{"id":4071,"date":"2022-10-25T09:31:40","date_gmt":"2022-10-25T12:31:40","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4071"},"modified":"2022-10-25T10:44:28","modified_gmt":"2022-10-25T13:44:28","slug":"ficvaldivia-2022-guillermo-morgado-proyeccionista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/10\/25\/ficvaldivia-2022-guillermo-morgado-proyeccionista\/","title":{"rendered":"FICValdivia 2022 \u2013 Guillermo Morgado, proyeccionista \u2013 Por Jonnathan Opazo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Cuando le pregunto por el cine de corte experimental se muestra un poco reticente y quisquilloso aunque no por eso se reste de mirarlo con la misma atenci\u00f3n respetuosa que mira un western, su g\u00e9nero favorito. Recuerda, entre risas, dos obras cuyo significado y prop\u00f3sito escapan a su comprensi\u00f3n aunque no las haya olvidado jam\u00e1s. La primera, quince minutos de primeros planos o fotograf\u00edas de vaginas. El segundo, un largo plano de personas retirando tachos de basuras de una ciudad cualquiera, probablemente latinoamericana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Guillermo Morgado consegu\u00ed entrevistarlo el \u00faltimo d\u00eda del festival, aunque la palabra entrevista queda un poco grande: dir\u00eda, para intentar ser fiel a los hechos, que sostuvimos una larga conversaci\u00f3n mientras \u00e9l \u2013hombre de oficio\u2013 despegaba el celuloide desde la bobina de la m\u00e1quina de proyecci\u00f3n hacia las latas donde descansar\u00e1n hasta ser proyectadas otra vez. Los patios de la Universidad Austral volvieron a ser tierra de bandurrias y tiuques. El teatro Lord Cochrane y el Cervantes pasaban sus \u00faltimas funciones. Los bares hab\u00edan bajado sus cortinas despu\u00e9s de una semana de conversaci\u00f3n dips\u00f3mana intensa y sostenida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No le pregunt\u00e9 su edad ni d\u00f3nde naci\u00f3. S\u00ed le pregunt\u00e9 por el a\u00f1o en que empez\u00f3 a trabajar como proyeccionista: 1985. Su maestro de oficio es Manuel Mart\u00ednez, que este a\u00f1o cumpli\u00f3 99 y fue homenajeado con bombos y platillos por el Festival Internacional de Cine de Valdivia. Entonces trabajaban en Puente Alto adem\u00e1s de programar exhibiciones en escuelas. La historia de Manuel \u2013en esto Guillermo coincidir\u00e1 conmigo\u2013 es a su manera la historia material del cine chileno durante el siglo veinte y excede con creces los l\u00edmites de esta modesta cr\u00f3nica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan Rodrigo Mart\u00ednez, nieto de nuestro nonagenario h\u00e9roe de los 35 mil\u00edmetros, Manuel es el Quijote. Guillermo, Sancho Panza. La imagen no es antojadiza: el 91, financiados por el Estado, Manuel y Guillermo recorrieron todo el norte proyectando copias restauradas de <em>El h\u00fasar de la muerte<\/em>. De ese viaje, Guillermo recuerda la tarde tocopillana en que la bobina del proyector sali\u00f3 rodando calle abajo sin explicaci\u00f3n. Fen\u00f3menos paranormales bajo el cielo aplastante del desierto chileno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra an\u00e9cdota que recuerda con cierto detalle: cuando Ricardo Larra\u00edn estren\u00f3 <em>La Frontera, <\/em>Mart\u00ednez y Morgado fueron convocados para organizar una exhibici\u00f3n en el gimnasio de Carahue o Nehuent\u00fae; esto \u00faltimo se le escapa. La memoria, como el celuloide, se desgasta con el uso. Morgado lo cuenta as\u00ed: \u00abLa gente asisti\u00f3 en masa porque muchos participaron de extras de la pel\u00edcula. El gimnasio estaba lleno. Amplificar en un gimnasio es un problema. Tienen mala ac\u00fastica. El sonido rebota por todos lados. Pero pas\u00f3 algo: el generador hac\u00eda que el proyector funcionara a 21 o 22 cuadros por segundo. La pel\u00edcula se escuchaba m\u00e1s lento. Usted sabe que los chilenos hablamos r\u00e1pido. \u00a0\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3? El problema de ac\u00fastica del gimnasio pas\u00f3 a segundo plano y la exhibici\u00f3n fue un \u00e9xito\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Valdivia viajaron con Mart\u00ednez por primera vez en 1993. Se celebraban los 30 a\u00f1os del Cineclub de la Universidad Austral. Ellos fueron convocados como t\u00e9cnicos a preparar una exhibici\u00f3n en el hotel Orilla de R\u00edo. Esta clase de eventos eran habituales en sus itinerarios. Recuerda, por ejemplo, la proyecci\u00f3n en 35 mil\u00edmetros de <em>Top Gun <\/em>en el Hotel Sheraton. De alguna forma, la historia de su oficio es una historia de fantasmas en el m\u00e1s amplio sentido posible: gente que ya no est\u00e1, lugares que desaparecieron, tecnolog\u00edas que han ido quedando obsoletas r\u00e1pidamente. \u00abEstas bobinas \u2013me cuenta\u2014pertenecieron al Cinerama que estaba en el Santa Luc\u00eda. All\u00ed se exhibi\u00f3 por primera vez <em>La conquista del oeste <\/em>(1962). El Cinerama se realizaba filmando y proyectando con tres c\u00e1maras simult\u00e1neas en una pantalla curva. Si te sentabas adelante quedabas literalmente al interior de la pel\u00edcula\u00bb. En Youtube todav\u00eda es posible encontrar algunas copias digitalizadas de la pel\u00edcula que Morgado menciona en donde se notan las huellas materiales del trabajo a tres c\u00e1maras: el plano ancho, tipo <em>wide screen<\/em>, deja ver dos l\u00edneas paralelas que lo expanden hacia las orillas.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"576\" height=\"1024\" class=\"aligncenter size-large wp-image-4072\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/01061844-725e-4bc8-95d2-7687fdd57733-576x1024.jpeg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/01061844-725e-4bc8-95d2-7687fdd57733-576x1024.jpeg 576w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/01061844-725e-4bc8-95d2-7687fdd57733-169x300.jpeg 169w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/01061844-725e-4bc8-95d2-7687fdd57733-768x1366.jpeg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/01061844-725e-4bc8-95d2-7687fdd57733-864x1536.jpeg 864w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/01061844-725e-4bc8-95d2-7687fdd57733.jpeg 899w\" sizes=\"auto, (max-width: 576px) 100vw, 576px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Error y experiencia: asistir a una proyecci\u00f3n en sala no solo es un ritual hipn\u00f3tico de contemplaci\u00f3n de im\u00e1genes en movimiento. Tambi\u00e9n la interrupci\u00f3n de ese ritual deja sus huellas. Por ejemplo: durante la proyecci\u00f3n de <em>La furia de la serpiente <\/em>de Chen Chi-Hwa, la cinta se cort\u00f3 y el equipo tuvo que interrumpir la funci\u00f3n por cinco minutos. Recordamos que el celuloide es un material fr\u00e1gil que el tiempo deteriora. Una fotograf\u00eda cubierta de una emulsi\u00f3n que el agua puede estropear para siempre. Una cinta cuyo uso permanente la interviene. De alguna forma no vemos nunca la misma pel\u00edcula.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre esto \u00faltimo Guillermo me narra las peripecias de los proyeccionistas durante la segunda mitad del siglo veinte: en motos o bicicletas, cargaban las latas con las cintas entre un cine y otro a lo largo y ancho de la city. De Providencia a \u00d1u\u00f1oa. De \u00d1u\u00f1oa a Santiago Centro. De Santiago Centro a Puente Alto. Itinerario de distintas velocidades en un tiempo anterior a los Rappi. Im\u00e1genes en movimiento que, en su condici\u00f3n de cuadros impresos en una cinta, ten\u00edan tambi\u00e9n su propia vida m\u00f3vil fuera de la sala de exhibici\u00f3n. Cuesti\u00f3n de tiempo, espacio, desplazamiento y ocupaci\u00f3n material de cuerpos para la existencia del cine: fletes marinos y terrestres que movieran las latas con las pel\u00edculas, pero tambi\u00e9n las muchas piezas necesarias para montar las m\u00e1quinas de proyecci\u00f3n, con sus bobinas y l\u00e1mparas, que operaban en las salas. M\u00e1quinas \u2013me cuenta Morgado\u2014que pod\u00edan llegar a pesar doscientos kilos y con la llegada de los proyectores digitales ser\u00edan vendidas como chatarra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando le pregunto por algo as\u00ed como el futuro, Guillermo, que sigue concentrado en despegar la cinta de la bobina, me dice, calmo, que no espera mucho. El oficio de proyeccionista que \u00e9l aprendi\u00f3 de Mart\u00ednez ha quedado desplazado por el cine digital y el abaratamiento de costos que esto significa. Me narra tambi\u00e9n algunas im\u00e1genes que a m\u00ed me parecen monstruosas: \u00abLos servidores de los proyectores digitales nunca se desenchufan. Se apaga la l\u00e1mpara del proyector, s\u00ed; pero el servidor tiene una placa que puede estropearse cuando se enfr\u00eda. Eso tiene un alto costo. Deben pedirlas a Estados Unidos. Durante la pandemia los cines estuvieron cerrados, pero esas m\u00e1quinas nunca se desenchufaron\u00bb. M\u00e1quinas insomnes que no se sacian nunca de corriente. Servidores titilando d\u00eda y noche, sin noche, solo un d\u00eda eterno de luz artificial. M\u00e1quinas alimentadas a perpetuidad para recibir a cambio unos bodrios infumables donde la c\u00e1mara nunca se detiene m\u00e1s de un minuto sobre nada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una \u00faltima an\u00e9cdota: de acuerdo a su memoria, la \u00faltima pel\u00edcula de la industria hollywoodense que exhibi\u00f3 en 35 mm en un cine \u2013la \u00faltima, digamos, que exhibi\u00f3 fuera de los circuitos especializados de cine\u2014fue <em>Los guardianes de la galaxia<\/em>. De ah\u00ed en adelante el recambio a digital se aceler\u00f3. Para \u00e9l comenz\u00f3 el futuro que las pel\u00edculas de ciencia ficci\u00f3n mostraron como si se tratasen del or\u00e1culo secular de un mundo sin dioses. \u00abPero yo no voy a ver el colapso\u00bb, me dice. \u00abY espero que mis hijos tampoco\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Jonnathan Opazo<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando le pregunto por el cine de corte experimental se muestra un poco reticente y quisquilloso aunque no por eso se reste de mirarlo con la misma atenci\u00f3n respetuosa que mira un western, su g\u00e9nero favorito. Recuerda, entre risas, dos obras cuyo significado y prop\u00f3sito escapan a su comprensi\u00f3n aunque no las haya olvidado jam\u00e1s. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":4069,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9,382],"tags":[],"class_list":["post-4071","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cine","category-cronica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4071","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/32"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4071"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4071\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4075,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4071\/revisions\/4075"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4069"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4071"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4071"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4071"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}