{"id":3508,"date":"2022-05-04T10:21:11","date_gmt":"2022-05-04T13:21:11","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3508"},"modified":"2022-05-03T23:02:21","modified_gmt":"2022-05-04T02:02:21","slug":"relatos-carla-duimovich","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/05\/04\/relatos-carla-duimovich\/","title":{"rendered":"Relatos de apego \u2013 Parte I: Superficie \u2013 Por Carla Duimovich"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">I: Osito de apego<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escribo en el buscador <em>write music<\/em>. No quiero <em>escribir<\/em> m\u00fasica sino <em>o\u00edr <\/em>m\u00fasica, pero el error me deja sin cuidado. Contin\u00fao: que otro elija por m\u00ed y muchas gracias. Si estuviera en mi departamento junto al mar habr\u00eda escrito Wagner sin siquiera pensarlo. Y m\u00e1s lejos, en el h\u00e1bitat interespecie de mis a\u00f1os estudiantiles, me habr\u00eda acercado al tocadiscos de Lara para escuchar a Tchaikovsky. Ahora escribo write music cuando en verdad quiero escribir \u201cm\u00fasica para escribir\u201d. Las impostaciones amanecen temprano hoy.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es un febrero gris en el cielo de mi piso doce. Desde aqu\u00ed puedo ver la c\u00fapula de la catedral y o\u00edr con claridad las conversaciones entre p\u00e1jaros que se balancean sobre los cables tendidos, como venas que resisten con esfuerzo los eminentes precipicios. Desde hace un tiempo observar la cableada me hace sentir la perpetuidad de mi infancia, cuando en los 90 tener cables era cosa importante. Ahora lo que me parece importante es el resistir de las venas, as\u00ed es como las cosas cambian. En respuesta a mi b\u00fasqueda aparece en pantalla: <em>music to read and write to<\/em>. Va acompa\u00f1ada de una imagen en movimiento: una chica flota en el oc\u00e9ano mientras lee. Debajo de ella nadan lo que parecieran ser peces, aunque durante largo rato me resultaron tiburones beb\u00e9s. Digo que la chica lee porque tiene entre sus manos un libro a la altura de su mirada, sin embargo sus ojos est\u00e1n cerrados. De modo que est\u00e1 leyendo-se para adentro. Algo me hace coincidir con su estado de sopor. Y no ser\u00e1n los cisnes de Tchaikovky, pero hay mucho de danza y de lago en ese flotar sobre corrientes desconocidas, sobre peces que saludan saludando, sobre ese mundo que est\u00e1 ah\u00ed hundido, vertiginoso e inalcanzable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El muchacho en la porter\u00eda de mi edificio es amable. Tiene algunos a\u00f1os m\u00e1s que yo y escucha <em>heavy metal<\/em>. Al comienzo me result\u00f3 extra\u00f1o, siempre los porteros fueron personas m\u00e1s grandes. Se\u00f1ores y se\u00f1oras dispuestos a levantarse con el primer cacareo a baldear la vereda, a asentar con la cabeza mientras repasan los vidrios con la franela, a levantar la voz para saludar al vecino que pasa caminando e investigar los hechos y acontecimientos que develar\u00e1n la chorreada de mate en el pasillo del quinto. Pero \u00e9l no es as\u00ed, por primera vez tengo la misma edad que el portero de mi edificio. Eso dice m\u00e1s de m\u00ed que de \u00e9l. Mis encuentros con el portero significaron abrazar a la idea de que ya soy un adulto. No son los pagos de las boletas, ni la lucha por sobrevivir, ni ver crecer a los hijos de mis amigos, ni los trabajos estables de otros, no. El portero me hace saber que soy un adulto melanc\u00f3lico como \u00e9l y que a veces sigo vistiendo las remeras de las bandas que siempre me gustaron pero que ya no escucho. \u201c\u00bfC\u00f3mo va, che?\u201d me dice cuando entro o salgo. No importa las veces que nos hayamos cruzado en el d\u00eda, siempre repite \u00bfc\u00f3mo va, che? \u201cBien \u00bfvos?\u201d, \u201cbien, che\u201d, abre la puerta del ascensor, subo y basta. Me entrega a esa transici\u00f3n para arriba que me lleva al cuadrado que habitan mis plantas, mis libros, y que, forzosamente, rara vez habito yo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el ascensor siempre pienso en Soleil. Esto no es raro porque la pienso m\u00e1s veces en el d\u00eda de las que puedo contar, pero en el ascensor es algo asegurado. Miro el celular instintivamente, y del celular a los flashes de luz que se cuelan por las rejas mientras contin\u00fao mi ascenso, como si estuviera en una sala de proyecci\u00f3n, y as\u00ed <em>on repeat<\/em>. Entonces no s\u00f3lo me roba la ignorancia sobre el tiempo, sino tambi\u00e9n la calma, porque si Soleil no me escribi\u00f3, debo escribirle. Necesito que sepa sobre m\u00ed y que me cuente sobre ella, aunque no mucho porque me invade cierta celos\u00eda absurda y disfuncional que no me permite continuar con la conversaci\u00f3n. Ese trabajo es costoso porque debo concretarlo antes de que el elevador marque las doce, y me apuro como Cenicienta porque la proyecci\u00f3n llegar\u00e1 a su fin y yo volver\u00e9 a la mundanidad m\u00e1s fr\u00e1gil, la de abrir la puerta con llave, soltar el bolso mientras suspiro y hacer pis. Entonces escribo \u201chola, amiga m\u00eda\u201d y el ascensor frena y consegu\u00ed mi victoria. Ahora cuando entre a mi cuadrado ser\u00e1 como entrar junto a ella, porque la conversaci\u00f3n ya est\u00e1 iniciada y no ser\u00e1 el mismo suspiro al dejar el bolso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nadie va a negar que se trate de una dependencia emocional fan\u00e1tica y viciosa. Claro que genera responsabilidades que muchas veces son quebrantadas pero que, sin embargo, fueron aceptadas como parte del pacto. Telep\u00e1ticamente (porque nunca lo dijimos) se estableci\u00f3 que todo el amor y la compa\u00f1\u00eda va a ser contrastada con dolores y tristezas, y que, muchas de las veces, nos har\u00edamos da\u00f1o y que ser\u00e1 as\u00ed y fin. \u00bfAcepta? Acepto. Aunque suene ins\u00f3lito, a pesar de todo, es el v\u00ednculo m\u00e1s sano y hermoso que he construido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de que Soleil regrese para volverse a ir, particip\u00e9 a modo de oyente de una conversaci\u00f3n que tuvo el portero y otro vecino del edificio. El portero le dec\u00eda que el otro d\u00eda hab\u00eda sacado no s\u00e9 qu\u00e9 canci\u00f3n, que era una de sus favoritas; en respuesta, el muchacho le dijo \u201cah, mir\u00e1 vos. Ya est\u00e1 grande \u00bfno?\u201d Entonces, como depositando toda su sabidur\u00eda sobre la escalera y mientras pitaba su cigarrillo n\u00famero mil, dijo \u201cy, se\u2026 El colorado debe tener sus a\u00f1os ya\u201d. Y se qued\u00f3 dubitativo, calculando los a\u00f1os de quien sospecho era Dave Mustaine, el vocalista de Megadeth, \u201cel colo\u201d para los amigos. La cosa es que lo dijo con una familiaridad rom\u00e1ntica, como si se dirigiera hacia su osito de apego, como si hablara de un hermano de otra madre\u2026 La primera vez que supe sobre la existencia de la melena del colo fue por Soleil. Despu\u00e9s vinieron todos los discos y, no por arte de magia, tambi\u00e9n ella se convirti\u00f3 en hermana de otra madre, en mi osito de apego.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">II: Coco<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya cuento seis d\u00edas desde que Soleil se fue por \u00faltima vez, seis d\u00edas dantescos. Su indignaci\u00f3n habr\u00eda sido grande frente a mi \u201cwrite music\u201d. En caso de darlos como v\u00e1lidos, me hubiera interrogado el tiempo justo hasta aceptar mis argumentos. Y de alguna manera tendr\u00eda raz\u00f3n. Este mediod\u00eda, por fortuna, me espera Coco. Me recibe con tal entusiasmo que me lastima las piernas. Nos hacemos una hermosa compa\u00f1\u00eda: yo lo cuido del asfalto y de los sem\u00e1foros en verde; le hago cosquillas y le hablo con lenguas inexistentes. Mientras tanto, \u00e9l se encarga de todo lo dem\u00e1s, de la verdad y de las cuestiones del \u00e1nima. Ocasionalmente siento fallarle porque lo comparo con Astro. Todos me dicen que no hay que comparar a nadie, pero comparo. Sus personalidades son tan disimiles que no vienen al caso. Ahora que sabe-siente que extra\u00f1o a Soleil me deja con mi sufrimiento, sin asomar los bigotes. Lo mismo hizo cuando nos separamos con Tango, aunque fue diverso porque \u00e9l qued\u00f3 en el medio de nuestros dolores. Astro ya estar\u00eda a los leng\u00fcetazos para evitarme cualquier amargura, dormir\u00eda encima de mi pecho, me acompa\u00f1ar\u00eda a todos lados. Sin embargo, Coco tiene otras maneras para ense\u00f1arme a amar y se entera pero pasa de todo. Como en los paseos cuando su autoridad es absoluta y hace unos berrinches silenciosos que me crispan los nervios. Pareciera decirme: de la frustraci\u00f3n se aprende, banc\u00e1tela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Soleil no es mucho de los animales (no s\u00e9 bien qu\u00e9 significa no ser mucho de los animales, as\u00ed que tomemos esto con pinzas); sin embargo, supo querer mucho a Astro y ahora a Coco. Le habla con voz rid\u00edcula para que entre en confianza y Coco la mira y acepta su simpat\u00eda. S\u00e9 que el inter\u00e9s de Soleil por mis compa\u00f1eros de otras especies nace del amor por m\u00ed y de su habitancia en mi universo sensible. Cualquier persona que recibe este tipo de actitudes debe ser agradecida. Parroquial o no \u00bfacaso hay algo m\u00e1s solidario y amoroso que incumbirse en los temas de un otro a sabiendas de que si estuvieran ah\u00ed, por s\u00ed mismos, quiz\u00e1s jam\u00e1s nos hubi\u00e9ramos frenado siquiera a contemplarlos? Soleil siempre hace eso. O\u00edr (o\u00edr lo que escuchamos) y captar las motivaciones de los dem\u00e1s la vuelca a empatizar y querer probar cosas nuevas. Mucho de eso hace que nos entendamos, aunque siempre fue m\u00e1s valiente y prob\u00f3 todo lo que quiso mientras que yo me qued\u00e9 sin probar muchas de mis ideas (de la frustraci\u00f3n se aprende, banc\u00e1tela).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con los a\u00f1os advert\u00ed que entenderse tanto no significa llegar a las mismas conclusiones o palpitar los mismos sentimientos frente a cosas espec\u00edficas. Es algo m\u00e1s complejo y menos ego\u00edsta: saber que aunque no te afecte a la otra persona s\u00ed y mucho y c\u00f3mo. A esta altura deber\u00eda dejar de hablar de Soleil, pero van ocho d\u00edas de ausencia y el cielo no volvi\u00f3 a clarear desde mis primeras notas. En efecto, me he quedado sin trabajo, llueve y todo en mi vida vuelve a estar patas para arriba, como cuando Coco se queda panza al cielo esperando que le acaricien la barriga. As\u00ed me siento, con la panza al cielo. La caricia llegar\u00e1 m\u00e1s pronto que tarde (me digo); trabajo para eso, me esfuerzo, sacrifico mi salud cervical, mi tiempo y mis voluntades a merced de la deshonesta tranquilidad del dinero. Ya era demasiado incierto el futuro como para que haya una certeza. As\u00ed que est\u00e1 bien que esto pase todo junto: a todo o nada, como en la ruleta. Y al tiempo que giro y giro (yiro y yiro) y me hago problemas por el desorden general de mi vida, ah\u00ed afuera algunas batallas contin\u00faan y otras comienzan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El portero tiene nombre, es un buen nombre, el mismo que el personaje de 8 \u00bd de Fellini: Guido. En mi cabeza se pronuncia G\u00fcido, en italiano. Coco siempre se le acerca con la cola helic\u00f3ptero a saludarlo y \u00e9l desde su altura le dice \u201chola, che\u201d, pero la mayor\u00eda de las veces ni la mira. Quiz\u00e1s es lo que har\u00eda Soleil si no me quisiera como me quiere o si no tuviera la mitad de altura que G\u00fcido. Es muy dif\u00edcil ignorar a un perrito que viene a saludarte si compart\u00eds sus mediciones para observar el mundo. Hoy no eleg\u00ed <em>music to read and write to<\/em>, ya no estoy segura de querer que alguien decida por m\u00ed la m\u00fasica que voy a escuchar. Y no es una cuesti\u00f3n de empoderamiento sino de verg\u00fcenza. Qu\u00e9 pensar\u00eda de m\u00ed fulanito de tal si me viera hacer esto. As\u00ed de soquete ando. Me siento como G\u00fcido apoyado en la escalera calculando los a\u00f1os del Colo mientras fumo mi cigarro. As\u00ed, raptada por el tiempo y el espacio mientras floto entre episodios que me den una pista, que pueda enlazar y me marquen un camino hasta decir: \u00a1sesenta! \u00a1Sesenta tiene, che!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0III: Tragedia en el piso doce<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando me asom\u00e9 por la ventana pude prever lo que suceder\u00eda. Hab\u00eda cortado mi llamada celuf\u00f3nica: siempre se hace tarde para ir a los \u00faltimos d\u00edas de trabajo. Pero hoy, en vez de ponerme en marcha, mir\u00e9 alrededor y empec\u00e9 a sacudir con energ\u00eda todas las cosas sacudibles. El pedazo de agujero en la pared que me conecta con el cielo (le pusimos ventana) es de un tama\u00f1o mediano, aunque basta para que pueda asomarme y agitar mis brazos con cierta libertad. Seg\u00fan un colega de G\u00fcido (uno que a\u00fan era m\u00e1s grande que yo) esta acci\u00f3n de agitar los brazos en la ventana est\u00e1 terminantemente prohibida por la ordenanza municipal diez mil cuatrocientos sesenta y ocho, la que dice (en criollo) que la gente que vive en cubos apilados debe morir de inhalaci\u00f3n de polvo. Esto es porque, para la fortuna de nosotros-inquilinos, en esta ciudad no nos dan acceso a las terrazas. El motivo es claro y a veces justo: fiestas y aberraciones varias de j\u00f3venes que son j\u00f3venes. El caso es que, gracias al cielo, G\u00fcido no es como su colega. Este \u00faltimo supo registrar con su tel\u00e9fono el momento justo cuando sal\u00eda al balc\u00f3n y bat\u00eda vuelo de un pareo brasile\u00f1o en mi ex piso cinco. La prueba irrefutable de que yo estaba cometiendo un crimen atroz y despiadado, perjudicando a todo el edificio y que era su deber, como carcelero de aquellas celdas apiladas, advertirme que a la pr\u00f3xima infracci\u00f3n habr\u00eda escarmiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No sacud\u00ed m\u00e1s mis pareos desde el piso cinco. El argumento, aunque l\u00f3gico pero exagerado, era que pod\u00eda efectuar un accidente si por casualidad me olvidaba un ladrillo entre las telas y al sacudirlo ca\u00eda sobre alg\u00fan se\u00f1or que ven\u00eda de comprar el pan. Algo menos amable comparado con lo que hac\u00eda el croto que viv\u00eda en la vereda lateral (y que ten\u00eda nombre y una historia, pero ya no la recuerdo); sencillamente juntaba agua y lavaba autos y al terminar lanzaba los baldazos de agua sucia hacia el interior del estacionamiento, a trav\u00e9s de diminutas ventanas que daban a la calle. Lo s\u00e9 porque <em>once upon a time<\/em> me duch\u00e9 con sus favores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cosa es que cuando me asomo por la ventana ya s\u00e9. Abrazo al cubrecama que me protege de la muerte y asomo medio cuerpo al cielo. Extiendo con v\u00e9rtigo el rect\u00e1ngulo de tela y le doy el primer sacud\u00f3n. Tr\u00e1gicamente sucede lo que hab\u00eda previsto y no hice absolutamente nada para evitarlo: una media sale disparada en ca\u00edda libre hacia su destino \u00faltimo. En el momento fatal, las palomas y otros p\u00e1jaros (los que conversan sobre los cables) salen volando en bandadas porque mi aleteo los alerta de un depredador (y en la situaci\u00f3n en la que me encuentro, algo de eso tengo). Mientras observo con tristeza la ca\u00edda hacia el vac\u00edo de la media y los p\u00e1jaros cruzan volando el paisaje de los doce pisos debajo m\u00edo, sufro la muerte otra vez, como un deja v\u00fa. Quiz\u00e1s sea mi propia muerte la que sobrellevo, a\u00fan no lo s\u00e9. Esto es as\u00ed: la media era una buena media, cada uno sufre lo que sufre. Y la guacha, sola sobre el sill\u00f3n, me juzga como a veces lo hace mi madre cuando me dice que por mi culpa se qued\u00f3 sola, aunque a veces no lo diga con palabras y otras s\u00ed. Seamos francos, la media no se suicid\u00f3, yo la empuj\u00e9 al vac\u00edo. En todo caso lo que observ\u00e9 por la ventana como un suicidio fue una ilusi\u00f3n. Si madre se suicidara seguramente pensar\u00eda lo mismo, que yo la empuj\u00e9 al vac\u00edo\u2026 aunque en ese caso no sea verdad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Minutos despu\u00e9s, cuando me recuper\u00e9 del momento, agarr\u00e9 a la media que hab\u00eda quedado sola (por m\u00ed culpa, por mi grand\u00edsima culpa) y la puse en el caj\u00f3n de las medias y otras cosas para que encuentre compa\u00f1\u00eda. Me dispuse a meterme en la ducha de sarro y agua potable, y pens\u00e9 en el croto. Qu\u00e9 bueno que estaba en mi casa y no en el estacionamiento, me dije. Pero despu\u00e9s me censur\u00e9, fue un acto poco compasivo el de querer desviar mi atenci\u00f3n hacia otra cosa, tapar una desgracia con otra. Las gotas que recorr\u00edan la cortina de la ducha bajaban en c\u00e1mara lenta como la media minutos antes, con una levedad de p\u00e1jaro. Me dije que la media seguir\u00eda siendo media una vez en el piso, que no sufrir\u00e1 ni perder\u00e1 su identidad, que no hab\u00eda cometido delito alguno y que ning\u00fan se\u00f1or que fue a comprar el pan sali\u00f3 herido en el acto. Por mi parte o la de mi madre, la cosa puede que sea algo diferente. Las personas que caen al vac\u00edo una vez que llegaron al suelo dejan de ser las personas que eran. Pierden todo menos las medias, que siguen siendo medias. Ese pensamiento me relaj\u00f3, y por fin balbuce\u00e9: adi\u00f3s media, adi\u00f3s.<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Carla Duimovich<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I: Osito de apego Escribo en el buscador write music. No quiero escribir m\u00fasica sino o\u00edr m\u00fasica, pero el error me deja sin cuidado. Contin\u00fao: que otro elija por m\u00ed y muchas gracias. Si estuviera en mi departamento junto al mar habr\u00eda escrito Wagner sin siquiera pensarlo. 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