{"id":4151,"date":"2022-12-01T13:25:22","date_gmt":"2022-12-01T16:25:22","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4151"},"modified":"2022-12-01T16:14:12","modified_gmt":"2022-12-01T19:14:12","slug":"el-verano-esa-larga-angustia-a-partir-de-aftersun-por-maximiliano-diaz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/12\/01\/el-verano-esa-larga-angustia-a-partir-de-aftersun-por-maximiliano-diaz\/","title":{"rendered":"El verano, esa larga angustia. A partir de Aftersun \u2013 Por Maximiliano D\u00edaz"},"content":{"rendered":"<p>El verano, esa larga angustia. A partir de Aftersun, de Charlotte Wells<\/p>\n<p>Hace un par de semanas me hice una nueva amiga. Result\u00f3 ser una persona generosa que ley\u00f3 mis poemas con entusiasmo. En ese intercambio de ideas que sucede despu\u00e9s de una lectura, me pregunt\u00f3 si recordaba el d\u00eda en que hab\u00eda conocido el mar. Seg\u00fan ella, mi libro estaba marcado por su presencia. \u00ac\u00acLa pregunta me hizo dudar. Sent\u00ed que nadie goza de una memoria tan clara, y que lo que uno mismo puede presumir como un primer recuerdo podr\u00eda, en realidad, no serlo. Record\u00e9 algunas autor\u00edas que, dentro de su obra, presum\u00edan tener esa capacidad: Nicanor Parra en Se canta al mar, por ejemplo, un poema narrativo en que cuenta la primera vez que su padre lo llev\u00f3 a conocer esa masa azul y salada. Yo le dije que no. Que no lo recordaba. Pero que s\u00ed cre\u00eda recordar la primera vez que fui a la playa.<\/p>\n<p>Yo ten\u00eda tres a\u00f1os. Mis pap\u00e1s deben haber tenido algo as\u00ed como veintisiete y veinticinco. Arrendaron una caba\u00f1a en El Quisco para semana santa, y fuimos con el auto prestado del Chito, el t\u00edo abuelo de unos primos de mi mam\u00e1. Una relaci\u00f3n un tanto lejana, s\u00ed. Sobre todo para prestar un auto, creo. En esa \u00e9poca viv\u00edamos en la casa de mi abuela. Yo pasaba mucho tiempo con ella y hab\u00edamos construido un compa\u00f1erismo inquebrantable. \u00c9ramos compa\u00f1eros de siesta, de cocina y de juegos. Cuando cay\u00f3 la noche del primer d\u00eda en El Quisco, le dije a mis pap\u00e1s que ya estaba listo para volver a Rancagua con la Carmen, mi abuela. Ellos se rieron y me dijeron que \u00edbamos a dormir ah\u00ed un par de d\u00edas. Entonces les ped\u00ed que la llam\u00e1ramos, porque la extra\u00f1aba. Salimos a un tel\u00e9fono p\u00fablico y, en los brazos de mi pap\u00e1, mi mam\u00e1 meti\u00f3 unas monedas en la caja met\u00e1lica y me entreg\u00f3 el tubo.<\/p>\n<p>La playa, recuerdo, me pareci\u00f3 hermosa y decepcionante. De lo que hab\u00eda visto en la tele me imagin\u00e9 barcos, turistas, mucho sol. Pero en realidad muy poco de lo que tocaba el mar era playa. Nos est\u00e1bamos quedando cerca de una quebrada, no hab\u00eda tele, hac\u00eda mucho fr\u00edo; y lo \u00fanico que adornaba el cielo nublado, eran gaviotas. Ese fin de semana en que conoc\u00ed la playa tambi\u00e9n me sent\u00ed, de alguna forma, aburrido.<\/p>\n<p>Aftersun me transmiti\u00f3 una sensaci\u00f3n muy parecida. La pel\u00edcula, que inaugura la obra de Charlotte Wells, trata sobre Calum (Paul Mescal), y su hija de diez a\u00f1os, Sophie (Frankie Corio). Calum es un hombre joven que se lleva a su hija de vacaciones. El lugar que escoge es un resort en Turqu\u00eda. Poco s\u00e9 sobre las temporadas altas en el oeste de Asia, as\u00ed que supongo que, por el per\u00edodo de vacaciones, es normal que el complejo est\u00e9 lleno de brit\u00e1nicos: hay irlandeses, escoceses, ingleses. Grupos grandes de amigos, muchos adolescentes, que van a meterse al agua durante el d\u00eda, jugar pool en las tardes y tomar durante la noche.<\/p>\n<p>Es un a\u00f1o difuso entre findes de los \u201990 y principios de los 2000. Calum y Sophie tienen una relaci\u00f3n confusa, al igual que la mayor\u00eda de los padres separados \u2013y casi siempre j\u00f3venes\u2013 tienen con sus hijos chicos. En sus ansias por sentirse cercano a su hija, a sus intereses y a sus l\u00f3gicas, Calum se comporta m\u00e1s como un amigo que un padre. Es una persona cuidadosa, s\u00ed. Vela por Sophie. Busca su comodidad y su diversi\u00f3n. Sin embargo, tambi\u00e9n da peque\u00f1as entradas a conversaciones que podr\u00edan resultar inc\u00f3modas, en lo que se podr\u00eda presumir como un acto para verse m\u00e1s jovial y divertido, dejando en evidencia esa obsesi\u00f3n que tienen los padres j\u00f3venes por pasarlo bien, como si ese corte abrupto, esa advertencia que significa la paternidad, se curase un poco pas\u00e1ndole el testimonio a la generaci\u00f3n siguiente. Los grandes heredan a los chicos el humor porque ya no tienen derecho a divertirse. En una escena le pregunta a su hija, por ejemplo, qui\u00e9n va a ser su nueva profesora jefe en el a\u00f1o escolar que est\u00e1 por comenzar. Cuando Sophie le dice qui\u00e9n es, \u00e9l le sonr\u00ede y le dice que la ha visto. Que es la profesora bonita del colegio. Le regala a su hija una sonrisa, buscando complicidad a cambio de una risa pasajera. <\/p>\n<p>En un resort los d\u00edas parecen correr m\u00e1s o menos de la misma manera: Calum y Sophie se levantan temprano, dan vueltas, se meten a la piscina. Van a la playa, bajan a comer. Calum practica Tai Chi y lleva consigo muchos libros. Un gesto interesante para pensar en una generaci\u00f3n de padres que est\u00e1n hartos de las instituciones occidentales del esp\u00edritu. \u00c9l lleva consigo, casi siempre, una cerveza, y Sophie un jugo. Durante ese verano, ella cumplir\u00e1 once a\u00f1os, una edad compleja en t\u00e9rminos identitarios y sociales. Sophie parece no saber qu\u00e9 hacer con cosas como la intempestiva aparici\u00f3n del deseo: escucha el rumor de las muchachas m\u00e1s grandes, que hablan sobre erecciones o eyaculaciones de sus parejas. Mira con atenci\u00f3n, pero tambi\u00e9n con algo de resquemor y verg\u00fcenza, a los muchachos que se besan, inquietos y apretados junto a la piscina. Ella parece querer participar de algo que a\u00fan no puede identificar. Algo a lo que no sabe darle un nombre.<\/p>\n<p>Pero compensa su falta de lenguaje con astucia. Aftersun no retrata la infancia como un per\u00edodo na\u00edf, recubierto con una espesa capa de inocencia. O s\u00ed, pero ac\u00e1 la inocencia no es sin\u00f3nimo de una pureza ignorante. En su lugar, Sophie siente mucha ansiedad por aprender y abrazar todo lo que la rodea. Por conocer el mecanismo de las cosas, y aunque el amor por su padre es transmisible; sabe que no puede confiarle todo lo que piensa. Hay deseos e inquietudes de la infancia que se guardan en el terreno de lo personal. Se transmite mediante sus conversaciones, sus miradas y su forma de aproximarse a \u00e9l. Ambos son, de cierta manera, unidos, pero \u00e9l no es un gu\u00eda. Y eso tampoco es algo que ella est\u00e9 buscando. Su ansiedad tiene que ver con una b\u00fasqueda. Con la posibilidad de experimentar.<\/p>\n<p>En el resort, Sophie comienza a aproximarse a muchachos mayores. Como ella es una ni\u00f1a que sabe disimular su inter\u00e9s, y se muestra c\u00ednica y astuta, genera la simpat\u00eda de los chicos m\u00e1s grandes. Establecen una especie de amistad, ocasional y jer\u00e1rquica. La dejan jugar al pool o meterse a la piscina con ellos. Calum le sugiere a Sophie que vaya a hablar con ni\u00f1as de su edad. Pero ante esas invitaciones, ella responde que no. Que son demasiado chicas.<\/p>\n<p>Si bien el padre deja a la hija ir a jugar con los muchachos m\u00e1s grandes, ella est\u00e1 restringida por horarios. Escucha, con frecuencia, frases como una hora con ellos, ya tenemos que irnos, o sube pronto al cuarto. El efecto inmediato de esto es que Sophie intente adquirir la mayor cantidad de informaci\u00f3n que pueda. Ella quiere que el resto conf\u00ede en su juicio y su criterio. Quiere demostrar al mundo que su experiencia es suficiente para comenzar a aplicar sus conocimientos sobre la vida. <\/p>\n<p>Uno de los poemas m\u00e1s famosos de Enrique Lihn dice \u00abNada se pierde con vivir, ensaya:\/ aqu\u00ed tienes un cuerpo a tu medida\u00bb. Sophie reconoce las potencias que tiene su cuerpo en cuanto a un receptor de la experiencia. Sin embargo, el aburrimiento de la espera parece ser a\u00fan m\u00e1s grande que ella. Y es que hay un lugar com\u00fan en el relato social de la juventud como un per\u00edodo maravilloso y perdido, que las personas adultas nunca supimos aprovechar debidamente. Es una oposici\u00f3n binaria que plantea a la infancia como un per\u00edodo por el querer ser grande; y la adultez como un per\u00edodo nost\u00e1lgico por esa \u00e9poca perdida. Este se funda, principalmente, en la idea de la infancia como una \u00e9poca sin responsabilidades, donde una persona, por \u00fanica vez en la vida, tiene las facultades para gozar del ocio. Aftersun pone esta idea en tensi\u00f3n mostrando las particularidades m\u00e1s frustantes de la infancia a trav\u00e9s de Sophie. Si bien ella est\u00e1 al margen del mundo, participa de este en calidad de espectadora. Ve c\u00f3mo se desarrollan los afectos, c\u00f3mo las relaciones de poder y el dinero determinan los v\u00ednculos ajenos; ella, sin embargo, no tiene agencia ni participaci\u00f3n sobre esto. A la edad de Sophie todo se aprende mirando y obedeciendo \u2013y hasta el ejercicio de mirar est\u00e1 coartado\u2013: los ni\u00f1os siempre deben comerse toda la comida, no pueden manejar plata ni salir hasta tarde. Con una construcci\u00f3n impecable sobre su propio contexto, Wells pone al deseo como una consecuencia directa de ese desconocimiento. <\/p>\n<p>Parte de la ansiedad de Sophie por crecer se manifiesta en su inquietud por entender \u2013y acaso conocer realmente\u2013 a su padre. En un recurso narrativo que corta el relato, entre algunas escenas se puede ver a Calum bailando en una fiesta con luces estrobosc\u00f3picas. Se prenden y se apagan. El movimiento se corta. El padre se ve sudoroso, baila con los ojos cerrados cerca de los otros cuerpos. La falta de luz nos da la sensaci\u00f3n de que nosotros tampoco podemos verlo con claridad. Como si esas escenas fuesen una proyecci\u00f3n de la ignorancia de la propia Sophie sobre la figura de su padre. <\/p>\n<p>Y es que otra de las complicaciones de esta no agencia de la infancia, es el someterse al criterio de los adultos. Las personas que se supone que deben ser un indicador edificante en las costumbres, la formaci\u00f3n \u00e9tica de las mentes infantiles y el cuidado material de esos cuerpos, siempre est\u00e1n lejos de un entendimiento total. Si bien Calum es un padre preocupado, tambi\u00e9n siente una profunda angustia que es incapaz de explicarle a su hija. Tiene un sentido de lo privado que, nutri\u00e9ndose a s\u00ed mismo en la narraci\u00f3n, nunca nos deja abarcar del todo al personaje. Hay en \u00e9l una zona gris, una oscuridad, que es inaccesible. Sophie intenta entenderlo. En una escena lo invita, por ejemplo, a un karaoke. Ella los inscribe a ambos para cantar un dueto. Es la misma canci\u00f3n que hab\u00edan cantado juntos todos los veranos, desde hace seis a\u00f1os atr\u00e1s. Este a\u00f1o, sin embargo, Calum no quiere hacerlo. Esto motiva su verg\u00fcenza y su molestia para con su hija, que se muestra taimada y t\u00edmida. Incapaz de entender el enojo del mismo pap\u00e1 que ha sido su amigo hasta esas alturas de la pel\u00edcula.<\/p>\n<p>Esa misma noche ambos se separan. Sophie deambula por resort mientras Calum se va a la pieza que ambos comparten en el complejo. Sophie se quedar\u00e1 de fiesta con unos adolescentes. Mirar\u00e1 con inquietud la cerveza y los besos; pero llegar\u00e1 a sentir que ese no es su lugar. De camino al cuarto, se encontrar\u00e1 con un muchacho de su edad, con quien ha hablado un par de veces, mientras juegan en un arcade de motos. \u00c9l la lleva a una piscina techada y, con los pies en el agua, le dice que le gusta. Le pregunta si ella siente lo mismo. Ella le responde que s\u00ed, y se dan un beso. Sin embargo, parece ser que no es ese el beso que Sophie busca. Su deseo por desconocer la ni\u00f1ez, por superar la etapa de la formaci\u00f3n la muestra aburrida. Ella ans\u00eda la adultez. Aftersun es un coming of age que juega, justamente, con la idea de saltarse la etapa formativa. <\/p>\n<p>Sophie vuelve a la habitaci\u00f3n y Calum no le abre. Tiene que conseguirse una llave para volver a entrar y ve ah\u00ed, a su padre, apagado de tele sobre la cama. De pronto la felicidad roza el patetismo que la enfrenta a su tutor. Al d\u00eda siguiente, Calum le pide disculpas, a lo que Sophie responde con velocidad que no se preocupe, que no hay problema. Esto deja en evidencia otra facultad invalidante de las infancias. La voluntad se pierde al momento de perdonar: parece ser m\u00e1s una puesta en escena, una especie de limpieza de conciencia de los adultos, que una b\u00fasqueda por el aut\u00e9ntico perd\u00f3n y la recuperaci\u00f3n de la ternura. A pesar de todo, Sophie prefiere ignorar, pues parece que a\u00fan no sabe reconocer el da\u00f1o. <\/p>\n<p>El d\u00eda se abre para ambos, lleno de posibilidades. Sin embargo, es la noche la que los separa, f\u00edsica y emocionalmente. A media tarde, durante buena parte de la pel\u00edcula, Sophie y Calum se palpan la cara con peque\u00f1as toallitas de post solar, o aftersun. El t\u00edtulo de la pel\u00edcula puede sugerir, en una primera mirada, una relaci\u00f3n con el calor, las quemaduras y la soluci\u00f3n que usan para apalearlo. Sin embargo, tambi\u00e9n puede hacerse una doble lectura sobre la oscuridad inaccesible de Calum, ese after sun \u2013despu\u00e9s del sol, la ausencia del d\u00eda\u2013 se deja ver de manera m\u00e1s literal con la falta de luz. Sobre todo en la escena recurrente de la pista de baile. Un lugar al que Sophie no logra acceder sino hasta el final de la pel\u00edcula, cuando su pap\u00e1 la invita a que bailen juntos para despedir esa \u00faltima noche de vacaciones. Como si esa despedida fuese la conexi\u00f3n m\u00e1s \u00edntima que padre e hija logran en el relato. <\/p>\n<p>De todas maneras, esta entrada a la sensibilidad privada de Calum \u2013a esa dolorosa intimidad a la que se retiran los mayores, en palabras de Denise Levertov\u2013 es apenas una pincelada. Una que se hace evidente cuando, tras dejar a su hija en el aeropuerto, Calum sale por una puerta que, del otro lado, muestra un sal\u00f3n negro con luces que se prenden y se apagan. Despu\u00e9s de eso, no lo volveremos a ver.<\/p>\n<p>A lo largo de la pel\u00edcula podremos ver, en algunas ocasiones, a una Sophie adulta, revisando los registros de ese viaje y repasando, como un ejercicio sensible de la memoria, la relaci\u00f3n con su padre. En esa transmisi\u00f3n del recuerdo, donde ella vive con una pareja y un beb\u00e9, en una casa donde todo parece armonioso y puesto en su lugar, parece que la infancia no se plantea desde la nostalgia, sino como una \u00e9poca llena de ignorancia y dudas, donde la comprensi\u00f3n se ans\u00eda, pero solo puede desarrollarse en la medida en que estemos rodeados de otras personas. <\/p>\n<p>Mi sens\u00e9i de karate repite como un mantra que la repetici\u00f3n es la madre del aprendizaje. Y cuando la vida se planta frente a las infancias como una disciplina que hay que aprender y amaestrar con el fin de evitar el sufrimiento, el tiempo libre, la \u00e9poca de observaci\u00f3n, puede leerse como una larga angustia. Algo parecido es lo que se transmite en Llegando, ese poema de Philip Larkin, que remata diciendo \u00abPronto llegar\u00e1 la primavera,\/pronto llegar\u00e1 la primavera;\/ y yo, para quien la infancia\/ es un olvidado\/ aburrimiento,\/ me siento como un ni\u00f1o\/ que llega a una escena\/ de adultos reconcili\u00e1ndose,\/ y no entiende nada\/ salvo la risa inusual,\/ y comienza a ser feliz\u00bb.<\/p>\n<p>Por Maximiliano D\u00edaz<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El verano, esa larga angustia. A partir de Aftersun, de Charlotte Wells Hace un par de semanas me hice una nueva amiga. Result\u00f3 ser una persona generosa que ley\u00f3 mis poemas con entusiasmo. 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