{"id":4169,"date":"2022-12-12T13:43:02","date_gmt":"2022-12-12T16:43:02","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4169"},"modified":"2022-12-12T13:43:39","modified_gmt":"2022-12-12T16:43:39","slug":"el-cauce-de-los-afectos-a-partir-de-el-rio-sabado-de-juan-santander-leal-por-maximiliano-diaz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/12\/12\/el-cauce-de-los-afectos-a-partir-de-el-rio-sabado-de-juan-santander-leal-por-maximiliano-diaz\/","title":{"rendered":"El cauce de los afectos. A partir de El r\u00edo S\u00e1bado, de Juan Santander Leal \u2013 Por Maximiliano D\u00edaz"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Este a\u00f1o so\u00f1\u00e9, por primera vez, con Diego. Un amigo que muri\u00f3 hace un poco m\u00e1s de dos a\u00f1os. En el sue\u00f1o, unos amigos iban a buscarme para decirme que \u00e9l se hab\u00eda perdido, que estaban desesperados busc\u00e1ndolo. Comenz\u00e1bamos a buscarlo, a pie, por zonas que ten\u00edan cada vez menos casas. Desaparec\u00edan las veredas y comenzaban a levantarse los \u00e1rboles y el pasto. Ya adentrado en el verde, encontraba una pista: tres o cuatro camisetas de la Cat\u00f3lica \u2013equipo del que el Diego era hincha\u2013 dobladas cuidadosamente sobre el suelo. Comenzaba a caminar por un sendero angostito, y lo encontraba flotando, de espaldas, sobre un cuerpo de agua que no hab\u00eda visto nunca. \u00c9l se ve\u00eda hasta divertido. Sonre\u00eda y ten\u00eda dibujada en la cara la sana resignaci\u00f3n de quien es descubierto haciendo una travesura sin malicia. Me dijo algo, pero no puedo recordar qu\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa semana le coment\u00e9 el sue\u00f1o a mi psic\u00f3loga, y me dijo que de seguro el agua significaba algo. Que lo de las sonrisas y las camisetas eran algo evidente. \u00abYo creo que \u00e9l est\u00e1 bien\u00bb, me dijo. \u00abTal vez las camisetas, dobladas as\u00ed, sean para dar cuenta de que estaba ordenando lo que dej\u00f3 ac\u00e1\u00bb. Me coment\u00f3, entonces, que alguien a quien ella apreciaba mucho sab\u00eda sobre s\u00edmbolos y significados de los sue\u00f1os. Que hablar\u00eda con esa persona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">La semana siguiente, la sesi\u00f3n comenz\u00f3 con ella dici\u00e9ndome \u00abel agua son los afectos, Maximiliano\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa fue la primera vez que la presencia del agua como un reflejo de los afectos se me hizo evidente. La segunda, fue leyendo <em>El r\u00edo S\u00e1bado<\/em>, escrito por Juan Santander Leal, y publicado por ediciones Overol. El libro, una breve colecci\u00f3n de prosas po\u00e9ticas, de m\u00e1ximo una plana, parece ser una apuesta digresiva, tanto en el imaginario y el desplante t\u00e9cnico del autor mostrado en libros anteriores, como en su forma de abordar el s\u00edntoma de la escritura. Aqu\u00ed, el poema parece convertirse en un terreno para revisar el entorno y entregarse a las dudas. Si bien el r\u00edo S\u00e1bado parece ser, por momentos, un flujo cristalino, que pretende aclarar, Santander mete los pies al agua para buscar en lo m\u00e1s profundo de sus piedras y sedimentos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Sabemos que son los r\u00edos los que desembocan en el mar, pero el r\u00edo S\u00e1bado parece ser, en s\u00ed mismo, una desembocadura de los afectos. Un espacio de serenidad donde el poema se plantea dudas y opina a partir de los est\u00edmulos sensibles que lo afectan. Llegar al r\u00edo es un ejercicio de honestidad. El poema <em>puertas<\/em>, por ejemplo, asegura que \u00abLos vestidos florales me recuerdan que la moda tiene pena de s\u00ed misma, sobre todo si atraviesa la colina cuyo pasto nace ahora\u00bb. La escritura de Santander pone en tensi\u00f3n al entorno y lo que pasa al interior de la cabeza y el coraz\u00f3n de quien escribe. Asimismo, al final del mismo poema, asegura \u00absolo hay que mantenerse quieto y preparado para pasar d\u00edas sin expresarse\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, el r\u00edo S\u00e1bado no es un terreno limitante ni limitado. La voz \u2013o voces\u2013 que relata estos poemas est\u00e1 en un constante movimiento, uno donde el terreno tambi\u00e9n se ve enfrentado a otros panoramas. Como en el poema <em>monta\u00f1a<\/em>. Cuando, elevado en el cielo, lejos del espacio del r\u00edo, nace la pregunta \u00ab\u00bfQu\u00e9 soy para una monta\u00f1a cuando ando de noche y busco algo de comer en mi equipaje?\u00bb. Las preguntas siempre quedan suspendidas. No parece haber una respuesta inmediata, ni mucho menos l\u00f3gica a estas inquietudes. Sin embargo, esta misma y original ignorancia, se equilibra con momentos de una luminosidad chispeante. Sigue, el mismo poema, diciendo \u00abMe interesa lo que resucita, lo que no posee subjetividad y resucita, porque no uso la palabra amor con los objetos. Y escucho: \u201cSolo estoy a tu lado si no puedes verme. Te espero en el expresionismo de siempre, no decaigas\u201d\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta relaci\u00f3n con los otros, la presencia del r\u00edo como un afluente que lleva, tambi\u00e9n, un movimiento de conciencia y comprensi\u00f3n, comienza a abrirse con frecuencia despu\u00e9s de este poema. La voz comienza a coleccionar los momentos elocuentes que le han otorgado quienes la rodean. Dice el poema <em>miocardio<\/em>: \u00abLa ambici\u00f3n te repite entre personas susceptibles: \u201cNo hagas un \u00e1lbum de amaneceres tristes\u201d\u00bb. Sin miedo al riesgo de los lugares comunes, Santander ocupa la dif\u00edcil palabra <em>triste<\/em> en un poema. Sin embargo, es la carga de sentido y contexto la que le devuelve a las palabras su ins\u00f3lita belleza. La sinceridad es el \u00fanico pasaporte necesario para cruzar la frontera que nos lleva al r\u00edo S\u00e1bado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">He tenido la suerte de compartir con Juan muchas veces y s\u00e9, tanto por sus conversaciones como por su poes\u00eda, que es copiapino. Yo tambi\u00e9n viv\u00ed en Copiap\u00f3 una temporada, entre los once y los trece a\u00f1os. El agua, dec\u00edan mis pap\u00e1s, era \u00abmuy dura\u00bb. Yo era demasiado chico para poder ponerle una imagen a esa contradicci\u00f3n. Con el tiempo fui entendiendo que esa dureza refer\u00eda m\u00e1s a lo pesado. A lo cargado de sustancias que estaba el agua. La ciudad, adem\u00e1s, era muy seca. Mis amigos y yo \u00edbamos a andar al r\u00edo en bicicleta y ellos me comentaban que hac\u00eda mucho tiempo hab\u00eda habido agua. Y que un par de a\u00f1os antes de que yo llegara, incluso se hab\u00eda desbordado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Es extra\u00f1a esa nostalgia por el agua. Cuando los lugares se secan, lo primero que hacen las personas, viendo la espalda partida de la tierra, llena de maleza y piedras, es sentir nostalgia por el tiempo donde hubo agua. En ocasiones, perdemos de vista el cauce del r\u00edo S\u00e1bado y Santander vuelve a sus relaciones personales con el agua dura de esa ciudad que corta el desierto. En su poema <em>cobalto<\/em> dice: \u00abEn ese tiempo mi \u00fanica obligaci\u00f3n era estudiar lo que estaba por construirse, y ten\u00eda bastante tiempo para la sinestesia. El agua era de color cobalto y oculto en una ducha me convert\u00eda en juventud\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Parece ser esa misma nostalgia por el agua lo que invita a la reflexi\u00f3n. Un lugar com\u00fan de los cuerpos de agua es el sentarse a mirar. El lugar com\u00fan de la pesca como un ejercicio terap\u00e9utico, por ejemplo, el del nado como una especie de tratamiento viscoso, la tina como lugar de contemplaci\u00f3n, o las caminatas nocturnas por la playa, parecen estar cruzados por el ejercicio del pensamiento y la atenci\u00f3n por el agua. El r\u00edo S\u00e1bado no se queda atr\u00e1s, y el cauce de las ideas que comienzan a correr al contemplarlo, o al meterse en sus aguas, abre la puerta a la reflexi\u00f3n. Junto al agua nos hacemos preguntas que no tienen respuesta. En el poema <em>emblemas<\/em>, la voz se pregunta \u00ab\u00bfC\u00f3mo insistir cuando no hay fuerza suficiente para retroceder?\u00bb. Incluso en aguas tranquilas, pueden acabarse los deseos de bracear.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Y es que el deseo, como el agua, son flujos inconstantes. Los poemas de <em>El r\u00edo S\u00e1bado<\/em> se mueven por una serie de paisajes irregulares. El r\u00edo S\u00e1bado no siempre est\u00e1 bien nutrido ni es cristalino. Se desprende, entonces, que no siempre hay posibilidad de entrar al r\u00edo, ni de que este refleje algo. El poema <em>m\u00fasica<\/em> asegura que \u00abBajo los puentes el r\u00edo S\u00e1bado es un hilo de agua sucia pasando entre los adoquines\u00bb. Los puentes, a su vez, parecen alzarse como una misteriosa contradicci\u00f3n: acaso un ejercicio de educar, de domesticar el agua. No me parece coincidente, entonces, que este mismo poema est\u00e9 tan cercado por el espacio de la ciudad, donde \u00abUn cartel publicitario afirma: \u201cte hemos dicho tantas veces que no busques\u201d\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El amague de desaparici\u00f3n tambi\u00e9n puede aportar a que nos extraviemos y alejemos del r\u00edo S\u00e1bado, como una forma de apartarse de la claridad y un peque\u00f1o acercamiento a una desesperaci\u00f3n, controlable, claro, pero desesperaci\u00f3n al fin y al cabo. En el poema <em>antepasados<\/em>, por ejemplo, se lee \u00abEs mejor caminar con nuestro anhelo como si supiera conducirnos hasta el r\u00edo S\u00e1bado pero, \u00bfc\u00f3mo orientar la br\u00fajula hacia el n\u00facleo que no se alcanza mediante viajes?\u00bb. Se abre la nueva pregunta de si el viaje hasta el r\u00edo S\u00e1bado es interior o exterior. Sin embargo, a mi propio juicio, como lector, esa diferenciaci\u00f3n no es tan importante. Lo realmente importante es qu\u00e9 tan pr\u00f3ximos estamos del r\u00edo. Idealmente de su parte m\u00e1s caudalosa, de una que nos deje meter los pies al agua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Pareciera ser que en las zonas m\u00e1s profundas del S\u00e1bado, la voz adquiere una agilidad y una capacidad de asociaci\u00f3n admirables. Como un cauce, sus preguntas y reflexiones invitan a hundirse, a nadar en el poema. Ac\u00e1 lo importante no es el reconocimiento de los objetos, del pensamiento ni de las emociones, sino la claridad con que estos son planteados y nos deja participar a quienes leemos de estas mismas dudas y preguntas. Dice el poema <em>conciliar<\/em> que \u00abHabitar involucra pactos no considerados y aspavientos al sumergirse en la tristeza de los dem\u00e1s\u00bb, como una manera de reconocer las dificultades del relacionarse con las personas, sin embargo, dejando abierta la posibilidad de abrazar esos aspavientos, y no permitir que estos hundan lo que hemos construido al fondo del r\u00edo. El agua, como los afectos, vuelve a mostrarse transparente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el punto de vista de la comprensi\u00f3n, el agua tambi\u00e9n puede ser le\u00edda como una proyecci\u00f3n del apego en s\u00ed misma: material necesario para la vida, compone la mayor parte de los cuerpos, y tiene la potencia de brindar vida a otros planetas. Dice el poema <em>traspaso<\/em>: \u00abVenus lleva agua este noviembre hacia el espacio del sue\u00f1o; es la estrella responsable de nuestras odiseas. Todav\u00eda hay espectros alimentando sangre al pasar la juventud, pues no sabemos si esta lluvia prefiere caer sobre la tierra o sobre el mar\u00bb. Se disecciona, entonces, el agua como una posibilidad, manteniendo siempre en la primera fila a la importancia de su presencia. El agua puede aparecer en forma de lluvia o del r\u00edo S\u00e1bado. Sin embargo, su manera misteriosa de transportarse, es suficiente para que confiemos en ella. La ignorancia tambi\u00e9n tiene la potencia de la belleza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque a pesar del optimismo en la b\u00fasqueda del agua, la calma, el reposo, la claridad, suelen adscribirse, en este imaginario, al r\u00edo S\u00e1bado. <em>Visillos<\/em>, uno de sus \u00faltimos, nos invita a no dejarlo atr\u00e1s: \u00abSilba en la orilla del r\u00edo S\u00e1bado y luego diserta en las calles vac\u00edas\u00bb. Parece ser que son esos ejercicios silenciosos, personales, los que nos dotan de comprensi\u00f3n y dignidad. Seg\u00fan el director iran\u00ed Abbas Kiarostami, los signos de interrogaci\u00f3n son la puntuaci\u00f3n de la vida. Creo que esto puede entenderse desde la b\u00fasqueda de verdad o experiencia a partir de la duda. Es necesario preguntarse cosas para alejarse de la confusi\u00f3n, y esto se propone en estos poemas como una especie de libertad. En su \u00faltimo poema, <em>preludio<\/em> \u2013justo antes del conclusivo <em>desembocadura<\/em>\u2013, la voz recuerda un lejano 1999, donde \u00abPod\u00edamos decidir si nuestro cotidiano era o no una mercanc\u00eda. No \u00e9ramos insectos, no \u00e9ramos estrellas, no \u00e9ramos insignificantes\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El r\u00edo S\u00e1bado<\/em>, de Juan Santander, construye a lo largo de sus treinta y dos poemas una irregular serie de afectos personales. Una serie de afluentes confusos que, eventualmente, llegar\u00e1n a tocarse en ese mar al que podr\u00edamos llamar calma o entendimiento. Una b\u00fasqueda del orden al interior de quien lee y quien escribe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Pienso, como lector de <em>El r\u00edo S\u00e1bado<\/em>, que ojal\u00e1 esas hayan sido las aguas en las que vi flotar a Diego.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"300\" height=\"443\" class=\"alignleft size-full wp-image-4170\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/9789566137221.jpeg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/9789566137221.jpeg 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/9789566137221-203x300.jpeg 203w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>El r\u00edo S\u00e1bado<br \/>\nJuan Santander Leal<br \/>\nOverol<br \/>\n2022<br \/>\n48 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este a\u00f1o so\u00f1\u00e9, por primera vez, con Diego. 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