{"id":4037,"date":"2022-10-13T17:49:26","date_gmt":"2022-10-13T20:49:26","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=4037"},"modified":"2022-10-13T17:49:26","modified_gmt":"2022-10-13T20:49:26","slug":"sobre-la-competencia-de-cortometrajes-latinoamericanos-del-29o-ficvaldivia-por-miguel-angel-gutierrez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/10\/13\/sobre-la-competencia-de-cortometrajes-latinoamericanos-del-29o-ficvaldivia-por-miguel-angel-gutierrez\/","title":{"rendered":"Sobre la competencia de cortometrajes latinoamericanos del 29\u00ba FICValdivia \u2013 Por Miguel \u00c1ngel Guti\u00e9rrez"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">En el mundo paralelo que nos ofrecen los festivales de cine suele pasar, luego de ver unas diez o quince pel\u00edculas, que comienzan a aflorar resonancias insospechadas entre detalles de cada obra, y as\u00ed el cielo de Lima parece similar al de Bogot\u00e1, los perros de Georgia se vuelven parientes lejanos de los perros portugueses, una sopaipilla es otra versi\u00f3n de un pan frito brasile\u00f1o, o el chip\u00e1 del pan de bono colombiano, o el rumano comienza a sonar levemente parecido al castellano. No es que haya un di\u00e1logo m\u00e1s all\u00e1 del que nosotros como espectadores nos inventamos entre cada funci\u00f3n \u2013o el que los programadores imaginan previamente al festival, del que luego nos volvemos part\u00edcipes activos\u2013, y si bien es genial cuando estas resonancias son detalles, hay veces que van por otro lado: procedimientos, estilos, decisiones narrativas o est\u00e9ticas, que m\u00e1s que responder a la edici\u00f3n de un festival o a la producci\u00f3n de un lugar espec\u00edfico, son repeticiones que forman parte del estado actual del cine contempor\u00e1neo, por lo menos a lo que respecta a los cortometrajes, que es hacia donde este texto quiere ir, m\u00e1s espec\u00edficamente a la competencia de cortometrajes latinoamericanos de la presente edici\u00f3n del Festival Internacional de Cine de Valdivia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">La competencia de cortos incluye pel\u00edculas de Chile (6), Brasil (1), Argentina (3), Bolivia (1), M\u00e9xico (2), Colombia (1) y Costa Rica (1), y est\u00e1 dividida en tres sesiones, la primera tiene a <em>Copalli <\/em>del Colectivo Los Ingr\u00e1vidos, <em>Quebrantahuesos <\/em>de Mart\u00edn Baus, <em>Cerro Saturno <\/em>de Miguel Hilari, <em>Los mayores r\u00edos se deslizan bajo tierra <\/em>de Sim\u00f3n V\u00e9lez, <em>Luz nocturna <\/em>de Kim Torres y <em>Serrao <\/em>de Marcelo Lin.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Vamos en orden. En <em>Copalli <\/em>el Colectivo Los Ingr\u00e1vidos, que ya ha mostrado muchos de sus cortometrajes tanto en Valdivia como en Frontera Sur, nos ofrece una nueva pieza experimental con su estilo propio, sin t\u00edtulos, sin aspavientos, sin claras intenciones narrativas y sin texto. El trabajo de Los Ingr\u00e1vidos apunta generalmente a un montaje furioso, lleno de transparencias y coexistencias de diversos planos que se suman a un trabajo de sonido, en este caso musical, que intenta generar una relaci\u00f3n r\u00edtmica entre los tiempos de la m\u00fasica y los del montaje, una danza cin\u00e9tica, como dice el acertado texto del cat\u00e1logo, danza que sin embargo es previsible. Se siente en esta pasada que Los Ingr\u00e1vidos se est\u00e1n repitiendo, que ya tienen la f\u00f3rmula, que lo tienen todo controlado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo sigue <em>Quebrantahuesos, <\/em>un ejercicio sumamente interesante de Mart\u00edn Baus, que inspir\u00e1ndose en los quebrantahuesos que alguna vez hicieron Enrique Lihn y Jodorowsky \u2013cuando todav\u00eda hac\u00eda algo que valiese la pena\u2013, logra leer a contrapelo, con un collage de tres canales a la historia del cine chileno, generando nuevos sentidos a trav\u00e9s de la puesta en relaci\u00f3n de un acervo que siempre se ha visto como un archivo hist\u00f3rico m\u00e1s que un posible objeto de manipulaci\u00f3n art\u00edstica. Personalmente esa es la parte que me encanta del corto, que luego pasa a intentar actualizar el ejercicio a partir de im\u00e1genes de los muros en la revuelta chilena de 2019, y ah\u00ed sucede algo raro, que me pasa con casi toda la producci\u00f3n de la revuelta, si bien en este caso se intenta un trabajo de contraste entre aquella historia resquebrajada del cine chileno y las im\u00e1genes recientes, no logra hacerlas discutir, quiz\u00e1s porque los muros de la revuelta hablaban y quer\u00edan decir todo el tiempo, y el cine no, porque Baus logra hacer \u2013en la primera parte\u2013 que el cine diga algo distinto de lo que dijo en su tiempo, pero los muros siguen diciendo exactamente lo mismo, por m\u00e1s procedimientos de montaje de imagen y sonido que puedan plasmarse sobre ellos, el mensaje siempre estuvo ah\u00ed, y el experimento entonces pierde fuerza porque no logra hacer que aquellas im\u00e1genes digan algo m\u00e1s de lo que ya dijeron todo el tiempo, que es quiz\u00e1s el gran problema que personalmente veo en la multitudinaria cosecha del cine de la revuelta: no hay discusi\u00f3n pol\u00edtica en el montaje de las im\u00e1genes, no hay una mediaci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 del registro, no hay posibilidad heur\u00edstica ni para el cine ni para la revuelta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El boliviano Miguel Hilari es sin dudas uno de los directores a los que hay que seguirle la pista, luego de la impresionante <em>Bocamina, <\/em>vuelve a Valdivia con Cerro Saturno, un cortometraje sobre una de las monta\u00f1as que rodean La Paz, una ciudad orificio tal como Santiago. Lo hace en blanco y negro, con c\u00e1mara fija y planos largos, donde a veces pareciera no haber movimiento alguno, hasta que una nube o una polvareda delata que no estamos viendo una foto. La imagen final, una danza de luces nocturnas, es realmente genial, pero para llegar a ella nos demoramos bastante, y quiz\u00e1s la quietud y duraci\u00f3n de los planos fijos <em>a<\/em> <em>la<\/em> Benning junto a las im\u00e1genes finales \u2013que tienen m\u00e1s movimiento\u2013 quedan un poco distanciadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace un par de meses escuch\u00e9 una conferencia del rumano Radu Jude, all\u00ed criticaba cierta tendencia de los cineastas j\u00f3venes actuales a usar antojadizamente el f\u00edlmico, dec\u00eda Jude que estaba seguro que si esas mismas im\u00e1genes estuviesen grabadas en digital, probablemente no ser\u00edan aun pel\u00edculas, quedar\u00edan sepultadas en los discos duros. En <em>Los mayores r\u00edos se deslizan bajo tierra<\/em> del colombiano Sim\u00f3n V\u00e9lez pasa eso, el material f\u00edlmico no aprovecha para nada su formato, sus posibilidades o texturas. Es simplemente lindo, y no deja de ser un gesto casi de derroche en un contexto donde tener esa posibilidad es algo caro, hasta casi imposible para cualquier cineasta que est\u00e9 comenzando a hacer pel\u00edculas. Se transforma, finalmente, en un signo de clase, innecesario, porque ni la historia ni las im\u00e1genes piden ser eso, que es muy distinto a lo que Los Ingr\u00e1vidos o Ute Aurand \u2013por mencionar un par de ejemplos que pueden verse en el festival\u2013 hacen con las posibilidades del f\u00edlmico. Pareciera que el que puede, puede, y el que no, graba en digital. Yo estoy de acuerdo con Jude y agregar\u00eda que no entiendo cu\u00e1l es la fascinaci\u00f3n con una materialidad a la que ni siquiera podemos tenerle nostalgia, porque no crecimos vi\u00e9ndola, somos una generaci\u00f3n (los nacidos luego de 1990) que creci\u00f3 viendo VHS, video y DVD, y entonces no deja de ser un gesto parecido a lo que pasa con la fotograf\u00eda an\u00e1loga entre nuestros contempor\u00e1neos (pr\u00e1ctica que tambi\u00e9n, dicho sea de paso, est\u00e1 cada vez m\u00e1s restringida a las \u00e9lites que pueden costearla), una fascinaci\u00f3n extempor\u00e1nea y por momentos antojadiza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerdo que el a\u00f1o pasado, en el Festival de Mar del Plata, vi <em>Atrapaluz<\/em> de la costarricense Kim Torres, una pel\u00edcula rar\u00edsima, quiz\u00e1s demasiado calculada para aprovechar sus tintes poperos y cyborgs, pero que aun as\u00ed guardaba una promesa de estilo, una profec\u00eda interesante. En <em>Luz nocturna <\/em>el estilo de Torres se afianza a partir de un drama \u00edntimo entre tres hermanos, no se dice mucho, no se narra demasiado, basta la gran capacidad de Torres para crear atm\u00f3sferas suficientemente complejas para acompa\u00f1ar a los personajes un ratito, bastante a gusto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Marcelo Lin hizo un cortometraje genial. <em>Serrao <\/em>lo tiene todo, much\u00edsimo humor, una imagen curiosa, personajes interesantes, un giro surreal dentro de una realidad material asfixiante, uno de los mejores cr\u00e9ditos iniciales del a\u00f1o y un par de escenas envidiables. El cine brasile\u00f1o sigue d\u00e1ndonos pruebas de que en cuanto cine pol\u00edtico \u2013si piensan que esta categor\u00eda caduc\u00f3, vean <em>Serrao<\/em> y las pel\u00edculas de Uchoa, Queir\u00f3s y Antunes, que quiz\u00e1s lo que caduc\u00f3 fue nuestra capacidad de reinventarlo\u2013 no hay qui\u00e9n les compita, y a\u00f1o a a\u00f1o, en general gracias a Valdivia y Frontera Sur, podemos ser testigos privilegiados de eso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El programa II comienza con <em>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Marie Anne?<\/em> de Yaela Gottlieb, luego con <em>Geranios <\/em>de Lou Marino, <em>Ninguna estrella<\/em> de Tana Gilbert y finaliza con <em>Trazos del silencio <\/em>de Valentina Pelayo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">En <em>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Marie Anne? <\/em>Yaela Gottlieb logra algo que es bastante dif\u00edcil, realizar una pel\u00edcula sobre una desaparecida de la dictadura sin hablar, excepto una frase al final preguntando por su desaparici\u00f3n. En este cortometraje que usa el material publicitario del Museo del Cine de Buenos Aires, donde vemos mucha gente de apariencia cool disfrutar una fiesta nocturna en una casa con terraza que da al mar, Marie Anne se establece como personaje a trav\u00e9s de la recursividad de su imagen y el impresionante trabajo sonoro, que produce un clima extra\u00f1o que contrasta con aquella imagen linda, explotada de colores, llena de gente disfrutando, y que sugiere que el sonido de aquel mar donde se ve a Marie Anne y sus amigas publicitarias ficticias pasear, est\u00e1 te\u00f1ido por el horror, en un trabajo similar al realizado en <em>Las Cruces <\/em>de Teresa Arredondo y Carlos V\u00e1squez o incluso a aquella instalaci\u00f3n de Carlos Altamirano, <em>Traslado de televisores<\/em>, donde la visi\u00f3n del mar y el sonido de los helic\u00f3pteros intenta replicar el clima terror\u00edfico de la dictadura chilena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">En <em>Geranios<\/em> de la chilena Lou Marino hay algo que el cine chileno tiene, pero en pocas cantidades: riesgo, atrevimiento y lucha de clases. Monserrat se queda sin un lugar para vivir y le cuenta a Francia, su amiga, que intentar\u00e1 irse a vivir con un tipo cuico que en alg\u00fan minuto se la jote\u00f3. Las amigas cambian de paisaje, la pel\u00edcula se traslada de Plaza Brasil a Escuela Militar, y all\u00ed comienza la confrontaci\u00f3n, entre Crist\u00f3bal, el cuico, y su familia pije. Monserrat y Francia deciden no tragarse el maltrato y responden, revientan el departamento del barrio alto y se llevan plata que gastan en un restaurant <em>fancy<\/em>. En esta <em>buddy movie<\/em> la ciudad de Santiago, sus violencias cotidianas, sus paisajes contrastados, es coprotagonista junto a las amigas, y eso es algo que el cine santiaguino hace poco, poner la ciudad en primer plano, mostrar sus desplazamientos, sus contradicciones, sin borrarlas como hacen tantas pel\u00edculas, sobre todo aquel cine intimista que piensa que Providencia es Santiago (como pasa en <em>Ella es Cristina<\/em> y en much\u00edsimos cortometrajes, basta con ir a darse un paseo a la competencia &#8220;Talento nacional&#8221; de Sanfic para darse cuenta que la corriente intimista del sector oriente es hoy la moneda corriente de gran parte del cine chileno). <em>Geranios<\/em>, en ese sentido, toma riesgos y posici\u00f3n, algo que valoro much\u00edsimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El programa II sigue con <em>Ninguna estrella<\/em> de Tana Gilbert. Hace algunos a\u00f1os en Sanfic vi su segundo corto, <em>Sigo ac\u00e1<\/em>, que trataba sobre su abuela. En aquel corto hab\u00eda cierto germen de querer escapar del cine familiar hegem\u00f3nico de nuestros tiempos, plagado de archivo casero y voz en off, pero a\u00fan no se lograba concretar lo que s\u00ed aparece en <em>Ninguna estrella<\/em>, un relato familiar complejo, en el que Gilbert toma los archivos de Cecilia, su ex suegra, que con su handycam grab\u00f3 much\u00edsimas im\u00e1genes de la infancia de su hijo, que es tambi\u00e9n el padre del hijo de Gilbert. All\u00ed, en ese cuadrado perfecto que conforman Gilbert, su hijo, su ex y Cecilia, viajan tensiones, reclamos, pesares, la mayor\u00eda sobre la maternidad, pero tambi\u00e9n hay mucho sobre el amor, y en definitiva lo que hay es una identificaci\u00f3n entre la mirada de Cecilia sobre su hijo y la de Gilbert sobre el suyo, que le permite tambi\u00e9n entender el lugar discursivo de la masculinidad. El gran acierto de <em>Ninguna estrella<\/em> es evitar algo que estoy seguro que muchos asesores de montaje propusieron: poner su voz o la de su suegra, sensibilizar el relato, ponerle emoci\u00f3n. Pero las im\u00e1genes ya tienen todo eso, y que el relato est\u00e9 en texto es una decisi\u00f3n que celebro, a pesar de que quiz\u00e1s hay demasiado y por momentos distrae de aquello que est\u00e1 en el archivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo programa, dedicado exclusivamente a cineastas mujeres, termina con <em>Trazos de silencio, <\/em>la \u00f3pera prima de la mexicana Valentina Pelayo. Aqu\u00ed s\u00ed las posibilidades del f\u00edlmico se aprovechan bastante, las im\u00e1genes son hermosas, aprovechan much\u00edsimo la sensibilidad lum\u00ednica y los colores que se producen. Sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 de la belleza de sus im\u00e1genes, <em>Trazos de silencio <\/em>peca de querer meterlo todo, un rasgo casi t\u00edpico de una primera obra (pasa tambi\u00e9n en las novelas) donde se quiere incluir un gabinete de posibilidades ilimitadas que termina abarcando todo y apretando poco: aqu\u00ed conviven tres voces en off distintas, un relato epocal en contrapunto a una narrativa actual de un viaje en uber y un dise\u00f1o sonoro excesivamente expresivo que conf\u00eda muy poco en el silencio, en definitiva, es un cortometraje barroco, cargad\u00edsimo, que como espectador no te deja tranquilo, un menjunje procedimental que no parece tener del todo claro qu\u00e9 es lo principal y qu\u00e9 lo accesorio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El tercer programa est\u00e1 conformado por <em>Cuaderno de agua<\/em> de Felipe Rodr\u00edguez, <em>Las criaturas que se derriten bajo el sol<\/em> de Diego C\u00e9spedes, <em>Gambote<\/em> de Sof\u00eda Bensadon y <em>Luto <\/em>de Pablo Weber.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Es curioso, pero si vi\u00e9semos <em>Trazos de silencio, Cuaderno de agua<\/em> y <em>Las criaturas que se derriten bajo el sol<\/em>, las tres seguidas, podr\u00edamos hacer un diagn\u00f3stico de los procedimientos y dispositivos que se despliegan masivamente en el cine contempor\u00e1neo actual. Sobre todo hay que hablar de la voz en off, que es una soluci\u00f3n narrativa tan simple que cuesta much\u00edsimo que quede bien y cuyo modo de empleo, no obstante si se est\u00e1 haciendo ficci\u00f3n o no ficci\u00f3n (familiar, o de archivo, o ensayo), se parece much\u00edsimo: voces solemnes y\/o susurradas, presentes m\u00e1s que cualquier otro sonido (incluso, en general, las voces en off tienden a anular la escucha al proponer que sea el imperio de la palabra lo que queda en primer plano sonoro), y que finalmente hacen de gu\u00eda, como si fuesen un gu\u00eda tur\u00edstico que no te deja escuchar el paisaje de un lugar al que acabas de llegar. Era, por supuesto, distinto antes, porque ya sea Mekas o Marker no propon\u00edan en general un trabajo sonoro <em>bajo<\/em> la voz, sino que la voz muchas veces aparec\u00eda sola, acompa\u00f1ada solo por su respiraci\u00f3n, o quiz\u00e1s con m\u00fasica con claras intenciones de hacer de colch\u00f3n. Pero actualmente se tiende al barroquismo sonoro, a que la voz est\u00e9 acompa\u00f1ada por paisajes sonoros complejos, plagados de sonidos distintos, como si la escucha ganara por acumulaci\u00f3n y no por detalle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo anterior es la raz\u00f3n principal por la que no me gusta <em>Cuaderno de agua,<\/em> que podr\u00edamos situar en otra tendencia actual: el archivo encontrado, en este caso el cuaderno de un &#8220;relegado pol\u00edtico&#8221; que relata los paisajes patag\u00f3nicos. Y si bien el texto no es necesariamente de una solemnidad recargada, sino m\u00e1s bien de un aura nost\u00e1lgica y melanc\u00f3lica, el tono que se emplea en el relato es de una solemnidad po\u00e9tica abrumadora, como si estuvi\u00e9semos asistiendo a la lectura de una poeta que se toma demasiado en serio, tanto que no hay una lectura posible m\u00e1s all\u00e1 de su tono; la complejidad, entonces, que podr\u00eda tener la relaci\u00f3n de archivo propio y archivo encontrado, se ve edulcorada por un trabajo sonoro unilateral, y aquellas hermosas im\u00e1genes, que quiz\u00e1s ganar\u00edan mucho m\u00e1s si no nos obligaran a escuchar otra cosa, quedan sepultadas, casi en segundo plano, asfixiadas por la narraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Con <em>Las criaturas que se derriten bajo el sol<\/em> sucede otra cosa, pero el problema tiene el mismo esp\u00edritu. Ya en <em>El verano del le\u00f3n el\u00e9ctrico<\/em> Diego C\u00e9spedes daba cuenta de que su intenci\u00f3n est\u00e9tica apuntaba a un cine cuidado, lindo, sin fisuras, cuya pretensi\u00f3n est\u00e9tica apuntaba al preciosismo. En el corto actual eso se mantiene y adem\u00e1s se afianza, pareciera que C\u00e9spedes tiene claro qu\u00e9 gusta y qu\u00e9 no, no desde el punto de vista del p\u00fablico, sino desde el punto de vista del sistema est\u00e9tico que sostiene la programaci\u00f3n de los festivales clase A: un preciosismo <em>for export, <\/em>hecho a la medida (no en vano C\u00e9spedes estren\u00f3 ambos cortos en Cannes) y sin mayor riesgo. Esa es la est\u00e9tica que parece preponderante en las producciones ficcionales del ICEI \u2013no as\u00ed su producci\u00f3n documental, que es bastante interesante\u2013, es algo que tambi\u00e9n aparece claramente en <em>Fiebre austral <\/em>de Thomas Woodroffe, o en <em>El color de las limas en verano<\/em> de Ignacio Palma. Todo eso se ve en la voz en off susurrada, por ejemplo, que tambi\u00e9n aparece en <em>Trazos del silencio<\/em>, en esa escena gratuita de violencia que tanto abunda en el cine actual, ese color estallado, en esos boleros que uno ya sabe que van a aparecer pero no necesariamente cu\u00e1ndo. Adem\u00e1s, y esto quiz\u00e1s ya es bastante subjetivo, qu\u00e9 lindo es ver nuevamente a Yerm\u00e9n Dinamarca, que tanto brillaba en <em>Naomi Campbel,<\/em> pero es una desilusi\u00f3n verla tan contenida \u2013en el mal sentido\u2013, por una escala de producci\u00f3n totalmente distinta, como si toda esa potencia se diluyera por el envase, ese continente deslavado del cine festivalero europeo que ni la hermosa fotograf\u00eda de Inti Briones alcanza a volver atractivo. Algunos dir\u00e1n que &#8220;si estuvo en Cannes es bueno&#8221;, les recordar\u00eda aquella frase que dice &#8220;si es chileno es bueno&#8221;, que tiene tanto de verdad como la primera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El tercer programa de cortos repunta con <em>Gambote <\/em>de la argentina Sof\u00eda Bensadon, all\u00ed una pareja de trabajadores bolivianos produce ladrillos. El corto comienza con una est\u00e9tica procedimental, enfocada en las repeticiones de los movimientos que pide el trabajo, y poco a poco van apareciendo los personajes y sus voces. Ellos dos tienen grandes conversaciones, una sobre estar trabajando y ver el cielo es particularmente hermosa, otra sobre trabajo y g\u00e9nero (sin decir nunca, por supuesto, g\u00e9nero) es genial y compleja. <em>Gambote <\/em>tambi\u00e9n dialoga directamente con la mejor tradici\u00f3n del cine latinoamericano del trabajo, m\u00e1s precisamente con esa obra maestra que es <em>Chircales <\/em>de Marta Rodr\u00edguez, y lo logra con precisi\u00f3n y sutileza, quiz\u00e1s con duraciones un poco desmedidas, pero ese es probablemente el tiempo que pide la pel\u00edcula, afortunadamente tan distinto al nuestro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Cierra el programa <em>Luto<\/em>, el tercer cortometraje de Pablo Weber, quien hizo la incre\u00edble <em>Homenaje a la obra de P.H. Gosse<\/em>, que gan\u00f3 la edici\u00f3n pasada del festival, sin ir m\u00e1s lejos. En <em>Luto <\/em>Weber prosigue en su b\u00fasqueda de una hibridez ficcional particular, con procedimientos del cine flarf y un relato en off con un estilo particular, que hace justamente una gran diferencia con aquello que anteriormente mencion\u00e9 como una estandarizaci\u00f3n: la voz de Weber duda, piensa, pausa, r\u00ede, no busca solemnidad ni bajada de l\u00ednea, al contrario, busca conversar, hacer hablar un poco m\u00e1s a aquellas im\u00e1genes que ya est\u00e1n diciendo un mont\u00f3n, no busca tampoco esconder su origen ni volverse neutro, al contrario, se muestra cordob\u00e9s y eso se agradece un mont\u00f3n. <em>Luto <\/em>quiz\u00e1s no ser\u00e1 tan genial como <em>Homenaje..<\/em>., sin embargo, a Weber vale la pena seguirle la pista, tiene un estilo propio y hace pensar al cine, algo que es bastante dif\u00edcil de hacer bien y que no necesariamente abunda en el cine actual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Miguel \u00c1ngel Guti\u00e9rrez<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el mundo paralelo que nos ofrecen los festivales de cine suele pasar, luego de ver unas diez o quince pel\u00edculas, que comienzan a aflorar resonancias insospechadas entre detalles de cada obra, y as\u00ed el cielo de Lima parece similar al de Bogot\u00e1, los perros de Georgia se vuelven parientes lejanos de los perros portugueses, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4038,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9,47],"tags":[],"class_list":["post-4037","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cine","category-festivales"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4037","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4037"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4037\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4039,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4037\/revisions\/4039"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4038"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4037"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4037"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4037"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}