{"id":4372,"date":"2023-04-10T15:26:25","date_gmt":"2023-04-10T18:26:25","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4372"},"modified":"2023-07-18T11:55:59","modified_gmt":"2023-07-18T14:55:59","slug":"cenizas-del-celuloide-por-german-marin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/04\/10\/cenizas-del-celuloide-por-german-marin\/","title":{"rendered":"Cenizas del celuloide \u2013 Por Germ\u00e1n Mar\u00edn"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No hab\u00eda mejor recompensa durante las vacaciones que asistir a esas largas sesiones de cine en el teatro Italia, sobre todo los mi\u00e9rcoles en sus funciones populares, en que daban a partir de las tres las mejores reposiciones de los a\u00f1os anteriores. Esas tardes de suspenso en que ve\u00edamos <em>A la hora se\u00f1alada<\/em> y <em>Caracortada<\/em>, entre otras tandas a veces musicales, como <em>Cielo azul <\/em>y <em>La diosa de la danza<\/em>, significaba para muchos esp\u00edritus dejar que transcurriera el tiempo, olvidados en unas historias que nos llevaban a alejarnos, a vivir unas aventuras que nos trasladaban a otros mundos, a otras quimeras, con mares tropicales, con asfaltos brillantes, con cielos surcados. Desde la oscuridad de la platea, ruidosos como eran esos mi\u00e9rcoles, el p\u00fablico casi todo escolar segu\u00eda la acci\u00f3n, comprometido con cada suceso que reflejaba la pantalla, si bien a veces colaboraba con su silencio, hecho un par\u00e9ntesis, en mitigar el peligro en escena a punto de desatarse. El teatro Italia, ubicado en la entonces modesta calle Bilbao, era el t\u00edpico cine de barrio, cuya propaganda estaba exhibida por los cartelones dibujados a color puestos afuera, visitado cada d\u00eda por los dis\u00edmiles espectadores que viv\u00edan en torno, gente de clase media inclinada a las comedias de Cary Grant, en que no faltaban las parejas de enamorados, amantes de las sombras, a la b\u00fasqueda en las \u00faltimas butacas de un lugar propicio para los besos y caricias. En el lenguaje de la \u00e9poca se les llamaba las filas de los cocheros, en alusi\u00f3n a los chasquidos que hac\u00eda el auriga para animar a su caballer\u00eda. Barrido hoy por la modernidad, dicho cine est\u00e1 transformado en un conjunto de peque\u00f1os locales comerciales, donde se advierte un taller de reparaci\u00f3n de autos que, al mirar hacia adentro, s\u00f3lo destaca borrosamente el vac\u00edo de algo que existi\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Addenda<\/p>\n<p>Nunca he sido un cin\u00e9filo sino m\u00e1s bien un espectador de barrio, sobre todo de pel\u00edculas fuera de cartelera, a las cuales debo buena parte de mi formaci\u00f3n y, m\u00e1s que nada, el lugar desde donde veo el mundo que me rodea. Sin ellas todo me ser\u00eda m\u00e1s desolado, fuera de sentido, pues, m\u00e1s que los libros de la historia, relatan el pasado con las im\u00e1genes mismas del tiempo. Al margen del teatro Italia, tambi\u00e9n tengo presente el Dieciocho, el Alc\u00e1zar, el Carrera, donde cerca viv\u00edan unos t\u00edos maternos, due\u00f1os de un almac\u00e9n, que visitaba a menudo. Hoy el teatro Carrera, de vieja data tambi\u00e9n en la escena, a\u00fan se mantiene en pie, vaya a saberse c\u00f3mo, si bien yace cerrado, oxidado por el tiempo, que todo lo roe.<\/p>\n<p><strong>Por Germ\u00e1n Mar\u00edn<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Este texto es parte de\u00a0<\/em>Antes de que yo muera, libro de Mar\u00edn editado y publicado por Ediciones UDP el 2011, cuando Mar\u00edn efectivamente a\u00fan segu\u00eda vivo.<\/p>\n<p>Selecci\u00f3n y transcripci\u00f3n de M.A. Guti\u00e9rrez.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; No hab\u00eda mejor recompensa durante las vacaciones que asistir a esas largas sesiones de cine en el teatro Italia, sobre todo los mi\u00e9rcoles en sus funciones populares, en que daban a partir de las tres las mejores reposiciones de los a\u00f1os anteriores. Esas tardes de suspenso en que ve\u00edamos A la hora se\u00f1alada y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":87,"featured_media":4373,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[],"class_list":["post-4372","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cine"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4372","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/87"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4372"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4372\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4374,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4372\/revisions\/4374"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4373"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4372"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4372"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4372"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}