{"id":3484,"date":"2022-04-27T14:45:34","date_gmt":"2022-04-27T17:45:34","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3484"},"modified":"2022-04-27T14:45:51","modified_gmt":"2022-04-27T17:45:51","slug":"ritmo-velocidad-y-memoria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/04\/27\/ritmo-velocidad-y-memoria\/","title":{"rendered":"Ritmo, velocidad y memoria. Apuntes en torno a \u201cGu\u00eda para perderse en la ciudad\u201d \u2013 Por Nicol\u00e1s Gonz\u00e1lez"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: right;\">a la memoria de Luisa Toledo<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">a la porf\u00eda de lxs an\u00f3nimxs en El Jard\u00edn de la Resistencia<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cPero la \u00e9poca es de igual modo eso que encontramos en el fondo de nosotrxs mismxs cuando aceptamos descender hasta ah\u00ed, cuando nos sumergimos en lo que vivimos, sentimos y percibimos. En todo esto hay un m\u00e9todo de conocimiento y una regla de acci\u00f3n. Es en el fondo de cada situaci\u00f3n y en el fondo de cada unx donde hay que buscar la \u00e9poca. Es ah\u00ed donde nosotrxs nos encontramos, donde tienen lugar las amistades verdaderas, dispersas en los cuatro puntos del globo, pero caminando en conjunto\u201d<\/em> Comit\u00e9 Invisible<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">La prohibici\u00f3n de deplazamiento fue una de las primeras restricciones en las que nos vimos inmersxs durante los primeros meses de pandemia (a excepci\u00f3n, por supuesto, de aquellos trabajos precarizados y\/o \u201cesenciales\u201d). Desplazarse, caminar, andar, <em>salir y ver qu\u00e9 pasa<\/em> fueron experiencias que se vieron quebradas por una sustracci\u00f3n del cuerpo del espacio p\u00fablico, debido a la circulaci\u00f3n del virus. En ese sentido, la experiencia de la ciudad se volvi\u00f3 otra, el ritmo de las cosas m\u00e1s cotidianas se alter\u00f3 profundamente (mismas situaciones que se ven\u00edan experimentando ya, desde esa otra irrupci\u00f3n de un <em>otro-espacio<\/em> y <em>otro-tiempo<\/em> que signific\u00f3 la insurrecci\u00f3n de octubre de 2019). Pero tranquilxs, este no es otro texto m\u00e1s sobre la pandemia. Solo sirve como detonador para pensar algo as\u00ed como un movimiento hacia <em>adentro<\/em>, un <em>(re)pliegue<\/em> en sentido de que la memoria y los trayectos, las l\u00edneas y los recorridos que trazamos al andar, evocan m\u00faltiples m\u00e9todos para pensar las diferentes <em>graf\u00edas<\/em> que entra\u00f1an nuestros desplazamientos. Y es que hay <em>ritmos<\/em> y memorias que suturan las condiciones de aislamiento cotidiano, donde la sujeci\u00f3n a las temporalidades de los diferentes dispositivos de la metr\u00f3polis es posible sortearlas o subvertirlas en una (a)puesta en com\u00fan ya no solo de nuestras memorias, sino tambi\u00e9n de los m\u00faltiples modos de narrar(nos) los relatos, recorridos y vivencias. Una percepci\u00f3n epocal, una inteligencia compartida y luchas de otros tiempos que se actualizan al clamor de las fisuras del presente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">En el libro <strong>Gu\u00eda para perderse en la ciudad<\/strong> de V\u00edctor L\u00f3pez Zumelzu (J\u00e1mpster Libros) despunta cada tanto cierta tentativa por trazar y delinear la pregunta por aquello que hace (la) memoria <em>\u201ccon todas sus incertidumbres\/ y elipsis\u201d<\/em> porque <em>\u201clos recuerdos son un pozo sin fondo (&#8230;)\/ y a esa parte mi lenguaje jam\u00e1s pudo llegar\/ en esa parte trac\u00e9 los l\u00edmites de mi escritura\u201d<\/em>. Pero, \u00bfqu\u00e9 significa memoria? \u00bfCu\u00e1l su l\u00edmite? Ya de por s\u00ed, la pregunta abre un abismo enorme en el que muchxs han ca\u00eddo. Y es que pareciera ser que no importa tanto saber <em>qu\u00e9 es<\/em> algo, sino m\u00e1s bien <em>c\u00f3mo<\/em> funciona, <em>c\u00f3mo hace <\/em>algo. Para el sujeto moderno, el mundo est\u00e1 de un lado, \u00e9l del otro y el lenguaje\/memoria est\u00e1 para poder cruzar de un lado a otro del abismo. El lenguaje y la memoria, lejos de servir para describir el mundo nos ayuda m\u00e1s bien a <em>construir un mundo<\/em>: poblar el abismo. Al igual que la memoria, para V\u00edctor <em>\u201cla escritura no es la representaci\u00f3n del mundo\/ sino una concesi\u00f3n con \u00e9l\u201d<\/em> puesto que <em>\u201ccon el tiempo aprendemos\/ que las cosas alrededor de nosotros\/ tienen un nombre\/ y nosotros tambi\u00e9n las aprendemos\/ a nombrar\u201d.<\/em> Nosotrxs agregar\u00edamos que, con el tiempo las cosas tienen un <em>ritmo<\/em> y que nosotrxs aprendemos tambi\u00e9n a <em>callar<\/em>, para as\u00ed permitir que aquello que <em>no pasa necesariamente por la palabra<\/em>, adquiera otra tonalidad sobre nuestras percepciones, un <em>\u00e1nimo desplazado<\/em> que hace pliegues all\u00ed donde se va colando lo imprevisible. Como un retazo de memoria, un gir\u00f3n apenas: <em>\u201cEntonces, si lo pensamos bien, el ritmo deja de ser una cuesti\u00f3n de tama\u00f1o, se trata de una velocidad; y luego un verso abandonado, suelto, perdido no significa la falta de ritmo, simplemente sucede a un ritmo diferente, lo que permite que el lenguaje se vuelva borroso\u201d<\/em>. Quisi\u00e9ramos que aqu\u00ed ritmo dijerase -parafraseando a Meschonnic- de la irrupci\u00f3n del cuerpo en la escritura: un descentramiento de la palabra (logos), donde los claros\/oscuros que componen la velocidad del poema habilitan la posibilidad de <em>\u201cque el lenguaje se vuelva borroso\u201d<\/em>, desatendiendo as\u00ed el mandato escritural de representaci\u00f3n y concesi\u00f3n: <em>\u201cUn poema es un inventario\/ de silencios\u201d<\/em>, nos dice V\u00edctor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 sucede con la memoria? \u00bfC\u00f3mo dar cuenta de <em>aquello que nos pas\u00f3\/pasa<\/em>? Y es que <em>\u201cel ritmo tiene una funci\u00f3n no restrictiva, como en las proporciones can\u00f3nicas; m\u00e1s bien, \u00e9l mismo es historia<\/em> -memoria agregar\u00edamos nosotrxs-, <em>porque indica el lugar de descanso, lanzamiento, detenci\u00f3n o ataque\u201d<\/em>. Un juego de distancias y acercamientos, un juego de los desplazamientos y representaciones en un campo abierto por las disputas que en este se dan. La memoria no es un terreno bald\u00edo, es un jard\u00edn donde disputar nuestras posiciones. Para V\u00edctor la memoria son retazos desprendidos de cosas que vienen a detenerse en alg\u00fan momento, en determinados sitios: \u201c<em>Solo un mont\u00f3n de <strong>hojas<\/strong> muertas acumul\u00e1ndose\/ en la parte trasera de un jard\u00edn\u201d<\/em>; <em>\u201c\u00bfCu\u00e1ntas <strong>hojas<\/strong> pueden caer en el mismo lugar\/ antes de que en nuestros labios se forme un pensamiento?\u201d<\/em>; <em>\u201cSi las cosas que estaban alrededor m\u00edo\/ no estaban escritas en alguna <strong>hoja<\/strong>\/ mi vida no habr\u00eda valido la pena\u201d <\/em>\u00bfCu\u00e1ntas <strong>hojas<\/strong> que se acumulan en un jard\u00edn <em>hacen<\/em> una memoria? \u00bfCu\u00e1ntos muertos hacen un pa\u00eds herido? \u00bfSer\u00e1 necesario tanto dolor? <em>\u201c\u00bfAcaso ser\u00e1 necesario m\u00e1s dolor?\u201d<\/em> Como escribe V\u00edctor, <em>\u201ccada pa\u00eds tiene una palabra para definir el miedo\u201d <\/em>y la necesidad de una materialidad (la hoja) en la cual encarnar cierta voluntad escritural que ponga l\u00edmites al olvido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cSi comprendes que la distancia entre los sentidos es insuperable, entonces no hay necesidad de buscar paralelos sem\u00e1nticos, met\u00e1foras. La poes\u00eda ser\u00e1 lo que se precipite entre unidades sem\u00e1nticas, palabras, cosas, lo que se precipite lo m\u00e1s lejos posible de la anterior, con el verdadero prop\u00f3sito de tal erotismo en el no encuentro, en la no fusi\u00f3n entre tono y contenido\u201d<\/em>. Y es que, precisamente, los sentidos piensan cuando la frontera entre lo imaginario y lo real <em>se raja<\/em>, ah\u00ed donde el poema adquiere una velocidad aut\u00f3noma y se lleva puesto los signos del logos: pura turbulencia continua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfC\u00f3mo se forma un pensamiento? \u00bfPor acumulaci\u00f3n de lo que fuere? \u00bfPor desplazamiento? \u00bfPuede pensar un cuerpo? La pregunta del mill\u00f3n es \u00bfcon qu\u00e9 se piensa? O m\u00e1s bien, \u00bf<em>c\u00f3mo<\/em> se piensa? Si es que hay una velocidad r\u00edtmica del pensamiento que es corporal, puesto que se piensa a medida que nos desplazamos, a medida que <em>hacemos carne<\/em> aquellas enso\u00f1aciones que recibimos como herencia y persistencia de quienes nos antecedieron, la memoria es aquel fogonazo que aviva los esbozos de una ciudad en disputa, como puede ser durante los tiempos de una insurrecci\u00f3n. Siempre y cuando tengamos el valor de volver a mirar a los ojos el horror: <em>\u201cElla se qued\u00f3 dormida\/ y cuando abri\u00f3 los ojos\/ mir\u00f3 hacia atr\u00e1s\/ y descubri\u00f3 con terror que el pasado es un camino angosto\/ repleto de aves muertas\u201d<\/em>. Y es que al repensar, retrotraer, convocar o (re)actualizar las vivencias de quienes nos precedieron, la fuerza de lxs oprimidxs se abre en el presente: un aqu\u00ed y ahora que horada las diferentes opresiones, dominaciones, sujeciones. Por m\u00e1s que intentemos enterrar en el fondo del jard\u00edn aquellas aves muertas, todos esos cuerpos, todas esas evocaciones&#8230; todas esas generaciones muertas seguir\u00e1n oprimiendo como una pesadilla -y como una posibilidad siempre actual- el cerebro de lxs vivxs. La memoria es esa gu\u00eda para perderse en la ciudad, un jard\u00edn en medio del desastre que se va deshojando a medida que la extra\u00f1eza y la posibilidad del encuentro con nuestro pasado, se desliza y atraviesa el presente para levantar aqu\u00ed y ahora las luchas de nuestrxs muertxs, que son tambi\u00e9n las nuestras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">La memoria es un <em>pa(i)saje<\/em> que, al igual que un jard\u00edn, hay que cultivar constantemente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Nicol\u00e1s Gonz\u00e1lez<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pintura por Alejandro Quincoces<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-3486\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/gui\u0301a-300x300.png\" alt=\"\" width=\"345\" height=\"345\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/gui\u0301a-300x300.png 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/gui\u0301a-1024x1021.png 1024w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/gui\u0301a-150x150.png 150w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/gui\u0301a-768x766.png 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/gui\u0301a-1040x1037.png 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/gui\u0301a-1200x1197.png 1200w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/gui\u0301a-80x80.png 80w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/gui\u0301a.png 1452w\" sizes=\"auto, (max-width: 345px) 100vw, 345px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gu\u00eda para perderse en la ciudad<br \/>\nV\u00edctor L\u00f3pez Zumelzu<br \/>\nJ\u00e1mpster Libros<br \/>\n2010 \u2013 2021<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>a la memoria de Luisa Toledo a la porf\u00eda de lxs an\u00f3nimxs en El Jard\u00edn de la Resistencia \u201cPero la \u00e9poca es de igual modo eso que encontramos en el fondo de nosotrxs mismxs cuando aceptamos descender hasta ah\u00ed, cuando nos sumergimos en lo que vivimos, sentimos y percibimos. En todo esto hay un m\u00e9todo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":20,"featured_media":3485,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[443],"tags":[],"class_list":["post-3484","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-resena"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3484","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3484"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3484\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3487,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3484\/revisions\/3487"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3485"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3484"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3484"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3484"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}