tiempo o de los placeres con los que se suele asociar al ocio. &#8220;Duerme hasta el mediod\u00eda porque es escritor, o se la pasa todo el d\u00eda mirando chicas desnudas porque pinta&#8221; son algunas de las frases en las que se revela este sobreentendido. Pero, en verdad, esta asociaci\u00f3n de ocio y creaci\u00f3n <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">es s\u00f3lo un prejuicio: cualquier artista sabe lo trabajoso que es su arte. Y cualquier artista de principios del siglo XXI sabe tambi\u00e9n que, aunque se tome todas las libertades en el momento de plantear su obra, esta se convertir\u00e1 luego en un producto dentro del mercado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">A principios del siglo XX, G.K. Chesterton analiza ese lugar com\u00fan que asocia arte a ocio y encuentra un punto en el cual se unen. Al contrario del <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">ocio entendido como pr\u00e1ctica de un deporte, por ejemplo, donde una persona tiene la posibilidad de hacer una cosa \u2013una tarde para jugar al tenis, un fin de semana de pesca\u2013, el arte brinda a <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">la persona la posibilidad de hacer cualquier cosa, de crear todo un universo. Lo cual hace ingresar <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">otro ingrediente fundamental en esta disquisici\u00f3n sobre el ocio: la libertad. No es que el artista <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">sea ocioso porque no est\u00e1 sometido al trabajo sino porque disfruta de libertad para desarrollarse <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">en \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">EL OCIO COMO QUIMERA<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Aquella sinonimia nos acerca a la m\u00e1s inc\u00f3moda de las preguntas: \u00bfexiste tal cosa como &#8220;el nada para hacer&#8221;? \u00bfHay alguna forma de asociar el ocio a <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">la libertad, a la absoluta disposici\u00f3n sobre el propio tiempo? Tal vez lo m\u00e1s parecido a eso fue el ocio <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">tal como lo comprendieron los griegos, como estado ideal para el ejercicio del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">diagogos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, o el ocio de <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">las aristocracias europeas previas a la Revoluci\u00f3n Industrial. En la sociedad actual, al contrario de lo que vaticinaron las optimistas &#8220;revoluciones del ocio&#8221; de las primeras d\u00e9cadas del siglo XX, el ocio como posibilidad de no hacer nada se ve remota. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">La ansiedad y el p\u00e1nico al autorreconocimiento <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que propicia la sociedad contempor\u00e1nea como estados del alma avanzan justo en la direcci\u00f3n opuesta. La idea de improductividad tambi\u00e9n: ahora se supone que el tiempo libre, adem\u00e1s debe ser pro<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">vechoso para algo: para mejorar el estado f\u00edsico, para hacer sociales que muchas veces tienen algo de lobby, para mejorar el nivel cultural. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">La industria cultural \u2013a la que Edgar Morin llama &#8220;la segunda industrializaci\u00f3n&#8221;\u2013 ha crecido, de hecho, durante el siglo XX y, como tal, ha adoptado todos los condicionamientos y reglas del mercado de cualquier otro tipo de bienes. Ahora, como <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">bien a consumir, presenta una caracter\u00edstica curiosa: es bastante habitual que cuando alguien opta por <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">la cultura cuando tiene algo de tiempo libre sienta que est\u00e1 haciendo algo &#8220;que le hace bien&#8221;, que lo mejora como persona. Al contrario de otros bienes que se consumen en ratos de ocio \u2013bebidas, manjares, vestuario\u2013, los culturales tienen algo de medicinal: existe toda una franja de consumidores que, por ejemplo, sale de ver una exposici\u00f3n de fotos m\u00e1s satisfecho por los puntos que sum\u00f3 a su nivel cultural que por el goce experimentado. Con lo cual, aunque nunca se siente a pensarlo, su <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">tarde de ocio tuvo menos de libertad y de placer que de trabajo sobre la personalidad propia. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Lo mismo sucede con los viajes, que a partir del siglo XIX y fundamentalmente del XX, se convirtieron en una de las opciones habituales para el tiempo de ocio. La industria tur\u00edstica ha avanzado tanto en sus propuestas que al final de cada viaje lo m\u00e1s probable es que el supuesto ocioso vuelva m\u00e1s alienado y agotado que nunca. No en vano suele decirse que se necesitan vacaciones para reponerse de las vacaciones.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El estudioso Witold Rybczynski, profesor del prestigioso Wharton College, llama la atenci\u00f3n sobre <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">lo trabajoso que se ha vuelto el ocio en los tiempos que corren. Cada vez m\u00e1s, dice, las actividades <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">que se llevan a cabo durante los ratos de ocio tienen que ver con una preparaci\u00f3n determinada \u2013&#8221;antes la gente jugaba al tenis, ahora trabaja el rev\u00e9s&#8221; es <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">tal vez la frase que mejor sintetiza esta idea\u2013 y busca en ello una explicaci\u00f3n que, claro, iba a remitir <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">al trabajo. Esto sucede, dice Rybczynski, porque <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">el hombre contempor\u00e1neo se siente cada vez m\u00e1s alienado de su trabajo, m\u00e1s automatizado, s\u00f3lo comprometido con \u00e9l por una mera cuesti\u00f3n de subsistencia o por una de poder, y por ende <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">busca en los ratos y en las actividades del ocio esa posibilidad de realizaci\u00f3n que ya el trabajo no le suministra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">O existe una versi\u00f3n m\u00e1s triste \u2013y lamentablemente m\u00e1s local\u2013 de la relaci\u00f3n entre ocio y trabajo, y <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">es aquella que ata\u00f1e a las personas desocupadas: la ausencia de uno de los dos t\u00e9rminos niega a su opuesto y el ocio se convierte entonces en la esclavitud del que est\u00e1 sometido a una par\u00e1lisis. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">El tema es que el ocio pensado hoy como ejercicio de la libertad, como derecho absoluto a hacer absolutamente nada est\u00e1 permanentemente cruzado \u2013y por ende negado\u2013 por las insatisfacciones crecientes del mundo contempor\u00e1neo, por sus exigencias, por el p\u00e1nico que ese mismo mundo siente a parar un poco para ver en qu\u00e9 consisten sus supuestos objetos de deseo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por <\/span><b>Mar\u00eda Sonia Cristoff<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Originalmente publicado en Latido n\u00famero 20, febrero del 2001. La transcripci\u00f3n y lectura de este texto no hubiese sido posible sin el gran trabajo de AHIRA, el Archivo de Revistas Argentinas.<\/b><\/p>\n<p>Edici\u00f3n por Miguel \u00c1ngel Guti\u00e9rrez y Luciana Zurita<\/p>\n<p>Transcripci\u00f3n y selecci\u00f3n por M.\u00c1. Guti\u00e9rrez<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Foto de portada de <span class=\"mw-page-title-main\">Philip-Lorca diCorcia<\/span><\/p>\n<div id=\"p-lang-btn\" class=\"vector-dropdown mw-portlet mw-portlet-lang\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El aviso tiene colores brillantes. Muestra a una familia tipo encaramada a los bordes de una pileta y promete: &#8220;Disfrute de sus ratos de ocio con los suyos&#8221;. 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