{"id":3552,"date":"2022-05-16T14:41:01","date_gmt":"2022-05-16T17:41:01","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3552"},"modified":"2022-05-16T14:41:21","modified_gmt":"2022-05-16T17:41:21","slug":"sobre-un-amigo-desconocido-en-torno-a-carlos-correas-por-edgardo-cozarinsky","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/05\/16\/sobre-un-amigo-desconocido-en-torno-a-carlos-correas-por-edgardo-cozarinsky\/","title":{"rendered":"Sobre un amigo desconocido (en torno a Carlos Correas) \u2013 Por Edgardo Cozarinsky"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">No conoc\u00ed a Carlos Correas, pero dos textos suyos, distantes en el tiempo, han permanecido en mi recuerdo con una resonancia que limitar\u00eda si la llamase literaria. Pertenecen, m\u00e1s bien, a ese \u00e1mbito l\u00e1bil, mal definido pero no indefinido, por donde se deslizan, y a veces se rozan, la palabra impresa, la experiencia recortada y remendada por el olvido m\u00e1s que por la memoria, la reflexi\u00f3n sobre los a\u00f1os perdidos, gastados entre tedio y enso\u00f1aci\u00f3n y cuyo sentido s\u00f3lo la distancia permite entrever: a\u00f1os que nos gustar\u00eda rescatar, aunque m\u00e1s no fuera para no coincidir una vez m\u00e1s con el ciego infalible (\u2018\u2018le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos en que vivir&#8221;).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Esos textos son el relato &#8220;La narraci\u00f3n de la historia&#8221; y el ensayo, m\u00e1s bien el memorial <em>La operaci\u00f3n Masotta<\/em>. Pero no quiero releerlos ahora, en agosto de 2001, al enterarme tard\u00edamente de que Correas se suicid\u00f3 en diciembre pasado. El suicidio es siempre un acto misterioso y los temporarios sobrevivientes no pueden eludir la tentaci\u00f3n de interpretarlo. Puede prestarle alg\u00fan misterio, por ejemplo, a una autora de best-sellers anodinos, o cierta dignidad a un literato franc\u00e9s m\u00e1s fr\u00edvolo que oportunista. Aunque preferir\u00eda no entrar en ese juego no puedo dejar de pensar que no es extra\u00f1a a la decisi\u00f3n (o al arrebato) de Correas la circunstancia de que su presencia, inc\u00f3moda para el mundo acad\u00e9mico, hab\u00eda sido evacuada con un pretexto reglamentario por colegas y bur\u00f3cratas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo era un demorado estudiante de Letras, m\u00e1s bien un ocioso merodeador de la calle Viamonte, cuando le\u00ed &#8220;La narraci\u00f3n de la historia&#8221;. D\u00edas m\u00e1s tarde, fui testigo del esc\u00e1ndalo provocado por la publicaci\u00f3n de ese cuento, revuelo que a los j\u00f3venes de hoy parecer\u00e1 incre\u00edble, rid\u00edculo. Para m\u00ed su autor era. como Sebreli y Masotta. una silueta familiar e inabordable del barrio de la facultad. Los rodeaba cierto halo novelesco, &#8220;peligroso&#8221; (el periodismo de hoy dir\u00eda \u201ctransgresor\u201d), que los proteg\u00eda del contagio, por otra parte improbable, de tantas chicas casaderas que hac\u00edan tiempo alrededor de la &#8220;carrera&#8221; de Letras (\u00a1ese inveros\u00edmil fin de los a\u00f1os 50!), y a la vez los distanciaba de las j\u00f3venes generaciones que abordaban impacientes el umbral del saber totalizante, prometido por las \u201ccarreras&#8221; nuevas de Sociolog\u00eda y Psicolog\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi antipat\u00eda por la \u00f3rbita de <em>Les Temps Modernes<\/em>, con la que asociaba, a trav\u00e9s de la revista Contorno, a ese tr\u00edo marginal y prestigioso, me hab\u00eda vetado abordarlos; prefer\u00eda entonces la frecuentaci\u00f3n de mayores a la de contempor\u00e1neos, as\u00ed como con los a\u00f1os iba a preferir la de menores, y la lectura de Henry James, reci\u00e9n descubierto, y los <em>new<\/em> <em>critics<\/em> norteamericanos a la de Sartre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Para ese literato que no se atrev\u00eda a escribir. \u201cLa narraci\u00f3n de la historia&#8221; apareci\u00f3 como un meteorito. \u201cMezcla rara de&#8221; Genet y Bernardo Kordon. no eran estas referencias -las \u00fanicas entonces a mi alcance- lo que me atra\u00eda. Era m\u00e1s bien el hecho de descubrir en la p\u00e1gina impresa un mundo cuya existencia conoc\u00eda, cuya realidad hab\u00eda entrevisto, intu\u00eda y fantaseaba. En el relato de Correas, traspuestos sin sentimentalismo pero con impulso rom\u00e1ntico, sin sociologismo pero con precisi\u00f3n, lat\u00edan los datos de la realidad. Era posible -sent\u00ed confusamente- escribir sobre un Buenos Aires innominado, conquistar para la ficci\u00f3n un territorio bastardeado por la cr\u00f3nica period\u00edstica, hacer personajes de criaturas ajenas a la supuesta dignidad de la prosa narrativa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero publicar lo escrito era otro cantar. Intervenciones policiales y judiciales, repudios timoratos por las autoridades de la facultad cuyo centro de estudiantes hab\u00eda publicado en su revista el relato, venta clandestina de esta revista en las librer\u00edas cercanas a la facultad&#8230; Durante unas semanas todo esto hizo crecer el prestigio de Correas por encima del de sus habituales compa\u00f1eros. En lo que me concierne, creo que fue el descubrimiento de <em>The<\/em> <em>Real<\/em> <em>Life<\/em> <em>of<\/em> <em>Sebastian<\/em> <em>Knight<\/em> de Nabokov lo que desvi\u00f3 mi entusiasmo del relato prohibido y de su autor hacia una literatura que me resultaba m\u00e1s congenial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde lleg\u00f3 a manos de aquel lector, ya recubierto de transparentes identidades sucesivas, <em>La operaci\u00f3n Masotta<\/em>. Le lleg\u00f3, es necesario declarar, en Par\u00eds, y la distancia, banal <em>madeleine<\/em> proustiana, se despert\u00f3, infatigable. Con el tiempo, aquel lector se hab\u00eda hecho asiduo de Sebreli. en quien ve\u00eda afianzarse una independencia de criterio y un coraje para publicar sus opiniones que culminar\u00edan en un ensayo como <em>Los deseos imaginarios del peronismo<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De Masotta, en cambio, me hab\u00eda desinteresado por completo. Supongo que su &#8220;lacanizaci\u00f3n&#8221; me lo hab\u00eda identificado con un p\u00edcaro, simp\u00e1tico para unos, insufrible para otros, oportunista para todos; parec\u00eda confirmarlo su instalaci\u00f3n en Espa\u00f1a, en esa ocasi\u00f3n que se conoci\u00f3 como &#8220;destape\u201d, al morir el general\u00edsimo, y que el exilio argentino aprovech\u00f3 para ejercer ante un p\u00fablico desarmado el arte tan porte\u00f1o del chanter\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">(Por m\u00e1s que el <em>Mart\u00edn Fierro<\/em> haya sido entronizado como arquetipo nacional, en el bajo nivel de la experiencia siguen siendo las <em>Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreyra <\/em>las que captaron un &#8220;ser&#8221; argentino que Mart\u00ednez Estrada vislumbr\u00f3 en sus p\u00e1ginas m\u00e1s pesimistas.)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Es decir que abord\u00e9 el libro de Correas llamado por la promesa impl\u00edcita en la palabra &#8220;operaci\u00f3n\u201d del t\u00edtulo. Pens\u00e9 en un ajuste de cuentas, no esperaba la cr\u00f3nica entra\u00f1able de una, de varias \u00e9pocas contiguas, ni el testimonio l\u00facido y temerario. Mi antigua desconfianza por los espect\u00e1culos de la vida intelectual francesa, con su programada caducidad, hab\u00eda multiplicado mi desinter\u00e9s por los ind\u00edgenas que mimaban sus coreograf\u00edas. Dejo a otros, versados en teor\u00eda marxista y psicoan\u00e1lisis, menos ignorantes en filosof\u00eda, la tarea de evaluar las intervenciones de Masotta en el proceso que lo condujo de Merleau-Ponty a Lacan. \u00bfHabr\u00e1 sido nuestro Slavoj Zizek cimarr\u00f3n? Para cierta formaci\u00f3n intelectual anglosajona, poco afecta a someter la literatura a la filosof\u00eda, el pensamiento franc\u00e9s de la segunda mitad del siglo XX ha sido una riqu\u00edsima trama de charlataner\u00eda. <em>And yet, and yet&#8230;<\/em> Basta que asome el fantasma del positivismo l\u00f3gico para elegir la met\u00e1fora, la ficci\u00f3n, la metaf\u00edsica. Si la alternativa es Mario Bunge. el \u00fanico refugio es Heidegger.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El libro de Correas, m\u00e1s all\u00e1 del comentario filos\u00f3fico, descubre aspectos conmovedores y repulsivos de su personaje, pero lo importante en \u00e9l es el narrador, testigo y autor de empresas intelectuales y espejismos ideol\u00f3gicos; Masotta es s\u00f3lo el dudoso Virgilio que conduce a este desencantado Dante por c\u00edrculos y terrazas de un infierno y un purgatorio intercambiables. Parad\u00f3jicamente, alg\u00fan ajuste de cuentas personales, alg\u00fan rapto de malhumor, lejos de distanciar al lector, confirman que el autor es un hombre en quien no hab\u00eda cicatrizado la memoria. As\u00ed se lo ve pasar de la incredulidad a la iron\u00eda ante el pat\u00e9tico n\u00famero de seducci\u00f3n de su personaje (<em>cockteaser, allumeur, franelero<\/em>), que siempre necesita de una v\u00edctima para existir. Su caricatura es cierta &#8220;bohemia\u201d de la \u00e9poca, que Correas tambi\u00e9n evoca; figuras como la Negra Ren\u00e9e y su c\u00edrculo, supuestos &#8220;reventados&#8221; que parecen salidos de esos films norteamericanos donde los peque\u00f1os <em>dealers<\/em> subsisten informando regularmente a la polic\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Una \u00faltima imagen de Masotta permanece en el lector. La escena puede ser pat\u00e9tica pero Correas la describe, reh\u00fasa explicarla. (Acaso no pueda, probablemente no quiera hacerlo.) Esta omisi\u00f3n otorga a las \u00faltimas p\u00e1ginas de <em>La operaci\u00f3n Masotta<\/em> una intensidad, un <em>pathos<\/em>, que rescatan retrospectivamente toda posible endeblez ocasional en los cap\u00edtulos precedentes. (Defectos, si lo son, que no me importan, pues s\u00e9 que para otros estar\u00e1n en otras partes, o en ninguna; que a mi desafecci\u00f3n por ciertas ideas corresponder\u00e1n muchas adhesiones, a mi solidaridad m\u00e1s de un rechazo.)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">La escena, tal como me qued\u00f3 grabada, es la siguiente: Correas camina tarde, de noche, por la avenida Santa Fe. La \u00e9poca es la posterior a la masacre de Ezeiza. aquel 1973 en que Per\u00f3n empez\u00f3 a arrancarse la careta que los montoneros y sus secuaces cre\u00edan haberle pegado, y se muestra, &#8220;profeta velado&#8221;, como lo que nunca hab\u00eda dejado de ser: alguien capaz de asociarse con L\u00f3pez Rega e Isabel Mart\u00ednez. En ese momento en que las tres A ya ejercen el terror de Estado, un autom\u00f3vil sombr\u00edo se detiene ante la librer\u00eda cuya vidriera observa Correas. Como era habitual, tres hombres ocupan el asiento posterior, dos van adelante, y el del centro, atr\u00e1s, parece aprisionado, inmovilizado por sus vecinos. Correas reconoce en \u00e9l a Masotta. Este responde a su mirada con otra, imp\u00e1vida, inescrutable. Instantes m\u00e1s tarde el autom\u00f3vil parte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Para cualquiera familiar con el vocabulario infame de esos a\u00f1os infames, parece tratarse de una operaci\u00f3n de las llamadas \u201clancheo&#8221;, en que un detenido era paseado para que &#8220;marque&#8221; a conocidos o sospechosos. \u00bfEstaba preso Masotta? Correas no propone una hip\u00f3tesis. Esta omisi\u00f3n engrandece a su personaje por el silencio y la fingida indiferencia con que salva a su ex amigo. Consignado en las \u00faltimas p\u00e1ginas del libro, el episodio aparece como un atisbo, m\u00e1s s\u00f3rdido que las abusadas an\u00e9cdotas de desaparecidos, de las menudas lealtades y traiciones que hicieron la dostoievskiana cotidianeidad de la \u00e9poca. Creo, tambi\u00e9n, que referirlo, all\u00ed, es un acto de amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">La homosexualidad, m\u00e1s bien su fantasma, cruza en diagonal pero expl\u00edcitamente las p\u00e1ginas de <em>La operaci\u00f3n Masotta<\/em>. Me pregunto si el libro no le debe mucho de la lucidez con que el autor examina personajes, episodios y compromisos de su pasado. Como en el caso de \u201cLa dolorosa transici\u00f3n&#8221;, ensayo de Sebreli recogido en <em>Escritos sobre escritos, ciudades bajo ciudades<\/em>, la capacidad de atreverse a llamar las cosas por su nombre m\u00e1s encubierto, a no censurarse por temor a los cucos de lo pol\u00edticamente correcto, me parecen derivar de una mirada tangencial. La disidencia sexual, en cuanto marginalidad (aun t\u00e1cita, postergada, olvidada, pero siempre palpitante), ayuda a no ilusionarse con las volubles may\u00fasculas de la Historia. Lejos de la pavada <em>camp<\/em> y su constelaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica, hay aqu\u00ed una intervenci\u00f3n filosa sobre la realidad, cuyo tajo ninguna ficci\u00f3n consoladora anestesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">He le\u00eddo como una novela la historia de Correas, que eligi\u00f3 la sombra en su relaci\u00f3n con el mundo y el saber, contrafigura del amigo \u00e1vido de los reflectores de la moda y la actualidad. Gran parte de la fuerza de <em>La operaci\u00f3n Masotta<\/em> depende para m\u00ed de que su autor sea el de \u201cLa narraci\u00f3n de la historia&#8221;; entre esos hitos publicados, yo leo una vida de intelectual que me parece profundamente, dolorosamente argentina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Escribo estas reflexiones deshiIvanadas a pedido de Jung Ha Kang, quien me oy\u00f3 comentar una vez que Correas me parec\u00eda el mejor testigo que conozco de una \u00e9poca. Espero que mi propia tangencialidad y marginalidad no las vuelvan indignas de ese autor que nunca conoc\u00ed, que s\u00f3lo cruc\u00e9 en alguna intersecci\u00f3n de la vida, llam\u00e9mosla literaria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cHere and here did England help me.&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Browning: \u201cHome-thoughts&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cAqu\u00ed y aqu\u00ed me vino a ayudar Buenos Aires.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Borges: Evaristo Carriego<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;No puedo ahora no repetir a Borges: \u2018Aqu\u00ed y aqu\u00ed me vino<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">a ayudar Buenos Aires\u2019.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Correas: La operaci\u00f3n Masotta<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cLa ciudad ha de seguirte.&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Kavafis: \u201cLa ciudad&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p>Por\u00a0<strong>Edgardo Cozarinsky<\/strong>, texto extra\u00eddo del n\u00famero 16 de la Revista Ojo Mocho, digitalizada gracias al invaluable trabajo de AHIRA, a quienes agradecemos much\u00edsimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No conoc\u00ed a Carlos Correas, pero dos textos suyos, distantes en el tiempo, han permanecido en mi recuerdo con una resonancia que limitar\u00eda si la llamase literaria. 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