{"id":4253,"date":"2023-02-28T17:04:33","date_gmt":"2023-02-28T20:04:33","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4253"},"modified":"2023-02-28T17:07:25","modified_gmt":"2023-02-28T20:07:25","slug":"de-viajes-abuelas-fantasmas-y-un-encuentro-con-mariana-enriquez-en-paris-por-carla-duimovich","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2023\/02\/28\/de-viajes-abuelas-fantasmas-y-un-encuentro-con-mariana-enriquez-en-paris-por-carla-duimovich\/","title":{"rendered":"De viajes, abuelas, fantasmas y un encuentro con Mariana Enriquez en Par\u00eds \u2013 Por Carla Duimovich"},"content":{"rendered":"<p><strong>Estamos en Par\u00eds y hace fr\u00edo. Esta noche, Mariana Enriquez hace una de sus tantas presentaciones de su gira europea en<em>\u00a0Atout Livre<\/em>, una librer\u00eda cerca de la estaci\u00f3n de metro. El libro que convoca es\u00a0<em>Les dangers de fumer au lit<\/em>\u00a0(Los peligros de fumar en la cama), que edit\u00f3 por primera vez en 2009 y que ahora se publica en franc\u00e9s por\u00a0<em>Editions du sous-sol<\/em>.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4246\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/FOTO1.jpeg\" sizes=\"auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/FOTO1.jpeg 720w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/FOTO1-265x300.jpeg 265w\" alt=\"\" width=\"720\" height=\"814\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El viaje fue corto. Damos comienzo a la noche del 18 de enero en Par\u00eds, atravesando un fr\u00edo desmedido que entra empujando por cada boca exterior del metro y sopla con un viento helado que nos obliga a sobrecubrirnos la garganta, como cuando en los cementerios es invierno y est\u00e1n altos y sopla el viento. Yo vengo de atravesar un cuadro febril en Sicilia que me dej\u00f3 en cama, en la soledad de la tos y leyendo la edici\u00f3n de Anagrama de\u00a0<em>Nuestra parte de noche,<\/em>\u00a0de Mariana Enriquez, capricho urgente que me enviaron desde las Baleares.<\/p>\n<p>Con J. llegamos a Par\u00eds un d\u00eda antes, en dos aviones: ella desde su ciudad francesa y yo desde la isla. Una locura de coordinaci\u00f3n de horarios y tramoyas que no se terminan de entender pero a las que una accede y va tanteando a ciegas a ver si todo sale bien o qu\u00e9. En todo caso, J. es mucho m\u00e1s avispada que yo en cuestiones de despegues y subterraneidades, yo observo, registro y conf\u00edo.<\/p>\n<p>Salimos de la estaci\u00f3n metropolitana con mucha ansiedad, con las mochilas de viaje y los b\u00e1rtulos a cuestas y es todo un alivio descubrir que a pocos metros de la\u00a0<em>avenue Daumesnil<\/em>\u00a0est\u00e1 la librer\u00eda. D\u00edas atr\u00e1s J. me envi\u00f3 un mensaje y el enlace con las fechas de la gira (s\u00ed, de rock) de la Enriquez en Par\u00eds y un<em>\u00a0\u00bfvamos?\u00a0<\/em>al que respond\u00ed con posibles horarios y pasajes para llegar a concretar la\u00a0<em>rencontre avec Mariana Enriquez \u00e0 Atout Livre le 18 janvier \u00e0 Paris<\/em>, una propuesta de\u00a0<em>Editions du sous-sol<\/em>\u00a0a prop\u00f3sito del lanzamiento de\u00a0<em>Los peligros de fumar en la cama\u00a0<\/em>en franc\u00e9s, su primer libro de cuentos publicados en el 2009.<\/p>\n<p>Apenas nos frenamos en la puerta de Atout Livre para pispear desde afuera, a J. solo le da tiempo para decir\u00a0<em>me meo<\/em>. Atravesamos el portal; adentro de la librer\u00eda es de d\u00eda, afuera comenz\u00f3 a llover en lo oscuro, contraste extra\u00f1o de transiciones. A lo lejos vemos a Mariana que habla con dos mujeres, son Manuela Corigliano, su traductora, y Marine Duval, su editora en Francia de Editions du sous-sol. Yo no veo muy bien sin lentes, pero de lejos la distingo. Lo primero que llama la atenci\u00f3n de la Enriquez es la manera en que se acomoda los grises tormenta de su pelo. J. pregunta d\u00f3nde est\u00e1 el ba\u00f1o y seguimos a una chica que atraviesa todo el sal\u00f3n que ya est\u00e1 lleno. Se habla en franc\u00e9s pero tambi\u00e9n en porte\u00f1o y en alg\u00fan espa\u00f1ol latinoamericano y peninsular. A simple vista, hay una treintena de sillas dispuestas frente a otras tres con una mesita para apoyar libros y agua. Me intento ubicar en una que queda libre pero no me sirve para contemplar la escena y desisto. Cuando J. sale del ba\u00f1o, acalorada y ansiosa, me dice susurrando:<em>\u00a0le pas\u00e9 por al lado,\u00a0<\/em>y se sienta sin evaluar el asunto. Yo sonr\u00edo porque comparto su emoci\u00f3n. Segundos despu\u00e9s me ofrecen (muy parisinamente) m\u00e1s sillas y la cosa se acomoda bastante mejor.<\/p>\n<p>La Enriquez aparece con unas botas\u00a0<em>Bowie<\/em>\u00a0azul el\u00e9ctricas preciosas. De vestido negro, con un anillo en una mano y tres en la otra. M\u00e1s all\u00e1 de ser motivo de nuestra b\u00fasqueda, todo en Mariana resalta entre los concurrentes y llama la atenci\u00f3n. Se cruza de piernas todav\u00eda sin levantar la mirada y escucha comenzar a la coordinadora del encuentro, girando levemente la cabeza. Al concluir la presentaci\u00f3n, J. es la primera en comenzar el aplauso. Hay algo de la Francia con los modales que es necesario corromper. Por mi parte hice un chiflido, como de cancha mundialista, pero bajito\u2026 tampoco vaya a ser cosa que nos echen antes de empezar: hace exactamente un mes que ganamos la Copa del Mundo en la final contra Francia. Elijo creer.<\/p>\n<p>Mariana responde a la primera de las preguntas traducida al o\u00eddo, la coordinadora hace referencia a la literatura latinoamericana con nuestros Borges, Bioy Casares y Cort\u00e1zar y le pregunta qu\u00e9 piensa sobre la\u00a0<em>nouvelle vague\u00a0<\/em>de escritoras argentinas. Cuando la Enriquez piensa hace girar los anillos de su mano izquierda y mira hacia abajo, a veces levanta la mirada, otras no. Responde r\u00e1pido e impulsivamente; hay seguridad en sus ideas y una cercan\u00eda que deja de lado el esnobismo academicista al que estamos malacostumbrados.\u00a0<em>Primero,<\/em>\u00a0dice paus\u00e1ndose,<em>\u00a0es muy generacional, y por otro lado tiene que ver con una visibilidad de las mujeres en la Argentina. Pero lo cierto, tambi\u00e9n, es que de esos escritores: de Borges, de Bioy Casares\u2026 pasaron 70 a\u00f1os\u2026\u00a0<\/em>y le da una cadencia a la frasecita tan rioplatense que me estremece. Contin\u00faa:\u00a0<em>Nosotras como nueva generaci\u00f3n estamos formadas por Internet, por la televisi\u00f3n, por las series, por otro tipo de literatura, literaturas extranjeras, por los a\u00f1os 70, o sea\u2026 todos pasamos la dictadura, es otro mundo casi..,\u00a0<\/em>de a ratos, Mariana le pasa el micr\u00f3fono a la traductora que va apuntando palabras clave en su cuaderno.<\/p>\n<p>Antes de retomar, la coordinadora invita a conocer a las autoras argentinas que tambi\u00e9n fueron editadas en franc\u00e9s y entre los libros que est\u00e1n exhibidos junto a los de la Enriquez en la mesa de entrada est\u00e1n Camila Sosa Villada, Samanta Schweblin, Eugenia Almeida y Gabriela Cabez\u00f3n C\u00e1mara. Mariana retoma la respuesta haciendo una breve descripci\u00f3n del trabajo de cada una y afirmando:\u00a0<em>somos todas muy distintas, eso es interesante. Nos llevamos bien, nos conocemos, pero somos escritoras que estamos escribiendo en la misma \u00e9poca, interesadas por tem\u00e1ticas parecidas, pero que no escribimos lo mismo ni tem\u00e1ticamente, ni estil\u00edsticamente, o sea, no hay un grupo, no hay una \u201cola\u201d\u00a0<\/em>(nouvelle vague)<em>\u00a0que sea parecida, sino que hay much\u00edsimas mujeres diferentes. Tambi\u00e9n me parece m\u00e1s interesante eso.\u00a0<\/em>Mientras la traductora hace lo suyo y le habla al p\u00fablico franc\u00f3fono, vuelvo a escuchar decir\u00a0<em>nouvelle vague<\/em>\u00a0y me transporto a horas antes, cuando estuvimos en la tumba de Agn\u00e8s Varda y Jacques Demy en el cementerio de Montparnasse, la m\u00e1s hermosa de todas las tumbas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4248\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.48.22.png\" sizes=\"auto, (max-width: 917px) 100vw, 917px\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.48.22.png 917w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.48.22-300x234.png 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.48.22-768x600.png 768w\" alt=\"\" width=\"917\" height=\"716\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al lado de la Enriquez, apenas cent\u00edmetros detr\u00e1s, hay en exhibici\u00f3n un libro de Caravaggio. Es un detalle que me obsesiona: cada vez que pasan el micr\u00f3fono y mi mirada lo sigue, aparece esta imagen terrible del rostro de Isaac aplastado en el piso por la mano de Abraham. El micr\u00f3fono sale de foco y toda la atenci\u00f3n visual se centra sobre la pintura. Se llama El sacrificio de Isaac (<em>Sacrificio d\u2019Isacco<\/em>). No recuerdo muchas cosas, casi nada, tengo muy mala memoria, pero por alguna extra\u00f1a raz\u00f3n esto lo recuerdo. Sacrificio, qu\u00e9 palabra esa.\u00a0<em>Ten\u00eda muchas ganas (y siempre tuve) con respecto al periodismo, de desviarme de la realidad, de romper la realidad, de pensar en otras realidades, de subirle el volumen\u2026 Y, tambi\u00e9n, de alguna manera, como se viven realidades muy duras, devolverles el terror. El periodismo lo que tiene es que se vuelve una especie de<\/em>\u00a0loop<em>, siempre la misma noticia\u2026 y uno le quita lo terrible que tiene. Entonces, llevarlo al g\u00e9nero de terror es como si a muchas de las situaciones reales le devolvieras el horror,\u00a0<\/em>dice Mariana. Y mientras habla, la boca abierta de Isaac a punto de ser degollado, una pintura que se desvi\u00f3 de la historia oficial de la Iglesia, una que, seg\u00fan dicen, le vali\u00f3 a Caravaggio el odio de Roma. Pero en la portada del libro no vemos qui\u00e9n le est\u00e1 sosteniendo la cabeza contra el piso antes de clavarle el cuchillo (igual que a un cordero), solo vemos la boca abierta, la desesperaci\u00f3n de la mirada, el miedo de un final que sabemos que est\u00e1 ah\u00ed, pr\u00f3ximo, pero que desconocemos.\u00a0<em>A m\u00ed no me gustan ni los cuentos ni la literatura en general que resuelva los problemas, porque creo que es un poco deshonesto. En la vida no se resuelve nada, a veces uno tiene suerte y se le resuelve algo\u2026\u00a0<\/em>nos re\u00edmos, asentimos a lo que dice la Enriquez medio hipnotizadas, nos pasa algo rar\u00edsimo, odiamos estar de acuerdo, sentimos un tipo de proyecci\u00f3n absurda; y, adem\u00e1s, nos molesta que las cosas no se resuelvan, lo disfrutamos y lo preferimos.<\/p>\n<p>Es la \u00faltima pregunta antes de la primera lectura de cuentos, la Enriquez contin\u00faa:<em>\u00a0En general las cosas no terminan, los finales son inciertos, son abiertos, empieza otra cosa, lo otro qued\u00f3.\u00a0<\/em>Que no se termine esta noche, pienso.<em>\u00a0Creo que incluso los escritores, tipo Conan Doyle, que escrib\u00eda Sherlock Holmes y cerraba todo y perfecto, despu\u00e9s iba a su casa, hac\u00eda el juego de la copa y ped\u00eda por su hijo. Y su vida interior era totalmente irracional y lo racional era un artefacto. Adem\u00e1s es m\u00e1s honesto como escritor decir \u201cno s\u00e9\u201d. Creo que la vida contempor\u00e1nea es todo incertidumbre, uno cree que sabe algo y a los cinco minutos cambia.\u00a0<\/em>Y tengo ganas de darle un\u00a0<em>feedback<\/em>\u00a0a una conversaci\u00f3n que no existe pero que en esos momentos siento m\u00eda, \u00edntima, como si estuvi\u00e9ramos hablando en el patio de alguna casa o en el jard\u00edn de Ocampo, en Mar del Plata, o en la cola de un recital: acomodar la sillita al lado de la suya y decirle:\u00a0<em>sab\u00e9s qu\u00e9, Mariana\u2026<\/em>\u00a0y hablar por horas. Pero vuelvo de la disociaci\u00f3n, no s\u00e9 c\u00f3mo, pero vuelvo. Y:<em>\u00a0en literatura que me cierren algo\u2026 primero, s\u00e9 que cuando queda abierto da m\u00e1s miedo porque el lector se imagina pero, adem\u00e1s, que me cierren algo es como si me lo estuvieran explicando como si yo fuera una ni\u00f1a y me dijeran \u201cmir\u00e1, el mundo est\u00e1 bien\u201d\u00a0<\/em>(pausa):\u00a0<em>el mundo no est\u00e1 bien.<\/em>\u00a0(\u2026)\u00a0<em>Me parece que ese explicar mucho en este tipo de relatos es un poco subestimar al lector, me gusta m\u00e1s que el lector contribuya y se arme su propia opini\u00f3n sobre lo que est\u00e1 pasando, sobre una situaci\u00f3n misteriosa.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4249\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.48.51.png\" sizes=\"auto, (max-width: 702px) 100vw, 702px\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.48.51.png 702w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.48.51-263x300.png 263w\" alt=\"\" width=\"702\" height=\"800\" \/><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Marine Duval lee\u00a0<em>El desentierro de Angelita<\/em>, uno de los doce cuentos en\u00a0<em>Los peligros\u2026\u00a0<\/em>y a Mariana le preguntan sobre sus obsesiones y los temas que la impulsan a escribir. Entre tantas cosas, vuelve a contar lo que ya repiti\u00f3 en varias entrevistas: el cuerpo y las enfermedades, la adolescencia en las mujeres, los fantasmas, los ni\u00f1os, la desaparici\u00f3n. Temas recurrentes en sus relatos que la Enriquez elabora con un estilo muy propio y brutal. Y la frase:\u00a0<em>los ni\u00f1os creo que no son ni malos ni buenos pero est\u00e1n enojados, son impiadosos, no van a perdonar a los adultos por lo que les pasa,\u00a0<\/em>aclara. Y, claro, nos pensamos a nosotras ni\u00f1as y a los ni\u00f1os que conocemos, a los ni\u00f1os enojados. Ya no miro el rostro de Isaac aplastado de angustia, ahora solo miro a Mariana que levanta la vista y comienza a relatarnos la historia detr\u00e1s del cuento\u00a0<em>Chicos que faltan<\/em>, que despu\u00e9s renombr\u00f3\u00a0<em>Chicos que vuelven\u00a0<\/em>para su reedici\u00f3n en versi\u00f3n extendida del 2011.<\/p>\n<blockquote><p>(\u2026)<em>\u00a0Las hadas, aparentemente, cuando les gusta mucho un chico se lo llevan y dejan otro en su lugar que es id\u00e9ntico, pero no tanto. El que dejan tiene alg\u00fan defecto o algo por lo que, sobre todo los padres, notan que no es el mismo. Esa es la definici\u00f3n de lo siniestro y all\u00e1<\/em>\u00a0(en Gran Breta\u00f1a)<em>, en ingl\u00e9s, se llama changeling. Yo estaba muy contenta porque hab\u00eda escrito un cuento que no ten\u00eda nada que ver con la dictadura, que estaba basado en un mito ingl\u00e9s\u2026 o sea, me sent\u00eda una escritora borgiana\u00a0<\/em>(risas)<em>, y entonces me llama por tel\u00e9fono una amiga m\u00eda. A esta amiga, que adem\u00e1s es una acad\u00e9mica, una dramaturga, sus padres desaparecieron y su hermano tambi\u00e9n, porque su mam\u00e1 estaba embarazada en el momento de la desaparici\u00f3n.<\/em>\u00a0(\u2026)<em>\u00a0Ella lo hab\u00eda buscado con mucho entusiasmo y con mucha ilusi\u00f3n y cuando lo encontr\u00f3, su hermano le cay\u00f3 mal. Ella lo desconoci\u00f3, sinti\u00f3 que era el enemigo\u2026 no s\u00e9. Y me llam\u00f3 por tel\u00e9fono y me dijo \u201c\u00e9ste es un cuento sobre chicos como mi hermano y situaciones como la m\u00eda con mi hermano, \u00bfno?\u201d y yo dije: \u201cotra vez esto\u2026 volvemos al trauma\u201d. Y ten\u00eda raz\u00f3n ella. Es sobre las dos cosas.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Entonces aparece Alejandra (Pizarnik), aparece porque la invoca la coordinadora diciendo que sus escritos le recuerdan a ella, porque tienen algo de \u00edntimo y po\u00e9tico, de soledad y de angustia. Y Mariana habla de Alejandra, de los miedos de Alejandra: del miedo a perder el control, de volverse loca, de la soledad. Y agrega:\u00a0<em>creo que las cosas \u00edntimas son las que dan m\u00e1s miedo, por eso la casa es un lugar que da tanto miedo\u2026 la familia puede ser algo tan cruel y complejo<\/em>\u00a0(\u2026)\u00a0<em>Entonces, hablar de esas cosas requiere un lenguaje que no es el lenguaje de golpe, patada, sangre\u2026 necesita un lenguaje m\u00e1s po\u00e9tico.\u00a0<\/em>A Gaspar, en\u00a0<em>Nuestra parte de noche<\/em>, a Mariana, a J. y a m\u00ed nos gusta leer libros de poes\u00eda, aunque nosotras no podemos decir que somos lectoras de poes\u00eda, pero la hubo e importante. \u201c[A Gaspar] le gustaban m\u00e1s que todos aunque no los entendiera, porque a veces al leer dos palabras juntas en voz alta, cuando causaban un efecto hermoso, le daba ganas de llorar<em>\u201d<\/em>\u00a0(<em>Nuestra parte de noche<\/em>; 2019<em>)<\/em>. Recuerdo entonces el poema que le escribi\u00f3 Cort\u00e1zar al fantasma de una Alejandra que habitaba Par\u00eds en\u00a0<em>Salvo el crep\u00fasculo<\/em>, su libro p\u00f3stumo, y que encierra una angustia terror\u00edfica, la angustia frente a la impotencia, frente al dolor de saberla muerta, de que fue testigo de sus miedos y no pudo hacer nada para impedirlos: \u201cquisieras insultarme sin que duela \/ decir c\u00f3mo est\u00e1s vivo, c\u00f3mo \/ se puede estar cuando no hay nada \/ m\u00e1s que la niebla de los cigarrillos\u201d. Y despu\u00e9s: \u201cNo te vayas, ausente, no te vayas\u201d. Entonces Mariana se gira y mir\u00e1 un p\u00f3ster que yo no llego a ver, pero s\u00e9 que observ\u00f3 antes:\u00a0<em>estaba mirando el p\u00f3ster de Munch<\/em>, dice.\u00a0<em>Ansiedad<\/em>\u00a0se llama la obra. En noruego es\u00a0<em>Angst,\u00a0<\/em>y tiene casi el mismo fondo del \u00f3leo m\u00e1s conocido del pintor. Pero yo no lo veo e imagino la cara del Isaac de Caravaggio reemplazando\u00a0<em>El grito<\/em>\u00a0en el paisaje de Munch. Y sigue: es<em>\u00a0siniestro y da miedo, pero lo \u00fanico que pasa ah\u00ed es que es un mont\u00f3n de gente triste. Entonces hay algo ah\u00ed, a m\u00ed me gustar\u00eda escribir as\u00ed<\/em>. \u201cMe gustar\u00eda\u201d dice, modestia aparte.<\/p>\n<p>Marine se prepara para retomar la lectura. Esta vez lee la versi\u00f3n francesa de\u00a0<em>D\u00f3nde est\u00e1s coraz\u00f3n<\/em>. Una lectura que gu\u00eda la conversaci\u00f3n hacia el deseo, el sexo, lo er\u00f3tico y la muerte.\u00a0<em>Eros y t\u00e1natos<\/em>, dice Mariana.<\/p>\n<p><em>A mi me interesa mucho el deseo torcido,<\/em>\u00a0twisted<em>, digamos. El deseo por los cuerpos imperfectos, incluso el deseo por la enfermedad\u2026 porque creo tambi\u00e9n que hay un exceso de obsesi\u00f3n por la salud que me parece un poco negador de la muerte y en consecuencia de la vida \u00bfno? Es como perder toda tu vida tratando de no morirte, cosa que es un disparate. A m\u00ed me gusta mucho David Cronenberg y toda la idea de la evoluci\u00f3n del deseo hacia el fetiche.<\/em>\u00a0Me incorporo, porque hasta el momento estuve con los brazos apoyados en la silla. Moverme me hace salir de la hipnosis y pensar en un art\u00edculo que escrib\u00ed meses atr\u00e1s sobre\u00a0<em>Crimes of the future\u00a0<\/em>de Cronenberg y en la idea de la cirug\u00eda como el nuevo sexo. Pienso en las cirug\u00edas, primero, en el sexo, despu\u00e9s, y en mi art\u00edculo. Me siento singularmente lejos de las tres cosas. Vuelvo a apoyarme en la silla.<\/p>\n<p>Desde adentro de la librer\u00eda no podemos saber si afuera llueve. Estamos a salvo, en el fondo del sal\u00f3n que est\u00e1 lleno cuanto puede estarlo, pero para m\u00ed no hay nadie m\u00e1s que J. y Mariana, que contin\u00faa habl\u00e1ndonos sobre su infancia y las lecturas de los libros de medicina de su madre. Sigue con la idea:\u00a0<em>pero en general creo que el sexo y la muerte est\u00e1n muy cerca, de la misma manera que el horror y el humor est\u00e1n muy cerca, porque, por ejemplo, en los dos relatos uno se puede reir de nervios y tambi\u00e9n porque es gracioso lo grotesco.\u00a0<\/em>Nos re\u00edmos de nervios y porque es gracioso lo grotesco. Ahora no me siento tan lejos de nada. Nos re\u00edmos cuando Mariana afirma con mucha claridad cosas que pueden ser escandalosas mencionadas en otro contexto, cosas duras, tr\u00e1gicas, sin filtro. Con J. hablamos en secreto y hacemos comentarios de apreciaci\u00f3n y cari\u00f1o. No queremos que se termine la noche, no queremos que Mariana deje de contarnos sobre sus obsesiones o sobre c\u00f3mo percibe el mundo m\u00e1s all\u00e1 de habitarlo (<em>en general no termina nada<\/em>), ni salir a la noche al otro lado de la puerta a buscar el metro y decirnos \u201cchau, hasta la pr\u00f3xima\u201d. Necesitamos poder hablar de todo \u00e9sto que estamos sintiendo o simplemente mirarnos, intentar comentarlo y no conseguirlo, con eso basta.<\/p>\n<p>Me paro para ver bien porque alguien se sienta en la silla frente a la m\u00eda. No importa, mejor estar parada as\u00ed puedo moverme y cambiar de perspectiva. La coordinadora toma el micr\u00f3fono y hace una pregunta que en lo personal me atraviesa como una lanza prendida fuego: le pregunta por su abuela. Mariana cuenta que su abuela (con quien vivi\u00f3 en Lan\u00fas), era una inmigrante italiana que se asent\u00f3 en la parte noreste de Argentina, rodeada de misticismo y supersticiones y a quien le encantaba contar historias de terror:\u00a0<em>a la abuela lo que le gustaba era contar cuentos de miedo y dar miedo.\u00a0<\/em>Pienso que a mi abuela (otra inmigrante italiana) no s\u00e9 si le gustar\u00eda o no contar cuentos de miedo, pero que lo sent\u00eda, lo sent\u00eda. Estaba repleta de miedo y de silencio. Me imagino que una abuela que cuenta cuentos de miedo podr\u00eda haber sido uno de los tantos caminos a seguir de la m\u00eda pero no pudo, o no supo\u2026 y ahora ya es tarde. Basta de proyectar. Hago silencio, uno que casi me hace llorar pero no (porque lo que quiero es gritar). En el pecho siento el dije de mi abuela (o de mi otra mam\u00e1), lo llevo como amuleto, el \u00fanico que me proteger\u00e1 en caso de que me tiren un balazo, estoy segura. Estaba prendido fuego, justo en el agujero por donde hab\u00eda atravesado la lanza que tir\u00f3 la palabra\u00a0<em>abuela<\/em>.<\/p>\n<p>Cuando cuenta una an\u00e9cdota, la Enriquez se acerca m\u00e1s a la gente, se afloja. Nosotras nos sentamos alrededor del fuego, abriendo los ojos como gatos, mientras la escuchamos hablar y hacer conjuros con las manos. Ahora no hay libros en la librer\u00eda, hay una voz que cuenta, que es un poco Mariana pero tambi\u00e9n su abuela:\u00a0<em>Y el cuento de la Angelita me lo cont\u00f3 ella pero diferente. Ella supuestamente tiene una hermana que muri\u00f3 de beb\u00e9, que la enterr\u00f3 la familia en el patio de atr\u00e1s y a la ni\u00f1a muerta se la escuchaba llorar cuando llov\u00eda. Cuando mi abuela me lo cont\u00f3\u2026\u00a0<\/em>Mariana se cruza de piernas y, sin querer, golpea la mesa y tira un libro, levanta la vista como habl\u00e1ndole al cielo y dice \u201cabuela\u2026!\u201d. Nos re\u00edmos. Contin\u00faa:\u00a0<em>no me cont\u00f3 que esto ocurr\u00eda en Corrientes que es lej\u00edsimo, como de ac\u00e1 a Escandinavia\u2026 porque Argentina es enorme. Y yo pensaba que era en mi patio, entonces cada vez que llov\u00eda estaba loca esperando\u2026 quer\u00eda escucharla. De esa historia sale este cuento que es much\u00edsimo m\u00e1s salvaje porque ah\u00ed aparece literalmente la nena. Ahora sigo usando a la abuela. Esto es algo que no cont\u00e9 todav\u00eda, pero estoy escribiendo un libro nuevo de cuentos.\u00a0<\/em>[La abuela]<em>\u00a0tambi\u00e9n dec\u00eda que cuando era joven la hab\u00eda violado un hombre que no ten\u00eda cara. Y yo le preguntaba que c\u00f3mo no ten\u00eda cara y me dec\u00eda que no ten\u00eda cara, eso, y no me explicaba nada. Yo no s\u00e9 si es verdad o es una fantas\u00eda de ella o si realmente hubo un abuso y el recuerdo de ella es ese, pero yo estoy empezando a escribir un cuento sobre una mujer a la que le desaparece la cara porque me perturba la idea, es un cuento mucho m\u00e1s adulto en alg\u00fan sentido,<\/em>\u00a0y le pasa el mic a la traductora.\u00a0<em>Gracias abuelas<\/em>, pienso. Y me arranc\u00f3 la lanza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4250\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.49.35.png\" sizes=\"auto, (max-width: 709px) 100vw, 709px\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.49.35.png 709w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.49.35-266x300.png 266w\" alt=\"\" width=\"709\" height=\"800\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la calidez de una librer\u00eda parisina, en un d\u00eda de lluvia, ser\u00e1n cerca de las ocho de la noche, quiz\u00e1s un poco m\u00e1s, una chica entre los presentes le pregunta a Mariana sobre su infancia y adolescencia en La Plata. Y qu\u00e9 manera de destapar cosas. J. y yo vivimos en La Plata. Yo estudi\u00e9 en la misma Facultad de Periodismo y Comunicaci\u00f3n Social que Mariana, donde ahora ella da clases de narrativas gr\u00e1ficas. No exactamente en el mismo edificio porque despu\u00e9s la Facultad mud\u00f3 la sede al bosque platense, pero da igual. La cosa es que jam\u00e1s me la cruc\u00e9 (<em>peccato<\/em>, dir\u00edan los italianos) y si me la cruzaba, para la \u00e9poca, tampoco iba a reconocerla, as\u00ed que tambi\u00e9n da igual. Mariana cuenta que hizo la secundaria en la escuela cat\u00f3lica ubicada detr\u00e1s de la Catedral neog\u00f3tica de La Plata. Una escuela que recuerdo bien porque mi primera casa diagonal quedaba a cinco cuadras y siempre pasaba por el frente.\u00a0<em>Empec\u00e9 a escribir mi primera novela a los 17 a\u00f1os, en mi \u00faltimo a\u00f1o de la secundaria. Por supuesto no era m\u00e1s cat\u00f3lica, eso se me pas\u00f3 a los 12. La escrib\u00ed en La Plata, en una m\u00e1quina de escribir, para mis amigos, y termin\u00f3 publicada cuatro a\u00f1os despu\u00e9s<\/em>, cuenta. La novela es<em>\u00a0Bajar es lo peor,\u00a0<\/em>a merced del\u00a0<em>under\u00a0<\/em>platense, que lo hay y mucho; aunque a diferencia de mis amigos y colegas de esos a\u00f1os, no lo viv\u00ed mucho: mi\u00a0<em>under\u00a0<\/em>fue marplatense.. Mariana cuenta una an\u00e9cdota muy curiosa sobre c\u00f3mo su pap\u00e1\u00a0<em>con un grupo de gente<\/em>\u00a0hicieron un estudio para determinar si las torres de la catedral se caer\u00edan una vez colocadas, dado que el terreno en donde se levant\u00f3 la construcci\u00f3n no estaba apto para soportar el peso de semejante armatoste. La conclusi\u00f3n a la que llegaron fue:\u00a0<em>quiz\u00e1s no se caigan. Yo estaba en la escuela atr\u00e1s mientras hac\u00edan las torres sabiendo que quiz\u00e1s no ca\u00edan,\u00a0<\/em>coment\u00f3 entre risas.<\/p>\n<p>Una chica que lleva anotaciones en una libreta le pregunta si cuando escribe las historias que le perturban se resuelve la angustia y si ve gente muerta. A la primera, Mariana responde:\u00a0<em>me siguen dando miedo las mismas cosas. Ese miedo que dan un poco las historias de terror y que al poder contarlas uno le saca un poco de solemnidad, ese es el efecto, se vuelven como menos serias\u2026 Pero no es que se van, se vuelven m\u00e1s manejables.\u00a0<\/em>En la espera de la segunda respuesta hay risas y expectativa. Dice que no, que no ve muertos y que es una gran frustraci\u00f3n porque en su familia casi todas las mujeres ven muertos,\u00a0<em>incluyendo a mis primas, que te dicen: no vayas a la habitaci\u00f3n porque est\u00e1 la abuela fumando. A m\u00ed no me pas\u00f3 nunca<\/em>. Lo mismo sobre si es iniciada en el ocultismo, qu\u00e9 fantas\u00eda. Mariana responde:<em>\u00a0no, no. Yo soy una voyeur, no me involucro en nada.<\/em><\/p>\n<p><em>Sobre Golden Dawn le\u00ed mucho. Es una sociedad secreta brit\u00e1nica que eleg\u00ed para el libro\u00a0<\/em>Nuestra parte de noche\u00a0<em>porque es una sociedad ocultista, pero que ten\u00eda muchos escritores: Yeats, un premio nobel de poes\u00eda irlandesa; Bram Stocker, el autor de Dr\u00e1cula; Arthur Maher, que es uno de los grandes escritores de terror brit\u00e1nicos\u2026 O sea, hab\u00eda much\u00edsimos. Y ten\u00edan muchas mujeres. Las mujeres en general eran las ilustradoras de los tarots, por ejemplo. Yo s\u00e9 tirar pero tampoco tiro porque me da miedo.\u00a0<\/em>Y c\u00f3mo son las cosas de m\u00edsticas que justo antes de saber que iba a conocer a Mariana y mientras le\u00eda su \u00faltima novela, alguien en Sicilia me lleva a conocer a una\u00a0<em>m\u00e9dium<\/em>. La cosa, m\u00e1s all\u00e1 de la an\u00e9cdota, es que me regala un mazo de cartas de tarot y me dice\u00a0<em>las cartas de tarot se regalan, no se compran<\/em>. La verdad es que no tengo idea sobre cartas de tarot, pero s\u00e9 que hay muchas y muy lindas ilustradas. Las miro, le mando una foto a J. coment\u00e1ndole el suceso y no les d\u00ed m\u00e1s bolilla. D\u00edas despu\u00e9s de Par\u00eds voy a recordar a la Golden Dawn y busco las cartas, no vaya a ser cosa que\u2026 Eran. Me hab\u00edan regalado las cartas de la Golden Dawn. Elijo creer, miro al cielo y digo \u00a1abuela!.<\/p>\n<p><em>En<\/em>\u00a0Nuestra parte de noche<em>\u00a0los rituales, por las dudas, los cambi\u00e9. El ritual est\u00e1, pero el que est\u00e1 escrito no es el original. Le cambi\u00e9 varias palabras, no sirve. O sea, no lo hagan porque no va a servir. Hagan lo que quieran pero no va a funcionar. Es como decir una oraci\u00f3n mal, Dios no escucha.\u00a0<\/em>El cl\u00edmax dentro de la librer\u00eda es m\u00e1s distendido. Mariana nos hace re\u00edr a prop\u00f3sito. J. me dice que quiere preguntarle sobre sus c\u00e1balas durante el mundial. No s\u00e9 cu\u00e1n oportuno puede resultar preguntar eso en Francia, pero tampoco nos importa un comino la gente. Igual, no me sorprende eso, sino que J. haya cambiado la pregunta. Yo sab\u00eda, producto de nuestras charlas interminables, que en verdad quiere preguntarle por Adela, el personaje que primero apareci\u00f3 en\u00a0<em>La casa de Adela<\/em>, uno de los doce cuentos de\u00a0<em>Las cosas que perdimos en el fuego (2016; Anagrama),<\/em>\u00a0el primero de los libros que le\u00edmos de la Enriquez. Pero no, quiere preguntar por el mundial. Yo no quiero preguntarle nada. O s\u00ed, mil cosas. Pero ahora no pienso en hablar, quiero escucharla todo el rato. Me ponen nerviosa estos momentos de preguntas del p\u00fablico, me dan\u00a0<em>cringe<\/em>, no s\u00e9. Y tambi\u00e9n siento como si el p\u00fablico fuese una sola persona y nos tenemos que hacer cargo de las tonteras de los dem\u00e1s o de las ocurrencias de los prodigiosos.<\/p>\n<p>En la segunda fila frente a Mariana hay un jovencito estudiante de letras (creo) que le pregunta sobre los rumores de las adaptaciones de sus cuentos para cine. Mariana responde:\u00a0<em>est\u00e1n haciendo la pel\u00edcula de<\/em>\u00a0Las cosas que perdimos en el fueg<em>o, est\u00e1 el gui\u00f3n ya escrito y creo que van a empezar pronto.<\/em>\u00a0El chico la interrumpe diciendo:\u00a0<em>\u00bfpuede ser que sea la misma directora que\u00a0<\/em>Censor<em>? S\u00ed<\/em>, responde r\u00e1pido. Hay un cuento m\u00e1s, que no est\u00e1 compilado, que es Ese verano a oscuras<em>\u00a0que lo est\u00e1 haciendo Michelle Garza, es una mexicana, es muy\u00a0<\/em>creepy<em>\u00a0ella. De ac\u00e1<\/em>\u00a0[de Los peligros\u2026]\u00a0<em>est\u00e1n haciendo<\/em>\u00a0La virgen de la tosquera<em>, Laura Casab\u00e9, que es una argentina y es muy interesante. La serie<\/em>\u00a0[de Nuestra parte\u2026]<em>\u00a0va y viene. Bueno, hay cosas, pero se cae un proyecto, empieza otro. Es complejo porque es una serie de much\u00edsima inversi\u00f3n pero es latina, es en espa\u00f1ol, y es muy dif\u00edcil y bastante absurdo hacerla en ingl\u00e9s. Entonces las compa\u00f1\u00edas de\u00a0<\/em>streaming<em>\u00a0todav\u00eda no se animan a poner todo ese dinero, imaginate: tienen que hacer el ritual, con el tipo, las garras, las cosas que desaparecen\u2026 Todo ese dinero en algo para el mercado latino y en espa\u00f1ol. Entonces ah\u00ed es como m\u00e1s complejo,\u00a0<\/em>concluye.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4247\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.46.46.png\" sizes=\"auto, (max-width: 717px) 100vw, 717px\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.46.46.png 717w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/Captura-de-Pantalla-2023-02-28-a-las-16.46.46-270x300.png 270w\" alt=\"\" width=\"717\" height=\"797\" \/><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Se da por finalizado el encuentro. La parte formal, digamos. Mariana se dispone para la firma de libros. J. lleva\u00a0<em>Las cosas que perdimos en el fuego<\/em>, yo,\u00a0<em>Nuestra parte de noche<\/em>. Aunque nos parece rar\u00edsimo eso de pedirle a alguien que no te conoce que te dedique un libro. Las dedicatorias son algo importante, \u00edntimo, digamos. Siento que estamos forzando al autor a algo que no nace de su voluntad sino de la formalidad del encuentro. Tengo que dejar de darle peso a estas cosas, que me lo firm\u00e9 y chau, despu\u00e9s me voy a arrepentir. Nos paramos. La gente se iba agolpando alrededor de Mariana y en alg\u00fan momento se inicia una fila de la cual nos cre\u00edmos parte pero no lo \u00e9ramos. Est\u00e1bamos esperando justo frente a la cara de Isaac, saco una foto del p\u00f3ster de Munch que sali\u00f3 borrosa, y miro a una se\u00f1ora que tambi\u00e9n esperaba sentada en una silla al lado de la de Mariana y le charla como si la conociera, con una pila de libros sobre las piernas.<\/p>\n<p>Nosotras, adem\u00e1s de estar pasadas de revoluciones (como dice mi vieja) y cargadas hasta m\u00e1s no poder, nos sentimos absortas por la presencia de la Enriquez. La fila se hace m\u00e1s larga para el lado contrario y para cuando nos damos cuenta que tenemos que hacerla, \u00e9ramos las \u00faltimas. Ante\u00faltimas, porque detr\u00e1s nuestro apareci\u00f3 una chica. La que est\u00e1 delante en la fila no est\u00e1 segura si la versi\u00f3n de bolsillo es conveniente como regalo y nos consulta sobre el tema. Intervengo: \u00bfc\u00f3mo es la persona?, pregunto. Grande, responde. Entonces regalale el otro que se lee mejor. S\u00ed, ten\u00e9s raz\u00f3n y gracias. Pienso que tambi\u00e9n va a ser m\u00e1s grande el julepe, pero no se lo digo.<\/p>\n<p>Veo que la gente est\u00e1 comiendo cositas y tomando vino. Yo me muero de hambre pero no puedo comer nada de lo que hay. Me voy de la fila sin consultarle a J. si quiere algo. Cuando vuelvo me pregunta de d\u00f3nde saqu\u00e9 eso (un vaso de tinto) y le digo que de all\u00e1, de la mesita, y no le pido disculpas. Ella entiende que estoy emocionada y las cosas se me pasan un poco. El problema es que ya estoy bebiendo y J. me trae otro vaso, el segundo. Estamos por llegar y yo ya estoy prendida fuego porque apenas tomo un poco de alcohol la cara se me enciende como si hubiera corrido cuadras y cuadras. Apenas me enojo, apenas me duele, apenas soy feliz, apenas me da verg\u00fcenza, apenas cualquier cosa ya soy un tomate y qu\u00e9 manera de deschavarme toda la vida. Sobre todo porque la gente siempre, pero siempre, lo interpreta como debilidad, cosa que me jode mucho.<\/p>\n<p>Nos toca a nosotras y, J. anonadada y yo con la cara bord\u00f3, saludamos y hola c\u00f3mo est\u00e1n, dice. Y alguien que estaba cerca se r\u00ede diciendo mir\u00e1 c\u00f3mo ten\u00e9s la cara de colorada. Y yo pienso que ya s\u00e9, claro que ya s\u00e9, no puedo hacer nada, gracias por resaltar esta angustia. Y le digo a la Enriquez que no puedo m\u00e1s, que somos muy fans y que no me importa. Y la otra sigue que mir\u00e1 como ten\u00e9s las orejas, que mir\u00e1 como ten\u00e9s los cachetes. Hasta que la Enriquez dice algo hermoso:\u00a0<em>vos sab\u00e9s que yo siento cosas que deber\u00edan ponerme as\u00ed pero no me pasa porque no tengo\u00a0<\/em>no me acuerdo qu\u00e9 cosa de la pigmentaci\u00f3n. Y fue como un abrazo, porque claro que sentimos cosas. Hay gente que lo maneja mejor que otra, hay gente que hace una lectura m\u00e1s acertada que otra y, despu\u00e9s, est\u00e1 la Enriquez. Y como tuvimos la suerte de ser ante\u00faltimas charlamos un poquito m\u00e1s, que venimos de Montpellier y de Sicilia para verte y que soy periodista pero p\u00e9sima periodista, ya ves. Y si vas a ir a Mar del Plata y todo eso. Nos firma los libros pero no leemos qu\u00e9 pone. Yo me reincorporo porque me hab\u00eda agachado as\u00ed habl\u00e1bamos a la misma altura, me daba asco eso de hablarle a la Enriquez desde arriba. Entonces ella tambi\u00e9n se para y nos dice que nos tenemos que sacar una foto. Ella a nosotras (\u00a1\u00bfqu\u00e9?!). Estoy tan emocionada que le pregunto si le puedo dar un abrazo. Eso le dije. Me dice que s\u00ed sonriendo y yo aprovecho el abrazo. El segundo porque el primero ya hab\u00eda pasado cuando dijo lo que dijo. Nos sacamos varias fotos y cuando nos despedimos,\u00a0<em>gracias por todo Mariana y chau<\/em>, la chica que estaba al lado me dice que me tiene que mandar una que tom\u00f3 con su celular e intercambiamos redes. Ya se hab\u00edan ido casi todos. Nosotras no queremos, pero no da insistir m\u00e1s con la presencia y nos vamos. Afuera el fr\u00edo es demencial, llueve un poco. Con J. tenemos que tomar el metro para separarnos. Llegamos a la esquina y le digo que me fumar\u00eda un pucho. Hace dos semanas que no fumo, por la tos, pero lo armo y me lo fumo tranquila en la esquina, con J., bajo la llovizna, sin poder decirnos ni una palabra por la emoci\u00f3n.<\/p>\n<p>Llego al aeropuerto sola. No hay nadie. Mi vuelo sale a las siete de la ma\u00f1ana y todav\u00eda no es medianoche en Par\u00eds. Pero no hay nadie, c\u00f3mo puede ser que en todo el aeropuerto no haya nadie. Pasa una m\u00e1quina de esas que limpia con un chico arriba pero va con los auriculares. Tengo que hablar franc\u00e9s, pero estoy cansada y no puedo pensar. Hablo en ingl\u00e9s, no s\u00e9 qu\u00e9 digo, ya se me confunde un poco todo. El chico me responde que el aeropuerto est\u00e1 adherido a la huelga general y que no hay nadie. Hab\u00edamos sentido lo de la huelga general, pero deb\u00eda ser al d\u00eda siguiente, no ahora. Meto el c\u00f3digo en la maquinita y me entero que me cancelaron el vuelo. Ning\u00fan ser humano para consultarle nada. Le escribo a J. que ya estaba arriba de sus diez horas de colectivo. Todo un l\u00edo, un hermoso l\u00edo. La huelga general en Francia es en contra de la reforma jubilatoria. Est\u00e1 muy bien, pienso. Gracias abuela, gracias Norma Pla. Y ahora, \u00bfqu\u00e9 hago? J. me ayuda a sacar otro vuelo, uno que s\u00ed despega, tambi\u00e9n al d\u00eda siguiente. Tard\u00e9 no s\u00e9 cu\u00e1ntas horas en llegar a casa y dos d\u00edas sin dormir, pero estaba chocha, pod\u00eda enfrentarme al mundo tranquilamente.<\/p>\n<p>El viaje fue corto pero vali\u00f3 cada segundo de noche. Gracias, Mariana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al momento que escribo esto, sale una cr\u00f3nica espectacular de Mariana sobre Nick Cave y Warren Ellis en su gira australiana, publicada en tapa del suplemento Radar de P\u00e1gina\/12, del cual es subeditora. Ella es muy fan de Cave de toda la vida y escribi\u00f3, entre much\u00edsima data, una cosa hermosa sobre c\u00f3mo su marido, Paul Harper, la ayud\u00f3 a intentar darle la mano al pr\u00edncipe de las tinieblas en su show en Tamworth, y c\u00f3mo consigue entrar al show en el Opera House de Sydney gracias a las entradas que le facilit\u00f3 una lectora, a su vez, a trav\u00e9s de su amigo sonidista. Una locura de cr\u00f3nica, como las de su libro\u00a0<em>El otro lado. Retratos, fetichismos, confesiones,<\/em>\u00a0editado en 2020, como todo lo de la Enriquez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Carla Duimovich Nigro\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Libros de Mariana Enriquez mencionados y editados por Anagrama:<\/p>\n<p>Bajar es lo peor. (2022); Los peligros de fumar en la cama.(2017); Las cosas que perdimos en el fuego. (2016); El otro lado. Retratos\u2026 (2022); Nuestra parte de noche. (2019).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Julio Cort\u00e1zar,\u00a0<em>Aqu\u00ed Alejandra<\/em>\u00a0en:\u00a0<em>Salvo el Crep\u00fasculo<\/em>. (2009). Alfaguara.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pel\u00edculas mencionadas:<\/p>\n<p>David Cronenberg,\u00a0<em>Crimes of the future<\/em>, 2022.<\/p>\n<p>Prano Bailey-Bond,<em>\u00a0Censor<\/em>, 2021.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estamos en Par\u00eds y hace fr\u00edo. Esta noche, Mariana Enriquez hace una de sus tantas presentaciones de su gira europea en\u00a0Atout Livre, una librer\u00eda cerca de la estaci\u00f3n de metro. El libro que convoca es\u00a0Les dangers de fumer au lit\u00a0(Los peligros de fumar en la cama), que edit\u00f3 por primera vez en 2009 y que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":40,"featured_media":4248,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[382],"tags":[],"class_list":["post-4253","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cronica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4253","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/40"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4253"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4253\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4256,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4253\/revisions\/4256"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4248"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4253"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4253"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4253"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}