{"id":4698,"date":"2023-08-22T17:48:45","date_gmt":"2023-08-22T20:48:45","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4698"},"modified":"2023-08-22T17:49:02","modified_gmt":"2023-08-22T20:49:02","slug":"doce-formas-de-aficion-notas-de-lectura-sobre-la-aficion-de-martin-cinzano-por-carlos-almonte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/08\/22\/doce-formas-de-aficion-notas-de-lectura-sobre-la-aficion-de-martin-cinzano-por-carlos-almonte\/","title":{"rendered":"Doce formas de afici\u00f3n \u2013 Notas de lectura sobre La afici\u00f3n, de Mart\u00edn Cinzano \u2013 Por Carlos Almonte"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">&#8230;nos \u00edbamos caminando lentamente por sus pasillos techados y sus semidesiertas explanadas agrietadas, en silencio, con ese paso oxigenado y feliz que s\u00f3lo se obtiene despu\u00e9s de nadar.<\/span><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Mart\u00edn Cinzano, \u201cNadar\u201d<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">1. Es un hecho que la derrota, el fracaso particular, espec\u00edfico, otorga una ilusi\u00f3n de autoridad. O, como ha dicho Bielsa, m\u00e1s se aprende de una derrota que de una victoria, siempre esquiva, escasa y hasta detestable; desde la posici\u00f3n del derrotado, claro est\u00e1. Es tambi\u00e9n un hecho el que, ante un c\u00famulo de emociones diversas, el jugador, incipiente o veterano, aprendiz o experimentado, aun consciente de sus limitaciones, vibre al son de espor\u00e1dicas, breves e interpretables victorias; dentro de las que caben, por cierto, las llamadas \u201cvictorias morales\u201d. El capital, c\u00f3mo no, nuevamente es engendro creador de males \u2013tambi\u00e9n en el deporte\u2013 incluso en la tierra del \u00e9xito y los deberes. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Latinoam\u00e9rica es un pueblo al sur de Estados Unidos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, pero, para el caso, tambi\u00e9n al sur de Venezuela, de Cuba, de Rep\u00fablica Dominicana&#8230; es como si el continente entero, desde el r\u00edo Bravo, fuera un pueblo al sur de todo el mundo; lo que se aprecia de manera exacta en el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">idiolecto<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> chileno, siempre solazado en la man\u00eda de revolcarse en el lodazal.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">2. Y de un momento a otro, la final del estilo mariposa, el m\u00e1s elegante de los estilos. Nadar es m\u00e1s que un deporte o afici\u00f3n. Nadar es un encuentro, una <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">trascendencia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, un cierto misticismo, sin \u00e1nimo de ponerme denso. Al poeta Franklin, por ejemplo, le robaron su bicicleta (que, en rigor, era tambi\u00e9n la m\u00eda) al dejarla encargada a unos patipelados de la esquina, mientras se agenciaba unas botellas de licor. A Cinzano, cuya nobleza deportiva y literaria lo obliga a reparticiones todav\u00eda m\u00e1s oscuras, se la robaron mientras miraba el heroico acto de avanzar en condici\u00f3n acu\u00e1tica, rumbo a la pared azul, al fondo, rumbo al r\u00e9cord. Si hubiera visto una final, pienso, de los cien metros planos, incluso aquella hist\u00f3rica, la de Se\u00fal, con un dopad\u00edsimo y s\u00fapermusculoso Ben Johnson destrozando los cron\u00f3metros (en tiempos sin zapatillas impulsivas ni recort\u00e1n gelatinoso) en escalofriantes 9,79 segundos, tampoco se la habr\u00edan robado. Esta, adem\u00e1s, es una excusa para retratar, desde la fotograf\u00eda, desde el personaje <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">cheeveriano<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">quid<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de que no se est\u00e1 (y que se sabe que no se est\u00e1) en un momento de inmanencia, el punto m\u00e1ximo de una derivada, el cuerpo en m\u00e1xima altitud, en detenci\u00f3n, fijo antes del descenso. Es ese momento, exactamente ese momento.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">3. Entonces, el abandono. Rayar la propia cancha no resulta. La cancha es una ventana, dig\u00e1moslo as\u00ed. Abandonar el texto es irse un rato a merodear la psiquis de la superficie, el rodeo: la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">meseta<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, como es conocido el hecho narrativo, en el entorno de edici\u00f3n. \u00bfSer\u00e1 que es dif\u00edcil, por no decir imposible, equiparar el silencio con el tenis? Seguro m\u00e1s de alguien lo intent\u00f3. Y alguno de esos \u201calguien\u201d crey\u00f3 que lo logr\u00f3. Todos, al final del d\u00eda, nos contamos una historia en la que creer, y la creemos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">4. La borrachera como plus ardiente de la hinchada. El supuesto rasgo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">punkirrebelde<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de drogarse con remedios, o tomar y vomitar sobre los \u00e1rboles que se acaban de plantar. Eso y buscar un an\u00e1lisis que coincida con la \u00e9pica, el grito, subirse a la reja y escupir a los pacos. \u00bfSuperaremos alguna vez el tedio de la repetici\u00f3n y la impostura? \u00bfSe abrir\u00e1n alguna vez, realmente, las grandes alamedas?\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">5. La cr\u00f3nica, se dir\u00e1, es una forma soterrada (aunque en mi opini\u00f3n, de soterrada, nada) de escribir memorias, una biograf\u00eda, o, derechamente, una autobiograf\u00eda. Tentaci\u00f3n ineludible, por razones varias, entre ellas, es el material m\u00e1s fresco y a mano que podemos describir. Es as\u00ed como, parodiando a \u201cLos goles que no vi\u201d (quinta cr\u00f3nica de este compendio), podr\u00eda decir, en mi caso, que el mejor doble de mi vida lo convert\u00ed en el aro sur del gimnasio uno de la UFRO, en Temuco: en plena bomba esquiv\u00e9 a dos jugadores titulares \u2013y a un suplente\u2013 de equipos DIMAYOR, me elev\u00e9 en una contorsi\u00f3n imposible y encest\u00e9 con tranquilidad y elegancia. El profe se me acerc\u00f3 despu\u00e9s del entrenamiento y me invit\u00f3 a ser parte de la selecci\u00f3n juvenil de la universidad. De seguro, aquel fue el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">peak<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de mi historia deportiva. Tal como el gol de chilena de Cinzano, entre dos \u00e1rboles y la an\u00e9cdota, de sobra conocida, del partido sin p\u00fablico y, antes, del partido en Mosc\u00fa. Solo agregar\u00eda la \u201ccuriosa\u201d goleada de Argentina al mejor Per\u00fa de la historia (un evento m\u00e1s olvidado de lo que deber\u00eda) y aquella tarde en Quintero, cuando \u2013junto al autor de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La afici\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013 alentamos al legendario Rayo. Y s\u00ed, efectivamente, lo vi gritarle al <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">lineman<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> desde el otro lado de la reja: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">ladr\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">saquero<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">vendido<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">cu\u00e1nto te pagaron<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">&#8230; solo por el gusto de la provocaci\u00f3n, solo por llevar la contra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">6. Una conversaci\u00f3n, un di\u00e1logo, casi una entrevista. Pusieron una bomba que estall\u00f3 dentro de un bate, en el diamante (cancha de b\u00e9isbol) del Estadio Nacional. Haciendo memoria, como que me acuerdo&#8230; Nadie sabe qui\u00e9n fue. Aunque, lo m\u00e1s probable, es que hayan sido los mismos de siempre. Es verdad, a nadie le importa el b\u00e9isbol en Chile. Obviamente \u2013por el lugar, deporte y v\u00edctima\u2013 aquella explosi\u00f3n era un mensaje, pero, como dice el mismo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">umpire<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, despu\u00e9s de un tiempo la masa olvida, olvidamos, hasta que la rueda vuelve a empezar. Una y otra vez&#8230;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">Treinta a\u00f1os despu\u00e9s&#8230;<\/span><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">7. El COVID afecta al mundo entero, excepto a un cronista que persiste en su rutina de recostarse sobre el piso, rumiar cada dolor y observar la televisi\u00f3n (s\u00ed, existe todav\u00eda) para comentar a gritos \u2013\u00e9l desde la sala, ella en el jard\u00edn\u2013 alg\u00fan gesto o movimiento de un atleta, equipo o deporte en el contexto de unos muy originales Juegos Ol\u00edmpicos. La sorpresa es un relato triple, el de unos juegos equis, donde algunos ganan, otros pierden, el de una tozuda enfermedad que devino en gripe fuerte y el de un devenir interno, que, acept\u00e9moslo, es el de siempre. Es as\u00ed como el relato triple acaba como todos los relatos triples: con el salto triple.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">8. \u201cNi siquiera lo pienso como una corazonada, porque el apostador, sabes, no tiene coraz\u00f3n\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">9. El arte de la fotograf\u00eda, la pose, la naturalidad, la edici\u00f3n, la instantaneidad: \u201cNuestra apariencia completa es como una indicaci\u00f3n al mundo para que piense en nosotros de cierta manera, pero hay un punto entre lo que deseas que la gente sepa sobre ti y lo que no puedes evitar que sepan de ti\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">10a.\u00a0 Hasta que llegamos a este punto, la algidez, dec\u00edan antes, la gloria escritural, los 8.849 metros; una cr\u00f3nica de perfecci\u00f3n <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">casi<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> absoluta, mezcla de policial, derrota, ansia, afici\u00f3n, fanatismo, investigaci\u00f3n, moralidad y chanter\u00edo. De una pulcritud pocas veces vista. De una honestidad brutal. \u00bfQu\u00e9 pensar\u00e1 el estudiante-jefe casi embaucado al leer esto? \u00bfC\u00f3mo acabar\u00e1 la historia? Es el \u00fanico relato del libro que le\u00ed en dos tandas. No porque fuera demasiado extenso, sino por no querer que se acabara. Con leves rasmillones al imperio (repetitivo, cierto, pero si no es ac\u00e1, \u00a1d\u00f3nde!), no se empantana en peroratas anticapital o en desajustes sociales de raigambre sostenida. Ac\u00e1 se est\u00e1 en la capital del imperio (o una de ellas), gozando, un poco a escondidas, un poco con cargo de conciencia, pero gozando, entre otras cosas, por estar en el imperio, as\u00ed, tal cual; con una sensaci\u00f3n de logro, de \u201chaberlo conseguido\u201d que ti\u00f1e, moment\u00e1neamente, la derrota propia del imperio: los chiflados, los sin casa, los que hablan solos. \u201cSi me voy a perder (&#8230;) lo mejor ser\u00e1 hacerlo cerca del mar\u201d. Aplausos. Tel\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">10b. Efectivamente, la pel\u00edcula termina como empieza. O, parafraseando a uno de los personajes (el que sue\u00f1a que le ataja a un seleccionado brasile\u00f1o y luego, ya despierto, lo cuenta como parte de sus andanzas y hasta lo publica como si en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">realidad<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> hubiera pasado): lo que termina como tragedia, comienza como un viaje por encargo, o algo parecido (\u201cEso les encanta a los escritores: decir cu\u00e1n miserables son\u201d, gesto con el cual, al fin, el narrador, autor y persona, se reconoce un <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">escritor<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y no sabremos el final, porque, claro, no hay final. El narrador se pasea como Pedro por su casa, no solo por cuartos protegidos, enguantado, revisando cartas y copuchas (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">materiales<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, los llama, elegantemente), y elucubrando su partida, su afici\u00f3n por el juego de pelota, denostado al sur del mundo, amado hasta el delirio por algunos escritores de la tradici\u00f3n policial.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">Y ac\u00e1, perfectamente, podr\u00eda haber terminado todo&#8230;<\/span><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">11. Este ha sido un viaje, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">epocal<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y geogr\u00e1ficamente, extenso, intenso. Incluso ocurre una inserci\u00f3n de una escena algo dispersa, amigos que desaparecen, un concierto en Chile, la consabida referencia a la dictadura en el Nacional, pisco que pasa de mano en mano, una ca\u00edda, un punz\u00f3n y una frase adjudicada a Bowles: \u201cEl suplicio consiste, precisamente, en no poder renunciar por completo a la esperanza\u201d. Tanto Bowles, como el cogotero, o los amigos y Marsalis, aparecen y desaparecen como cay\u00e9ndose en el foso de agua de los tres mil metros. Como la presente cr\u00f3nica, aparece y desaparece. As\u00ed, sin m\u00e1s, sin poder siquiera culpar a Pinochet; o tal vez s\u00ed.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">12. El recurso maniqueo: fachos\/no fachos aletarga cada tanto, es cierto, pero qu\u00e9 diablos, es la \u00faltima cr\u00f3nica y, adem\u00e1s, es sobre el C\u00f3ndor Rojas, el mejor arquero chileno que vi jugar nunca. C\u00f3mo olvidar las ic\u00f3nicas fotos con ese Colo Colo campe\u00f3n del 86: de pie a la derecha y con camiseta auspiciada por LAN Chile, el cabro chico colado de siempre, y junto a \u00e9l, el C\u00f3ndor, de brazos exactamente paralelos al c\u00e9sped, y hacia la izquierda el Chano Garrido, \u00d3scar Rojas, el Le\u00f3n Astengo, Chupete Hormaz\u00e1bal, el K\u00e1iser; de cuclillas, de izquierda a derecha, el Chico J\u00e1uregui, el Pillo Vera, Juan Guti\u00e9rrez, el Tractor Orme\u00f1o (verdadero artista en el denostado oficio de pegar chuletas) y cerrando a la derecha, el inmortal P\u00e1jaro Rubio. De fondo, un Nacional hasta las banderas&#8230; Es curioso, pero ese equipo perdi\u00f3 cinco partidos ese a\u00f1o, contra Naval (hoy en la quinta categor\u00eda del f\u00fatbol chileno) y Fern\u00e1ndez Vial (en tercera categor\u00eda), contra Cobreloa (hoy a los tumbos en Primera B y que ten\u00eda jugadores tan deslumbrantes como: el Gato Osben, Tabilo, G\u00f3mez, Escobar, Merello, Puebla, Letelier, Covarrubias); contra Palestino (a\u00fan en Primera, con Dub\u00f3, Rojas y Fabbiani, entre otros, dirigidos por el tristemente c\u00e9lebre, Orlando Aravena) y contra la U. Otros tiempos, claro; previos a las casas de apuestas, a los contratos hipermillonarios, a los cadetes que al firmar su primer contrato corren a comprarse el \u00faltimo Ferrari y a llenarse de tatuajes. Algo cambi\u00f3 en el camino, y no para bien. Y ac\u00e1 termino mi alocuci\u00f3n pseudoideol\u00f3gica, es suficiente. El mismo Cinzano, como buen cronista que es, sabe fraccionar este tipo de discurso y administrar los tiempos en espor\u00e1dicos bufeos, reclamos en boca ajena, tanteos epis\u00f3dicos&#8230;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La cr\u00f3nica es un cap\u00edtulo que desencadena otros cap\u00edtulos. Doce estaciones para alcanzar un<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> \u00faltimo baile<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, parodiando a Michael Jordan. Algunas estaciones son como la Central, pero varias otras son como la de Teno, o la de Longav\u00ed, con respeto, o la de San Carlos; lugares en donde a\u00fan se suben vendedores ataviados cual garz\u00f3n, mantel blanco a la escotilla, para ofrecer productos de la zona: pastelitos, chalequitos, el diario \u201cLa Raz\u00f3n\u201d, \u201cLa Opini\u00f3n\u201d, \u201cLa Discusi\u00f3n\u201d, mermeladas, longanizas&#8230; Y entre todo y, ante todo, la afici\u00f3n avanza, retrocede, se inquieta, inmoviliza. La atenci\u00f3n de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La afici\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> redunda en su lectura \u00e1gil, la mayor parte de las veces, algo azorada, en otras, pero siempre de una precisi\u00f3n e inter\u00e9s desvergonzado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y es as\u00ed como el tren avanza, el bus en L.A. o la micro destartalada desde Conchal\u00ed a La Reina. Es as\u00ed c\u00f3mo se observa el mundo, la ciudad, los vagabundos, imaginando un eterno diamante, una cancha, una reja en la que treparse y gritar, por el gusto de gritar&#8230; Es tambi\u00e9n as\u00ed c\u00f3mo se despacha la sublime frase, para el bronce, y nuevamente pienso, ahora s\u00ed hay que terminar, esto se acaba se\u00f1ores, es el minuto noventa, la cuenta va seis cero cinco cero cuarenta cero, la chicharra est\u00e1 sonando, baja la bandera a cuadros&#8230; Pero no, se suceden las im\u00e1genes como retazos de \u201cno actuaron hoy\u201d, entre la micro, el Lucho P\u00e9rez y nuevamente el glorioso Le\u00f3n Astengo, el f\u00fatbol alem\u00e1n, Migajita&#8230; No hay otra posibilidad, pienso, esa frase excelsa debi\u00f3 concluir la historia, el relato, todo el libro. Y aun as\u00ed, la cita final tiene sentido, eso de \u201cno ocurri\u00f3 nada, nada\u201d es brutal, poderoso, suficientemente reflexivo. Pero la anterior es la que dice todo, es el resumen, es el colof\u00f3n, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The End<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p>Por <strong>Carlos Almonte<\/strong><\/p>\n<p>Sobre:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-4699 alignleft\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Captura-de-Pantalla-2023-08-22-a-las-17.24.16-719x1024.png\" alt=\"\" width=\"461\" height=\"657\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Captura-de-Pantalla-2023-08-22-a-las-17.24.16-719x1024.png 719w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Captura-de-Pantalla-2023-08-22-a-las-17.24.16-211x300.png 211w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Captura-de-Pantalla-2023-08-22-a-las-17.24.16-768x1094.png 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Captura-de-Pantalla-2023-08-22-a-las-17.24.16.png 918w\" sizes=\"auto, (max-width: 461px) 100vw, 461px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La Afici\u00f3n<\/p>\n<p>Mart\u00edn Cinzano<\/p>\n<p>Laurel<\/p>\n<p>2023<\/p>\n<p>140 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; &#8230;nos \u00edbamos caminando lentamente por sus pasillos techados y sus semidesiertas explanadas agrietadas, en silencio, con ese paso oxigenado y feliz que s\u00f3lo se obtiene despu\u00e9s de nadar. Mart\u00edn Cinzano, \u201cNadar\u201d &nbsp; 1. Es un hecho que la derrota, el fracaso particular, espec\u00edfico, otorga una ilusi\u00f3n de autoridad. O, como ha dicho Bielsa, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":4700,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10,443],"tags":[],"class_list":["post-4698","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura","category-resena"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4698","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4698"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4698\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4701,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4698\/revisions\/4701"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4700"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}