{"id":4436,"date":"2023-05-11T14:19:36","date_gmt":"2023-05-11T17:19:36","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4436"},"modified":"2023-05-11T14:20:30","modified_gmt":"2023-05-11T17:20:30","slug":"el-lapiz-y-el-bisturi-martin-cerda-en-la-gaceta-por-felipe-reyes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/05\/11\/el-lapiz-y-el-bisturi-martin-cerda-en-la-gaceta-por-felipe-reyes\/","title":{"rendered":"El l\u00e1piz y el bistur\u00ed, Mart\u00edn Cerda en La Gaceta \u2013 Por Felipe Reyes"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Lo que el escritor que atestigua se esfuerza en mostrar no son primordialmente personas, sucesos y cosas, sino la estructura en que \u00e9stos se insertan. Se muestran no solo en sus referencias, sino, en particular, en sus referentes: no solo en lo que narra (y, con alguna regularidad, se abstienen de narrar), sino en el modo de hacerlo.<\/p>\n<p>M. C. <em>Escribir, atestiguar<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">En abril de 1957, la vocaci\u00f3n buc\u00f3lica de Santiago estall\u00f3 en una insurrecci\u00f3n popular luego de la muerte de la alumna de la escuela de Enfermer\u00eda de la Universidad de Chile, Alicia Ram\u00edrez, v\u00edctima de la represi\u00f3n policial. Turbas furiosas se tomaron las calles del centro de la ciudad destruyendo y saqueando los comercios, enfrent\u00e1ndose sin miedo a los carabineros. Al ver sobrepasada a la polic\u00eda, el presidente Ib\u00e1\u00f1ez llam\u00f3 al ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La foto del cad\u00e1ver de la mujer en la Posta Central aparecida en el diario <em>\u00daltima Hora<\/em> impact\u00f3 a la opini\u00f3n p\u00fablica, y encendi\u00f3 la mecha de la acumulaci\u00f3n de maltratos que padec\u00eda la poblaci\u00f3n: el estancamiento econ\u00f3mico era preocupante y la inflaci\u00f3n imparable. El Gobierno aplica las restricciones aconsejadas por los asesores norteamericanos de la misi\u00f3n \u2018Klein-Sacks\u2019 de liberar ciertos precios, entre ellos el transporte p\u00fablico, lo que fue el detonante de grandes movilizaciones de estudiantes y pobladores en una revuelta sin control.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las calles, microbuses en llamas, vitrinas en pedazos, comercios vandalizados, sem\u00e1foros y alumbrado p\u00fablico en el suelo; una ciudad sitiada en la que \u201cel trabajo de reportear en la calle en esos d\u00edas, tuvo mucho de corresponsal de guerra\u201d, recordar\u00e1 el reportero de <em>\u00daltima Hora, <\/em>Manuel Cabieses, quien junto al fot\u00f3grafo Ra\u00fal Montoya lograron que un funcionario del hospital les permitiera el ingreso por una puerta trasera y hacer la foto del cuerpo de Alicia Ram\u00edrez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ib\u00e1\u00f1ez decret\u00f3 el estado de sitio y el Congreso, que se reuni\u00f3 bajo protecci\u00f3n militar, le concedi\u00f3 de inmediato todas las facultades extraordinarias que el presidente ped\u00eda, con las que logr\u00f3 encauzar la situaci\u00f3n con el sangriento saldo final de dieciocho muertos y m\u00e1s de quinientos heridos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En medio del descontento de la ciudadan\u00eda, irrumpi\u00f3 en el escenario pol\u00edtico la elecci\u00f3n presidencial de 1958. Los candidatos eran Eduardo Frei Montalva, de la Democracia Cristiana; Luis Bossay, del Partido Radical; el independiente Antonio Zamorano (conocido como &#8220;el cura de Catapilco&#8221;); Salvador Allende, del Frente de Acci\u00f3n Popular, y Jorge Alessandri, independiente apoyado por la derecha y el gran empresariado. Ya definidos los contendientes, no fueron pocos los que quisieron debilitar al candidato de la derecha, entre ellos Dar\u00edo Sainte Marie, conocido en el \u00e1mbito period\u00edstico como \u2018Volpone\u2019 \u2014por entonces director del peri\u00f3dico estatal <em>La Naci\u00f3n <\/em>y fundador del m\u00edtico peri\u00f3dico sat\u00edrico <em>Clar\u00edn<\/em><em>\u2014<\/em>, quien decide crear un nuevo medio escrito llamado <em>La Gaceta<\/em>, publicaci\u00f3n que se ocupar\u00eda de fustigar a Alessandri y apoyar la candidatura de su amigo Salvador (al que llamaba \u201cel cuadrado\u201d). Entonces, \u2018\u2019Volpone\u2019 form\u00f3 un equipo de probados redactores como el cr\u00edtico literario Juan de Luigi, el escritor Nicomedes Guzm\u00e1n y el ensayista en ciernes Mart\u00edn Cerda o el ya mencionado periodista Manuel Cabieses (fundador de la revista <em>Punto Final<\/em>), entre otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>A \u201cPUNTA DE L\u00c1PIZ\u201d<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mart\u00edn Cerda, con 27 a\u00f1os de edad, hab\u00eda regresado de Par\u00eds irradiando el pensamiento del tridente Sartre, Beauvoir, Camus y las transgresoras propuestas de un joven Roland Barthes. A los 21 a\u00f1os se hab\u00eda ido a la Universidad de La Sorbonne a estudiar Derecho y Filosof\u00eda, lo que sin duda ampliar\u00e1 sus inquietudes intelectuales, sus lecturas y el estudio del pensamiento europeo moderno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Chile de los a\u00f1os cincuenta, aquella estad\u00eda europea y una bibliograf\u00eda renovadora, dotaba al portador un aura de sofisticada vanguardia, un esp\u00edritu euroc\u00e9ntrico que definir\u00eda su escritura y lo acompa\u00f1ar\u00eda hasta sus \u00faltimos d\u00edas, pues, al decir de Vila-Matas \u2013parafraseando a Hemingway\u2013 \u201cPar\u00eds no se acaba nunca\u201d. \u00cdmpetu que exced\u00eda la escena local y hasta lo har\u00eda polemizar con el poeta ultra\u00edsta espa\u00f1ol Guillermo de Torre a ra\u00edz de un art\u00edculo publicado en el suplemento literario de <em>El Mercurio<\/em> por la muerte de Ortega y Gasset, en un intercambio de argumentos y lecturas que no amilanar\u00eda al novato escritor, prolongando la disputa en varias ediciones del diario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras, en Chile el inofensivo criollismo literario agoniza y es un recuerdo de otro tiempo, la \u2018generaci\u00f3n del 38\u2019 ya ha consolidado su po\u00e9tica de la miseria proletaria y la \u2018generaci\u00f3n del 50\u2019 ha irrumpido con sus primeras obras de vocaci\u00f3n cosmopolita. Los <em>Poemas &amp; Antipoemas<\/em> de Nicanor Parra han despeinado el panorama po\u00e9tico local y acaparan la atenci\u00f3n de moros y cristianos. \u201cHay la sensaci\u00f3n de que Parra ha abierto una ventana en una habitaci\u00f3n saturada de Neruda y dejado entrar un poco de aire fresco\u201d, recordar\u00e1 el escritor Hern\u00e1n Vald\u00e9s en su libro <em>Fantasmas literarios, una convocaci\u00f3n<\/em>, como testigo y protagonista de aquellos d\u00edas en los que el devenir de la pujante vida letrada capitalina palpitaba en los bares y caf\u00e9s del centro, en los que el ensayista en ciernes cultivar\u00e1 sus v\u00ednculos y afiliaciones. Desde la redacci\u00f3n de <em>La Gaceta<\/em> \u2014una casona en la calle Agustinas casi esquina de San Antonio\u2014, Cerda llegaba hasta el caf\u00e9 Sao Paulo de la calle Hu\u00e9rfanos a compartir la mesa del escritor Te\u00f3filo Cid, a quien \u2018Volpone\u2019 hab\u00eda contratado como redactor de <em>La Naci\u00f3n<\/em>, buscando revivir la marchita gloria de un polemista en decadencia. Aquel local era uno de los lugares de encuentro de las letras y el arte. \u201cEn el fondo las mesas de los espa\u00f1oles [del Winnipeg], ocupadas cotidianamente por Jos\u00e9 Ricardo Morales y Mauricio Amster, a veces por Leopoldo Castedo, Roser Bru y otros. Cerca de ellos se sientan los pintores Jos\u00e9 de Rokha, con su aspecto de s\u00e1tiro, y Sergio Castillo, y en la proximidad la gente de teatro y ballet. Esta muchedumbre, que durante un par de horas llena el local, produce un rumor continuo, con altos y bajos, que a veces altera un estallido de carcajadas, o las voces de una discusi\u00f3n o el llanto de una mujer que escapa corriendo por el pasillo central. A veces hay incluso peleas\u201d \u2014evocar\u00e1 Vald\u00e9s\u2014. \u201cEn nuestra mesa, la de Te\u00f3filo, suelen estar Guillermo At\u00edas, Mart\u00edn Cerda, Galvarino Plaza, Venancio Lisboa, a quien han operado de un tumor en el cerebro, y que ahora mira distra\u00eddo y ha olvidado que escrib\u00eda una novela\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>* * *<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">En <em>La Gaceta<\/em>, Mart\u00edn Cerda mantendr\u00eda la secci\u00f3n \u201cPunta de l\u00e1piz\u201d, en la que ensayar\u00eda un estilo \u2018para todo p\u00fablico\u2019, contrario a la glotoner\u00eda erudita (pero con citas en franc\u00e9s), quiz\u00e1 entendiendo la escritura de prensa como una conversaci\u00f3n al pasar o en alg\u00fan boliche, \u201csin discriminaci\u00f3n social, pol\u00edtica o religiosa, en la democr\u00e1tica mesa de tertulia que fue la suya, instalada en cualquier caf\u00e9 o bar a lo largo de todo Chile\u201d, dir\u00e1 su amigo \u2018Filebo\u2019 (Luis S\u00e1nchez Latorre). En su columna del martes 28 de mayo de 1957, Cerda advierte: \u201cEn estas notas, escritas con la punta del l\u00e1piz, se ha de hablar numerosas veces de la vida nacional. Notar\u00e1 el lector que cada vez que ello ocurra, el d\u00f3cil instrumento de escritorio cambiar\u00e1 de \u00edndole, tomando el duro y necesario car\u00e1cter de bistur\u00ed. La raz\u00f3n de ello viene dictada por los hechos nacionales que hoy sobrellevamos despu\u00e9s de un largo escamoteo de nuestra efectiva realidad. Si se hubiese de escoger un vocablo que espume, que sintetice en su \u00faltima verdad nuestro presente, yo sugerir\u00eda el de \u201cdislocaci\u00f3n\u201d. Lo har\u00eda sin aspaviento alguno, austeramente, como si se tratase de la radiograf\u00eda del cuerpo patrio\u201d. As\u00ed, su escritura de prensa (y subsistencia) transita con libertad sobre los m\u00e1s diversos temas con los que va tejiendo una sintomatolog\u00eda social, cultural y pol\u00edtica de su \u00e9poca. Cerda opera como un observador exigido, obligado por la vor\u00e1gine diaria de la rotativa a encontrar \u201calgo interesante\u201d para <em>darle una vuelta<\/em> propia, en la que es capaz de expresar, en la breve extensi\u00f3n de la columna, los destellos que iluminan sus cavilaciones, las que se agitan en la tensi\u00f3n entre la informaci\u00f3n y el pensamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No son textos period\u00edsticos en el sentido cl\u00e1sico, pero son period\u00edsticos porque trabajan con la contingencia, entregando la particularidad de una mirada que anhela y reclama la libertad del ensayo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su escritura din\u00e1mica, urgente, que alimenta esa boca insaciable que es un diario, rechaza todo molde y la asepsia del lenguaje informativo. \u201cSiempre he trabajo a contrapelo de toda escritura \u2018hecha en serie\u2019 (texto period\u00edstico, acad\u00e9mico o pol\u00edtico), porque ella, al recurrir constantemente al t\u00f3pico de la muletilla, no s\u00f3lo aburre, sino, adem\u00e1s, intimida o amenaza groseramente a esa facultad sustantiva que es la imaginaci\u00f3n\u201d, declarar\u00e1 Cerda, en una exploraci\u00f3n que lo enfrenta a su tiempo hist\u00f3rico, consciente del \u201ccontinuo esfuerzo de interrogarlo y, por consiguiente, de entenderlo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En sus columnas, el l\u00e1piz es un bistur\u00ed que desmenuza con amena iron\u00eda el acontecer nacional y los m\u00e1s diversos temas: la cesant\u00eda en Santiago, la amistad, el suicidio, el amor, la relaci\u00f3n entre el escritor y el poder, personas y personajes \u2013nacionales y extranjeros\u2013, y en las que tambi\u00e9n se permite expresar la importancia de Vicente Huidobro y Pablo de Rokha en su formaci\u00f3n como lector, a quienes les declara su admiraci\u00f3n y lealtad. A Huidobro le dedica un sentido homenaje en clave autobiogr\u00e1fica a diez a\u00f1os de su muerte, \u201cSilencio por Huidobro\u201d (1 de enero de 1958), en el que anota: \u201cEnero de 1948\u2026 Un muchacho camina lenta, silenciosamente hacia la puntilla de Conc\u00f3n. Entre sus manos lleva un peri\u00f3dico porte\u00f1o \u2013<em>La Estrella de Valpara\u00edso<\/em>\u2013, que cada cierto trecho abre para cerrarlo de inmediato. Por sus derredores pasa la gente \u2013y entre ellas: parientes, amigos, conocidos\u2013 envueltas en risas veraniegas, respondiendo humanamente al seco rumor de la marina al quebrarse contra los roquedos coste\u00f1os. Parecen todos felices, como si nada en el mundo pudiese disputarles una humilde brizna de su felicidad. Ni siquiera reparan en la muda reconcentraci\u00f3n del muchacho que camina entre ellos, desatento de sus saludos. Nunca nadie supo la raz\u00f3n de ese callamiento crepuscular. Quiz\u00e1 \u2013luego de diez a\u00f1os\u2013, pueda el muchacho de esa tarde conconina explicar la raz\u00f3n de su silencio, su marginaci\u00f3n del moceril vocingler\u00edo que tarde a tarde se desparrama hacia la puesta del sol [\u2026] Esa tarde un enjambre de p\u00e1ginas ya anidadas en su intimidad hab\u00edan quedado, de pronto, hu\u00e9rfanas, privadas de posibles continuaciones. \u00a1Esa tarde supo de la muerte de Vicente Huidobro!\u201d. Para el juvenil lector e incipiente escritor, el poeta creacionista \u201cfue y ser\u00e1 la primera voz nacional que tuvo la amplia audici\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras patrias, sin que para ello movilizase un tinglado publicitario, ni mucho menos los contactos internacionales de alg\u00fan partido pol\u00edtico. Quiz\u00e1 fuese por tal motivo que las malquerencias y las envidias ensayaron podarle sus val\u00edas. En estos diez a\u00f1os su prestigio literario ha ido in crescendo, sin que hayan mediado \u2013repito\u2013 explosiones publicitarias ni pol\u00edticas explotaciones. En su memoria callemos \u2013una vez m\u00e1s\u2013 nuestra palabra, para que en su hueco venga a anidarse su verbo alado\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A de Rokha, permanente candidato al Premio Nacional de Literatura, Cerda le dedicar\u00e1 su \u201cCarta abierta al poeta Pablo de Rokha\u201d, en la que manifestar\u00e1 su fraternal apoyo al \u2018amigo piedra\u2019, y denunciar\u00e1 las redes de poder que buscaban silenciar al incendiario poeta (en clara alusi\u00f3n a Neruda). Finalmente, de Rokha recibir\u00e1 el mencionado galard\u00f3n siete a\u00f1os despu\u00e9s, en 1965.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la carta, Cerda anota:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cNuevamente est\u00e1 circulando una lista de firmas literarias que solicita que se le otorgue el Premio Nacional de Literatura. Pero\u2026, nuevamente las camarillas menudas, los rencorosos aviesos, los pergenios de bolsillo se est\u00e1n movilizando sigilosamente contra esta leg\u00edtima reparaci\u00f3n de honor. Historia que se viene arrastrando morosamente, como se arrastran todas las verg\u00fcenzas nacionales, y que ha sido posible por la pusilanimidad de algunos, por la felon\u00eda de otros y por la servil indiferencia de los dem\u00e1s. Recientemente, desde este mismo diario, estampaba su protesta Juan de Luigi, denunciando \u201clas artima\u00f1as, jugarretas, porquer\u00edas\u201d del hinchado personaje que ha pretendido infructuosamente rodearlo de mezquinos, incomprensibles y viciosos silencios. La gente de mi generaci\u00f3n ha debido acercarse hasta su obra mediante rodeos, para evitarse los despistes posibles que han abierto, pomposamente, los as\u00ed llamados \u201ccr\u00edticos\u201d de la generaci\u00f3n precedente. S\u00f3lo de Luigi nos ha franqueado las puertas de su po\u00e9tica. Se podr\u00e1 disentir, estimado Pablo, con algunas, con muchas, de lo que yo llamar\u00eda sus \u201caveriguaciones po\u00e9ticas\u201d, pero sus cuarenta a\u00f1os de literatura nos sit\u00faan forzosamente en un plano en que estos disentimientos potencian, a\u00fan m\u00e1s, las admiraciones que la larga obra, trabajada durante estos a\u00f1os, necesariamente decanta en las almas limpias de prejuicios, atentas al giro de la palabra intelectual y moralmente responsables\u201d.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">No son pocos los textos dedicados a libros y lecturas, sin dejar de cuestiona la falta de diversidad del cat\u00e1logo librero nacional del momento, como integrante activo \u201cde estos humildes y amolados miembros de la familia lectora nacional\u201d, toma la palabra: \u201cEn primer t\u00e9rmino, no creo que en Chile \u2018tenemos de todo\u2019, porque si alguna ausencia golpea duramente en nuestra vida nacional es justamente, la de un repertorio de libros que hayan hecho problema, que hayan \u2018cuestionado\u2019 los motivos m\u00e1s radicales de nuestra patria realidad. Y faltan esos libros \u2013que, por cierto, no responden a meras \u2018aflicciones\u2019, sino a rigurosas urgencias te\u00f3ricas y pr\u00e1cticas nacionales\u2013 porque no hay quien las considere \u2018comerciales\u2019 como para emprender su edici\u00f3n. En Chile \u2013lector\u2013 faltan libros, muchos libros que nuestros editores no se han ocupado nunca de editar. Esto no es un misterio alguno para el universitario como para el lector honrado, afanado en procurarse una formaci\u00f3n \u2013al menos una \u2018informaci\u00f3n\u2019\u2013 cultural a la altura de los tiempos\u201d. En esos tiempos en los que <em>la oferta y la demanda<\/em> pol\u00edtica campean, en \u201cla radical insuficiencia de las falsas orientaciones que el mercado ideol\u00f3gico a\u00fan ofrece\u201d \u2013anotar\u00e1 Cerda\u2013, sin dejar de se\u00f1alar el centralismo pret\u00e9rito del pa\u00eds, el \u201cpatriotismo de carnaval\u201d, y no se amilana para arremeter contra los principescos funcionarios diplom\u00e1ticos que vegetan en las capitales europeas a costa del erario fiscal. Nada se escapa de su lente anal\u00edtico, hasta los asuntos m\u00e1s vacuos como los concursos de belleza, y aboga por las \u201cmujeres conscientes de que su femineidad no est\u00e1 radicada en las \u201cmedidas\u201d que sirven de criterio clasificador para \u201creinas\u201d y \u201cmisses\u201d. Tales medidas \u2013escribe Cerda\u2013 est\u00e1n destinadas a transmutar a la mujer en una pobr\u00edsima expresi\u00f3n zool\u00f3gica. La reducen a la primog\u00e9nita condici\u00f3n animal. Unos cent\u00edmetros menos de caderas han bastado para que haya perdido la regia corona [\u2026] Es, justamente, por sentido com\u00fan que se siente uno insolidario de los boquiabiertos que llaman \u201cencantos\u201d femeninos a las particularidades zool\u00f3gicas de la hembra humana\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero su mirada interrogadora excede el territorio nacional para dar cuenta de un mundo que es hoy pasado, un mosaico de tramas y argumentos. En Cerda, la escritura es el sustento econ\u00f3mico de la subsistencia y es tambi\u00e9n un ejercicio permanente con el lenguaje que sobrepasa ampliamente, y sin regla alguna, no solo el lenguaje con el que se da forma a la informaci\u00f3n, sino que tambi\u00e9n se revela a entenderlo como una forma de fijarlo o inmovilizarlo en su naturaleza siempre fugitiva. Sabe del uso y abuso colectivo de las palabras, sus fines, vac\u00edos y contradicciones. Consciente de que \u201ctoda escritura siempre circunscribe un espacio de usos, gestos y palabras <em>socialmente<\/em> identificable\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su columna \u201cCrisis como muletilla\u201d, anota: \u201cCrisis es un vocablo, un pat\u00e9tico vocablo, que tenemos siempre a la mano y del cual, por ende, podemos servirnos cada vez que nos sentimos apurados por alguna interrogaci\u00f3n, por alguna urgencia, de nuestro contorno o mundo. Pudiera decir, que en la actualidad vivimos \u201cdesde\u201d la sensaci\u00f3n de que nos hallamos los hombres en un mundo en \u201ccrisis\u201d, lo que en modo alguno significa que sepamos a ciencia cierta cu\u00e1les son las realidades de nuestro mundo que pasan por el trance cr\u00edtico. De todos modos, es un hecho que todos hemos o\u00eddo hablar, que todos hemos hablado en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n de la \u201ccrisis\u201d de nuestro tiempo, s\u00f3lo disintiendo en las realidades sobre las cuales han de recaer las acentuaciones de prioridad. Para algunos se trata simplemente de una crisis de ciertas instituciones socio-econ\u00f3micas; para otros se trata de una crisis de las ciencias o de la filosof\u00eda o del humanismo. No faltan tampoco quienes han descubierto un signo de irremediable fatalidad en nuestra civilizaci\u00f3n, lleg\u00e1ndose a reemplazar el vocablo crisis por los de decadencia o hundimiento de la civilizaci\u00f3n, de la cultura, del hombre, etc.\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es un anotador atento. Observa, escucha, analiza: \u201cLa escritura est\u00e1, en nuestros d\u00edas, inscrita en la calle: recoge sus gestos y ademanes m\u00e1s elementales, investiga en sus lugares m\u00e1s ocultos e inquietantes, registra lo que en ella se dice, murmura o insin\u00faa. Desde el punto de vista de la sociedad, no hay escritura inocente y, desde el punto de vista de la escritura, no existe sociedad justa, perfecta o ideal\u201d, anotar\u00e1 despu\u00e9s, por eso afirma que lo suyo es un oficio a la intemperie, expuesto en cada frase, en cada l\u00ednea, en cada palabra que escribe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las columnas incluidas en este libro sobre asuntos internacionales, Cerda trabaja directamente sobre la interpretaci\u00f3n del tema o el hecho referido; <em>faits divers <\/em>que parecen renovar su sentido, en un \u00edndice diverso que mira a la Europa de posguerra, al racismo en EEUU, a un sat\u00e9lite sovi\u00e9tico, el hispanismo, Nixon en Sudam\u00e9rica, el anticomunismo o el triunfo electoral de Frondizi en Argentina, elaborando aquellas cr\u00f3nicas o breves estampas a trav\u00e9s de una escena de lectura: desmenuza las noticias que lee. Y su modo de leer es sorprendente: amplifica, expande, asocia, pregunta. \u201cS\u00f3lo cabe \u2018infraleer\u2019 aquellos textos infraescritos. Es decir: aquellos escritos expresa y voluntariamente dilatados, abultados, rellenados. La lectura \u2013la \u2018buena lectura\u2019\u2013 nos sit\u00faa en di\u00e1logo t\u00e1cito con el autor del texto. Si \u00e9ste nos deja indiferente, inmodificado, quiere decir que bien pudo no haber sido escrito. Que su autor es un asno \u2013o poco menos\u2013, y que, por ende, no cabe posibilidad dial\u00f3gica ninguna\u201d, escribe en \u201cLectura e Infralectura\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus caleidosc\u00f3picos textos de prensa vuelven a atrapar medio siglo despu\u00e9s de haber sido escritos. Su estilo, nunca recargado, traza en la extensi\u00f3n breve de la columna \u00e1giles pinceladas de un presente remoto que, en una escritura desenvuelta, permiten avizorar al incipiente cultor del ensayo \u2013\u2018el centauro de los g\u00e9neros\u2019, en palabras de Alfonso Reyes\u2013, su letra transita libre para lanzarse de una idea a otra, en una aparente arbitrariedad, como en una caprichosa dispersi\u00f3n de ver y de contar que es siempre coherente, y que dotar\u00e1 a sus textos de un doble sentido: como exploraci\u00f3n o interrogaci\u00f3n, y tambi\u00e9n como cr\u00edtica. Lo que le permite divagar libremente en ese ejercicio haciendo uso de la primera persona para compartir hallazgos, transmitir conocimiento, ejercer la cr\u00edtica cultural o como apuntes personales en medio de la turbulencia cotidiana de la prensa. Ensaya una voz, el placer o la ansiedad punzante de una idea, de un \u00e1ngulo ins\u00f3lito, de un trozo de memoria, de un gusto declarado o de temores trasmitidos; siempre ajeno a la erudici\u00f3n de la academia solipsista y a la doxa simplista del divulgador de ideas varias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u201cARMADOS HASTA LOS DIENTES\u201d<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya en la noche de la jornada electoral que hab\u00eda dado origen a <em>La Gaceta<\/em>, lleg\u00f3 la hora de los c\u00f3mputos, los que cerca de la medianoche ratificaron el triunfo de Jorge Alessandri sobre Salvador Allende. Mientras, en su casa, el cr\u00edtico Ricardo Latcham vaciaba botellas de champa\u00f1a junto al escritor Enrique Lafourcade. De pronto suena el tel\u00e9fono, es el periodista Tito Mund quien aceleradamente les informa: \u201cHay m\u00e1s de cincuenta mil personas en la Plaza de Armas avivando al Choche\u2026 y est\u00e1n avanzando hacia la casa del Chicho\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cDiez minutos m\u00e1s tarde \u2014relata Lafourcade sobre aquella noche en la que, adem\u00e1s, conoci\u00f3 a Cerda\u2014, Mund llega como un hurac\u00e1n y nos dice: \u2018\u00a1Los alessandristas vienen a quemar el diario de Volpone! \u00a1No hay Carabineros para detenerlos y Volpone se arranc\u00f3 a Las Vertientes dejando de guardia a Mart\u00edn Cerda y a Carlos Jorquera, est\u00e1n en el techo del diario armados hasta los dientes\u2026 pero igual los van a masacrar!\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">R\u00e1pidamente, Latcham busca su abrigo y un bast\u00f3n estoque dispuesto a rescatar a los redactores acorralados. Los tres hombres salieron rumbo al centro. Estaba desierto, no hab\u00eda nadie en las calles. \u201cLa imaginaci\u00f3n de Tito Mund era como el volc\u00e1n Hudson, con m\u00e1s humo que fuego\u201d, recordaba Lafourcade sobre esa noche que inaugur\u00f3 una amistad: \u201cTiempo despu\u00e9s Mart\u00edn me cont\u00f3 que s\u00ed, que se quedaron de guardia. Que no estaban armados. Yo segu\u00ed viendo a Mart\u00edn en los techos, como un Felipe Igualdad, envuelto en una bandera\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed concluy\u00f3 la vida breve de <em>La Gaceta<\/em>, que no sobrevivi\u00f3 a la segunda derrota presidencial de Allende y, sin avisos publicitarios, desapareci\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cerda sigui\u00f3 escribiendo, iluminando con su elegancia la prosa de ideas, con su modo agudo y renovador para la opaca vida literaria nacional, con una palabra cargada de presente: \u201cEl angostamiento espiritual de nuestra vida nacional es un hecho cuyo volumen no puede ser escamoteado sin con ello traicionar la misi\u00f3n intelectual, la exigencia de vital orientaci\u00f3n dentro de los posibles destinos patrios que el presente predibuja y entre los cuales nos es forzoso escoger siempre uno. Yo quisiera para mi patria un futuro de ancha v\u00eda, por donde pudi\u00e9semos empujar nuestra convivencia con dignidad y liberalidad\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Por <strong>Felipe Reyes F.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre:<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-4438\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Portada-Punta-de-lapiz-680x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"592\" height=\"891\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Portada-Punta-de-lapiz-680x1024.jpeg 680w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Portada-Punta-de-lapiz-199x300.jpeg 199w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Portada-Punta-de-lapiz-768x1157.jpeg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Portada-Punta-de-lapiz-1020x1536.jpeg 1020w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Portada-Punta-de-lapiz-1359x2048.jpeg 1359w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Portada-Punta-de-lapiz-1040x1567.jpeg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Portada-Punta-de-lapiz-1200x1808.jpeg 1200w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Portada-Punta-de-lapiz-scaled.jpeg 1699w\" sizes=\"auto, (max-width: 592px) 100vw, 592px\" \/><\/p>\n<p>Mart\u00edn Cerda<em><br \/>\n<\/em>Punta de l\u00e1piz. Textos de <em>La Gaceta<\/em>\u00a0(1957-1958)<em>,<br \/>\n<\/em>edici\u00f3n de Gonzalo Geraldo y Juan Carlos Vergara,<br \/>\nCormor\u00e1n Ediciones,<br \/>\n2022,<br \/>\n315 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Lo que el escritor que atestigua se esfuerza en mostrar no son primordialmente personas, sucesos y cosas, sino la estructura en que \u00e9stos se insertan. 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