{"id":3813,"date":"2022-07-28T14:28:21","date_gmt":"2022-07-28T17:28:21","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3813"},"modified":"2022-07-28T14:29:26","modified_gmt":"2022-07-28T17:29:26","slug":"la-maquinaria-del-hartazgo-a-proposito-de-matate-amor-de-ariana-harwicz-por-german-faure","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/07\/28\/la-maquinaria-del-hartazgo-a-proposito-de-matate-amor-de-ariana-harwicz-por-german-faure\/","title":{"rendered":"La maquinaria del hartazgo: A prop\u00f3sito de Matate, amor, de Ariana Harwicz \u2013 Por Germ\u00e1n Faure"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">La manera de abordar la lectura de esta novela, podr\u00eda comp\u00e1rasela con el accionar de una catapulta. Al detectar este posible concepto de hartazgo, la maquinaria se dispar\u00f3 como un latigazo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es preciso detenerse en las voces que tienen el prop\u00f3sito de describir las miradas que se callan. El callar, como le ocurre a la protagonista de \u201c<em>Matate, amor<\/em>\u201d, produce la ruptura de la cordura, llev\u00e1ndola, junto con nosotros, hacia lo m\u00e1s ardiente del infierno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El <em>jab<\/em> cortazariano al ment\u00f3n se sostiene durante toda la obra. Ariana Harwicz narra sosteniendo la estructura del secreto, logrando recrear aquellos escenarios melodram\u00e1ticos que solo habita en los espacios ficticios del pensamiento. Escarba con u\u00f1as afiladas sobre el hueso del cr\u00e1neo hasta encontrar aquellos lugares sombr\u00edos que, como humanos, no nos es posible mencionar. El monstruo que habita, la criatura que se lamenta, el dolor interno que el lenguaje puede descomprimir. En esta novela se lo ve retorcerse como una v\u00edbora cascabel, hermosa y compacta, anunciando con su cola que se viene un zarpazo letal y venenoso; la puesta en duda de los v\u00ednculos impolutos: la familia, la madre, el hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lenguaje repta dentro nuestro. Nos hace y nos moldea. \u201cLa lengua no es el caballo del pensamiento, sino su jinete\u201d, dijo Mart\u00ed y esta afirmaci\u00f3n se encierra en esta obra deliciosa. Somos acci\u00f3n producto del vocabulario y la articulaci\u00f3n del mismo. \u00bfQu\u00e9 sucede si se lo escucha sin el filtro del Super-yo? \u00bfQu\u00e9 pasa si se le da acci\u00f3n al pensamiento prohibido? \u00bfQu\u00e9 ocurre cuando el dialecto se apodera de la voz interior produciendo im\u00e1genes violentas? Esta novela transcurre desde la \u00f3ptica de la frustraci\u00f3n de la protagonista. Desenvuelve a esa criatura antes enrollada y oscura que son sus pensamientos, creados, inventados en exabruptos de ira reprimida. En su sintaxis narra el caos, y lo lame hasta saciarse moment\u00e1neamente para luego desenrollar otra imagen igual de aterradora que la anterior descripta. Y cuando parece que se despeja la tormenta, una leve desatenci\u00f3n, un leve llorisqueo, un sonido del exterior, el m\u00e1s m\u00ednimo detalle; despierta a la criatura interna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La maquinaria del hartazgo que empieza a formular Harwicz se aprecia en el desarrollo del pensamiento. Extrayendo artilugios concretos de los cuales empieza a descomponerlos. Para describir dicha maquinaria voy a utilizar algunos fragmentos de la novela, posiblemente haya alg\u00fan tipo de spoiler, pero ser\u00e1 breve.<\/p>\n<blockquote><p><em>\u201cAlgo que detest\u00e9 siempre de la vida campestre y que hoy saboreo es que uno se pasa el d\u00eda asesinando\u201d.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p><em>\u201cUna diferencia apenas notoria para el camionero, entre un hombre tomando sol y uno, en la misma posici\u00f3n, con muerte cerebral. Lindo domingo pasamos\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u201c\u00bfPero qu\u00e9 iba a decirle? \u00bfQu\u00e9 se puede decir? \u00bfEntr\u00f3 en m\u00ed como una serpiente entre en la boca de un cocodrilo? \u00bfC\u00f3mo una serpiente se devora, se lastra, lenta pero irreversiblemente, un p\u00e1jaro? Entr\u00f3 en m\u00ed, punto. Directo, desliz\u00e1ndose, arrastr\u00e1ndose, destruyendo las malezas de mi cuerpo enfermo, se instal\u00f3 entre mis \u00f3rganos vitales, nad\u00f3 en mi sangre, me descompuso y se hizo un lugar a puro machete\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cEstoy cansada de que no est\u00e9 bien andar a escopetazos o denigrar al beb\u00e9\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cEs demasiado dif\u00edcil entenderse. Es preferible callar\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n<blockquote><p><em>\u201cMrs Dalloway es una novela sobre el tiempo y la interconectividad de la existencia humana\u201d.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0<\/em>Las cuestiones que la atacan giran en un looping constante y escarba, me atrevo a decir, en aquello a lo que nos escapamos constantemente con el \u201ctelefonito\u201d, o la serie, o la \u201cfotito\u201d: acciones ligeramente rid\u00edculas pero normalmente aceptadas para pasar desapercibidos, y seguir tramando as\u00ed, desde lo oscuro del infierno, la formulaci\u00f3n del hartazgo de la que todos sabemos y, por temor, necesitamos olvidar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En algunas de las tantas citas que subray\u00e9, busco reflejar seg\u00fan mi entender, la desarticulaci\u00f3n de la cotidianidad postmoderna. Exponiendo los engranajes de esta \u201cMaquinaria del Hartazgo\u201d a la que le da movimiento la autora. En este caso ocurre en un contexto alejado de las ciudades, la distancia, el sufrimiento del paso del tiempo, porque como dice Federico Falco:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cEn la ciudad se pierde la noci\u00f3n de las horas del d\u00eda, del paso del tiempo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>En el campo es imposible\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>[Los llanos, 2021]<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este tono abrupto de cuestionarse las cosas ya impuestas. No quiero ejemplificar mucho m\u00e1s para no destruir la expectativa de la obra, que para mi gusto, es sublime. Carga con esa oxidaci\u00f3n que el tiempo causa en aquellas cosas que se callan. Sostiene la tensi\u00f3n en su voz, el desgarro de su personalidad provoc\u00e1ndonos caer junto con ella. Logra hacer extra\u00f1a, como buscaban los formalistas rusos, a la cotidianidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hartazgo que quiero se\u00f1alar, radica en descripciones minuciosas sobre la maternidad, sobre la postura de la madre y las cuestiones que se tienen que aceptar solo por haber parido un hijo. Se le puede agregar la tosquedad por parte del marido que se escapa del hogar respondiendo a una costumbre. Dejando las cuestiones heredadas del sistema, para que recaigan en alguien que se cuestiona y se los hace notar a todos. No se calla, act\u00faa como \u00faltimo recurso buscando, tal vez, la paz que ella necesita. Solo ella. Algo que no tiene explicaci\u00f3n, que solo tiene que ocurrir antes de estalle la desgracia que viene previniendo. Tiene una voz aut\u00e9ntica y puntillosa en aquellas cosas que zumban. Ligeramente escondidas entre los siglos de adiestramiento, silenciosa, escondida como un depredador a la espera del ataque.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lector se encontrar\u00e1 incr\u00e9dulo ante la renuncia total. La aceptaci\u00f3n de no ser lo que se espera de ella. El transcurso de esta transformaci\u00f3n nos atraviesa con palabras punzantes como el cuchillo oxidado con el que sue\u00f1a. El deseo animal del sexo salvaje, el encuentro con el sentimiento caliente de lo bestial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por momentos me hace acordar a lo preciso de la voz de Leila Guerriero, a lo rebuscada y temible que es Gabriela C\u00e1mara Cabez\u00f3n, encuentro, en varios fragmentos, la valent\u00eda con la que encara Mariana Enr\u00edquez a la literatura, y entre otras tantas m\u00e1s, Harwicz, empieza a formar lo que considero que es: la \u201cMaquinaria del hartazgo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tan minuciosa, descriptiva y ca\u00f3tica, que asfixia como el placer de un orgasmo violento. \u201cMatate, amor\u201d apunta a validar lo animal y le da un espacio a la fantas\u00eda personal borrando por completo los l\u00edmites. Atraviesa lo obsceno de manera lateral, narrando con belleza el tr\u00e1nsito de una pesadilla silenciada. Construye las ut\u00f3picas maneras de destruir lo establecido. Dejando en evidencia el aburrimiento que carga un domingo lluvioso que aprisiona la existencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pregunta que queda dando vueltas constantemente \u00bfHasta qu\u00e9 punto nos dejamos pensar con libertad?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por<strong> Germ\u00e1n Faure<\/strong><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de Helen Levitt<\/p>\n<p>Matate, amor de Ariana Harwicz fue publicado por Mardulce en Argentina, Elefante en Chile, y actualmente es publicado por Anagrama.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La manera de abordar la lectura de esta novela, podr\u00eda comp\u00e1rasela con el accionar de una catapulta. Al detectar este posible concepto de hartazgo, la maquinaria se dispar\u00f3 como un latigazo. Es preciso detenerse en las voces que tienen el prop\u00f3sito de describir las miradas que se callan. El callar, como le ocurre a la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":69,"featured_media":3814,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[443],"tags":[],"class_list":["post-3813","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-resena"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3813","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/69"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3813"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3813\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3815,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3813\/revisions\/3815"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3814"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3813"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3813"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3813"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}