{"id":3865,"date":"2022-08-24T15:40:55","date_gmt":"2022-08-24T18:40:55","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3865"},"modified":"2022-08-24T15:47:07","modified_gmt":"2022-08-24T18:47:07","slug":"la-mano-transforma-la-solucion-en-un-enigma-por-paz-lopez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/08\/24\/la-mano-transforma-la-solucion-en-un-enigma-por-paz-lopez\/","title":{"rendered":"La mano transforma la soluci\u00f3n en un enigma \u2013 Por Paz L\u00f3pez"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\">\u00a0\u201cNos aventaja el jabal\u00ed en el o\u00eddo, el lince en<br \/>\nla vista, el mono en el gusto, el buitre en el olfato y la<br \/>\nara\u00f1a en el tacto\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Thomas de Cantimpr\u00e9<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u201cQuien est\u00e1 solo con la l\u00e1mpara<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">tiene s\u00f3lo la mano para leer en ella\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Paul Celan<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si el libro de Marcela Rivera fuera una pel\u00edcula, ser\u00eda una hecha a punta de primeros planos: apoteosis del <em>close up<\/em>, asociaci\u00f3n de fragmentos, cat\u00e1strofe dimensional. As\u00ed se aproxima Marcela a la mano, haciendo del ensayo una suerte de r\u00e9gimen formal que le permite encuadrarla, recortarla, desmembrarla, deformarla, descomponerla, observarla a veces como si fuera un p\u00e1jaro enfermo y otras como un animal que de pronto comienza a retorcerse, a girarse para mordernos y escapar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEl primer plano, dice Alan Pauls, arranca las caras, los cuerpos y las cosas de sus goznes e introduce una diferencia absoluta. No es un ojo humano el que mira y la imagen que vemos, liberada de todo antropomorfismo, es cualquier cosa menos una imagen humana\u201d. Marcela escribe sobre la mano entonces no para aclarar nuestra percepci\u00f3n sobre ella, o para afirmar sin sospechas su condici\u00f3n de mero \u00f3rgano, sino para contribuir a la felicidad de desorientarnos, para desentumecer los automatismos con que muchas veces miramos y pensamos lo que tenemos demasiado cerca, a la mano. \u201cLa costumbre hace familiares los monstruos\u201d, dice Marcela citando a Alfonso Reyes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De cualquier forma Marcela no escribe sobre la mano para avivar una lucha de miembros corporales, es decir, para someter una vez m\u00e1s el cuerpo a la jerarqu\u00eda de un \u00f3rgano central, privilegiado, mimado por el saber. No busca hacer de la mano el atributo mismo del conocimiento, como ha sido durante a\u00f1os el ojo, ni busca redimir, como lo hizo Bataille cuando escribi\u00f3 sobre el dedo gordo del pie, todo eso que el hombre, con su cabeza alzada y su infinito amor por lo que se eleva, mira como un escupitajo y olvida por medio del pudor, el desprecio y la verg\u00fcenza. No lo hace porque reconoce que la mano, ese emblema del tacto, se extiende por toda la piel (no hay un solo \u00f3rgano del tacto, como si lo hay de la vista, el olfato, el o\u00eddo, el gusto). El tacto no se puede evitar de manera voluntaria, no podemos desentendernos de \u00e9l aunque queramos, como s\u00ed podemos por ejemplo, decidir taparnos los o\u00eddos, los ojos, la boca, la nariz. De la piel, de la mano, no podemos salir. El tacto no es un sentido sino muchos. El tacto es el sentido del cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1s por esa insistencia, por su desmesura, por la inespecificidad del tacto (que para apaciguarnos quiz\u00e1s abreviamos en la mano) es que las citas que Marcela va tejiendo en su libro (como una ara\u00f1a, es decir, con tacto, tocando y cuidando al mismo tiempo), remitan a una suerte de asombro, de incomodidad, incluso de misterio. A Valery la mano le parec\u00eda monstruosa. Hanna Arendt se detiene a examinar la inquietante extra\u00f1eza de esa cosa cercana y ajena a la vez. La mano, dice Jab\u00e9s, solo escribe en el sentido ardiente de la vida a la muerte, como si a trav\u00e9s de ella desemboc\u00e1ramos directamente en el vac\u00edo. Reacio a las esquematizaciones, huidizo, vers\u00e1til, irregular, el tacto es tambi\u00e9n un sentido que se desdobla (quiz\u00e1s el \u00fanico): cuando nos tocamos estamos a la vez siendo tocados. Est\u00e1 afuera y adentro, es activo y pasivo, es el orden de lo m\u00edo y de lo otro, est\u00e1 presente en el latido de nuestro coraz\u00f3n pero tambi\u00e9n en el2 polvo que tocamos con los dedos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He hablado sobre el tacto, me he ido por las ramas, porque en realidad Marcela no renuncia nunca en su libro a hablar de la mano (y no sobre el tacto). Y me pregunto entonces por qu\u00e9, y pienso que lo hace para dejar insinuada la proximidad que la mano tiene con la t\u00e9cnica, con el artificio, la pr\u00f3tesis, el injerto. No con la t\u00e9cnica en su versi\u00f3n instrumental, donde la mano ser\u00eda un medio que depende del hacer del hombre. Si algo tiene de monstruosa la mano, si Marcela no ha dejado de se\u00f1alar la relaci\u00f3n que ella guarda con la experiencia de la ignorancia, del estupor, la extra\u00f1eza, lo insondable, lo insoportable, es porque la mano en el libro de Marcela no es un simple medio para obtener algo externo (mover la mano para tomar una cosa o para fabricar un objeto) sino algo que moldea al hombre una y otra vez, como si dij\u00e9ramos que la mano solo le pertenece al hombre en la medida en que al mismo tiempo lo inventa y lo modifica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puede ser por eso, pero tambi\u00e9n para habilitar el camino al gesto. La piel no hace gestos, la mano s\u00ed. Los gestos expresan la herencia de un trabajo acumulado en la historia. El gesto nos recuerda que el hombre es formado y transformado por un mundo que lo antecede, y que en tanto tal, le es suyo aunque no le termina de pertenecer completamente. En el gesto hay transmisi\u00f3n y sobrevivencia, \u201cuna especie de tierra de nadie en el centro de lo humano\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por eso la mano para Valery es un \u00f3rgano donde se dan cita la sensibilidad y el hacer, porque ella nos hace, deshace y rehace incansablemente, obligando a preguntarnos una y otra vez qu\u00e9 es eso que llamamos hombre. La mano, \u201cesa m\u00e1quina prodigiosa que junta la sensibilidad m\u00e1s matizada a la fuerza m\u00e1s libre\u201d\u2013, nos ense\u00f1a que mientras ella siga all\u00ed revoloteando, colgando de nuestro cuerpo, nada en el hombre es suficientemente fijo. Las manos nos dicen que la t\u00e9cnica (o lo prot\u00e9sico) no es lo que ha venido a alterar la potencia originaria del hombre sino aquello que lo define como ser vivo. Donde hay mano, habr\u00e1 siempre criatura impura, heterogeneidad, aleaci\u00f3n, metamorfosis, contingencia, accidente (todas, si lo pensamos bien, caracter\u00edsticas del monstruo).<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-3871 size-full\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Captura-de-Pantalla-2022-08-24-a-las-15.45.24.png\" alt=\"\" width=\"490\" height=\"588\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Captura-de-Pantalla-2022-08-24-a-las-15.45.24.png 490w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Captura-de-Pantalla-2022-08-24-a-las-15.45.24-250x300.png 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 490px) 100vw, 490px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese sentido la mano le interesa a Marcela menos como \u00f3rgano que como potencia. \u00bfPero qu\u00e9 no hace la mano?, se pregunta Valery.\u00a0 Ella \u201cgolpea y bendice, recibe y da, alimenta, presta juramento, marca el ritmo, lee para el ciego, habla para el mudo, se tiende hacia el amigo, se levanta contra el adversario, se hace martillo, tenaza, alfabeto\u201d. Una lista m\u00e1s larga de posibilidades realiza Montaigne (una lista bell\u00edsima, como 12, ese poema de Girondo sobre el deseo), que, como buen esc\u00e9ptico, \u201cagudiza con su enumeraci\u00f3n la comez\u00f3n de nuestra ignorancia\u201d, dice Marcela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es hermoso el modo en que este libro piensa la mano como si al mismo tiempo estuviera pensando el trabajo del pensamiento, de la propia escritura, asuntos inseparables para Marcela. Cuando a Rodin le preguntaron por su escultura del pensador, convertida hoy en suerte de logotipo, repara en algo que parece olvidado: \u201cLo que hace que mi pensador piense \u2013dice\u2013 es que \u00e9l piensa no solo con su cerebro, sino con su ce\u00f1o fruncido, sus fosas nasales distendidas y sus labios apretados, con cada m\u00fasculo de sus brazos, espalda y piernas, con los pu\u00f1os apretados y sus dedos de los pies encogidos\u201d. Solo por el cuerpo se arriba al pensamiento, parece decirnos Rodin. Y Marcela, reparando en la obsesi\u00f3n de Valery por la mano, dice lo siguiente: Valery \u201catisb\u00f3 que la potencia matriz del intelecto radica en la sensibilidad; por ello, no habr\u00eda pensamiento desligado del hacer de las manos, de lo que ellas hacen comparecer\u201d. No hay pensamiento sin eso que la mano da: una apertura extrema al mundo as\u00ed como la invenci\u00f3n de formas in\u00e9ditas y singulares de responder a eso que nos toca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta mano que Marcela nos da no podemos leer el destino ni el futuro del hombre. No es una mano que est\u00e1 ah\u00ed para guiarnos hacia un lugar seguro. Frente a la mano que Marcela tiende perdemos protagonismo, la \u00fanica forma que tenemos de alojar al otro y crear un lazo, esa \u201cfugaz y precaria trascendencia que escasa vez nos est\u00e1 permitida\u201d. Y si la mano de Marcela nos ayuda a retornar a un lugar, quiz\u00e1s sea a un hogar que no preexiste sino que se hace cada vez que nuestras manos se rozan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Paz L\u00f3pez<\/strong><\/p>\n<p>Foto de Ilse Bing<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"331\" height=\"599\" class=\"alignleft size-full wp-image-3866\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Captura-de-Pantalla-2022-08-24-a-las-15.30.21.png\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Captura-de-Pantalla-2022-08-24-a-las-15.30.21.png 331w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Captura-de-Pantalla-2022-08-24-a-las-15.30.21-166x300.png 166w\" sizes=\"auto, (max-width: 331px) 100vw, 331px\" \/><\/p>\n<p>Lo que la mano da<br \/>\nMarcela Rivera<br \/>\nMundana Ediciones<br \/>\n2022<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u201cNos aventaja el jabal\u00ed en el o\u00eddo, el lince en la vista, el mono en el gusto, el buitre en el olfato y la ara\u00f1a en el tacto\u201d. 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