{"id":3957,"date":"2022-09-20T02:31:36","date_gmt":"2022-09-20T05:31:36","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3957"},"modified":"2022-09-20T02:32:21","modified_gmt":"2022-09-20T05:32:21","slug":"la-infame-zelda-por-maria-mazzocchi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/09\/20\/la-infame-zelda-por-maria-mazzocchi\/","title":{"rendered":"La infame Zelda \u2013 Por Mar\u00eda Mazzocchi"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Dado que su nombre se encuentra sepultado bajo el tupido entramado de an\u00e9cdotas que han novelado su vida, algunas bastante confusas, otras contradictorias, y otras que probablemente ni siquiera tengan que ver con ella pero que se aceptaron sin oposici\u00f3n de ning\u00fan bi\u00f3grafo; no encuentro mejor forma de abrirme paso a esta autora que no sea por medio de preguntas. De manera que avanzar\u00e9 a partir de formulaciones que, lejos de afanarse en la verdad \u00fanica \u2014esa sentencia que mantiene al recuerdo bajo tierra (q. e. p. d.)\u2014 abran posibilidades en la dif\u00edcil tarea que tienen los vivos de cavar espacios en la memoria. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda concebirse la restituci\u00f3n de un nombre sin versiones alternativas que pongan en duda la \u201cversi\u00f3n oficial\u201d? \u00bfPueden las palabras exhumar un cuerpo? Esa ser\u00e1 la direcci\u00f3n para hablar del libro y su autora; la no-direcci\u00f3n, la digresi\u00f3n que permite extraviarse, poner en duda aseveraciones que contribuyan a desplazarla del tropo de bella y loca, y que sirva de aliento para continuar con la dif\u00edcil faena de desenterrar su cuerpo; restos que han permanecido por d\u00e9cadas en una fosa com\u00fan junto con otros infames, ungidos de paciencia, a la espera de una vindicaci\u00f3n que consigne su nombre en los registros oficiales de la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Para comenzar, cabr\u00eda preguntarse por el destino que esta novela hubiera corrido si su autora no hubiese sido asociada a la figura de su prominente marido, el escritor Francis Scott Fitzgerald. Con certeza nunca lo sabremos. Por algunas cr\u00f3nicas, cuentos y publicaciones aisladas en revistas y peri\u00f3dicos de la \u00e9poca, es posible confirmar que Zelda Sayre logr\u00f3 que algunos editores la publicaran (con la condici\u00f3n de que firmara Scott como coautor), sin embargo no corri\u00f3 mejor suerte que la mayor\u00eda de sus contempor\u00e1neas cuyos manuscritos se perd\u00edan mucho antes de que alg\u00fan editor los leyera o, en el mejor de los casos, circulaban en ediciones de pocos ejemplares que apurados iban a parar a los anaqueles de la biblioteca del \u00e9ter del profeta durmiente Edgard Cayce. Es decir a ninguna parte. Su nula trascendencia parece se\u00f1alar una y otra vez que no basta con que una obra sea publicada para que llegue a leerse, m\u00e1s aun siendo mujer, m\u00e1s aun siendo la pareja de una celebridad literaria reacia a la figuraci\u00f3n de otro nombre que no fuera el propio. Ni la genialidad, ni el apellido, ni los contactos fueron suficientes para abrir el espacio que un acontecimiento literario de esta magnitud merec\u00eda, por el contrario, operaron de manera separada y ambivalente hasta el final. Entre las posibilidades que se abren a partir de esta primera interrogante, quisiera citar un pasaje extra\u00eddo de esta novela autobiogr\u00e1fica, que aparece al comienzo y que podr\u00eda indicar que los intereses literarios de Zelda se remontaban mucho m\u00e1s atr\u00e1s de la llegada de Scott a su vida: a la ni\u00f1a que se desliza en puntillas por la habitaci\u00f3n de su hermana mayor; la relaci\u00f3n clandestina con los libros, lo prohibido, lo oscuro, la f\u00f3rmula secreta de una libertad que acaso se obtiene por medio de argucias y peripecias:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote><p>Entre dos \u201cPensadores\u201d de yeso, se extend\u00eda <em>La saga de los Forsyte<\/em>, <em>Huerto de granadas<\/em>, <em>Fall\u00f3 la luz<\/em>, <em>Cyrano De Bergerac<\/em> y una edici\u00f3n ilustrada de <em>Rubaiyat<\/em>. Alabama sab\u00eda que <em>El Decamer\u00f3n<\/em> estaba escondido en el caj\u00f3n superior del escritorio: ya hab\u00eda le\u00eddo los pasajes escandalosos.<\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobreviene la pregunta: \u00bfc\u00f3mo se abre paso a la literatura la joven lectora en un mundo de escritores? Su coterr\u00e1nea del sur de Estados Unidos, Flannery O\u2019Connor, nacida dos d\u00e9cadas m\u00e1s tarde lo resolver\u00eda sin necesidad de casarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra autora norteamericana, Ursula K. Le Guin, nacida tres d\u00e9cadas despu\u00e9s de Zelda Sayre, publicar\u00eda al final de su vida, un ensayo que se tradujo al espa\u00f1ol como <em>Contar es escuchar<\/em> del ingl\u00e9s <em>The wave in the mind<\/em> en homenaje a Virginia Woolf: <em>Soy un hombre, y quiero que me crean y lo acepten como un hecho tal y como lo acept\u00e9 yo misma durante muchos a\u00f1os. [&#8230;] Soy el masculino gen\u00e9rico. Acepto de buen grado que quiz\u00e1 soy una especie de hombre de segunda categor\u00eda o de imitaci\u00f3n; el an\u00e1logo. A fin de cuentas, la cosa es que no soy varonil. No en el sentido en el que Ernest Hemingway era varonil. La barba y las escopetas y las esposas y las oraciones cortitas. Tratar, trato. Y otra cosa, Hemingway hubiese preferido caerse muerto a envejecer. Y eso fue lo que hizo. Se peg\u00f3 un tiro. Una oraci\u00f3n corta. Pero fracas\u00e9. A fin de cuentas aqu\u00ed me tienen, vieja. Nac\u00ed antes de que se inventaran las mujeres y he vivido los pasados decenios tratando de ser un buen hombre.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfSer\u00eda posible relativizar entonces la voz del hombre de barba y escopetas que en sus escritos contribuy\u00f3 a sepultar su imagen como la mujer fr\u00edvola y loca que se interpon\u00eda entre Scott y su escritura a partir de estas reflexiones? Quiz\u00e1s s\u00ed, quiz\u00e1s no. De todos modos no ser\u00eda tan rebuscado pensar que, consciente de su condici\u00f3n de mujer, Zelda se hubiera quedado con el hombre que la acercara m\u00e1s a lo que podr\u00edamos designar como su llamado, su vocaci\u00f3n. Por otra parte, \u00bfcu\u00e1l era el horizonte que le esperaba a una mujer con ambiciones art\u00edsticas? \u00bfQu\u00e9 oportunidades de desarrollo le ofrec\u00eda el entorno sure\u00f1o que la rodeaba? En la voz de Alabama Beggs, el nombre de la protagonista, se representa de manera bastante clara:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es la m\u00e1s salvaje de los Beggs, pero es una pura sangre, dec\u00eda la gente. Alabama sab\u00eda todo lo que se hablaba a sus espaldas: hab\u00eda tantos chicos que quer\u00edan \u201cprotegerla\u201d que no pod\u00eda mantenerse ajena a ello, y se reclinaba en el columpio analizando su situaci\u00f3n actual. \u201c\u00a1Pura sangre!\u201d, reflexionaba, \u201centonces nunca los defraudar\u00e9 en representar las escenas melodram\u00e1ticas de la vida: doy un maldito buen espect\u00e1culo\u201d.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de escenas cotidianas la autora es capaz de retratar con iron\u00eda una frustraci\u00f3n end\u00e9mica que se ir\u00e1 extendiendo a lo largo de la novela, reflexiones con respecto a la vida que transcurr\u00eda mientras se columpia en el porche de su casa-fortaleza, a la espera del soldado de turno que cada tarde burlar\u00e1 las barreras de seguridad impuestas por su padre para llevarla al club de baile. Ninguno era capaz de ofrecerle un camino distinto al que hab\u00edan seguido las mujeres de su familia; todos sin excepci\u00f3n quer\u00edan domesticarla como a un potro para asegurar una descendencia de linaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era demasiado consciente de su propia insignificancia; de su vida escurri\u00e9ndose como un h\u00famedo fruto de junio que, cubierto de bichos, cuelga de la higuera sin otro prop\u00f3sito que agrupar moscas en su llaga abierta. Las tierras f\u00e9rtiles, que hab\u00edan hecho crecer cosas en otras \u00e9pocas, se extend\u00edan por las carreteras y se postraban bajo las plumas esparcidas de la esperanza rota. El cantar de los p\u00e1jaros era disonante. Ni una mula en los campos ni un arriero en el camino podr\u00eda haber soportado el calor que hac\u00eda entre los profundos surcos de arcilla y las hileras de cipreses que separaban el cuartel de la ciudad: las partes \u00edntimas mor\u00edan de insolaci\u00f3n.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">La vida se escurre en la espera, dice la autora. \u00bfQu\u00e9 podr\u00eda entonces tener de extra\u00f1o que en rechazo a su destino decidiera unirse al primero que tuviera otras aspiraciones, diferentes a la carrera militar que segu\u00edan los j\u00f3venes de su \u00e9poca? Incumplir la ley paterna para librarse de un futuro sin horizonte inclu\u00eda seguir al primero que declarara su ambici\u00f3n por convertirse en un reconocido escritor. Y si era necesario mentir, lo har\u00eda. Y si era necesario entregar sus diarios \u00edntimos al hombre que aceptara sacarla de su realidad opresiva bajo la promesa de hacerse famoso, lo har\u00eda. Lo cierto es que Scott pudo publicar su novela <em>This side of paradise<\/em>, previamente rechazada por las editoriales, solo despu\u00e9s de haberse cruzado con Zelda y, m\u00e1s precisamente, despu\u00e9s de haber incorporado las cartas y los escritos que su mujer le facilit\u00f3 para la reescritura del libro que lo llev\u00f3 a la fama. Como si el contrato de matrimonio hubiese estipulado una cl\u00e1usula que establec\u00eda que ser\u00eda el var\u00f3n quien deb\u00eda hacerse acreedor del reconocimiento y, por cierto, el albacea del material biogr\u00e1fico de su vida marital.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estar enamorada es simplemente una presentaci\u00f3n de nuestros pasados a otro individuo; en su mayor\u00eda lastres, tan poco manejables que ya no podemos tirar de las cuerdas por nuestra cuenta. Buscar el amor es como apelar a un nuevo punto de partida, pensaba, otra oportunidad en la vida. Siendo muy precoz para su edad, se dijo: \u201cTan codiciosas son las expectativas humanas, que nadie busca compartir el futuro con otro\u201d.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Si la revelaci\u00f3n de Zelda como escritora sorprendi\u00f3 a la escena cultural de la \u00e9poca, nadie debi\u00f3 sorprenderse realmente de que <em>Res\u00e9rvame el vals<\/em> fuese el debut y la despedida de su carrera como novelista. Cu\u00e1nto le habr\u00e1 costado que escritores como Hemingway, amigo de su marido, la retrataran como una mujer fr\u00edvola y obsesionada con Scott porque \u201cviv\u00eda envidiosa de su talento\u201d, versi\u00f3n que por cierto se propag\u00f3 en el cine y en la literatura contempor\u00e1nea (reflejo de esto son algunos episodios de las pel\u00edculas <em>Medianoche en Par\u00eds<\/em> o <em>Manhattan<\/em>, de Woody Allen, o menciones dedicadas a la vida marital de la pareja en los<em> Diarios de Emilio Renzi<\/em>, de Ricardo Piglia, por citar un par de ejemplos); cu\u00e1nto le habr\u00e1 costado que el mismo Scott dijera \u201cme cas\u00e9 con la musa de mis novelas\u201d. Aunque no resulte muy dif\u00edcil imaginar la renuncia personal que pudo haber implicado para una persona ambiciosa y talentosa como ella vivir a la sombra de alguien ambicioso y talentoso como \u00e9l, y cumplir (o incumplir), al mismo tiempo, las expectativas sociales que se le asignaban a la mujer de comienzos de siglo pasado, nunca sabremos a ciencia cierta cu\u00e1l fue el precio que Zelda debi\u00f3 pagar, ni cu\u00e1nto de los libros que glorificaron a su marido fueron tambi\u00e9n sus libros, o cu\u00e1nto de esta frustraci\u00f3n habr\u00e1 incidido en el quiebre psic\u00f3tico que sufri\u00f3 en los \u00faltimos a\u00f1os de su matrimonio. No importa si se trata de arte o ciencia; romper con cualquier relaci\u00f3n de dependencia, amo\/esclavo, genio\/musa, siempre supondr\u00e1 para el que se somete, voluntaria o involuntariamente, un desgarro mayor que el que lo someti\u00f3. El genio podr\u00e1 cambiar de musa \u2014Picasso es un buen ejemplo\u2014, sin embargo la musa, para poder dejar de serlo, ya sea porque se cans\u00f3 o porque aspira a desarrollar una carrera propia, tendr\u00e1 que sortear una serie de avatares como la pobreza, el anonimato o el escarnio p\u00fablico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">A diferencia de los registros que abundan en la llamada Historia Universal de la Literatura, \u2014abundante de pr\u00f3ceres reconocidos en tomos y tomos de estudios fechados y verificados por diversas fuentes\u2014, en la historia no oficial sus protagonistas son mujeres y minor\u00edas sexuales que se conocen m\u00e1s bien de o\u00eddas y que a veces resuenan porque alguien dijo algo de ellas, a la pasada y a prop\u00f3sito de otra cosa. A esa parte de la historia \u2014la menos documentada, la despose\u00edda de versiones, la que no cuenta con memoria m\u00e1s all\u00e1 de alguna biograf\u00eda ap\u00f3crifa\u2014, a la que se asigna la fosa com\u00fan destinada a enterrar varios cad\u00e1veres, es donde pertenece nuestra autora: la categor\u00eda de <em>infame<\/em>. Y digo \u201cnuestra\u201d porque necesito acogerla de alguna manera, porque cuando la acojo siento que no solo la acojo a ella; la acojo a ella, acojo a su madre, a la hija que qued\u00f3 hu\u00e9rfana y a su descendencia. Concederme el lector esta fantas\u00eda, la ilusi\u00f3n de contribuir por medio de palabras, la reparaci\u00f3n de su ausencia en los archivos de la historia. A falta de respuestas, seguir\u00e9 con mis preguntas. \u00bfQu\u00e9 tan distinta de su versi\u00f3n original ser\u00eda <em>Res\u00e9rvame el vals<\/em> si no hubiera pasado por el cedazo de Scott quien se apoder\u00f3 del manuscrito tras recibir la llamada del editor a prop\u00f3sito de la novela que acababa de enviar Zelda con la ayuda de su psiquiatra directamente a Scribner, sin que \u00e9l la leyera, vaya a saber con qu\u00e9 resguardo? \u00bfQu\u00e9 tan distinta de su versi\u00f3n original ser\u00eda <em>Suave es la noche<\/em> de Scott Fitzgerald de no haber contado con el manuscrito de <em>Res\u00e9rvame el vals<\/em> del que extrajo partes para su libro porque conten\u00eda material autobiogr\u00e1fico de la pareja que era precisamente el n\u00facleo de esta futura novela? Podr\u00eda seguir, extenderme en preguntas que retomaran la cuesti\u00f3n de los diarios \u00edntimos de Zelda y c\u00f3mo el acceso a este material por parte de Scott influy\u00f3 en la construcci\u00f3n de los personajes de sus obras m\u00e1s connotadas, pero ninguna de estas cuestiones parecieran poner en entredicho la versi\u00f3n oficial de la bella y la loca cernida durante d\u00e9cadas. Recordar a qu\u00e9 categor\u00eda de la historia pertenece <em>nuestra<\/em> autora. \u00bfCu\u00e1les ser\u00edan entonces los antecedentes que s\u00ed podr\u00edan emitirse con certeza en torno a la figura autoral de Zelda Sayre? B\u00e1sicamente dos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Primero: la novela fue motivo de ruptura definitiva de la pareja que sigui\u00f3 por rumbos separados hasta el final. Scott se va a Los \u00c1ngeles a probar suerte como guionista y Zelda permanece internada en el hospital psiqui\u00e1trico donde comienza a escribir su novela por prescripci\u00f3n m\u00e9dica. Scott, alcoh\u00f3lico desde la \u00e9poca universitaria, sigue bebiendo. Ninguno de sus guiones le brinda el \u00e9xito que le otorgaron sus libros. Muere a los 44 a\u00f1os de un ataque al coraz\u00f3n. Ocho a\u00f1os m\u00e1s tarde, Zelda muere en un incendio que se produjo la noche del 10 de marzo de 1948 en una de las habitaciones del hospital donde se encontraba encerrada bajo llave en la secci\u00f3n de electrochoques. Se ha dicho que hab\u00eda comenzado a trabajar una segunda novela autobiogr\u00e1fica que abordaba la cuesti\u00f3n de la locura, sin embargo, si lo hizo, nunca llegaremos a leer nada al respecto porque todo se perdi\u00f3 en ese incendio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Segundo: los tres mil ejemplares publicados en una edici\u00f3n econ\u00f3mica en 1923 fueron ahogados por la reacci\u00f3n desfavorable de la cr\u00edtica que desincentiv\u00f3 r\u00e1pidamente el inter\u00e9s de la audiencia: \u201cNo es solo que sus editores no consideren adecuado frenar una exuberancia casi rid\u00edcula de la escritura, sino que no le han dado al libro los servicios elementales de un lector literario\u201d<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. (Algunas rese\u00f1as bibliogr\u00e1ficas fueron m\u00e1s ambiguas, como la de William McFee, que dec\u00eda: \u201cEn este libro, con toda su crudeza de concepci\u00f3n, sus despiadados robos de trucos t\u00e9cnicos y su pat\u00e9tico esfuerzo por la profundidad filos\u00f3fica, existe la promesa de una nueva y vigorosa personalidad en la ficci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El cr\u00edtico literario norteamericano Malcolm Cowley dir\u00eda al momento de publicarse, y con raz\u00f3n, que Zelda \u201cten\u00eda algo ah\u00ed que nadie hab\u00eda dicho antes\u201d. En efecto hab\u00eda algo nuevo. Sin embargo es impreciso afirmar que la autora dec\u00eda algo que nadie hab\u00eda dicho, cuando la literatura est\u00e1 llena de ejemplos que muestran desde diferentes \u00e1ngulos (casi siempre masculinos) la imposibilidad hist\u00f3rica que las mujeres han tenido para escapar de su destino o, dicho de manera m\u00e1s simple, de elegir. Lo nuevo en su texto no pasa, o al menos a m\u00ed me parece, por decir algo que no se hab\u00eda dicho nunca. Su apuesta de originalidad radica en la manera que eligi\u00f3 para decirlo, la demarcaci\u00f3n exquisita para definir los l\u00edmites de su lenguaje, dado principalmente por su capacidad de percibir cosas con una imaginaci\u00f3n que supera a la de cualquiera y las concesiones literarias que devienen de estas ideas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Habiendo irrumpido tan tarde en las vidas de sus padres, la joven crec\u00eda sin ninguna conciencia de s\u00ed. El contacto con la realidad se hab\u00eda disociado a partir de una infancia m\u00e1s hipot\u00e9tica que real. Ella quiere que le cuenten c\u00f3mo es, siendo demasiado joven para comprender que no hay nadie como ella y que se llenar\u00e1 su esqueleto con lo que defina, como un general que libra una batalla siguiendo los avances y retrocesos de sus tropas para marcar los territorios conquistados con brillantes pines de colores. No sabe que los esfuerzos que realiza se volver\u00e1n en su contra. Ser\u00e1 mucho m\u00e1s tarde cuando la ni\u00f1a, Alabama, se d\u00e9 cuenta de que los huesos de su padre s\u00f3lo podr\u00edan indicarle sus propias derrotas.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">La desgracia est\u00e1 escrita, qued\u00f3 registrada en las primeras l\u00edneas que abren el relato y ahora solo falta que el lector transite los vericuetos y esquirlas que no hacen m\u00e1s que comprobar el hecho de que para una mujer de la \u00e9poca la decisi\u00f3n de revelarse contra su destino \u2014la vida dom\u00e9stica de casarse, criar hijos, atender el huerto\u2014 era algo que se pagaba con la muerte, la prisi\u00f3n o la locura. Abrazar la locura cuando todo el resto falle parece ser una salida v\u00e1lida, creativa, m\u00e1s fiel a sus ambiciones y pulsiones art\u00edsticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> New York Times<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> The New York Sun<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por Mar\u00eda Mazzocchi, el el pr\u00f3logo de:<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"461\" height=\"715\" class=\"alignleft size-full wp-image-3959\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Captura-de-Pantalla-2022-09-20-a-las-02.29.30.png\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Captura-de-Pantalla-2022-09-20-a-las-02.29.30.png 461w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Captura-de-Pantalla-2022-09-20-a-las-02.29.30-193x300.png 193w\" sizes=\"auto, (max-width: 461px) 100vw, 461px\" \/><\/p>\n<p>Res\u00e9rvame el vals<br \/>\nZelda Fitzgerald<br \/>\nAquelarre (M\u00e9xico)<br \/>\nTraducci\u00f3n y pr\u00f3logo de Mar\u00eda Mazzocchi<br \/>\n320 pp.<br \/>\nM\u00e1s informaci\u00f3n en <a href=\"https:\/\/www.aquelarreediciones.com\/pagina-del-producto\/res%C3%A9rvame-el-vals-zelda-fitzgerald\">https:\/\/www.aquelarreediciones.com\/pagina-del-producto\/res%C3%A9rvame-el-vals-zelda-fitzgerald<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dado que su nombre se encuentra sepultado bajo el tupido entramado de an\u00e9cdotas que han novelado su vida, algunas bastante confusas, otras contradictorias, y otras que probablemente ni siquiera tengan que ver con ella pero que se aceptaron sin oposici\u00f3n de ning\u00fan bi\u00f3grafo; no encuentro mejor forma de abrirme paso a esta autora que no [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":74,"featured_media":3958,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[447],"tags":[],"class_list":["post-3957","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3957","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/74"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3957"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3957\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3960,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3957\/revisions\/3960"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3958"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3957"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3957"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3957"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}