{"id":3748,"date":"2022-07-15T10:53:19","date_gmt":"2022-07-15T13:53:19","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3748"},"modified":"2024-10-24T09:42:41","modified_gmt":"2024-10-24T12:42:41","slug":"puertas-de-salida-como-vivir-juntos-por-victor-quezada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/07\/15\/puertas-de-salida-como-vivir-juntos-por-victor-quezada\/","title":{"rendered":"Puertas de salida \/ C\u00f3mo vivir-juntos \u2013 Por V\u00edctor Quezada"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">En la medida en que avanzaba en la lectura de <em>El amor oscuro <\/em>(Santiago de Chile: Libros del Pez Espiral, 2022), libro de poes\u00eda de Francisco Cardemil P\u00e9rez (Santiago, 1995), se fueron formando algunas interrogantes respecto de:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>los espacios que habitamos o compartimos<\/li>\n<li>la habitabilidad de esos espacios<\/li>\n<li>las formas en las que los habitamos.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otras palabras: algo similar a lo que Roland Barthes llamar\u00eda \u201cg\u00e9neros de vida\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y, tras estas interrogantes, apareci\u00f3 tambi\u00e9n la superposici\u00f3n de horizontes temporales y signos que configurar\u00edan -por as\u00ed decirlo- la contemporaneidad del problema [del cohabitar, del vivir-juntos]:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>horizonte neoliberal. Signos: el departamento diminuto en la gran torre o condominio residencial; las carpas, las tiendas de campa\u00f1a desagregadas en las plazas, parques y otros espacios verdes<\/li>\n<li>horizonte del estado de bienestar. Signo: el bloc en el entorno de la unidad vecinal<\/li>\n<li>horizonte (peque\u00f1o)burgu\u00e9s. Signo: antiguas casonas (hoy) compartimentadas.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuatro notas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vivir-juntos es diferente de cohabitar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la cohabitaci\u00f3n (por ej., compartir los gastos de una vivienda y, como forma m\u00e1s o menos extrema, la experiencia del allegamiento) predominar\u00eda la necesidad antes que el deseo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el vivir-juntos hay por supuesto necesidad, pero, principalmente, hay deseo -para no decir <em>utop\u00eda<\/em> o siquiera <em>proyecto<\/em>-. Un deseo que es tan institucional como econ\u00f3mico; tan familiar como amoroso (o amistoso).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El deseo del vivir-juntos tiene que ver con los afectos, la intersubjetividad y con el poder: en la medida en que ese deseo ordena el mundo en un adentro y un afuera, interioridad y exterioridad, en intimidad y exposici\u00f3n, en espacio privado y p\u00fablico, en instituciones y m\u00e1rgenes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Precisamente, el libro comienza trazando algunas de estas l\u00edneas:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">[No] sabemos de qu\u00e9 se trata una casa. Solo conocemos la posesi\u00f3n del espacio. Un adentro y un afuera. La forma en que los m\u00fasculos y las distancias se aflojan o se tensan al cruzar una habitaci\u00f3n. No somos los mismos entre lo que cubre el techo y los pasos que contamos al caminar por las veredas. Cu\u00e1nto material, cu\u00e1nto espacio in\u00fatil nos separa (\u2026). Estar juntos siempre es desertar (9).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Digamos, antes de continuar: como casas y departamentos, los libros tienen diferentes puertas. Yo, aqu\u00ed, solo me limitar\u00e9 a elegir algunas puertas de entrada (o salida) al libro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Barthes dict\u00f3 el curso <em>C\u00f3mo vivir juntos<\/em> (Coll\u00e8ge de France, 1976-1977), la pregunta sobre el vivir comunitario, lo com\u00fan y la comunidad ven\u00eda siendo planteada de una u otra forma en el espacio pol\u00edtico y acad\u00e9mico en el que se desenvolv\u00eda. Era una pregunta de \u00e9poca [es tambi\u00e9n una pregunta de nuestra \u00e9poca]. Sin embargo, la especificidad del problema que se plantea Barthes en el curso es, por supuesto, literaria y, en ese sentido, explora versiones del vivir-juntos que encuentra en novelas como <em>Robinson Crusoe <\/em>de Daniel Defoe o <em>La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> de Thomas Mann, en libros de historia antigua o ensayos como <em>El verano griego <\/em>de Jacques Lacarri\u00e8re, de donde rescata la noci\u00f3n de <em>idiorritmia <\/em>[gr. <em>idios <\/em>(propio) + <em>rythm\u00f3s <\/em>(ritmo) \u2248 la vida que se vive a un ritmo propio].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El problema que explora -a pesar de su especificidad disciplinaria-, parece apuntar fuera de lo literario, hacia lo que enuncia en t\u00e9rminos generales como una contradicci\u00f3n: \u201cQuerer vivir solos y querer vivir juntos\u201d (Barthes, 47); o como un \u201cvivir juntos \u2018bien\u2019, cohabitar \u2018bien\u2019\u201d (47) que, en tanto deseo, vendr\u00eda a plantearse como la fuerza fantasm\u00e1tica de la experiencia (<em>deseable<\/em>) del vivir-juntos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otro momento, tanto para desembarazarse del tema del discurso amoroso -tema del que hizo un curso (\u00c9cole des hautes \u00e9tudes en sciences sociales, 1974-1976) y public\u00f3 un libro titulado, <em>Fragmentos de un discurso amoroso<\/em> (1977)- como para avanzar hacia la definici\u00f3n del car\u00e1cter marginal de las im\u00e1genes o simulaciones del vivir-juntos que le interesan, aclara que \u201cno es el Vivir-de-a-Dos\u201d lo que quiere explorar, sino \u201cun fantasma de vida, de r\u00e9gimen, de g\u00e9nero de vida (\u2026). Algo como una soledad interrumpida de manera regulada: la paradoja, la contradicci\u00f3n, la apor\u00eda de una puesta en com\u00fan de las distancias\u201d (49).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Delineado de esta manera, hecho el \u00e9nfasis en el g\u00e9nero de vida (con reglas, distancias y ritmos), el tema del curso encuentra su concreci\u00f3n en modos de existencia hist\u00f3ricamente situados:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>las formas de vida solitaria (de eremitas y anacoretas, por ejemplo) anteriores al edicto del emperador Teodosio I en el a\u00f1o 380, por el que el cristianismo cambi\u00f3 su estatuto de religi\u00f3n perseguida a religi\u00f3n oficial del Imperio Romano<\/li>\n<li>y la <em>idiorritmia <\/em>como g\u00e9nero de vida suscitado en los m\u00e1rgenes del Monasterio de la Gran Laura, instaurado en el a\u00f1o 913 por San Atanasio en el monte Athos (territorio hoy aut\u00f3nomo bajo soberan\u00eda griega, protegido por la UNESCO, en donde perviven 20 monasterios ortodoxos. La entrada a mujeres y ni\u00f1os est\u00e1 prohibida).<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la revisi\u00f3n que realiza Barthes de ambos hitos, existen dos claves que configuran la din\u00e1mica sutil del poder (o de \u201clos poderes\u201d), que es el horizonte con el que se encuentra a cada tanto respecto de su discurrir sobre el problema de vivir-juntos:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>por un lado, la institucionalizaci\u00f3n de un modo de existencia comunitario (el <em>coenobium<\/em>, convento o monasterio)<\/li>\n<li>y, por otro, la marginalizaci\u00f3n de g\u00e9neros de vida solitaria como las de eremitas y anacoretas.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este sentido, y en principio, el vivir-juntos que busca Barthes vendr\u00eda a situarse entre lo que reconoce como \u201cdos formas excesivas\u201d: la soledad del eremitismo y la integraci\u00f3n regimentada del convento; por el rescate de \u201cuna forma media, ut\u00f3pica, ed\u00e9nica, id\u00edlica: la <em>idiorritmia<\/em>\u201d (52) que, en t\u00e9rminos hist\u00f3ricos, refiere al g\u00e9nero de vida solitario del semianacoretismo desarrollado en los m\u00e1rgenes de los monasterios comunitarios del monte Athos en el siglo X (Lacarri\u00e8re, citado en Barthes, 49, nota 21).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La <em>idiorritmia<\/em>, a la vez marginada e integrada, da cuenta del gesto de rescate de Barthes de formas de vida <em>deseables <\/em>(ya que habr\u00eda otras formas <em>indeseables<\/em>, \u201cfantasmas horribles\u201d) del vivir-juntos, que permitan participar en la sociedad y el presente <em>esquivando<\/em>, <em>enga\u00f1ando<\/em>, <em>haci\u00e9ndole trampas<\/em> a los ritmos que impone el poder (<em>cf.<\/em> Barthes. \u201cLecci\u00f3n inaugural\u201d).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos g\u00e9neros de vida se suceden en el curso caracterizados una y otra vez en su relaci\u00f3n negativa con el poder, al punto de reconocer en dicha relaci\u00f3n su \u201c\u00fanico principio estable\u201d. Anota Barthes: \u201cLo que el poder impone ante todo es un ritmo (de todas las cosas: de vida, de tiempo, de pensamiento, de discurso). La demanda de <em>idiorritmia<\/em> [a saber, de una vida vivida a un ritmo propio] se hace siempre contra el poder\u201d (81). En este sentido, las formas de vida idiorr\u00edtmicas muestran una ambivalencia: son tan contrarias a cualquier otra forma de vida comunitaria, social o familiar [entendidas estas como \u201cgrandes formas represivas\u201d (52)], como insostenible (o derechamente imposible) ser\u00eda una forma de vida purificada de poder.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el seno de esta din\u00e1mica compleja, con visos de contradicci\u00f3n, se demanda un <em>ritmo propio<\/em> de vida que sortee las perturbaciones que producen los ritmos impuestos por las reglas y reg\u00edmenes de la lengua y las instituciones. El deseo de la <em>idiorritmia<\/em> (esa \u201csoledad interrumpida de manera regulada\u201d), en la medida en que se relaciona de manera negativa con los poderes, no puede sino ser vigilado por las comunidades, entendidas estas como garantes de g\u00e9neros de vida com\u00fan. Aqu\u00ed, Barthes identifica expl\u00edcita y r\u00e1pidamente la construcci\u00f3n social de lo com\u00fan con las ideas de norma y normalizaci\u00f3n (\u201cla norma es lo com\u00fan\u201d (146), anota).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque m\u00e1s o menos compleja, esta din\u00e1mica sutil del poder no carece de una dimensi\u00f3n material: el problema pol\u00edtico -deslizado al paso- de la opresi\u00f3n social de \u201clas marginalidades\u201d (146). Barthes nos dice que el poder -ubicuo, plural, perpetuo-, adem\u00e1s de las t\u00e1cticas de represi\u00f3n policial, persecuci\u00f3n pol\u00edtica y social, utiliza otras herramientas m\u00e1s sutiles: de integraci\u00f3n del margen a partir de su vigilancia, control, o su codificaci\u00f3n institucional. Sugiere entonces que lo que se condena en el eremita, lo que se condena de la vida solitaria, as\u00ed como lo que se condena en la figura del <em>loco<\/em>, es su anormalidad: que no participe, no se integre a los g\u00e9neros de vida com\u00fan: \u201cDe all\u00ed, la posici\u00f3n exorbitante, por ser neutra: no est\u00e1 ni a favor ni en contra del poder (\u2026), quiere mantenerse fuera. Lo cual es insostenible; de all\u00ed, la intensa tensi\u00f3n social provocada por el loco, el marginal\u201d (145).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En alg\u00fan lugar era posible suponer que en sus cuerpos estaban impresos los grafismos de todos los otros -lo institucional- que encarnaban en ellos un destino posible, alarmante, al traspasar la frontera de la ley transitoria de la ciudad: la ocupaci\u00f3n permanente del espacio p\u00fablico, de la v\u00eda p\u00fablica a costa de una voluntaria intemperie existencial (Eltit, Diamela, 14).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El Padre M\u00edo<\/em> (1989) de Diamela Eltit es la recolecci\u00f3n de tres momentos de habla de un <em>loco<\/em> que \u201chabitaba en un eriazo de la comuna de Conchal\u00ed\u201d, registrados en la d\u00e9cada de 1980. Un habla <em>fuera de norma<\/em>, que se hace legible a partir de su montaje y relocalizaci\u00f3n institucional (el g\u00e9nero del testimonio, la investigaci\u00f3n, el reportaje literario, encabezado por una escritura autorizada en un pr\u00f3logo -entre comillas- \u201cnormalizador\u201d o, en otras palabras, que codifica est\u00e9ticamente dicha habla). Sin embargo, esta relaci\u00f3n de poder que podr\u00edamos plantear de manera inmediata entre la autora y la presencia de un cuerpo reducido a \u201cuna violenta exterioridad\u201d, no agota el gesto sin dudas dial\u00f3gico y disidente de una escritora como Eltit, respecto de las otras escrituras y discursos que constitu\u00edan su contemporaneidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero si esta segunda puerta de salida al libro nos conduce a alguna parte aqu\u00ed, es por otras razones. Principalmente, por la caracterizaci\u00f3n que realiza de la exterioridad de quienes llama \u201cvagabundos urbanos\u201d:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>construida por medio de la acumulaci\u00f3n del desecho social e institucional, la \u201csaturaci\u00f3n de prendas\u201d y la \u201ccarnalidad maquillada de tierra\u201d, que contraven\u00edan \u201cel estereotipo del cuerpo higienizado y vestido seg\u00fan la l\u00f3gica de la composici\u00f3n oficial\u201d (12)<\/li>\n<li>la exterioridad de los vagabundos (sin lugar, sin privacidad, sin adentro) transgrede la ley del espacio p\u00fablico (su car\u00e1cter transitorio, de paso) ocup\u00e1ndolo permanentemente.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">En dicha exterioridad del vagabundo urbano, Eltit busca las im\u00e1genes negativas que -como el negativo fotogr\u00e1fico- posibiliten la obtenci\u00f3n de un positivo: la ciudad dictatorial, la composici\u00f3n de sus cuerpos y costumbres. En los vagabundos -autoconstituidos en \u201cornamentos\u201d, \u201cfachadas\u201d o \u201cesculturas\u201d a partir de un \u201ctrabajo con la apariencia y la exterioridad\u201d-, Eltit se\u00f1ala la precariedad de la \u201cinterioridad arquitect\u00f3nica\u201d de las instituciones que devuelve al problema del vivir-juntos una de sus determinaciones m\u00e1s cabales: el asunto de la mirada:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por esto, era posible enlazar la idea que estaban dispuestos as\u00ed para la mirada, para obtener la mirada del otro, de los otros y que todo ese barroquismo [su apariencia excesiva, construida a partir de la acumulaci\u00f3n de desechos] encubr\u00eda la necesidad de conseguir ser mirados, ser admirados en la diferencia l\u00edmite tras la cual se hab\u00edan organizado (13).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Atendiendo al paisaje que se abre tras esta puerta, si el problema del vivir-juntos parec\u00eda suponer de alguna manera la interioridad (un espacio o una ficci\u00f3n cotidiana interior, \u00edntima y propia frente al espacio p\u00fablico y pol\u00edtico al que se opon\u00eda), en estas im\u00e1genes observamos algo muy distinto: el margen que -como punto de vista ahora- posibilita mirar lo \u00edntimo a plena luz, a la intemperie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Figuras, puertas y pasillos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un pasillo var\u00eda en extensi\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">estrategias de orden nos plagan<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ancho y altura<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">son sentimientos humanos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">toda ciudad es una casa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">un hombre aparece<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">golpea las junturas de los vanos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ahora vivimos juntos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00e9l espera que caiga nuestra puerta<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">su venganza es lo material<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">as\u00ed se decidieron nuestras habitaciones<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">cambios en el sentido del pavimento<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">su textura una lengua grabada<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">direcciones en placas de metal<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">el color de una puerta<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">maceteros para gobernar un balc\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">pero esta ventana quebrada<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">pone sobre la mesa a los vecinos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">qu\u00e9 de nosotros podr\u00edan robar<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">en la carne de los objetos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfhay algo realmente propio que perder?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">preguntas desde cu\u00e1ndo existe el corredor<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">desde cu\u00e1ndo existe el afuera<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">si de verdad hemos salido<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">despu\u00e9s de compartirnos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">todo nos fue dado<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">por necesidad humana<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">estamos vendados en un callej\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">alguien m\u00e1s aguarda otro descuido<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfsabr\u00edas decir si tambi\u00e9n es humana<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">nuestra necesidad?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Cardemil, 21-22).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La presencia de l\u00edneas, m\u00e1rgenes, l\u00edmites representados en el cono de luz que entra por la ventana, la jaula de sombra que proyectan las gr\u00faas de la construcci\u00f3n pr\u00f3xima sobre las paredes (29), los muros ciegos (44), acent\u00faan la ambig\u00fcedad del espacio interior, por la que se reconfigura la oposici\u00f3n espacial entre interioridad y exterioridad, como dimensiones complementarias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otro poema de <em>El amor oscuro<\/em> se lee una versi\u00f3n alternativa de estas met\u00e1foras de luz y sombra que insin\u00faa el adentro (y all\u00ed, lo propio, lo privado, lo interior, lo \u00edntimo) como un espacio contaminado de afuera:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Te sacas la capucha<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">dejas el abrigo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">te descalzas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">la calle solo entra<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">con piedrecillas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">en las ranuras del zapato<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(\u201cEntrada\u201d, 25).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son, como podr\u00eda desprenderse del libro, oposiciones ideol\u00f3gicas, propias de los ritmos que el poder impone a los espacios, instaladas discursivamente sobre las innegables diferencias sociales cualitativas entre vivir al interior y vivir en el exterior. Oposiciones visibles a plena luz por la conciencia de la porosidad de los l\u00edmites entre espacio p\u00fablico y privado que entrega el margen como punto de vista cr\u00edtico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante esta conciencia, la configuraci\u00f3n normalizadora de los ritmos de vida tiene efectos en el nivel subjetivo. En <em>El amor oscuro<\/em> estos efectos se sintetizan en el miedo a verse expuesto, el miedo a ser visto o descubierto a trav\u00e9s de la ventana abierta o quebrada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Muros ciegos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuestro miedo ocupa el espacio<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">lo recorre de puntillas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">la ventana abierta hacia otro bloque<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">nos invita a descendernos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">en un secreto adolescente<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">el filo de las luces se cuela<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">en nuestra falta de artificios<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">las zapatillas montadas en un rinc\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">la puerta admite claridad suficiente<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">para distinguirlas de la sombra del ropero<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">sumergimos el abdomen con cari\u00f1o<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">toda extremidad se suelta<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">encontramos un muro<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">sin agujeros (44).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En <em>El amor oscuro <\/em>veo una subjetividad celosa ante lo p\u00fablico, de s\u00ed misma y sus afectos. Y a partir de ella, una configuraci\u00f3n espacial:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>por un lado, la afirmaci\u00f3n de la persistencia del deseo de un adentro como b\u00fasqueda de intimidad<\/li>\n<li>por otro, la realidad del exterior que se cuela:\n<ul>\n<li>por la ventana: como luz, sombra y mirada<\/li>\n<li>por la puerta: como residuo.<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta configuraci\u00f3n est\u00e1 atravesada por la experiencia del miedo, que impele al sujeto a: estar \u201calerta frente a las amenazas\u201d, resguardar \u201clo que podr\u00eda asediar lo construido\u201d, a buscar \u201clo \u00edntimo contra lo p\u00fablico\u201d (69). En este sentido -el sentido que lanza la mirada exterior que entra por la ventana- el miedo pareciera alojarse en la posibilidad m\u00e1s o menos cierta de que el interior se vuelque de manera completa al exterior. Y quiz\u00e1s en este miedo radique la insistencia en la configuraci\u00f3n de espacios tenues, de semisombra: vestidos de luz que cubran una exterioridad que aparece como constitutiva de la identidad, una exterioridad que nos recuerda que todxs estamos m\u00e1s o menos lejos o dispuestos para la mirada de otro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2026 me visitan chicos de alguna comunidad cristiana que solo tienen una imposici\u00f3n de venir, por compasi\u00f3n, a la casa de reposo. (\u2026)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ellos observan mi cuerpo, mi ajado cuerpo, miran mis ojos, piensan en m\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPiensan en m\u00ed? \u00bfEn m\u00ed? (\u2026)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">me pregunto: \u00bfqu\u00e9 ven cuando me ven?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfVen acaso el desequilibrio, este aplanamiento, estas ausencias, este hundimiento en la realidad? Me pregunto:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 ven cuando me ven?\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Rivera, Ximena, 132-133)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">La monoton\u00eda de la <em>Casa de reposo<\/em> (2013) de Ximena Rivera \u00d3rdenes es interrumpida por los horarios de visita. Monoton\u00eda e interrupci\u00f3n son estancias del r\u00e9gimen altamente ritmado en el que ancianxs y enfermxs viven sus d\u00edas en la casa de reposo de la calle Pompeya, como en el seno de una \u201cmadre maligna\u201d (130).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El \u00e9nfasis en la repetici\u00f3n de la pregunta que cuestiona los motivos de las visitas comunitarias (\u201c\u00bfqu\u00e9 ven cuando me ven?\u201d) construye, me parece, un desplazamiento de nuestras expectativas, que anula la pregunta por la continuidad para el otro de una identidad (entendida aqu\u00ed como imagen de s\u00ed repetible en el tiempo).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El contenido de la pregunta y el hipot\u00e9tico contenido de una respuesta elidida no parecen relevantes en el texto de Rivera pues, finalmente, es ella misma quien responde en su examen de las expectativas que lee en las visitas comunitarias (\u201cdesequilibrio\u201d, \u201caplanamiento\u201d, \u201causencias\u201d, \u201chundimiento en la realidad\u201d), adem\u00e1s del hecho de su evidente car\u00e1cter excepcional como habitante de la casa de reposo (es m\u00e1s joven, no est\u00e1 enferma). Escribe: \u201cUn detalle perturbador: ellos cre\u00edan que iba a dejar ah\u00ed a alguien enfermo o anciano de mi familia (\u2026) busqu\u00e9 el \u00faltimo rinc\u00f3n en el que yo podr\u00eda quedarme\u201d (130). El elemento que desplaza las expectativas no es el contenido, el \u201cqu\u00e9\u201d de la pregunta, sino el \u00e9nfasis en el verbo \u201cver\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ser otro. As\u00ed como lo plante\u00f3 Diamela Eltit en <em>El Padre M\u00edo<\/em>, m\u00e1s que un asunto de norma y normalizaci\u00f3n, pareciera ser que el problema de la otredad es tambi\u00e9n de orden est\u00e9tico, est\u00e1 determinado por quien mira. Otro: quien est\u00e1 dispuesto a la mirada. Hacia el final de los fragmentos de este diario de (sobre)vida que pudiera ser <em>Casa de reposo<\/em>, Rivera pone el acento en la relaci\u00f3n de poder constituida por la mirada: \u201cA los ojos de otros soy una enferma entre enfermos\u201d; pero termina concluyendo que para poder-vivir en ese lugar, \u201cla clave es que perdemos la intimidad\u201d (134).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la exterioridad de base que se\u00f1ala la mirada, Rivera suma otra cualidad, que expone la dimensi\u00f3n est\u00e9tica de la otredad a la luz de un poder sin cuerpo, inasible: la p\u00e9rdida de la <em>intimidad<\/em> en la casa de reposo, es -antes de todo- la p\u00e9rdida de la \u201chabilidad de un individuo o grupo de mantener sus vidas y actos personales fuera de la vista del p\u00fablico\u201d (135), como se lee en la definici\u00f3n que a manera de ep\u00edgrafe encabeza el quinto y \u00faltimo fragmento del texto. El relato de Rivera no parece ser comprensible solamente como la experiencia de un estar dispuesta a la mirada (como autoconstituci\u00f3n barroca), sino la de un no poder m\u00e1s que estar arrojada a la mirada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No me cost\u00f3 mucho sufrir esos cinco o seis a\u00f1os fuera del mundo: sin duda yo ten\u00eda disposiciones caracterol\u00f3gicas para \u2018la interioridad\u2019, para el ejercicio solitario de la lectura. \u00bfLo que esos a\u00f1os aportaron? Una forma de cultura, seguramente. La experiencia de un \u2018vivir-juntos\u2019 que se caracterizaba por una excitaci\u00f3n inmensa de las amistades, la seguridad de tener a los amigos cerca de m\u00ed, todo el tiempo, sin estar jam\u00e1s separado\u201d (Barthes, 2005b, 223-224).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una entrevista realizada el mismo a\u00f1o en que desarrollaba el curso (\u201c\u00bfPara qu\u00e9 sirve un intelectual?\u201d. <em>Le nouvel observateaur<\/em>. 10 enero de 1977), Barthes refiere su experiencia del sanatorio en donde se intern\u00f3, entre 1942 y 1946, para mejorar de tuberculosis (ese \u201cverdadero g\u00e9nero de vida\u201d). De este tiempo, circula en la Web alguna fotograf\u00eda del mismo Barthes, joven, en bata, mirando a la izquierda sonriente, apoyado en la biblioteca de uno de los sanatorios en la alta monta\u00f1a donde se intern\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s all\u00e1 de su pretensi\u00f3n, la cita de arriba me importa pues cristaliza la reflexi\u00f3n acerca del vivir-juntos en un deseo (el deseo que sirve como motivo del trabajo exploratorio del curso): vivir en soledad, rodeado de amigos. Un modo de vida que tiene la lectura como pr\u00e1ctica principal: el sanatorio, con su tiempo lento y subjetivo, se parece a la biblioteca, en donde la interioridad -vivida como lectura silenciosa y solitaria, \u201cfuera del mundo\u201d, \u201cfuera de la vista\u201d- se practica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es esta idealizaci\u00f3n, esta elevaci\u00f3n de la experiencia (de lectura) que en su grado m\u00e1s alto pareciera exigir la sustracci\u00f3n del (resto del) mundo -a saber, el escape a la pol\u00edtica, el lenguaje y toda versi\u00f3n de la realidad que obligue a tomar posici\u00f3n (ideas que Barthes desarrolla posteriormente en el curso sobre lo neutro-; es esta idealizaci\u00f3n, dec\u00eda, la que se sit\u00faa como fondo contrastivo para el conjunto de figuras (el monje, el lector, el <em>loco<\/em>, el marginal) que delinea en el discurrir contradictorio de las notas del curso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son sin duda trazos gruesos (el poder \u201cubicuo\u201d, \u201cplural\u201d, \u201cperpetuo\u201d) que facilitan el reconocimiento de esas figuras despojadas de poder y, a partir de ellas, la intenci\u00f3n de hacer de la escritura un acto todav\u00eda posible en los espacios opresivos en que su ejercicio parece tambalear.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Valga una salvedad -un <em>recordatorio<\/em>-, cuando decimos escritura aludimos al hecho de <em>escribir en un espacio y un tiempo determinados<\/em>; a saber: escribir en un margen (el sanatorio, la biblioteca, la casa de reposo, por ejemplo); y en una temporalidad relativa [hecha de relaciones], la contemporaneidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Coda o cuarta puerta de salida: Gonzalo Mill\u00e1n, <em>Drag\u00f3n que se muerde la cola <\/em>(1984)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>VI<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lanzo por la ventana<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">todo el mobiliario<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">del comedor, del dormitorio<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">y de la sala;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">los muebles de cocina<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">y la vajilla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desmantelo el techo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">el piso y las paredes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sumo todo lo que resta<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">y al fin arrojo la ventana<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">tras de la cual me descubro<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">al otro lado de la calle,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">en un sitio eriazo, solo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(71).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Barthes, Roland (1993). \u201cLecci\u00f3n inaugural de la c\u00e1tedra de semiolog\u00eda ling\u00fc\u00edstica del Coll\u00e8ge de France, pronunciada el 7 de enero de 1977\u201d. <em>El placer del texto<\/em>. M\u00e9xico: Siglo XXI Editores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211; (2005). <em>C\u00f3mo vivir juntos: simulaciones novelescas de algunos espacios cotidianos<\/em>. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211; (2005b). <em>El grano de la voz: Entrevistas 1962-1980<\/em>. Espa\u00f1a: Siglo XXI Editores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cardemil, Francisco (2022). <em>El amor oscuro<\/em>. Santiago de Chile: Libros del Pez Espiral.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eltit, Diamela (1998). <em>El Padre M\u00edo<\/em>. Santiago: Francisco Zegers.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mill\u00e1n, Gonzalo (1997). \u201cDrag\u00f3n que se muerde la cola\u201d. Trece lunas. Santiago de Chile: FCE.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rivera, Ximena (2016). \u201cCasa de reposo\u201d. <em>Obra completa<\/em>. Valpara\u00edso: Ediciones Libros del Cardo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>V\u00edctor Quezada<\/strong><\/p>\n<p>Foto de portada de Mona Hatoum<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-3777\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/portada-El-amor-oscuro-Cardemil-619x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"378\" height=\"626\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/portada-El-amor-oscuro-Cardemil-619x1024.jpeg 619w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/portada-El-amor-oscuro-Cardemil-181x300.jpeg 181w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/portada-El-amor-oscuro-Cardemil-768x1270.jpeg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/portada-El-amor-oscuro-Cardemil-929x1536.jpeg 929w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/portada-El-amor-oscuro-Cardemil-1238x2048.jpeg 1238w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/portada-El-amor-oscuro-Cardemil-1040x1720.jpeg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/portada-El-amor-oscuro-Cardemil-1200x1984.jpeg 1200w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/portada-El-amor-oscuro-Cardemil.jpeg 1467w\" sizes=\"auto, (max-width: 378px) 100vw, 378px\" \/><\/p>\n<p>El amor oscuro<br \/>\nFrancisco Cardemil<br \/>\nPez Espiral<br \/>\n2022<br \/>\n106 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la medida en que avanzaba en la lectura de El amor oscuro (Santiago de Chile: Libros del Pez Espiral, 2022), libro de poes\u00eda de Francisco Cardemil P\u00e9rez (Santiago, 1995), se fueron formando algunas interrogantes respecto de: los espacios que habitamos o compartimos la habitabilidad de esos espacios las formas en las que los habitamos. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":104,"featured_media":3778,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[443],"tags":[],"class_list":["post-3748","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-resena"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3748","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/104"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3748"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3748\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3780,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3748\/revisions\/3780"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3778"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3748"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3748"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3748"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}