{"id":3883,"date":"2022-08-29T14:33:10","date_gmt":"2022-08-29T17:33:10","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3883"},"modified":"2022-08-29T14:34:00","modified_gmt":"2022-08-29T17:34:00","slug":"existe-el-arte-gay-por-leo-bersani-traduccion-de-rodrigo-zamorano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/08\/29\/existe-el-arte-gay-por-leo-bersani-traduccion-de-rodrigo-zamorano\/","title":{"rendered":"\u00bfExiste el arte gay? \u2013 Por Leo Bersani \u2013 Traducci\u00f3n de Rodrigo Zamorano"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Cuando hoy en d\u00eda hablamos de cine gay \u2013o, en t\u00e9rminos m\u00e1s amplios, de arte gay\u2013 por lo general nos referimos a pel\u00edculas o novelas de tem\u00e1tica gay, usualmente filmadas o escritas por cineastas o novelistas gays y lesbianas. Esto quiere decir que, pese a toda la ret\u00f3rica antiidentitaria de la teor\u00eda <em>queer<\/em> contempor\u00e1nea, aquello que denominamos arte gay pareciera ser inseparable de las ideas de autor\u00edas, p\u00fablicos y sujetos gays. Quisiera proponer una idea de arte gay \u2013de una homo-est\u00e9tica, para ser m\u00e1s preciso\u2013 para la cual el deseo homosexual es esencial, pero que parad\u00f3jica y precisamente por ello puede prescindir del concepto de identidad homosexual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El actual inter\u00e9s por las culturas gay y lesbiana coincidi\u00f3 con un sentido nuevo o renovado de la comunidad gay, precipitado o reforzado por acontecimientos o crisis espec\u00edficas como Stonewall o el VIH. Esto plantea interesantes y dif\u00edciles preguntas: \u00bfest\u00e1 la comunidad movilizada por una crisis espec\u00edfica destinada a desaparecer con el fin de dicha crisis? \u00bfO es su formaci\u00f3n hist\u00f3ricamente espec\u00edfica la oportunidad de definir una cultura gay que quiz\u00e1s ya estaba all\u00ed pero que podr\u00eda haber permanecido invisible de no haber existido una comunidad que la visibilizara? Y si existe una cultura, la l\u00f3gica dicta que entonces tambi\u00e9n debe existir una sensibilidad, y si existe una sensibilidad, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda expresarse sino en el arte? De modo que tenemos festivales de cine gay y l\u00e9sbico y estudios culturales homosexuales. \u00c9stos \u00faltimos toman muchas formas. Existe, por ejemplo, una historia gay y l\u00e9sbica que muchos de nosotrxs desconoc\u00edamos hasta que estudios recientes llamaron nuestra atenci\u00f3n sobre algunos de sus aspectos. Parte de esta historia saca a la luz a comunidades gay europeas y estadounidenses m\u00e1s o menos clandestinas de antes del periodo moderno, comunidades en las que observamos formas rudimentarias de lo que podr\u00edamos llamar una cultura gay o lesbiana. Pasar\u00e9 por alto por ahora la relaci\u00f3n de este campo de estudios con la afirmaci\u00f3n de que el o la homosexual no exist\u00edan como personas \u2013de que exist\u00eda solamente el comportamiento homosexual\u2013 antes de que \u00e9l o ella fuesen inventados a mediados del siglo XIX, propuesta que podr\u00edamos pensar que borra un \u00e1rea completa de los estudios gays. \u00c9stos descubren una cultura gay premoderna que se piensa a s\u00ed misma como due\u00f1a de una personalidad vinculada con sus preferencias sexuales, aunque obviamente sin ajustarse a las terminolog\u00edas de la sexolog\u00eda moderna, la psiquiatr\u00eda o el psicoan\u00e1lisis. Tambi\u00e9n es cierto \u2013y esto da cuenta de algunos de los mejores trabajos en los estudios gays y l\u00e9sbicos contempor\u00e1neos\u2013 que la \u201cescritura gay\u201d ha sido por lo general una funci\u00f3n de la escritura que oficialmente la excluy\u00f3. Se desarroll\u00f3 en oposici\u00f3n a las ideolog\u00edas textuales a su disposici\u00f3n. As\u00ed es como Michael Warner (en <em>The Letters of the Republic<\/em>) y Chris Lane (en <em>The Ruling Passion<\/em>) respectivamente han mostrado c\u00f3mo cierta imaginaci\u00f3n de las relaciones \u00edntimas entre hombres est\u00e1 codificada en ideolog\u00edas oficiales tan heterosexuales como la escritura teol\u00f3gica puritana en el Estados Unidos precolonial y la literatura celebratoria del imperialismo brit\u00e1nico a comienzos de este siglo. Sus estudios apuntan a la especificidad hist\u00f3rica y el relativismo de lo que sea que podamos querer llamar una textualidad gay: \u00e9sta resiste los c\u00f3digos que la excluyen mediante distintas maniobras que (para usar los t\u00e9rminos desarrollados por Judith Butler) subversiva o par\u00f3dicamente resignifican sus t\u00e9rminos. En Wilde, por ejemplo, podr\u00edamos pensar en una sensibilidad gay codificada en una sistem\u00e1tica y perversa inversi\u00f3n de los valores intelectuales dominantes: su c\u00e9lebre m\u00e1xima \u201csolo las personas superficiales no juzgan por las apariencias\u201d es un ejemplo paradigm\u00e1tico de lo que hoy llamar\u00edamos escritura <em>queer<\/em>, designaci\u00f3n que eludir\u00eda las trampas esencializantes de la idea de escritura gay al ampliar la categor\u00eda a una resistencia no sexualmente espec\u00edfica a la cultura dominante. Incluso podr\u00edamos tenerlo de las dos maneras, espec\u00edfica y general. D. A. Miller, por ejemplo, habla en <em>Bringing Out Roland Barthes<\/em> de que las personas gays por largo tiempo han reconocido la homosexualidad de Roland Barthes en lo que llama la gravitaci\u00f3n del franc\u00e9s hacia \u201ct\u00f3picos marica: la moda femenina, el travestismo, Sade, la lucha, Proust\u201d, as\u00ed como tambi\u00e9n en un modo agresivamente amanerado de escritura que, de manera impl\u00edcita, desaf\u00eda al lector heterosexual con su cultivo desvergonzado justamente de aquellos rasgos estil\u00edsticos estigmatizados como homosexuales por buena parte de la cr\u00edtica hetero. Al mismo tiempo, Miller elogia a Barthes por una celebraci\u00f3n menos secreta, m\u00e1s expl\u00edcita de lo perverso como fuente de placer, celebraci\u00f3n que lo distingue no solo por ser el fallido gay de closet que no pod\u00eda evitar estar siempre delat\u00e1ndose, sino tambi\u00e9n el h\u00e9roe de lo que Michael Warner ha llamado el \u201cpensamiento cr\u00edtico a contrapelo de lo normal\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De modo que lo que considero la fecunda incoherencia de los estudios <em>queer<\/em> gays y lesbianos en realidad no nos ayuda mucho a producir una definici\u00f3n del arte gay. Resulta claro, por lo dem\u00e1s, que no necesitamos tal definici\u00f3n, que de hecho podr\u00eda reducir el alcance y empobrecer el contenido de unos estudios <em>queer<\/em> estimulantemente centr\u00edfugos. Y a\u00fan as\u00ed, a riesgo de parecer un villano esencialista, intentar\u00e9 ahora definir una est\u00e9tica gay.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los escritores que estudio en <em>Homos<\/em>, la identidad es inseparable de ciertos posicionamientos espec\u00edficos del cuerpo deseante. El deseo es despsicologizado: como resultado, una identidad gay \u2013yo preferir\u00eda decir una especificidad gay\u2013 no tendr\u00eda necesariamente que ver con contenidos ps\u00edquicos tales como la diferencia entre las formaciones h\u00e9tero- y homosexuales de los apegos y conflictos ed\u00edpicos, sino que ser\u00eda una inferencia directa de las im\u00e1genes del cuerpo. Obviamente estoy hablando desde la posici\u00f3n de sujeto del deseo gay masculino, pero similares investigaciones podr\u00edan realizarse desde una perspectiva lesbiana. El posicionamiento masculino es particularmente potente en el caso de Genet. Me interesa cierto posicionamiento sexual en su obra <em>Pompas f\u00fanebres<\/em>, en una escena de dos hombres culiando en la que Genet opone hacer el amor cara a cara (lo cual, seg\u00fan \u00e9l, habr\u00eda confinado a la pareja en un \u00f3valo privado y excluyente) a un hombre ubicado tras el compa\u00f1ero al que est\u00e1 penetrando, ambos formando algo as\u00ed como el mascar\u00f3n de proa de un barco, mirando la oscuridad como se \u201cmira el futuro\u201d. \u201c[N]o se amaban uno al otro\u201d, contin\u00faa Genet, sino que \u201cescapaban de s\u00ed mismos por encima del mundo, a plena vista del mundo, en un gesto de victoria\u201d. Victoria, quisiera sugerir, por sobre la idea del sexo como refuerzo de una intimidad <em>\u00e0 deux<\/em>, como utilizaci\u00f3n de ese \u00f3valo para huir de la vista del mundo y del futuro y quedar en cambio absorbido por los siempre in\u00fatiles esfuerzos por penetrar los secretos del otro, es decir, los deseos del otro. La socialidad en Genet es algo as\u00ed como una serie de relevos eyaculatorios del <em>self<\/em> a trav\u00e9s de otros y una visi\u00f3n explosivamente narcisista de la comunidad que, no obstante, es id\u00e9ntica a una generosa efusi\u00f3n del <em>self<\/em>. Este homo-narcisismo derriba las barreras del yo en vez de reforzarlas. Tal vez la renuncia a la intimidad oval de la pareja sea la precondici\u00f3n de una comunidad en donde la relacionalidad ser\u00eda una funci\u00f3n de la semejanza antes que de las diferencias jer\u00e1rquicas o antagonistas, una comunidad en la que podr\u00edamos ser indiferentes a la diferencia, en la que la diferencia, en vez de ser el t\u00e9rmino valorado, ser\u00eda el suplemento no amenazante de la semejanza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto supondr\u00eda una especie de apropiaci\u00f3n oportunista por nuestra parte de algunas de las mismas categor\u00edas que nos han sido impuestas. En espec\u00edfico, podr\u00edamos ver con buenos ojos la reducci\u00f3n cultural un tanto abusiva de la semejanza y la diferencia a cuestiones de elecci\u00f3n sexual (seg\u00fan la cual los homosexuales buscar\u00edan lo mismo mientras que los heterosexuales desear\u00edan y apreciar\u00edan lo diferente). Podr\u00edamos aceptar la identificaci\u00f3n de la homosexualidad con la semejanza al insistir en su radical potencial: el de nuestro rol privilegiado en la demostraci\u00f3n de c\u00f3mo una suerte de narcisismo impersonal puede derribar las formaciones defensivas del autocomplaciente yo, demolici\u00f3n ineludible si es que una reestructuraci\u00f3n fundamental del lo social ha de ocurrir alguna vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este es un rol privilegiado pero no \u00fanico ni siempre garantizado. Existe mucha escritura que se identifica a s\u00ed misma como gay en la que reina incuestionado el autocomplaciente yo. Por el contrario, en la producci\u00f3n de artistas heterosexuales podr\u00edamos prestar atenci\u00f3n no a los impulsos homoer\u00f3ticos que nos hemos vuelto adeptos a sacar a la luz en sus obras, sino m\u00e1s bien a las corrientes de homo-idad [<em>homo-ness<\/em>], a esas expansiones del <em>self<\/em> hacia el mundo que disuelven el yo, y que junto con Ulysse Dutoit estudi\u00e9 en las pinturas de Rothko y las pel\u00edculas de Resnais en <em>Arts of Impoverishment<\/em>. El arte, en particular el arte visual, puede manifestar lo que Greil Marcus llama \u201cel misterio de las conexiones espectrales\u201d entre fen\u00f3menos separados por una sintaxis perceptiva convencional y restrictiva. El arte en el que estoy pensando supone una enorme y doble negatividad: la negaci\u00f3n de la relacionalidad tal como la conocemos y un ataque al culto de la diferencia que apuntala el modo de relaciones dominante. Puede que la negatividad sea m\u00e1s marcada en autores can\u00f3nicos que en el arte culturalmente marginal, que frecuentemente celebra las culturas minoritarias y reafirma as\u00ed sin quererlo las barreras diferenciales que la cultura dominante se complace en ver reforzadas. El proceso de canonizaci\u00f3n en nuestra cultura, por otra parte, si bien expl\u00edcitamente busca inmortalizar el arte afirmativo de la civilizaci\u00f3n occidental, frecuente y secretamente hace de las obras y lecturas obligadas de dicha civilizaci\u00f3n monumentos de negatividad que constituyen el reverso suicida de un yo agotadoramente defensivo y autocomplaciente. La negatividad en el arte ataca los mitos de la cultura dominante: por ejemplo, el mito pastoral de la sexualidad como inherentemente amorosa y edificante, de la sexualidad como continua con la comunidad y en armon\u00eda con ella. Solo insistiendo en la desolaci\u00f3n, en el amor al poder, incluso en la violencia que tal vez sean inherentes a las relaciones humanas podamos quiz\u00e1s comenzar a redise\u00f1ar esas relaciones de modo tal que no necesiten recurrir a la cultura para ennoblecerlas. O planteado en otros t\u00e9rminos: \u00bfc\u00f3mo controlamos los precipitados hist\u00f3ricos de una pasi\u00f3n por la violencia sin negar nuestra intratable implicaci\u00f3n en ella? Una importante funci\u00f3n del arte podr\u00eda redefinirse como anticomunitaria, contra las asimilaciones institucionales de obras particulares (en la medida que esto sea posible). Beckett aqu\u00ed es ejemplar, como lo son en la escritura gay las novelas de Dennis Cooper, donde el ideal occidental de conocimiento intersubjetivo es implacablemente desublimado y literalizado en el fr\u00edo y brutal destripamiento de cuerpos como medio para conocer al otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La disrupci\u00f3n de las relaciones diferenciales puede desde luego figurarse de maneras menos literalmente violentas. Estoy pensando, por ejemplo, en que Mallarm\u00e9 sab\u00eda que la violencia que estaba haciendo a la sintaxis de las oraciones normales era una violencia relacional con implicancias m\u00e1s all\u00e1 de lo est\u00e9tico: una violencia al lenguaje en cuanto instrumento de la comprensi\u00f3n social. En las artes visuales, por poner otro caso, cuando pintores tan distintos como Da Vinci y Caravaggio a momentos yuxtaponen dos figuras, una de las cuales parece salir de la parte superior de la otra en vez de estar completamente definida y claramente separada (figuras que parecen siameses), podemos observar una invasi\u00f3n bastante ominosa del campo visual por una relaci\u00f3n de semejanza o multiplicaci\u00f3n del <em>self<\/em>, semejanza que al mismo tiempo extiende una figura y destruye sus l\u00edmites, su contenida integridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la realizaci\u00f3n de este tipo de indagaciones, quedamos expuestos a los ataques de quienes desean saber cu\u00e1l debiera ser su agenda pol\u00edtica inmediata, por qu\u00e9 debieran luchar ma\u00f1ana. Puede resultar dif\u00edcil reconocer que el arte interviene en la vida pol\u00edtica a distintas distancias de los problemas pol\u00edticos particulares. Es m\u00e1s: puede que un intento por reconfigurar el campo relacional sea la precondici\u00f3n de unas reorganizaciones pol\u00edticas y sociales duraderas. A modo de conclusi\u00f3n, podemos apreciar la gravedad de esta dificultad mediante un breve examen de Caravaggio, ese forajido italiano al estilo de Genet. En <em>Caravaggio\u2019s Secret<\/em>, junto con Ulysse Dutoit prest\u00e9 especial atenci\u00f3n a la obsesi\u00f3n del pintor por la mirada: est\u00e1n las seductoras miradas de figuras masculinas espec\u00edficas que provocan a lxs espectadorxs con una insinuaci\u00f3n er\u00f3tica visual; est\u00e1 Caravaggio pint\u00e1ndose a s\u00ed mismo como se\u00f1uelo er\u00f3tico, para poder quiz\u00e1s contener y domesticar su mensaje sexual en el \u00f3valo autoprotector e id\u00e9ntico de modelo y pintor. Encontramos, en varias pinturas, figuras espiando las enigm\u00e1ticas miradas de los otros, como si los c\u00f3digos visuales ya hubieran dejado de ser \u00fatiles para el establecimiento de relaciones. Y est\u00e1n, finalmente, las obras donde las miradas de las distintas figuras son descontroladamente divergentes. Incluso cuando hay alguien que podr\u00edamos pensar que centra la mirada \u2013Cristo, por ejemplo\u2013, casi todos quienes se encuentran alrededor de esa figura \u201ccentral\u201d parecen saber, como sab\u00eda Caravaggio, que nadie tiene la autoridad para centrar nuestra mirada, para definir su relaci\u00f3n primaria. Que Caravaggio supiera esto y que pintara principalmente temas religiosos en los que la primac\u00eda relacional por definici\u00f3n no pod\u00eda cuestionarse es incre\u00edblemente conmovedor. No hab\u00eda casi nada m\u00e1s a su disposici\u00f3n, de modo que realmente fue, incluso m\u00e1s que Genet, un forajido, fuera de todas las leyes relacionales que se le dieron. Desde luego que, en pintura, la relacionalidad se trata principalmente de una cuesti\u00f3n de atenci\u00f3n visual. En Caravaggio, como las figuras proliferan, mirando frecuentemente a alg\u00fan punto inidentificable m\u00e1s all\u00e1 de la pintura, la soledad de Caravaggio se vuelve a\u00fan m\u00e1s visible. Ya que sus figuras, al igual que \u00e9l, tal vez al igual que nosotrxs, saben que poco falta para que haya que comenzar todo de nuevo, pero por el momento ellas, \u00e9l, nosotrxs simplemente no sabemos hacia d\u00f3nde mirar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">* Conferencia dictada en Londres en 1996 e in\u00e9dita hasta su publicaci\u00f3n como \u201cIs There a Gay Art?\u201d en la colecci\u00f3n de ensayos <em>Is the Rectum a Grave? and Other Essays<\/em> (Chicago: The University of Chicago Press, 2010), pp. 31-35.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por Leo Bersani<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n de Rodrigo Zamorano<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando hoy en d\u00eda hablamos de cine gay \u2013o, en t\u00e9rminos m\u00e1s amplios, de arte gay\u2013 por lo general nos referimos a pel\u00edculas o novelas de tem\u00e1tica gay, usualmente filmadas o escritas por cineastas o novelistas gays y lesbianas. 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