{"id":4327,"date":"2023-03-23T14:12:35","date_gmt":"2023-03-23T17:12:35","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4327"},"modified":"2023-03-23T14:15:00","modified_gmt":"2023-03-23T17:15:00","slug":"de-principiante-a-principiante-sobre-principio-de-incerteza-de-maria-mazzocchi-por-julieta-marchant","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/03\/23\/de-principiante-a-principiante-sobre-principio-de-incerteza-de-maria-mazzocchi-por-julieta-marchant\/","title":{"rendered":"De principiante a principiante: sobre Principio de incerteza de Mar\u00eda Mazzocchi \u2013 Por Julieta Marchant"},"content":{"rendered":"<p>Algo se nos escapa siempre, a pesar de todos nuestros esfuerzos por impedir el sistema de fuga que involucra conocer. Pienso inmediatamente en la formulaci\u00f3n kantiana de que la raz\u00f3n humana se ve agobiada por preguntas que no puede dejar de hacerse y que, sin embargo, por la naturaleza de la raz\u00f3n misma, no puede responder. Cuando le\u00ed por primera vez ese enunciado, experiment\u00e9 lo \u00ednfimo de lo humano, su incapacidad e incluso su atrofia. Pero es posible dar vuelta esa moneda y verla desde la otra cara. Por ejemplo, el principio de incerteza, que le da t\u00edtulo al libro de cuentos de Mar\u00eda Mazzocchi, no apunta a la incapacidad de lo humano, sino a una indeterminaci\u00f3n que est\u00e1 en la naturaleza misma. Por ello, desde el mundo de la f\u00edsica se intenta corregir el nombre de este principio llam\u00e1ndolo \u00abrelaci\u00f3n de indeterminaci\u00f3n\u00bb y as\u00ed aliviarlo de la sensaci\u00f3n de insuficiencia que involucra la palabra \u00abincerteza\u00bb o \u00abincertidumbre\u00bb. En el reino cu\u00e1ntico, este principio indica la imposibilidad de medir con exactitud la relaci\u00f3n entre la posici\u00f3n y la velocidad de una part\u00edcula. Mientras m\u00e1s conocemos la posici\u00f3n, menos podemos medir su velocidad. Y viceversa: mientras m\u00e1s conocemos su velocidad, menos podemos determinar su posici\u00f3n. En otras palabras, mientras m\u00e1s nos aproximamos a la precisi\u00f3n de un valor, el otro se nos vuelve oscuro. Opacidad que no indica una incompetencia en nuestro modo de conocer, sino que sugiere la indeterminaci\u00f3n de la naturaleza. Quiz\u00e1 ex\u00f3ticamente, este binomio me conduce a otro binomio en la literatura: el de la forma y el fondo.<\/p>\n<p>Nuestros idealismos \u2014y probablemente tambi\u00e9n nuestros deseos como escritores\u2014 proponen que la relaci\u00f3n entre forma y fondo podr\u00eda ser org\u00e1nica; que para un contenido X, una forma Y es del todo necesaria, que X contenido exige tal forma como condici\u00f3n de posibilidad, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera. Pero si incluso la ciencia asume su vac\u00edo o su desajuste, debido a la naturaleza misma de los problemas que enfrenta, por qu\u00e9 la literatura no. Me parece que si algo anuda el conjunto de cuentos que leemos hoy, es dejar ver ese desajuste, negociar con \u00e9l, tironear de sus extremos, y adem\u00e1s hacerlo en presencia de los lectores. Y tiendo a pensar que transparentar ese sistema de negociaci\u00f3n conforma una cierta hospitalidad, porque, a fin de cuentas, lo que nos devela son las complejidades del acto de narrar y, al mostrarnos ese andamio, quien narra se saca el calcet\u00edn para mostrar el tal\u00f3n.<\/p>\n<p>Voy a entrar al problema por algo que parece anecd\u00f3tico, pero que no lo es. Hasta la fecha, Mar\u00eda ha publicado dos novelas. Ambas salieron al mundo firmadas por Victoria Valenzuela, que corresponden al segundo nombre y el primer apellido de la autora. Este libro de cuentos, no obstante, est\u00e1 firmado por Mar\u00eda Mazzocchi, el primer nombre y el segundo apellido de la autora. Tenemos, entonces, otros binomios que se enfrentan a lo largo de una obra (o de la vida) de quien escribe \u2014un binomio m\u00e1s: vida y obra\u2014. Esta bisagra entre una firma y otra, bajo mi lectura de la obra (aunque tambi\u00e9n de la vida) de Mar\u00eda Victoria, signa algo muy concreto y complejo a la vez: el momento en que la autora tuerce su relaci\u00f3n con la lengua. Por supuesto que no se trata de un giro radical ocurrido a partir de la nada, sino de un lento y elaborado proceso de formaci\u00f3n, pero que termina conduciendo a la autora a usar otra firma y, en ese gesto, a sintetizar el giro. \u00bfCu\u00e1l giro? El que implica moverse y ver al lenguaje a la cara. Una consciencia acerca de los materiales \u2014las palabras, la sintaxis, la puntuaci\u00f3n, el ritmo, la infinidad de estructuras que permite la lengua\u2014 que determina un salto en su relaci\u00f3n con la escritura. Podr\u00edamos pensar, as\u00ed, que Victoria Valenzuela experiment\u00f3 un v\u00ednculo con los materiales que requer\u00eda una menor negociaci\u00f3n, o que incluso experiment\u00f3 una organicidad fluida, donde forma y fondo ocurr\u00edan entrelazados, y que el nacimiento de Mar\u00eda Mazzocchi anuncia una h\u00edperlucidez respecto de ese v\u00ednculo: un <i>llevar a la luz<\/i> el hecho, que a estas alturas y en este punto de la historia de la literatura me parece inobjetable, de que forma y fondo se relacionan mediante una disputa (la batalla entre idea y forma, dir\u00eda Hegel). Algunas escritoras viven esa disputa desde un estoico silencio y no dejan registro de ella en sus textos, otras se obsesionan con esa disputa y sus textos adoptan el problema como columna vertebral. Dir\u00eda que Mar\u00eda es de las segundas y que quiz\u00e1 Victoria era de las primeras o incluso (no podemos descartar esta posibilidad) que a Victoria a\u00fan no le aparec\u00eda el conflicto de frente. Experimentaba una suerte de ceguera en c\u00f3mo la literatura negocia con el lenguaje. El nacimiento de Mar\u00eda quiz\u00e1 nos hable de la salida de esa ceguera y este libro, seg\u00fan mi estrecha lectura, es el primer testimonio \u2014\u00bfel embri\u00f3n, el <i>principio<\/i>?\u2014 de su lucidez.<\/p>\n<p>Como segunda entrada al problema, ya no desde el asunto de la firma, sino desde mi experiencia de lectura, dir\u00eda que los cuentos de este libro viven esa batalla entre forma y fondo de dos maneras. Por un lado, est\u00e1n los cuentos que enfatizan en la forma, que evidencian claramente una primac\u00eda estructural, pero que, en su esclarecimiento de la forma \u2014y de sus t\u00e9cnicas de experimentaci\u00f3n\u2014, nos esconden u oscurecen el contenido. Por otro, los que despliegan el contenido m\u00e1s claramente y en los que la forma no toma un papel protag\u00f3nico. Lo pienso as\u00ed porque, al leer los cuentos, hab\u00eda unos que present\u00eda <i>entender<\/i> en t\u00e9rminos de idea y la forma no me parec\u00eda prioritaria (y, con ello, tend\u00eda a pensar que mi mente dejaba de fijarse en la arquitectura del cuento y por eso \u00bfse me oscurec\u00eda?) versus otros en los cuales present\u00eda estar totalmente despierta respecto de la estructura y en absoluto consciente del contenido. \u00bfLes recuerda a algo esta experiencia? A m\u00ed me recuerda al principio de incerteza, que indica que mientras m\u00e1s s\u00e9 de la velocidad, menos s\u00e9 de la posici\u00f3n, y viceversa. Primero pens\u00e9 que el asunto se me aparec\u00eda por la naturaleza de mi mente, que lee sobre todo poes\u00eda y que no est\u00e1 habituada a tratar de descifrar mensajes sino a quedarse en la incomprensi\u00f3n que a veces implica la lectura y que, sobre todo en poes\u00eda, revela que no hay un mensaje por desentra\u00f1ar. Pero a ratos pienso que, como en el principio de incerteza, el asunto tiene que ver con la naturaleza de los cuentos: c\u00f3mo una estructura preeminentemente experimental oscurece el significado y c\u00f3mo cuando la mano afloja la arquitectura el contenido refulge. Lo cierto es que, independiente de nuestras aproximaciones a estos cuentos, nos dejan claro desde los ep\u00edgrafes que algo se nos escapa siempre, a pesar de todos nuestros esfuerzos por impedir el sistema de fuga que involucra conocer.<\/p>\n<p>Voy al libro para explicarme. En el cuento \u00abCuerpo celestial\u00bb se nos transparenta el asunto. All\u00ed se narra un concilio secreto entre comunidades y religiones de la humanidad que deben definir la ocupaci\u00f3n de un nuevo planeta llevada a cabo por un grupo de elegidos para darle continuidad a la especie. Presenciamos el enorme despliegue de los l\u00edderes de la humanidad por el desierto para encontrarse y tomar las decisiones que determinar\u00e1n la sobrevivencia de la humanidad. Pero desde la primera p\u00e1gina aparecen notas al pie que, en resumidas cuentas, evidencian el proceso de escritura y que nos muestran una discusi\u00f3n entre quien escribe, quien narra y quien edita, y las dificultades a las cuales se enfrentan. Hasta entonces el binomio se muestra en un equilibrio perfecto o, al menos, podemos identificar sus dos elementos: el cuento ocurre en el cuerpo del texto (el contenido), los asuntos relativos a c\u00f3mo narrar (la forma) ocurren en las notas al pie. Sin embargo, a medida que avanzamos, los problemas sobre c\u00f3mo narrar se van entrometiendo en el cuerpo del texto a tal punto que la narraci\u00f3n <i>en s\u00ed<\/i> deja de importarnos, se vuelve irrelevante qui\u00e9nes van a habitar el planeta extranjero para asegurar la continuaci\u00f3n de la especie. El mismo cuento lo sugiere aqu\u00ed: \u00abSe encuentra atrapado en un estado mental que no tiene lugar, ni en la realidad, ni en la ficci\u00f3n: un fallo creativo, una idea que se debilit\u00f3 y que ahora no es m\u00e1s que un eco residual\u00bb. Y ese enunciado parece describir nuestra sensaci\u00f3n: partimos pensando en qu\u00e9 pasar\u00e1 con el concilio secreto y terminamos pensando en c\u00f3mo v\u00e9rnosla con el lenguaje. Se aclara un problema, mientras se oscurece otro y, tal como en el principio de incerteza, debemos quedarnos con una parte del binomio o, como me dijo un f\u00edsico, \u00abhay que casarse con uno o con otro\u00bb si queremos conocer algo. \u00bfY con qui\u00e9n nos casamos o, bien, con qui\u00e9n se casa este cuento? Con la disputa entre quien cree ser el autor y quien sol\u00eda ser una mera copista de hechos y que empieza a consumir el relato. La batalla ocurre entre quien se comporta como un dios (que pretende que los personajes lleguen a un acuerdo sin porosidad alguna: llevar a un grupo que hable una sola lengua y predique una sola religi\u00f3n), que desea encontrar el final del relato a partir de una revelaci\u00f3n divina y que, en tanto dios, funciona como omnisciente, y una mujer que \u00abno est\u00e1 de acuerdo con la concepci\u00f3n de una divinidad, mucho menos masculina y mucho menos monote\u00edsta\u00bb y que empuja el relato a una manera de narrar vanguardista, m\u00e1s personal y contraoracular. En otras palabras, la disputa acontece entre un relato conservador, propio de una tradici\u00f3n masculina, y uno que titubee y que rompa la ley, representado aqu\u00ed por una mujer. Independiente de la decisi\u00f3n que tome el concilio en un multiverso en el que el cuento contin\u00faa hacia un final <i>definitivo<\/i>, lo que nos dona es la pregunta por c\u00f3mo narrar: \u00bfSeguiremos aferrados a una narrativa afincada en los grandes relatos de la mano de escritores visionarios? Al menos en este libro, esa mera posibilidad se obtura e implosiona en la cara de quien lee.<\/p>\n<p>Desde otra perspectiva, el conflicto aparece en el cuento que le da t\u00edtulo al libro, \u00abPrincipio de incerteza\u00bb. All\u00ed, Rodrigo, el protagonista, que se dedica a certificar ascensores y que est\u00e1 en medio de sus vacaciones tratando de comprender qu\u00e9 es un autor y de determinar si \u00e9l lo es o no, nos sumerge en sus exquisitas derivas mentales. Por un lado, est\u00e1 escribiendo una novelita sobre una mujer que vuelve a su pa\u00eds despu\u00e9s de d\u00e9cadas de exilio para encontrarse con su madre <i>ad portas<\/i> de la muerte debido a un c\u00e1ncer. Por otro, se embarca en el proyecto de expresar el principio de incerteza por medio de citas que encontr\u00f3 en una p\u00e1gina de internet y que, cuando se le acaban, decide extender a citas de Dostoievski. Esto \u00faltimo lo hace empujado por un frenes\u00ed despu\u00e9s de haber le\u00eddo, como le confiesa a su psicoanalista, el cap\u00edtulo \u00abC\u00edclopes\u00bb del <i>Ulises<\/i> de Joyce. Tal como el protagonista, Mar\u00eda Victoria sinti\u00f3 c\u00f3mo Joyce la inocul\u00f3 de coraje \u2014el coraje que exige escribir mirando al lenguaje a la cara\u2014, cosa que s\u00e9 porque le\u00edmos el <i>Ulises<\/i> juntas durante meses y la o\u00ed decir esa misma palabra: coraje, me da coraje. Y este cuento no puedo sino pensarlo como una manera de introducirnos a una cabeza tan compleja como la de la autora: colmada de obsesiones, vehemente en no dejar pasar lo que est\u00e1 recordando o imaginando y registrarlo con urgencia, \u00e1vida de lecturas e incluso depositaria del hambre de las ni\u00f1as y de la capacidad de asombro que vamos perdiendo con la adultez. La cualidad de Rodrigo es que es un principiante: se pregunta si con autodenominarse autor bastar\u00e1 para ser uno, se aflige porque quiere darle pistas al lector de cu\u00e1ndo re\u00edrse o cu\u00e1ndo tomarse a la ligera el relato, pero se desespera porque sabe que \u00abno se puede\u00bb: eso ser\u00eda escribir un relato predigerido, erigir un narrador pedag\u00f3gico y desconfiar de la inteligencia del lector. Igual que el escritor del cuento \u00abCuerpo celestial\u00bb, este se nos presenta como un novato. Inexperta tambi\u00e9n parece la escritora del cuento \u00abCuenta regresiva\u00bb que, despu\u00e9s de un relato cifrado del que nos cuesta comprender los acontecimientos, despliega una gu\u00eda de lectura que parte con una peque\u00f1a introducci\u00f3n: \u00abVoy a mejorar los baches de este cuento por medio de una gu\u00eda de lectura que elabor\u00e9 (\u2026) para que <i>t\u00fa <\/i>puedas resolver por (ojo) cuenta propia lo que <i>yo<\/i> me encuentro imposibilitada de escribir (\u2026) porque no tengo idea c\u00f3mo hacerlo de manera apropiada\u00bb. Y a continuaci\u00f3n nos enfrentamos a una gu\u00eda tipo escolar con una serie de preguntas que, al menos yo, como lectora principiante de cuentos, me encuentro imposibilitada de responder. Expl\u00edcitamente nos dice la escritora que hay cosas que no supo c\u00f3mo narrar y que le dejar\u00e1 ese trabajo de reconstrucci\u00f3n a quien lee.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos pensar que <i>Principio de incerteza<\/i> se inscribe en una larga tradici\u00f3n de libros sobre escritores o asuntos literarios. Tiendo a creer que esos vol\u00famenes nos atestan de clich\u00e9s sobre c\u00f3mo somos quienes escribimos y que, en el fondo, caen estrepitosamente en la reafirmaci\u00f3n de los escritores como peque\u00f1os dioses en bares onderos y con grupos de amigos que se creen elegidos. Aqu\u00ed, en cambio, vemos a alguien aquejada por los problemas que presenta no ser escritora, sino c\u00f3mo escribir, el cuesco del oficio. El coraje no se compone solo por el giro y ver el lenguaje a la cara, sino por contarnos lo doloroso y lo gozoso del salto. Y exhibe que el t\u00fa y el yo se ven en aprietos semejantes: \u00bfEs posible <i>entender<\/i>?, \u00bfqu\u00e9 sistema de comprensi\u00f3n despliega un cuento?, soy una lectora suficiente si no comprendo versus soy una escritora suficiente si no s\u00e9 c\u00f3mo continuar la trama? \u00bfSe deja de ser un principiante alguna vez? Hace unos meses, leyendo a uno de mis maestros, el fil\u00f3sofo Sergio Rojas, comprend\u00ed que no. Y que no dejar de ser un principiante es una fiesta. Meses despu\u00e9s, Mar\u00eda se lo top\u00f3 en las calles de Buenos Aires y corri\u00f3 tras \u00e9l como una principiante. Le sac\u00f3 una foto en una esquina y me la mand\u00f3. No me cabe duda de que Rodrigo, de existir, tambi\u00e9n le sacar\u00eda una foto a un fil\u00f3sofo en plena North Beach, Florida, para que no se le olvide, para guardarlo como registro de un principio de incerteza. En ese momento se nos cruzaron las presentaciones: yo present\u00e9 un libro de Sergio Rojas, luego Mar\u00eda present\u00f3 mi libro de ensayo y ah\u00ed cit\u00f3 una conversaci\u00f3n que tuve con Sergio y ahora yo presento a Mar\u00eda y recuerdo con ternura ese momento en que pens\u00e9: mi maestro es, como yo, un principiante. No sab\u00eda, no ten\u00eda c\u00f3mo saber, que yo cerrar\u00eda este c\u00edrculo de coincidencias pensando que ella tambi\u00e9n es, como nosotros, una principiante y que el \u00edmpetu, el coraje de su escritura se afirma en la certeza de la incerteza: algo se nos escapa siempre, a pesar de todos nuestros esfuerzos por impedir el sistema de fuga que involucra conocer. A pesar de todos nuestros esfuerzos por impedir el sistema de fuga que involucra escribir.<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Julieta Marchant<\/strong><\/p>\n<p>Sobre:<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"350\" height=\"577\" class=\"alignleft size-full wp-image-4328\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/Captura-de-Pantalla-2023-03-23-a-las-14.05.49.png\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/Captura-de-Pantalla-2023-03-23-a-las-14.05.49.png 350w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/Captura-de-Pantalla-2023-03-23-a-las-14.05.49-182x300.png 182w\" sizes=\"auto, (max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/><\/p>\n<p>Principio de incerteza<br \/>\nMar\u00eda Mazzocchi<br \/>\nLibros del Pez Espiral<br \/>\n2023<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo se nos escapa siempre, a pesar de todos nuestros esfuerzos por impedir el sistema de fuga que involucra conocer. 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