{"id":4496,"date":"2023-05-30T13:04:43","date_gmt":"2023-05-30T16:04:43","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4496"},"modified":"2023-05-30T13:05:00","modified_gmt":"2023-05-30T16:05:00","slug":"reflexiones-desde-una-higuera-esteril-en-limpia-de-alia-trabucco-zeran-por-catalina-duhalde-a","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/05\/30\/reflexiones-desde-una-higuera-esteril-en-limpia-de-alia-trabucco-zeran-por-catalina-duhalde-a\/","title":{"rendered":"Reflexiones desde una higuera est\u00e9ril en Limpia de Alia Trabucco Zer\u00e1n \u2013 Por Catalina Duhalde A."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Estela Garc\u00eda es la protagonista, la voz y el silencio que da cuerpo a las p\u00e1ginas de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Limpia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2022) mediante una narraci\u00f3n testigo impecablemente desarrollada. La tercera obra de Alia Trabucco Zer\u00e1n luego de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La resta<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2014) y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Las homicidas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2019), nos relata la historia de Estela, asesora del hogar de puertas adentro, quien llega a trabajar en la casa de Juan Crist\u00f3bal Jensen, Mara L\u00f3pez y su hija por nacer, Julia, en Santiago de Chile.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La protagonista, oriunda de Chilo\u00e9, llega a Santiago a pasar sus cuarenta a\u00f1os en una pieza al lado de la cocina, viviendo durante siete a\u00f1os en un mundo estrecho y con v\u00ednculos sociales inexistentes, denotado en la escueta presencia de personajes que circundan su estancia en dicha casa. Esto podr\u00eda categorizarse en tres ejes: primero, en su vida privada, puertas adentro, adentro de una casa ajena, en donde repite incesamente los quehaceres dom\u00e9sticos; por otro lado, su vida fuera de la casa de los Jensen L\u00f3pez, demarcada por el camino hasta el supermercado, sus paradas en la gasolinera donde conoce a Carlos y a Yany (o Daisy), una perra callejera; y, finalmente, su vida fuera de la capital, provinciana, en Chilo\u00e9, su vida anterior, su lugar natal, donde vive su madre. La vida de Estela como \u201cla nana\u201d, \u201cla empleada\u201d, \u201cla esclava\u201d (como se le menciona a lo largo de la narraci\u00f3n) se ve pauteada por la existencia de Julia, quien nace pocas semanas despu\u00e9s de su llegada al lugar de trabajo, lo cual insiste en el protagonismo secundario de su propia realidad, puesto que primero debe cuidar la vida de otras personas, con quienes est\u00e1 imposibilitada a crear cualquier tipo de lazo emocional genuino, pero que la mantiene -bajo una transacci\u00f3n monetaria- refregando, cocinando, lavando, ba\u00f1ando, ordenando.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La intenci\u00f3n escritural se muestra fren\u00e9tica ante la idea de mostrar todas las responsabilidades diarias y la monoton\u00eda de los d\u00edas, meses y a\u00f1os que Estela pasa viviendo en la casa de sus empleadores, desarrollando un conjunto de acciones que insisten en la jerarqu\u00eda binominal del patr\u00f3n y el inquilino. Esta narraci\u00f3n se estructura en cap\u00edtulos cortos que demarcan sus d\u00edas, los que abren pasajes en cada comienzo que contin\u00faan abiertos al final, aunque se concluya la idea central de aquella escisi\u00f3n. De cierta manera, cada apartado es una incisi\u00f3n que se mantiene abierta y que no se puede cerrar, lo que acrecienta la tensi\u00f3n de quien lee.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Los cuerpos presentes en la narraci\u00f3n funcionan m\u00e1s all\u00e1 que un arquetipo, operan como cuerpos individuales en los que se encarnan relatos profundos y que, en conjunto, dialogan como reflejo incrustado, desde hace tantos a\u00f1os hasta la fecha, en la sociedad de Chile. Por un lado, est\u00e1 Estela que representa un cuerpo que migra -del campo a la urbe, como resabio de los fen\u00f3menos de la Reforma Agraria-; un cuerpo cansado y hastiado al punto de moler piedras en la licuadora; un cuerpo transacci\u00f3n, por tanto, descartable; y, desprendido de esto \u00faltimo, un cuerpo que importa menos que otros, supeditado a su capacidad de producir materialmente (Butler, 2002); un cuerpo relegado a la vida privada (Barbieri, 1993); un cuerpo an\u00f3nimo en cuanto a lo que representa; y sometido en cuanto a lo que se presenta como la empleada, a quien su empleador avasalla con un relato er\u00f3tico que ella no quiere escuchar, a quien la ni\u00f1a subyuga a comer tierra, a quien llaman \u201cesclava de mierda\u201d (p. 185). Por otro lado, est\u00e1n Crist\u00f3bal -esposo, el m\u00e9dico-, Mara -esposa, la abogada de un <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">holding<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> forestal- y Julia -hija, su heredera-, en quienes se deposita el discurso de clases del m\u00e9rito y el dogma cat\u00f3lico de familia mon\u00f3gama y heterosexual; quienes trabajan y ascienden para tener una vida p\u00fablica y de consumo. Tambi\u00e9n se presenta la madre de Estela, quien vive en Chilo\u00e9 y es el \u00fanico v\u00ednculo que mantiene a Estela sujeta emocionalmente a su lugar natal. Finalmente, est\u00e1 Carlos, el bombero de la bencinera cercana, un personaje que simboliza un contrapunto en la vida de Estela Garc\u00eda -curiosamente lo mismo que proyecta Mario en Estela de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Coronaci\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Jos\u00e9 Donoso (1957)- quien, al igual que Yany recuerdan a Estela que existe un mundo exterior a la puerta de la casa donde trabaja.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Limpia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> se detectan vestigios del sistema hacendal, en el cual \u201cel hacendado\u201d ejerce dominio sobre sus tierras, creando v\u00ednculos paternalistas con quienes viven en ellas y relaciones de inquilinaje\/peonaje con quienes sirven como fuerza de trabajo (Rebolledo et. al., 1995). Es por esto que durante la narraci\u00f3n, la vida de Estela se ve desenvuelta mayoritariamente en la cocina de la casa, rodeada de utensilios dom\u00e9sticos, bolsas llenas de mercader\u00eda y el televisor prendido, el cual aparece como relato secundario con el fin de contextualizar la contingencia de un lugar que parece lejano a las inmediaciones de la casa de los Jensen L\u00f3pez: sequ\u00eda, incendios, terrorismo, protestas, delincuencia. Bajo esta l\u00f3gica, Yany es desterrada por irrumpir en los metros cuadrados de los Jensen L\u00f3pez, personaje no humano con quien Estela empatiza y genera un lazo crucial para comprender la narraci\u00f3n, sus figuras y quiebres.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por otra parte, la narraci\u00f3n de Estela est\u00e1 ungida, de principio a fin, en dichos o, m\u00e1s bien, creencias populares que resguarda su madre, voz que constantemente la visita: \u201cLa primera vez es una advertencia, un susto, una falsa alarma. Y la higuera fue el aviso de la muerte para esa familia. Pero luego viene tres veces m\u00e1s, eso dec\u00eda mi mam\u00e1: cuando muere uno, Lita, siempre mueren dos m\u00e1s\u201d (p. 104). En este pasaje se abarcan dos cosas: la creencia popular de que cuando muere alguien tambi\u00e9n ser\u00e1 el destino de dos personas m\u00e1s, adem\u00e1s de fijarse la mirada en la higuera del patio, \u00e1rbol que demarca las estaciones del a\u00f1o en la narraci\u00f3n y augura, mediante su perecimiento -cual pasaje b\u00edblico-, el advenimiento de un per\u00edodo oscuro para los personajes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Asimismo, en el relato de Estela se deslizan constantemente las palabras \u201csequ\u00eda\u201d y \u201csed\u201d, haciendo el contrapunto entre el sur lluvioso, h\u00famedo y fluvial, con la capital seca, polvorienta y calurosa. De cierta manera, esta sed que siente la protagonista es s\u00edmbolo de sus pulsiones del exterior y del retorno, as\u00ed como alegor\u00eda de la tierra explotada. Y, tal como una hendidura en el techo que colapsa en gotera, el final se tensiona y las muertes van apareciendo de una en una. El desenlace es abrupto y demarcado por una peregrinaci\u00f3n desde la casa hasta un centro c\u00edvico agitado. Entre las calles, avenidas y autopistas cada vez menos cuidadas, la protagonista, seguida por Carlos, siente sed, una sed inconmensurable. Su viaje, cada vez m\u00e1s lleno de personas, hedores y ruidos, culmina en una escena surrealista, pero existente, en la que clama por un vaso de agua, por su casa y por ser escuchada.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Referencias<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Barbieri, T. (1991). \u201cLos \u00e1mbitos de acci\u00f3n de las mujeres\u201d. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Revista Mexicana de Sociolog\u00eda Vol. 53<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. [203-224]. <\/span><a href=\"https:\/\/www.jstor.org\/stable\/3540834\"><span style=\"font-weight: 400;\">https:\/\/www.jstor.org\/stable\/3540834<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Butler, J. (2002). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cuerpos que importan. Sobre los l\u00edmites materiales y discursivos del \u201csexo\u201d<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Paid\u00f3s.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Donoso, J. (2018). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Coronaci\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Debolsillo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Rebolledo, L., Vald\u00e9s, X. &amp; Wilson, A. (1995). Masculino y femenino en la hacienda del siglo XX. CEDEM.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Trabucco, A. (2022). <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Limpia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Lumen.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por Catalina Duhalde A.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sobre:<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"358\" height=\"565\" class=\"alignleft size-full wp-image-4498\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Captura-de-Pantalla-2023-05-30-a-las-12.53.11-1.png\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Captura-de-Pantalla-2023-05-30-a-las-12.53.11-1.png 358w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Captura-de-Pantalla-2023-05-30-a-las-12.53.11-1-190x300.png 190w\" sizes=\"auto, (max-width: 358px) 100vw, 358px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Limpia<br \/>\nAlia Trabucco Zer\u00e1n<br \/>\nLumen<br \/>\n2022<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estela Garc\u00eda es la protagonista, la voz y el silencio que da cuerpo a las p\u00e1ginas de Limpia (2022) mediante una narraci\u00f3n testigo impecablemente desarrollada. 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