{"id":4204,"date":"2022-12-26T12:38:44","date_gmt":"2022-12-26T15:38:44","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4204"},"modified":"2022-12-26T12:40:26","modified_gmt":"2022-12-26T15:40:26","slug":"relatos-de-apego-parte-iii-las-promesas-y-las-manos-por-carla-duimovich","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/12\/26\/relatos-de-apego-parte-iii-las-promesas-y-las-manos-por-carla-duimovich\/","title":{"rendered":"Relatos de apego \u2013 Parte III: Las promesas y las manos \u2013 Por Carla Duimovich"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">No se pudo evitar. Me arrastr\u00e9 por el piso a ciegas hasta la cama, y trep\u00e9 como lo har\u00eda la luna si fuese perro. Y me qued\u00e9 ah\u00ed, como un beb\u00e9, mientras la sangre volv\u00eda a recorrer mi cabeza como mil hormigas dentro de un hormiguero&#8230; (as\u00ed se oye la sangre cuando vuelve). Despu\u00e9s no dorm\u00ed m\u00e1s, nunca m\u00e1s. Las horas (esas) se hicieron eternas. El dolor en la cabeza comenzaba a elevarse dejando una monta\u00f1a, o dos, sobresaliente a las l\u00edneas del cr\u00e1neo, como los Andes. Me dol\u00eda todo. El codo, la rodilla (\u00bfme desmay\u00e9? \u00bfCu\u00e1ndo me golpe\u00e9 el codo?), el pecho, la espalda, los ojos. Por un momento fui consciente y decid\u00ed recuperarme. Dejarme ah\u00ed, permitiendo que el cuerpo haga lo suyo, que me cure, que me salve. Pero tomar una decisi\u00f3n medio muerto no es tan f\u00e1cil, ni tan gratis. El fr\u00edo de la soledad y los fantasmas sin rostro me insistieron y no me pude dejar llevar, simplemente comenc\u00e9 a tensionar el dolor del pecho. Dicen que cuando algo est\u00e1 mal con el coraz\u00f3n se siente como la pata de un elefante. Yo no sent\u00eda un elefante, sent\u00eda el peso de una nutria hecha un bollito durmiendo sobre el coraz\u00f3n, una ternura que me estaba quitando la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y para olvidarme de ella, de la nutria, me d\u00ed la vuelta. Pero era in\u00fatil porque cuando se calmaba el pecho, una espada fr\u00eda clavada en la columna me llenaba de estalactitas, expandi\u00e9ndose con cada respiraci\u00f3n. Ya no sab\u00eda qu\u00e9 hacer para estar bien, para abrazar a mi ex, a mi perra, a mi abuela muerta, a mi madre (por qu\u00e9 no). El hielo hab\u00eda llegado hasta mis pies, paraliz\u00e1ndolos. Me levant\u00e9 y me serv\u00ed en un vaso una de esas pastillas efervescentes que and\u00e1 a saber qu\u00e9 son pero que te da la ilusi\u00f3n de mejor\u00eda instant\u00e1nea. Y entonces, m\u00e1gicamente, dorm\u00ed tres horas, tres horas de sue\u00f1os que no recuerdo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me despert\u00e9 mejor aunque a\u00fan abombada por la ca\u00edda. Nada era igual como hac\u00eda tres d\u00edas. Sal\u00ed a buscar a Negroni, un gato que vive a orillas del mar. D\u00edas atr\u00e1s hab\u00eda llovido mucho y estaba preocupada. Cuando llegu\u00e9 no pod\u00eda mirarlo, me refiero al mar. Parec\u00eda un mensaje del Atl\u00e1ntico que ven\u00eda de otro tiempo a decirme algo. En la isla, los d\u00edas de sol y sin viento no tienen ese mar. Ese era un mar que no se correspond\u00eda con la isla. Y Negroni no vino a mi encuentro o yo me fui muy r\u00e1pido porque la nutria en el pecho se mov\u00eda y no pod\u00eda respirar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es el cuarto d\u00eda desde que me perd\u00ed, el agua sale a gotas de un cuerpo que no entiendo del todo. Me sale por los ojos y va saltando sobre la ropa y las cosas. No estoy llorando, es el Atl\u00e1ntico que insiste con algo que no puedo descifrar pero que est\u00e1 ah\u00ed e intento contener peg\u00e1ndome parches de calor en el agujero que dej\u00f3 la espada y comiendo prote\u00ednas porque quiz\u00e1s sea eso\u2026 Como si algo de todo eso tuviera que ver, como si la oscuridad no estuvieran ah\u00ed al acecho a pesar de los almendros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo \u00fanico que queda es el privilegio de atender las pulsiones de supervivencia. Algo me pasa con el gesto de llevarse las manos al cuerpo, con el tesoro de las palmas que ingresa al pecho atravesando la piel. El calor riguroso que evita que el coraz\u00f3n no se salga y vaya cay\u00e9ndose por ah\u00ed, cuando lo experimentado es grande, m\u00e1s grande que lo conocido, y no sabemos c\u00f3mo contenerlo. Espero a que en ese acto instintivo de sostenerse el pecho se apacig\u00fce el mundo; que se apacig\u00fce el mundo conocido, porque el otro, el que acaba de inventarse con la explosi\u00f3n de mil cristales, de bombas, del cuerpo desparramado por el suelo despu\u00e9s del golpe seco de la cabeza, a\u00fan no puede someterse al cuidado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de que vuelvan las hormigas, record\u00e9 que para la primera de las piezas la profesora nos ense\u00f1aba a hacer moldes en yeso para los negativos de nuestras cer\u00e1micas en arcilla. Yo trabaj\u00e9 sobre la mujer del quinqu\u00e9 de la obra Guernica de Picasso. La mujer del quinqu\u00e9 result\u00f3 ser un cuerpo asomado a trav\u00e9s de una ventana; el brazo r\u00edgido sostiene una l\u00e1mpara, iluminando la atrocidad que dej\u00f3 el bombardeo. Es un rostro de asombro y estupor, de mirada triste y sin direcci\u00f3n concreta. Es, tambi\u00e9n, un par de tetas. Un par de tetas que salen por la ventana para habitar el horror del mundo. La mano que no est\u00e1 sosteniendo la l\u00e1mpara, se posa sobre el pecho, entre las tetas, sosteniendo la integridad desnuda de alguien que ilumina, sea lo que sea que esto signifique, en un escenario desolador. Es la \u00fanica figura de la obra que, a simple vista, sufre una herida emocional y desgarradoramente impotente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son pocas las personas que se permiten ser vistas acarici\u00e1ndose el pecho en un gesto desesperado de supervivencia, de pasi\u00f3n, o de cualquier emoci\u00f3n que rebalse. El tesoro de intimidad que llevamos en las palmas posadas sobre el cuerpo es la seguridad de sabernos vulnerables (que no es poca cosa) y, por m\u00e1s contradictorio que suene, de sabernos con el poder de preservarnos, a pesar de todo, a pesar de todos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vez que hice un cuenco con las manos, lo llev\u00e9 al pecho y llor\u00e9. Llor\u00e9 por horas, hasta que sent\u00ed sonre\u00edr la voz de Nina Simone y todas esas l\u00e1grimas se volvieron, de un segundo a otro, sensaci\u00f3n de bienestar inexplicable, un cuenco regando serotonina. \u201cWhat a fool am I\u201d (dice Billie) por creerlo duradero. El viento pasa como los d\u00edas, y mueve los sauces y los pinos oyendo mi promesa de nunca olvidar a la mujer de la l\u00e1mpara con su mirada perdida y su mano en el pecho salv\u00e1ndose el alma. Decreto aqu\u00ed que no la olvidar\u00e9 (aunque de olvido pretenda construirse el futuro). No olvidar\u00e9 sus tetas ofrecidas a un mundo destruido a trav\u00e9s de la ventana. A ella ni a c\u00f3mo suena la sonrisa de Nina o la esperanza de Billie, de esa promesa depende mi vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al rato, en el mar, la mano apoyada sobre la piedra adopta su relieve, como la arcilla cuando sale del molde en negativo. Pienso que podr\u00eda no haber sido yo quien molde\u00f3 el Guernica y, en todo caso, fue mi amigo el que recre\u00f3 la obra. Cu\u00e1nto de todo ser\u00e1 una extrapolaci\u00f3n de la experiencia y cu\u00e1nto no. Pasaron ocho d\u00edas desde que me perd\u00ed, pero ya me siento mejor y abandon\u00e9 a las hormigas recorriendo los t\u00faneles en mi cabeza. Cuando logre levantarme de esta cama, Negroni vendr\u00e1 a buscarme; las manos que prefiere son m\u00e1s rojas, con otros gestos para el cuidado.<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Carla Duimovich<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No se pudo evitar. Me arrastr\u00e9 por el piso a ciegas hasta la cama, y trep\u00e9 como lo har\u00eda la luna si fuese perro. Y me qued\u00e9 ah\u00ed, como un beb\u00e9, mientras la sangre volv\u00eda a recorrer mi cabeza como mil hormigas dentro de un hormiguero&#8230; (as\u00ed se oye la sangre cuando vuelve). 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