{"id":4368,"date":"2023-04-05T12:28:12","date_gmt":"2023-04-05T15:28:12","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4368"},"modified":"2023-04-05T12:30:11","modified_gmt":"2023-04-05T15:30:11","slug":"vaterlandlos-escritura-sin-padre-ni-patria-por-catalina-duhalde","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/04\/05\/vaterlandlos-escritura-sin-padre-ni-patria-por-catalina-duhalde\/","title":{"rendered":"Vater(land)los: escritura sin padre ni patria \u2013 Por Catalina Duhalde"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cNo hay duda de que soy alguien que muere de hambre. No hay dudas de que emprend\u00ed este viaje para descubrir cu\u00e1l es ese apetito\u201d, escribi\u00f3 Anne Carson (2018) vaticinando lo que result\u00f3 en un diario de viaje. All\u00ed no s\u00f3lo encontramos la perspicaz descripci\u00f3n de los parajes, de las conversaciones y las situaciones, sino que el hablante l\u00edrico deja entrever inquietudes de la autora, seleccionando aquellos detalles -en macro o en micro- que van levant\u00e1ndose delante de sus ojos en su peregrinaci\u00f3n. Escojo la palabra \u201cperegrinaci\u00f3n\u201d y no \u201cviaje\u201d, no por una decisi\u00f3n antojadiza, ni mucho menos cristiana, pero parece una buena manera de hacer el nexo entre El Camino de Santiago y Las Dulces Promesas de Krasna Vukasovic, puesto que en ambos relatos se plantea la escritura desde el caminar, de disponer y mover el cuerpo de un espacio a otro, como un acto meditativo casi dogm\u00e1tico. Hay una filosof\u00eda clara detr\u00e1s de ambos relatos, planteada desde la contemplaci\u00f3n profunda de los espacios, las personas y las memorias donde podemos encontrar una cercan\u00eda <em>sui generis<\/em> entre narraciones.<\/p>\n<p>El prop\u00f3sito de esta rese\u00f1a no es hacer una comparaci\u00f3n entre libros pero parece que Carson es la lectura que enmarca, como punto fundamental, la escritura de Vukasovic. De esta manera podemos hablar m\u00e1s espec\u00edficamente del periplo autobiogr\u00e1fico de la autora que media a trav\u00e9s del hablante l\u00edrico de Las Dulces Promesas con un peculiar relato omnipotente. A pesar de esta cualidad, se evidencia la variedad de narradores: a veces testigo, a veces, equisciente, tamizado por una fuerte presencia de un narrador protagonista. De igual manera, los l\u00edmites del papel quedan estrechos para la inquietud del hablante que est\u00e1 constantemente interpelando a quien lee, as\u00ed como a otres autores, personas de la vida personal de la autora e incluso a la deidad del cristianismo.<\/p>\n<p>Es muy complejo situar la escritura de Las Dulces Promesas en un contexto o espacio geogr\u00e1fico, puesto que su plasticidad se mueve de manera h\u00edbrida en estos est\u00e1ndares y no se ajusta a ellos. Preliminarmente podemos decir que es un discurso de una escritora que ha vivido inmersa en varios lugares y que vincula esta experiencia de manera literaria pero tambi\u00e9n art\u00edstica, por lo que el libro es un objeto pl\u00e1stico donde podemos encontrar im\u00e1genes fotogr\u00e1ficas de archivo familiar pero tambi\u00e9n personal de la labor coleccionista que emprende la autora en sus viajes. En lo visual del libro alcanzamos a reconocer recortes de peri\u00f3dicos y revistas alemanas, anotaciones, pinturas, manchas y huellas donde la autora ha emancipado su quehacer y ha encontrado -y dejado- vestigio. En este sentido, podemos advertir un ejercicio complejo con las tramas de los tiempos, donde la l\u00ednea temporal se vuelve difusa y se articulan marcas territoriales como puente entre pasado y presente.<\/p>\n<p>Las Dulces Promesas comienza con una imagen de un papel que apenas se levanta en el fondo blanco, una fotograf\u00eda en monocromo y caligraf\u00eda de la letra <em>eszett<\/em> (\u00df) del alfabeto alem\u00e1n. Esta letra aparece como borrador copiada un sinn\u00famero de veces, la reiteraci\u00f3n nos adelanta que hay b\u00fasqueda por incorporarla a la mano: una impronta, un gesto que se ans\u00eda encontrar en una letra que no es propia del espa\u00f1ol, lengua primigenia de la autora. \u201cMe vine buscando \/ los aromos \/ en flor \/ los de Nicanor Parra. \/ Pero lo \u00fanico que he pillado \/ hasta ahora \/ es una preocupante dislexia.\u201d (p. 6) sentencia en el primer poema que podemos leer, adentrando a quien lee a la referencia parriana en otro paraje. Desde este punto la lectura se emprende en un viaje, y el hablante l\u00edrico contin\u00faa \u201cLlegu\u00e9 con todo m\u00e1s o menos bien \/ puesto.\u201d (p. 6). Los pr\u00f3ximos versos nos hablan de melancol\u00eda, de Hamburgo, de verbos y su formas de ser conjugados; las palabras se activan con recortes sacados de revistas en ingl\u00e9s y del <em>zeitung<\/em> alem\u00e1n, articulando un palimpsesto entre fotocopias manchadas con huellas de caf\u00e9, de pintura y arrugas arbitrarias del paso del tiempo, encima la letra diagramada de manera digital y, en otro casos, de manera manuscrita. Tambi\u00e9n hay anotaciones intervenidas por trazos en l\u00e1piz y monocopias de tinta tipogr\u00e1fica, <em>post-it<\/em>, reversos de fotograf\u00edas y postales que no justifican la narraci\u00f3n sino el concepto del poemario en general. El trabajo de la autora no s\u00f3lo es lograr un concilio con el hablante l\u00edrico sino tambi\u00e9n asumir el trabajo de archivo y de editora de los momentos que se articulan en esta cr\u00f3nica po\u00e9tica de tres tiempos (i. Las dulces promesas, ii. Farmacolog\u00eda y iii. Una visita), donde fotocopias y grafemas son imagen indistintamente.<\/p>\n<p>Estas im\u00e1genes se conciben desde la huella persistente: primero, las anotaciones tipo diario de viaje que describen el paso por cierto espacio a nivel f\u00edsico y psicol\u00f3gico; segundo, las fotocopias de fotograf\u00edas, peri\u00f3dicos y revistas; y tercero, la huella f\u00edsica de \u00e9stas, en el primer caso a trav\u00e9s del pulso manuscrito, y en el segundo, a trav\u00e9s del desgaste y de las huellas inscritas sobre estos documentos. Es as\u00ed como llegamos a la p\u00e1gina treinta y siete del poemario en la cual se distingue una fotograf\u00eda en la que se escribe \u201ca\u00f1o desconocido\u201d, \u201cpunta arenas?\u201d, \u201cpersona desconocida\u201d, \u201c(parece que mi abuela)\u201d, evidencia de que el escrito no s\u00f3lo contiene im\u00e1genes encontradas en este viaje espec\u00edfico de la escritora sino tambi\u00e9n fotograf\u00edas de archivo familiar que porta con ellas en \u00e9ste. Podemos concluir que \u201cAc\u00e1 en Alemania todav\u00eda circulan \/ los papeles secantes en los cuadernos.\u201d y tambi\u00e9n las memorias propias de quien escribe.<\/p>\n<p>La escritura de \u201cLas Dulces Promesas\u201d es confusa y compleja puesto que no hay un impulso por generar una narraci\u00f3n lineal, ni mucho menos explicativa. De esta manera \u00abimagen\u00bb -en escrito y fotocopias- llega a figurarnos un discurso en el que el hablante -entendido como aquel emisor ficticio del texto- sostiene conversaciones con autores como Plath, Carson, Eliot, Mistral y Parra, interpel\u00e1ndonos constantemente como lectores e interrogando las figuras del padre y la madre. Esto desconfigura la lectura puesto que nos traslada a varios roles y escenarios de un verso a otro, con una intenci\u00f3n po\u00e9tica \u201cdelirante que parece ser parte de \/ la melancol\u00eda\u201d (p. 50). En el texto entendemos que el temple melanc\u00f3lico del hablante l\u00edrico tiene origen en el \u00abno lugar\u00bb: la inquietud de no estar en \u00aba\u00bb ni en \u00abb\u00bb, caracter\u00edstica que, sin duda, dota de polifon\u00eda la escritura de Vukasovic, puesto que no sabemos de d\u00f3nde escribe, en d\u00f3nde escribe, ni a qui\u00e9n le escribe. Esta escritura desterrada, no s\u00f3lo en lo concreto de lo geogr\u00e1fico sino tambi\u00e9n en lo metaf\u00f3rico, sit\u00faa al poemario en un lugar indeterminado en el que se pone en tensi\u00f3n la figura paterna encarnada socialmente en el idilio de la certidumbre o, desde el psicoan\u00e1lisis, situada en la ley si nos referimos a Lacan (1953). \u201cPoemario Alem\u00e1n\u201d pretende todo lo contrario, es un desencuentro con el lenguaje, la imprecisi\u00f3n de la traducci\u00f3n, el no saber comunicar, la incertidumbre de perderse, la a\u00f1oranza quebrada de los lazos filiales que dejan inconclusas las disputas internas, la conciencia de ser un cuerpo ajeno, el raciocinio de lo cercano y el afuera: el encontrarse de frente con la soledad ciega de un paisaje fr\u00edgido sin nombre, sin espacio, sin tiempo.<\/p>\n<p>Las Dulces Promesas juega con el espacio y el tiempo tensando, a trav\u00e9s de formas discursivas e imaginario visual, con el \u201cahora\u201d como el \u201caqu\u00ed\u201d y el \u201cantes\u201d es el \u201call\u00e1\u201d, o como se declara en el libro: \u201ctiene que ver con la eterna voluntad de la vida, el tiempo, el pasado [&#8230;]\u201d (p. 91). A trav\u00e9s de sus p\u00e1ginas se insiste en esta relaci\u00f3n ya que se declara la inexistencia espec\u00edfica de lugar y tiempo puesto que confluyen muchas l\u00edneas temporo espaciales como muestra del \u201cpeso del alma, las vivencias del alma\u201d (p. 91) que dan cuenta del irrefrenable transitar de los cuerpos. Es por esto que se plantea el juego de palabras dentro de la plasticidad sem\u00e1ntica alemana: <em>vater(land)los<\/em> no s\u00f3lo es una muestra del destierro de una escritura ap\u00e1trida sino tambi\u00e9n de una escritura sin padre, manifiestamente hu\u00e9rfana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Catalina Duhalde<\/strong><\/p>\n<p>Referentes<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Carson, A. (2018). El Camino de Santiago. Vaso Roto Ediciones.<\/p>\n<p>Villegas, J. (1993). El discurso l\u00edrico de la mujer en Chile. Mosquito Editores.<\/p>\n<p>Vukasovic, K. (2021). Las Dulces Promesas. Editorial Odradek.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; \u201cNo hay duda de que soy alguien que muere de hambre. No hay dudas de que emprend\u00ed este viaje para descubrir cu\u00e1l es ese apetito\u201d, escribi\u00f3 Anne Carson (2018) vaticinando lo que result\u00f3 en un diario de viaje. 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