{"id":3572,"date":"2022-05-23T09:21:20","date_gmt":"2022-05-23T12:21:20","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3572"},"modified":"2022-05-23T09:22:45","modified_gmt":"2022-05-23T12:22:45","slug":"literatura-y-deseo-por-andrea-kottow","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/05\/23\/literatura-y-deseo-por-andrea-kottow\/","title":{"rendered":"Literatura y deseo \u2013 Por Andrea Kottow"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1s el mito m\u00e1s emblem\u00e1tico de la tradici\u00f3n literaria con relaci\u00f3n al deseo es el de Don Juan. Figura revisitada en diversos momentos de la historia de la literatura, Don Juan llega a ocupar el lugar de quien est\u00e1 atravesado por la imposibilidad de satisfacer su deseo. Cuando ha obtenido a la mujer de sus sue\u00f1os, estos \u00faltimos ya han desplazado el escenario de su demanda, para hacer emerger a otra mujer, quien, ahora s\u00ed, ser\u00eda la culminaci\u00f3n de toda imaginaci\u00f3n. El deseo, no obstante, resulta escurridizo, como una anguila, no dej\u00e1ndose atrapar, no dej\u00e1ndose nunca colmar. S\u00ed, admit\u00e1moslo, el deseo es movedizo, cambia de objeto y traiciona cualquier fidelidad que se le haya podido exigir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tanta fuerza cobra la figura de Don Juan\u2014desde su aparici\u00f3n en <em>El burlador de Sevilla<\/em> <em>o el Convidado de piedra<\/em>, escrito por Tirso de Molina, para muchos el inventor del personaje, en 1630\u2014, que el m\u00f3vil de su actuar se convierte en un s\u00edntoma, el del as\u00ed llamado donjuanismo. Es, sin lugar a duda, una reinterpretaci\u00f3n moderna del mito, donde este pierde su cinismo, para poner el acento en el burlador y sus rec\u00f3nditos m\u00f3viles, m\u00e1s que en las f\u00e9minas enga\u00f1adas en tanto v\u00edctimas. Al adentrarnos en el \u00e1mbito de la sintomatolog\u00eda, pisamos terreno complejo: el de la enfermedad y el sufrimiento. El donjuanismo se vuelve un padecer m\u00e1s que una gracia o una maldad. No se tratar\u00eda, en el caso de Don Juan, de un mujeriego descorazonado, que se jacta de la seguidilla de sus conquistas, ni tampoco de un insaciable deseo sexual. Es, m\u00e1s bien, un seductor que se duele <em>en<\/em> y <em>de<\/em> su insatisfacci\u00f3n. Como dir\u00edan los Rolling Stones: <em>I can&#8217;t get no satisfaction<\/em>. El donjuanismo deviene en condena, una que obliga a seguir y seguir buscando incansablemente, sabiendo que no hay nada que encontrar. Pero no cesa la necesidad de escrutar y tampoco las renovadas ilusiones de que esta vez s\u00ed podr\u00e1 aparecer alguien que llene ese vac\u00edo que la decepci\u00f3n anterior produjo. El sue\u00f1o cumplido de un Don Juan no es la mujer perfecta \u2014pues esta no existe, y Don Juan lo sabe\u2014, sino la claudicaci\u00f3n del deseo. Es el deseo el que produce el movimiento, el que impulsa la b\u00fasqueda, el que, en un c\u00edrculo inacabable, genera ilusi\u00f3n y desilusi\u00f3n, cual p\u00e9ndulo sin fin.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfNo ser\u00e1 Don Juan un pariente de Emma Bovary, otra figura literaria cuya marca de distinci\u00f3n reside en la insatisfacci\u00f3n, convertida adem\u00e1s en s\u00edntoma: el bovarismo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El bovarismo no solo se vuelve cifra de la confusi\u00f3n entre ficci\u00f3n y realidad \u2014lo que por otro lado lo emparenta con el quijotismo\u2014, sino tambi\u00e9n, y he ah\u00ed su signo propiamente moderno, de la perpetua desilusi\u00f3n que la falta de satisfacci\u00f3n produce. <em>Ennui<\/em>: esa mezcla particular de la \u00e9poca entre decepci\u00f3n, desgana y aburrimiento. Emma lee novelas rom\u00e1nticas, donde el amor salva y redime de todo. Pero ah\u00ed donde las novelas amorosas suelen terminar, con su protot\u00edpico final feliz, ah\u00ed comienza la vida, parece decirnos Flaubert. La vida consiste en levantarse todos los d\u00edas y enfrentarse a quien, en alg\u00fan momento, fue la condensaci\u00f3n del objeto del deseo, convertido ahora en un ser al que le suenan las tripas cuando tiene hambre, que ronca al dormir y que no es indemne al paso del tiempo. Esa miseria de la vida cotidiana es la que encarna Charles Bovary, el marido de Emma. El deseo qued\u00f3 encendido por las lecturas de la hero\u00edna de Flaubert, pero se desplaza continuamente, como la libido de Don Juan. Del vizconde del baile en el palacio del marqu\u00e9s d\u2019Andervilliers, al ayudante del farmac\u00e9utico, Le\u00f3n; de este, a la virilidad de Rodolphe. Y cuando Emma cree que su deseo se ver\u00e1 colmado y satisfecho con la emoci\u00f3n que le produce tener una aventura, se ilusiona con eternizar a su amante. Y cuando este la deja, se busca otro. Y cuando la relaci\u00f3n se regulariza, se llena de lujos materiales. La vida de Emma \u2014desde su matrimonio con Charles hasta sus amantes, pasando por su deseo de convertirse en madre, as\u00ed como por sus ext\u00e1ticos arranques religiosos\u2014 no es sino otra existencia trizada por la desilusi\u00f3n. Y es esta decepci\u00f3n con los deseos incumplidos la que lleva a Emma a envenenarse. Primero metaf\u00f3ricamente, y luego con el ars\u00e9nico que le depara una muerte dolorosa y tr\u00e1gica, a la altura de una hero\u00edna de novela rom\u00e1ntica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfCu\u00e1l es la diferencia de este vac\u00edo que marca el deseo insatisfecho y aparentemente insaciable, con otros huecos existenciales descritos por la literatura? \u00bfO es que siempre se manifiesta en las novelas solo una gran sensaci\u00f3n de despojo, eternamente la misma, del ser humano?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me parece que s\u00ed puede identificarse una marca distintiva de ese deseo que parece quedar en \u00f3rbita, con relaci\u00f3n a, por ejemplo, el absurdo como imposici\u00f3n de una existencia sin sentido, tan magistralmente descrita en <em>El mito de S\u00edsifo<\/em> (y literariamente plasmada en <em>El extranjero<\/em>) por Camus. S\u00edsifo, condenado a un movimiento perpetuo, a la realizaci\u00f3n constante de una acci\u00f3n vaciada de cualquier sentido, debe encontrar un punto heroico en la falta de trascendencia. Esto, como plantea Albert Camus, ser\u00eda la humilde resistencia que el sujeto puede oponerle al absurdo y a la tentaci\u00f3n del suicidio, quiz\u00e1 la \u00fanica soluci\u00f3n viable y racional frente a una existencia desprovista ya de cualquier significado.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El deseo implica una demanda a otro o a otros. No se resuelve, ni siquiera en su fracaso, en s\u00ed mismo. Una de las grandes diferencias te\u00f3ricas de Lacan y Freud es que el primero le sustrae cualquier dimensi\u00f3n biol\u00f3gica al deseo en su comprensi\u00f3n de la pulsi\u00f3n. Si el concepto de \u201cTrieb\u201d, tan fundamental para la teor\u00eda psicoanal\u00edtica de Sigmund Freud \u2014y sobre el cual se han sucedido distintas variantes en las traducciones a diferentes lenguas\u2014 se posiciona en un punto liminal entre lo f\u00edsico y lo ps\u00edquico \u2014familiar, entonces, al instinto animal\u2014, la noci\u00f3n de pulsi\u00f3n en Lacan est\u00e1 instalada siempre ya en la dimensi\u00f3n simb\u00f3lica. Y esta, es decir el lenguaje, es necesariamente intersubjetiva. El deseo implica, en Lacan, una exigencia dirigida a otro. Este otro, eso s\u00ed, como en el caso de las mujeres deseadas por Don Juan, no termina por contener lo deseado, pues el deseo se escurre, se mueve, se desplaza. Nada ni nadie puede encarnar el objeto del deseo. El deseo solo se mantiene por su movilidad: no \u201cexiste\u201d fuera de ella. El deseo es movimiento. Y, de este modo, es substituci\u00f3n. Toda la teor\u00eda lacaniana del deseo gana su atractivo y su desesperaci\u00f3n \u2014que quiz\u00e1s no sean una y la misma cosa\u2014 gracias a la imposibilidad de ser satisfecho. Se vuelve cifra de una existencia condenada a querer algo que no se puede obtener, pero que, por cierto, es el m\u00f3vil de cualquier vida. Ese querer algo, de lo que nunca se sabe del todo qu\u00e9 ser\u00eda, pero que marca toda la relaci\u00f3n con un otro significativo, es lo que mantiene vivo. De este modo, el deseo es el que nos empuja, el que nos moviliza \u2014\u00a1qu\u00e9 m\u00e1s triste que la quietud!\u2014, pero apenas alcanzamos lo que hemos imaginado que podr\u00eda llenarnos, nos damos cuenta de que se produjo un traslado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Toda historia de amor, en este sentido, termina cuando verdaderamente comienza. Cuando se hace posible. El vac\u00edo escritural que sigue en la literatura a la supuesta culminaci\u00f3n del deseo es sintom\u00e1tico de ello. Las grandes historias de amor de la literatura siempre se inscriben desde su final. O porque la novela termina all\u00ed cuando los amantes por fin se encuentran, o porque mueren una vez que logran unirse \u2014recu\u00e9rdese a <em>Romeo y Julieta<\/em> o <em>Trist\u00e1n e Isolda<\/em>\u2014, o porque toda la historia transcurre en un antes o en despu\u00e9s de esa historia inconclusa, o que quiz\u00e1s ya fue claudicada por un destino imposible \u2014pi\u00e9nsese en Hamlet y Ofelia, o Don Quijote y Dulcinea; m\u00e1s contempor\u00e1neamente en la novela <em>Miss Dalloway<\/em>, de Virginia Woolf, donde lo incumplido se cifra tanto en Sally como en Peter, los dos grandes amores de Clarissa Dalloway. Y tambi\u00e9n est\u00e1 <em>Stoner<\/em>, de John Williams, en el que algo as\u00ed como el amor \u201cverdadero\u201d, el encuentro que satisface por completo la b\u00fasqueda de un sujeto con otro, es fugaz y debe perderse irremediablemente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la literatura no existe una historia de un amor que perdure y se imponga sobre la historia y el tiempo, pienso. Podr\u00edamos especular, entonces, que no habr\u00eda literatura sin deseo. Y el deseo siempre es movimiento en pos de algo que siempre ya se ha trasladado m\u00e1s all\u00e1. Porque no hay literatura donde el deseo se ha satisfecho. Porque se acaba la escritura en tanto se acaba el deseo. Porque se impone la muerte frente al horizonte que abre el deseo colmado. Porque solo el deseo hace necesitar la escritura, la lectura, la literatura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los rom\u00e1nticos, que vieron en el amor el fin \u00faltimo de cualquier existencia, muestran las ansias afectivas y er\u00f3ticas como un imposible. El objeto del deseo es inalcanzable, quiz\u00e1s porque precisamente esa caracter\u00edstica \u2014la de ser imposible\u2014 sea lo que convierta al objeto en deseable. En esto se podr\u00eda parecer el amor rom\u00e1ntico al amor cort\u00e9s, que se desvive en gestos que encierran su sentido en s\u00ed mismos, pues no pueden, estructuralmente, llevar a la dama a amar de vuelta a su servidor. Tampoco tendr\u00edamos, por su lado, a un Werther, con la grandeza que lo caracteriza, si Lotte dejara a Albert para convertirse en pareja del artista deseante. Todo el t\u00f3pico del amor, en el romanticismo, se marca desde su imposibilidad. Y no tan solo porque no habr\u00eda historia que narrar, sino \u2014y volv\u00e1monos lacanianos\u2014 porque el deseo depende de que no puede ser llenado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pensemos el deseo como insatisfacci\u00f3n: el deseo existe cuando se mantiene el hambre. Si se satisficiera, quedar\u00eda el silencio. Y la literatura nada tendr\u00eda que decir al respecto. No podr\u00eda sino callar. Ausencia de palabras. De pronto las palabras no son sino otra manifestaci\u00f3n de una marca de insatisfacci\u00f3n, de una b\u00fasqueda por llenar un vac\u00edo que no somos capaces de colmar y, por lo dem\u00e1s, nunca de nombrar del todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Roberto Bola\u00f1o cuenta una hermosa y triste an\u00e9cdota respecto de la enfermedad que lo acech\u00f3 durante a\u00f1os y que lo llevar\u00eda a una muerte demasiado temprana. Un d\u00eda, relata, en el hospital al cual debe acudir para sus controles habituales por su insuficiencia renal, el m\u00e9dico no le tiene buenas noticias sobre su salud. Tras salir de esa entrevista, se sube a un ascensor y se encuentra, casualmente, con una doctora. Una doctora que, en sus propias palabras, no \u201cestaba nada mal\u201d. Dice Bola\u00f1o que, frente a la posibilidad de morir, lo que se impone es el deseo, en tanto fuerza que impera por encima de cualquier posible satisfacci\u00f3n. Ante la noticia que le acaba de ser comunicada \u2014que la muerte puede ser inminente\u2014, lo \u00fanico que le queda es el deseo. Bola\u00f1o lo expresa en palabras m\u00e1s profanas: \u201cFollar es lo \u00fanico que desean los que van a morir. Follar es lo \u00fanico que desean los que est\u00e1n en las c\u00e1rceles y en los hospitales. Los impotentes lo \u00fanico que desean es follar. Los castrados lo \u00fanico que desean es follar\u201d. Lo que resta, entonces, es el deseo de follar. Pero, y eso me parece lo notable de su relato, no se trata de tener sexo con esa doctora, esa mujer en particular, sino del deseo mismo, que puede encarnarse en este o aquel cuerpo, pero m\u00e1s bien se despersonaliza: es un deseo puro. La vida depende del deseo, y la muerte es el pozo oscuro donde nada hay ya que desear. Ya nada ni nadie puede ser deseado ni deseable. La muerte, vista en este sentido, es inquietud, falta de curiosidad, desgana de obedecer a cualquier impulso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Andrea Kottow<\/strong><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de portada de\u00a0<strong>Denis Roche<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"442\" height=\"683\" class=\"alignleft size-full wp-image-3573\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/Captura-de-Pantalla-2022-05-23-a-las-09.14.56.png\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/Captura-de-Pantalla-2022-05-23-a-las-09.14.56.png 442w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/Captura-de-Pantalla-2022-05-23-a-las-09.14.56-194x300.png 194w\" sizes=\"auto, (max-width: 442px) 100vw, 442px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Andrea Kottow<br \/>\nFronteras de lo real. Ensayos sobre literatura, enfermedad y psicoan\u00e1lisis.<br \/>\nHueders<br \/>\n2022<br \/>\n120 pp.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quiz\u00e1s el mito m\u00e1s emblem\u00e1tico de la tradici\u00f3n literaria con relaci\u00f3n al deseo es el de Don Juan. Figura revisitada en diversos momentos de la historia de la literatura, Don Juan llega a ocupar el lugar de quien est\u00e1 atravesado por la imposibilidad de satisfacer su deseo. 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